Establecer un vínculo estrecho con el entrenamiento mental

Las 18 prácticas de vinculación estrecha 

El sexto punto son las dieciocho prácticas de vinculación estrecha para el entrenamiento mental, en otras palabras, para limpiar y entrenar nuestras actitudes. “Vínculo estrecho” en sánscrito es “samaya” o “dam-tshig” en tibetano, lo que significa algo que nos vinculará estrechamente con la práctica. 

Tanto esta lista de dieciocho prácticas como las veintidós que constituyen el séptimo punto son absolutamente fantásticas; son similares a los votos del bodisatva. Recuerdo que cuando aprendí estas prácticas y los votos del bodisatva, estaba tan agradecido de que hubiera pautas sobre cómo comportarse y manejar la vida, especialmente cómo tratar con otras personas, sin convertirme en un completo idiota o un burro. Porque, como he dicho antes, cuando llegué al Dharma estaba completamente incapacitado en términos de habilidades sociales y trato con los demás. Estoy muy agradecido por aprender estas prácticas, ya que son realmente muy valiosas.

La primera práctica de vinculación estrecha es:

Entrenar siempre en los tres puntos generales.

Estos “tres puntos generales” son los primeros tres de las dieciocho prácticas. El primero de ellos es:

No contradecir lo que he prometido.

Contradecir lo que hemos prometido se refiere a cuando hemos prometido hacer este tipo de entrenamiento Mahayana de nuestras actitudes. Básicamente, no lo contradecimos pensando que podemos ignorar otros tipos de prácticas, como evitar las diez acciones destructivas o no hacer nada físico, como postraciones, ofrendas de comida, ofrendas de mándalas, etc. No menospreciamos las otras prácticas solo porque pensamos: “Oh, estoy haciendo este entrenamiento Mahayana, así que solo tengo que trabajar en superar el egocentrismo y está bien ignorar todas estas otras cosas”. Porque, en realidad, cuando ignoramos o trivializamos las otras prácticas, eso también es un poco de egocentrismo: “Bueno, no tengo ganas de hacerlas. Estoy demasiado cansado para hacer postraciones”. 

El segundo de estos tres puntos generales es:

No involucrarme en conducta vergonzosa.

Conducta vergonzosa es cuando pensamos: “Puedo cambiar todas las circunstancias adversas en positivas, por lo que esto significa que puedo hacer todo tipo de cosas dañinas, como talar árboles”. Este ejemplo se da a menudo en los comentarios: “talar los árboles donde viven los nagas y contaminar los lugares de los nagas y demás, porque soy impermeable al daño”. Los nagas son un tipo de forma de vida mitad serpiente, mitad humana. Existen en el reino animal y tienen muchas funciones, pero una de las principales es proteger el medio ambiente. Por ejemplo, cuando contaminamos el medio ambiente, todo el daño que resulta de la contaminación se considera causado por los nagas. Entonces, no queremos ofenderlos. Es similar dentro de la tradición de los indios nativos americanos, no queremos ofender a los espíritus de la naturaleza. La principal lección aquí es no contaminar el medio ambiente y pensar: “Puedo transformar estas situaciones dañinas. Puedo vivir con la contaminación del aire”, etc. 

Este segundo punto también se trata de no ser hipócritas en la práctica: somos agradables por fuera, pero cuando estamos en casa, por ejemplo, cazamos mosquitos y nos alegramos de matarlos. Nos vamos de safari con un salacot y todo el atuendo colonial británico para cazar al mosquito en nuestra habitación. Esta imagen me parece útil cuando me encuentro actuando como un hipócrita con moscas o mosquitos, pensando en lo ridículo que es hacerlo. 

El tercero de los tres puntos generales es:

No caer en la parcialidad.

El ejemplo que se da para este tercer punto es cómo generalmente no nos gusta cuando alguien que sentimos que es nuestro inferior nos insulta o dice algo negativo. Sin embargo, cuando alguien que es nuestro superior dice algo similar, estamos más dispuestos a aceptarlo. Este ejemplo refleja que solo podemos entrenarnos a nosotros mismos, o lidiar con las cosas, solo con algunas personas y no con todas. No creo que este punto se refiera exclusivamente al ejemplo dado en los comentarios. La práctica de evitar la parcialidad también se refiere a que no nos agraden los enemigos y que solo nos agraden nuestros familiares y amigos. En otras palabras, que nos desagradan las personas que nos molestan y que solo nos agradan las personas que son amables con nosotros. Eso es ser parcial.

Otra interpretación de esta línea está relacionada con la sensación de que el Vinaya (los votos laicos y monásticos) y el tantra son mutuamente excluyentes. Nuevamente, eso es ser parcial. 

La cuarta práctica es:

Transformar mis intenciones, pero permanecer normal.

Este es un consejo muy importante: nuestra formación debe ser interna. No necesitamos hacer un gran espectáculo externamente. Por ejemplo, conozco a personas que se convierten en lo que llamamos “fanáticos del Dharma” que andan por ahí vistiendo ropas tibetanas, siempre llevan un rosario en la mano, llevan alrededor de diez hilos rojos sucios alrededor del cuello y cosas así. Todo el mundo piensa que son realmente raros, que son fanáticos o que pertenecen a algún tipo de culto. Este tipo de comportamiento no solo hace que la gente no nos tome en serio, sino que también le da mala fama al budismo. Externamente, es importante permanecer normal y concentrarse más en cambiar nuestras actitudes y egocentrismo por dentro. 

Del mismo modo, no hacemos una gran demostración de nuestra compasión y preocupación por los demás, como llorar en público, etc. Quiero decir, a veces Su Santidad se conmueve hasta las lágrimas cuando enseña, pero no hace un gran espectáculo de ello. Ver a Su Santidad llorar cuando enseña es realmente muy inspirador, pero para la mayoría de nosotros este no sería el caso. Si alguien está herido y realmente nos conmueve y empezamos con un gran espectáculo emocional, “oh, eso es tan horrible”, eso no ayuda a la otra persona en absoluto. Simplemente los hace sentir muy incómodos: “¿por qué estás más alterado que yo?”. En lugar de tales reacciones, deberíamos simplemente tratar de ayudarlos. No le damos rienda suelta a nuestras emociones mostrándolas en grande, incluso si las sentimos por dentro. 

La quinta práctica es:

No hablar de los aspectos deficientes o deteriorados (de otros).

Básicamente, este punto significa que no debemos burlarnos de otras personas. El ejemplo que se usa típicamente es llamar a una persona gorda “gorda”, o a una persona ciega “ciega”, este tipo de cosas. No debemos decir cosas que hieran los sentimientos de otras personas. Tampoco maldecimos ni gritamos, ni nos burlamos ni avergonzamos a otras personas, llamándolas estúpidas si no son muy inteligentes. Incluso si pensamos que es una broma y pensamos que la otra persona sabe que es una broma, aun así, duele. Si, por ejemplo, la otra persona es un bodisatva y pensamos: “Bueno, puedo decirle cualquier cosa, porque no se sentirá lastimado por ello”, de todas formas, no lo decimos. Nunca deberíamos pensar: “Eres mi buen amigo, así que puedo tratarte como basura porque puedes aguantarlo”. 

El punto, hablar de aspectos deficientes de los demás, me recuerda cómo Serkong Rinpoche siempre me llamó ‘Dummy’ cada vez que hice algo estúpido. También me llamó así delante de mucha gente, pero le di permiso para hacerlo. Le dije: “Por favor, haz eso, ayúdame a superar el ser un tonto”. Su Santidad hace algo similar. Señala las fallas de los demás, pero a menudo lo convierte en una broma, como reírse de todas las personas que se han quedado dormidas durante las enseñanzas. Si se hace de manera desenfadada, no es tan doloroso. De hecho, a veces puede resultar eficaz, pero hay que tener mucho cuidado. Tenemos que ser bastante hábiles para poder hacer que la gente se ría de sí misma. Por ejemplo, al final de una enseñanza, decir: “Espero que hayas tenido un sueño reparador y dulces sueños”, este tipo de broma. 

La sexta práctica es:

No pensar nada acerca de (las fallas de) otros.

Esto significa no criticar ni emitir juicios sobre otras personas, siempre buscando las fallas de los demás y criticando constantemente lo que hacen. De hecho, si vemos fallas, pueden ser nuestras propias proyecciones. No sabemos si lo que vemos refleja la forma en que la persona suele actuar, y ciertamente no conocemos los flujos mentales de los demás.

Entonces, ¿cómo podemos saberlo realmente? 

La séptima práctica es:

Purificarme primero de cualquiera que sea mi mayor emoción perturbadora.

Normalmente sabemos cuál es nuestro mayor problema. Aunque tengamos más de uno, a menudo sabemos qué es lo principal en lo que debemos trabajar. Por ejemplo, si se trata de apego y deseo, incluso si no tenemos ningún conocimiento profundo de la vacuidad que podamos aplicar, podemos usar los llamados remedios temporales para ayudarnos en el camino. Podemos pensar en la impermanencia, la fealdad del cuerpo humano, nuestra preciosa vida humana o este tipo de cosas. Para el enojo, podemos usar el amor y la compasión. Sea lo que sea, tratamos de trabajar primero en nuestro problema más grande o en el área más grande. 

La octava práctica es:

Deshacerme de esperanzas de frutos.

Aquí, este punto significa que no deberíamos tener esperanzas o expectativas de obtener algo a cambio de ayudar a los demás, como pensar que nos ayudarán, que estarán agradecidos, que nos van a agradecer o algo por el estilo. Además, no creemos que vayamos a ser famosos como bodisatva o que estamos haciendo buenas obras como inversión porque queremos obtener un mejor renacimiento y no uno desafortunado. Además, no hacemos las cosas porque queremos que los demás nos amen ni por meternos en un viaje de poder pensando que van a depender de nosotros y nos necesitarán. Simplemente ayudamos a otros para ayudarlos. 

Además, cuando se trata de nuestra práctica diaria, no debemos esperar ningún resultado. Como se suele decir, si no tenemos esperanzas ni expectativas, no tendremos decepciones. No esperemos resultados dramáticos, porque la naturaleza del samsara es que la vida tiene altibajos. Hasta que nos convertimos en un arhat, un ser liberado, algunos días todo irá bien, otros no; algunos días tenemos ganas de practicar y otros no; algunos días estamos de buen humor, otros no. Recuerden, ¿qué esperamos del samsara? 

En general, si estamos de buen humor todo el tiempo, o gran parte del tiempo, eso demuestra que realmente estamos progresando. Incluso si estamos de un humor terrible, si somos capaces de transformarlo muy rápidamente y no perdernos en él, pensando: “no tengo ganas de practicar”, sino que, más bien, podemos transformar nuestras emociones negativas y practicar de todos modos, esa es otra señal de progreso. Básicamente, no podemos tener la expectativa de que cada día sea mejor y mejor; no es así. 

La novena práctica es:

Renunciar al alimento envenenado.

Esto significa que incluso si estamos involucrados en hacer algo muy constructivo o tenemos pensamientos constructivos, etc., si sentimos que está mezclado con egocentrismo, debemos dejarlo, corregir la motivación y luego comenzar de nuevo, como reiniciar una computadora. Además, en la medida de lo posible, no debemos dejar que las cosas sigan y sigan con una motivación egoísta. Obviamente, no nos deshacemos del egocentrismo por completo hasta que somos un ser liberado, pero hacemos lo mejor que podemos. Su Santidad siempre dice que nuestras acciones positivas a menudo están mezcladas con algo de egocentrismo o con algo de aferramiento a la verdadera existencia de un “yo”. Pero debemos tratar de que el egocentrismo no sea la motivación dominante detrás de nuestras acciones. Al menos, debemos ser más conscientes de nuestra motivación y disminuir esta tendencia al egocentrismo. Y no pretender que somos un gran bodisatva cuando no lo somos, diciendo: “Mi motivación es tan pura”. 

La décima práctica es:

No confiar (en mis pensamientos perturbadores) como mi excelente apoyo.

“Apoyo” también significa una carretera principal, una avenida principal. Este punto significa no ceder la autopista principal de nuestra mente a nuestros pensamientos perturbadores y emociones perturbadoras, sino ceder la autopista principal, o aquello en lo que más nos apoyamos en nuestra mente y corazón, a pensamientos y emociones positivas y constructivas, y a valorar a los demás. Siempre se dice: “No seas amable con las emociones perturbadoras”. Shantideva también dijo esto: “¿Por qué hago un hogar tan cómodo para las emociones perturbadoras en mi mente y corazón? En lugar de ser amable con ellas, sé amable con los seres sintientes”. Tan pronto como surjan el enojo, el apego, el aferramiento, el deseo, etc., no juegues con ellos; deshazte de ellos inmediatamente. Si nos lo tomamos con calma y jugamos con las emociones perturbadoras, dándoles espacio para ocupar una parte importante de nuestra mente, entonces se vuelven muy fuertes y toman el control. Como resultado, perdemos nuestra recordación y autocontrol. 

La onceava práctica es:

No desviarme a malas jugadas.

Esto significa que, si alguien nos insulta o nos dice algo realmente desagradable, no buscamos cosas aún peores para responder, ya que eso es meterse en malas jugadas: “Veamos quién puede lastimar más a la otra persona”. Sin embargo, si no podemos quedarnos callados y necesitamos desahogar nuestro enojo, deberíamos intentar decir algo suave, no algo peor. Por ejemplo, podemos decir: “Eso realmente me lastimó”, en lugar de insultar a la persona. 

La doceava práctica es:

No tenderme en emboscada.

En otras palabras, no esperamos el momento en que la otra persona esté débil para tomar represalias y hacer algo para lastimarla. Cuando guardamos rencor y buscamos una oportunidad para vengarnos, eso es “tenderse en emboscada”, esperando atacar. 

La decimotercera práctica es:

No menospreciar a (nadie) sobre un punto sensible.

Este punto es similar a lo que decimos en inglés, “no golpees por debajo del cinturón”. En otras palabras, señalar las fallas o los puntos débiles de alguien en una multitud es como lastimarlo en el lugar donde es más vulnerable y sensible. En cierto sentido, menospreciar a alguien sobre su punto sensible significa intentar, en cierto sentido, controlarlos. Cuando la otra persona es particularmente vulnerable y necesitamos señalar algo que es difícil, debemos utilizar medios hábiles. 

Un ejemplo es de cuando estaba traduciendo una de las primeras veces para Su Santidad en Bodhgaya; en realidad era el texto Bodhicharyavatara, Involucrarse en el comportamiento del bodisatva. Serkong Rinpoche había estado en Nepal durante algunos meses y acababa de regresar a la India y estaba allí en la enseñanza. Estaba bastante nervioso ante la perspectiva de traducir para Su Santidad y, además, estaba teniendo dificultades con ciertas cosas que estaban sucediendo en mi vida en ese momento. Cuando visité a Serkong Rinpoche el día antes de la enseñanza, tomó el texto de Shantideva y señaló tres palabras diferentes, preguntándome si sabía lo que significaban esas palabras. No tenía una idea muy clara, así que me las explicó muy bien. Esos eran los tres puntos exactos con los que tenía dificultades en esos días. En lugar de ir directamente a mis áreas débiles, cuando estaba en una situación emocional vulnerable, él adoptó con mucha habilidad un enfoque más suave. 

Este tipo de método es en realidad muy importante si somos una persona mayor lidiando con una más joven, o en cualquier tipo de situación en la que haya un desequilibrio de poder, experiencia, edad, etc. No debemos aprovecharnos porque somos los mayores o los más experimentados; nunca deberíamos intentar manipular a la persona más joven e inexperta. 

Otra interpretación de esta línea es no usar magia negra, o cualquier otro método, cuando la otra persona es vulnerable, ya sea para dañarla o para ponerla bajo nuestro control. Puede que no tengamos medios mágicos negros, pero cuando alguien es muy susceptible de volverse dependiente, no deberíamos entrar en un viaje de poder sobre ella o intentar aprovechar un aspecto sensible de su personalidad. 

Entonces, la decimocuarta práctica es:

No dar la carga de un dzo a un buey.

Un dzo es un cruce entre un yak y una vaca o un toro; es un animal muy fuerte. Un buey, sin embargo, no es tan fuerte como un dzo. Este punto es similar a una expresión que tenemos en inglés, “pasar la pelota”, poner algo sobre la otra persona, solo porque no queremos hacerlo. Este es especialmente el caso cuando es algo que somos perfectamente capaces de hacer y que sería muy difícil de hacer para la otra persona. Básicamente, no enviamos a otras personas a hacer el trabajo sucio por nosotros. Tampoco culpamos a los demás por nuestras acciones incorrectas, ya que eso también es poner la carga de un dzo sobre el buey, culpar a otros por nuestros errores. 

La decimoquinta práctica es:

No competir.

Esto significa no competir para conseguir el mejor asiento en una enseñanza de Dharma, un teatro o lo que sea. No presionar para conseguir la mejor ración de comida, preocupándonos de que los demás se lleven la pieza que nos gusta, o preocupándonos de que la comida se acabe o ese tipo de cosas. Incluso en nuestros pensamientos estamos haciendo una competencia por las cosas. Es mejor aceptar lo peor y llegar al último. Pero si hacemos esta práctica, es importante no hacerlo de forma pretenciosa, no hacer un espectáculo: “Oh, tú te quedas con la parte buena, yo me quedo con la peor. Está bien, no me importa” - este tipo de comportamiento. Además, si compartimos algo con otras personas como, por ejemplo, un baño, tratamos de no conseguirlo primero para nosotros mismos o tomarnos nuestro tiempo y pasar mucho más tiempo del necesario. Quiero decir, a menos que sea una emergencia, obviamente está bien pasar primero. 

La decimosexta práctica es:

No invertir el amuleto.

Este punto utiliza como imagen para nuestra práctica de entrenamiento mental un amuleto, que es una especie de talismán, para protegernos de los espíritus dañinos. Dado que estamos haciendo este entrenamiento para deshacernos de nuestra actitud egocéntrica, no deberíamos hacer lo contrario y usarlo para desarrollar nuestra importancia personal. Este tipo de acción es como voltear el amuleto o invertirlo. El ejemplo de los comentarios es que hacemos este entrenamiento mental para que los espíritus no nos hagan daño. Otro ejemplo de usar el entrenamiento al revés sería practicar la bodichita para agradar a los demás o para conseguir muchos amigos. 

La decimoséptima práctica es:

No convertir a un dios en un demonio.

En general, esto es mezclar nuestra práctica del entrenamiento mental con el egocentrismo. En otras palabras, como resultado de nuestra práctica del Dharma, desarrollamos orgullo, arrogancia, superioridad moral o una actitud santurrona. O meditamos en una cueva para que todos piensen que somos muy buenos practicantes, deseando que nos muestren respeto y nos hagan ofrendas. También es similar a estudiar Dharma y escribir un libro para ganar dinero o hacer un retiro de tres años para obtener el título de “lama”, discípulos, etc. Siempre es mejor considerarnos inferiores, ser humildes, como dice en el Entrenamiento mental en ocho versos. En sus comentarios, encontramos una cita de un gran practicante de este entrenamiento: “Cuando leo los textos del Dharma, veo todas las fallas descritas como propias y todas las buenas cualidades como de los demás”. 

La decimoctava práctica, la última de esta lista es:

No buscar el sufrimiento (para otros) como un complemento para (mi) felicidad.

Complemento aquí significa ayuda. Es como si quisiéramos que nuestros padres murieran para heredar su dinero o competir con alguien con la esperanza de que tropiece y caiga para estar en la cima. “Me adelantaré derribándote y arrojando algo en tu camino para detenerte”. 

Ahora hemos cubierto el sexto punto, las dieciocho prácticas de vinculación estrecha. Como podemos ver, estas prácticas son similares a los votos del bodisatva. Aunque no se toman como votos, pueden ayudarnos a tratar hábilmente con los demás y evitar problemas. 

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