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Archivos budistas del Dr. Alexander Berzin

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El mecanismo del karma: la presentación mahayana,
exceptuando la prasánguika guelug

Alexander Berzin
Berlín, Alemania, marzo 9 – 11, 2001
Revisado en enero 2004, agosto 2008
Traducido por Paola D´Alessio

Primera sesión: aclaración de las concepciones no budistas del karma

Introducción

Vamos a hablar sobre un tema muy extenso: el karma. Como muchos de nosotros estamos cansados al final del día y de la semana, esta noche daré una introducción y tendremos una discusión general. Mañana entraremos en más detalles.

Existen meditaciones relacionadas con abstenerse de llevar a cabo acciones destructivas y demás, pero este no es el lugar para ellas. Más bien haremos una pausa después de cada punto importante, con algo de tiempo para reflexionar y digerirlo.

El karma concierne a lo que nos pasa y a todo el asunto de la ética. Por supuesto, es un tema extremadamente complejo. De hecho, en las enseñanzas budistas es considerado como el tema más complejo. Hay un sinnúmero de seres y todos ellos han experimentado renacimientos desde el tiempo sin principio y han interactuado unos con otros, de manera que los diversos factores que afectan absolutamente a todos están interconectados. Entonces, conocer el karma por completo no es simplemente un asunto de conocer el karma de un sólo individuo. Sólo la mente omnisciente de un buda podría entender la imagen completa. Sólo la mente omnisciente de un buda tendría ese alcance; las mentes de todos los demás son limitadas. Sin embargo, podemos tratar de aprender y entender todos los factores involucrados en el proceso del karma, y de esta manera tener un entendimiento general de cómo funciona y de cómo podemos influenciarlo.

Explicaciones occidentales acerca del karma y la ética

El método budista general para aprender acerca de algo consiste en aprender primero lo que algo no es. Al eliminar lo que algo no es, tenemos una idea más clara de lo que realmente sí es. El razonamiento detrás de esto es que muchos de nosotros tenemos ideas preconcebidas. Podemos tener ideas preconcebidas sobre lo que es el karma y sobre cómo explicar lo que nos pasa. Podemos tener ideas preconcebidas acerca de la ética y de cómo funciona la ética budista. Cuando escuchamos una explicación del karma, de manera muy natural proyectamos sobre ella nuestras ideas preconcebidas. Esto hace que sea muy difícil lograr un entendimiento budista correcto. Primero necesitamos despejar todas estas ideas preconcebidas incorrectas de lo que significa el karma, de tal forma que nuestra mente esté más receptiva y abierta para obtener un entendimiento correcto. Este es el método general, no sólo en lo que se refiere al karma, sino con respecto a todos los temas importantes.

En esta línea, me gustaría explorar algunas de las explicaciones no budistas acerca de lo que nos pasa, la ética y el karma. Al excluir estas explicaciones podremos tener un entendimiento más claro de las enseñanzas budistas sobre el karma.

Casualidad o probabilidad

Una idea común es que lo que nos pasa sucede sólo por casualidad. No hay una razón en particular por la cual estemos contentos o tristes, o por la que nos encontremos con alguien, o por la que nos pasa esto o aquello. El budismo definitivamente no dice ésto; dice que hay una causa. No es caótico.

Una variación de esto sería la explicación científica occidental de que lo que nos sucede es una función de probabilidad, una fórmula matemática de probabilidad. Dadas todas las circunstancias en una situación, tú podrías predecir matemáticamente lo que sucederá. El budismo tampoco afirma eso.

Suerte

Otra explicación sería que lo que nos pasa acontece por suerte. Esta persona ganó la lotería, tuvo suerte. Esta persona perdió en la bolsa, tuvo mala suerte. Lo que realmente está detrás de ésto es alguna fuerza inherente: alguien es inherentemente “suertudo”. Decimos “este es mi día de suerte” como si hubiera algo inherente en el día haciéndolo “de buena suerte”. “Llevar conmigo una pata de conejo me da buena suerte”. El budismo ciertamente no dice eso, aunque uno puede tener esta impresión al ver que las personas usan cordeles rojos o consiguen amuletos para colgarse alrededor del cuello, con el fin de atraer la buena suerte, como sucede en los países del sudeste asiático. Esta no es la enseñanza budista.

Destino

Otra teoría es que lo que nos pasa sucede por el destino. Esto podría ser impersonal o personal. Si se explica de manera impersonal sería: “simplemente es como es”. Es tu destino, escrito en un libro en algún lugar del cielo o en los registros akáshicos guardados en alguna cueva en algún lugar o algo parecido. Esta no es la perspectiva budista.

La voluntad de Dios

Una variación de ésto es que el destino proviene de una fuente personal. En otras palabras, la voluntad de Dios. A ello se le llama kismet en el islam. De hecho, en el hinduismo tardío en la India, muy influenciado por esta idea islámica, existe una fuerte creencia en la voluntad de Dios, mezclada con el entendimiento hinduista del karma. Esta idea no se limita sólo a esta cultura, sino que se encuentra también en otras culturas. “Si estás enfermo y no tomas ninguna medicina, es la voluntad de Dios si te curas o no”; es este tipo de visión, el punto de vista bíblico fundamentalista.

Buena fortuna

Después encontramos una perspectiva de los antiguos romanos: la idea de la buena fortuna y la diosa Fortuna. Si tienes éxito en algo, esto indica que la diosa Fortuna te ha dado buena fortuna. Por lo tanto, “el poder hace que sea correcto”. Si un dictador tiene éxito, sin importar lo cruel que sea, se considera que la diosa Fortuna estaba con él y, por lo tanto, eso es bueno. La fortuna se basa en el ganador. Si sobrevives a los leones del coliseo, la diosa Fortuna te lo ha permitido. Si los leones te comen, la diosa no te dio la fortuna de sobrevivir. Es una actitud muy orientada hacia el éxito. De hecho, heredamos mucho de esta actitud en nuestra mentalidad de negocios. Si alguien gana o tiene éxito en su negocio, es un buen negociante. “¡Hizo una fortuna!”. En castellano usamos la palabra “fortuna” para denotar riqueza y éxito. No es sólo una creencia antigua; tenemos esta herencia. En el budismo, ciertamente no decimos que la ética está basada en la fuerza y el poder.

Premio y castigo basados en cumplir las leyes

Otra teoría es que lo que nos pasa está basado en seguir las leyes; en otras palabras, premio y castigo. Una teoría sería que existen leyes establecidas por alguna alta autoridad del cielo, dadas por Dios. Si sigues las leyes, eres premiado y serás feliz, pero si rompes las leyes, serás castigado e infeliz. Lo que nos pasa depende de la obediencia, qué tan obedientes de las leyes somos. Así que la ética estaría basada sólo en la obediencia.

Una variación de ésto en Occidente proviene de los griegos antiguos. Está basada en la ley, pero en lugar de tratarse de leyes creadas en el cielo, son creadas por una legislatura, por las personas. Es un sistema secular, pero también funciona sobre la base de premio y castigo. Si sigues las leyes civiles entonces eres un buen ciudadano, serás feliz y toda la sociedad lo será. Si rompes las leyes entonces serás infeliz, la sociedad tendrá problemas y serás castigado.

Toda vez que hemos revisado la primera sección de las visiones no budistas, las visiones occidentales, tomemos una pausa antes de seguir con las visiones asiáticas que difieren de la explicación budista indo-tibetana. Es útil considerar o reflexionar si tenemos algunas de estas ideas preconcebidas o visiones a un nivel instintivo o emocional. ¿Pensamos que lo que nos sucede es sólo por casualidad? ¿Una probabilidad matemática? ¿Suerte? ¿Destino? ¿Poder? ¿Que seremos felices si acumulamos mucho dinero o si seguimos las leyes divinas o civiles? Piensen en esto un momento. Estas son nuestras ideas preconcebidas occidentales. Puede haber más pero éstas son las que se me ocurren en este momento.

[Meditación]

Necesitamos ver de manera muy específica por qué nos sentimos bien ahora, por qué nos sentimos felices o infelices. ¿Las cosas me van bien o mal por casualidad, por destino, por suerte o por qué?

[Meditación]

Pienso que para muchos de nosotros es una combinación de varios de estos factores. Si tenemos un ascenso o un aumento de sueldo en el trabajo podemos decir: “es porque he seguido todas las leyes, fui exitoso y tuve suerte. Fue un golpe de suerte”. A veces pensamos que fue el destino: “Era el destino que perdiera mi trabajo”. Ninguna de éstas son formas budistas de entendimiento.

Explicaciones asiáticas del karma y de la ética

Hinduismo: cumplir con el deber personal

La perspectiva hinduista es que el karma está asociado con cierto tipo de deber o destino. Nacemos en cierta casta y en cierta situación social – como hombre o mujer, como gobernante, sirviente o soldado – y cada una de estas castas y roles sociales implica un cierto conjunto estándar de acciones. Se supone que una esposa o un sirviente deben actuar de cierta manera. Estos roles están personificados en las grandes historias épicas de Hanuman, Sita, Ram y otros. Si vivimos cumpliendo con nuestro deber y seguimos el rol social en el que nacimos, todo irá bien y tendremos un mejor renacimiento. Si hemos nacido como mujer y somos buenas amas de casa, seremos felices y en nuestra próxima vida podríamos nacer como algo mejor.

Uso este ejemplo porque hay muchas mujeres aquí. Me parece que pueden apreciar cómo sería el tener esta forma de pensar y sus implicaciones. Ésto se ve claramente en el Bhagavad Gita. Arjuna es un guerrero que tiene que pelear en contra de sus parientes y está completamente indeciso respecto a qué hacer. Krishna le aconseja que debe pelear. Es mejor luchar y cumplir con tu deber, que ir en contra de tu deber como guerrero. Entonces serás feliz y todo irá bien. Aunque los budistas utilizan la misma palabra, “karma”, en el budismo tiene un significado muy diferente.

Confucionismo: estar en armonía y conformarse con el proceso de cambio

¿Cuál es la forma de pensar china? Tenemos la perspectiva china clásica del confucionismo, que también tiene mucha influencia en la forma de pensar de los habitantes de la República Popular de China. Existen ciertos modelos de conducta y si todo el mundo sigue su modelo de conducta correctamente – un padre es un padre, un hijo es un hijo, el gobernante es el gobernante, los sujetos son los sujetos, los miembros del partido son los miembros del partido, el proletariado es el proletariado – entonces todo irá armoniosamente. Uno necesita fluir con el proceso de cambio y ser armonioso con él, así que en tiempo de guerra lo apropiado es luchar y todos serán felices. Si en tiempo de guerra no luchas, ésto va en contra de la armonía, es terrible y causará un desastre; serás castigado. Así que si no peleas eso es algo no virtuoso y si peleas es algo virtuoso. De la misma manera, cuando los tiempos cambian y estamos en paz, si peleas eres no virtuoso y si eres pacífico eres virtuoso.

¿Cómo saben las personas si los tiempos han cambiado o no? El emperador lo dice. Exactamente lo mismo está ocurriendo ahora: el jefe del partido comunista dice que es tiempo de la Guardia Roja y si eres un guardia rojo, eso es apropiado, si no eres un guardia rojo y no destruyes todo, está realmente mal. Cuando el jefe del partido dice que es momento de hacer dinero, si haces dinero estás fluyendo con el proceso de cambio y eso será armonioso, y si no, estás fuera de sincronía. Esta es la forma china tradicional de pensar sobre lo que trae felicidad: encajar en la sociedad y seguir lo que el gobierno dice.

Este no es sólo un pensamiento chino. También lo tenemos en Occidente. Si nos ajustamos a la última moda y usamos nuestro vestido de este largo en lugar de aquél, seremos felices y nos integraremos. Si usamos nuestro vestido de una longitud diferente, estaremos pasados de moda y no seremos felices. El emperador o la emperatriz de la moda nos dictan cuál será la moda para este año. Este no es el punto de vista budista. ¡Cuánto influye eso en nuestra manera de pensar! Influye en el tipo de música que los adolescentes escuchan, la manera en que se cortan el pelo, si tienen tatuajes o perforaciones en el cuerpo. Realmente es una forma de pensar bastante común.

Budismo popular chino: hacer buenas obras como una inversión de negocios

Otra visión china es la perspectiva budista china, la cual está fuertemente influenciada por la cultura china; esta es completamente diferente de la visión budista indo-tibetana. Para ser justo, esta es la visión popular china del karma, y no la visión más sofisticada. Proviene de la traducción del término. Este es un muy buen ejemplo de lo que tan profundamente creo: que la palabra usada para traducir un término budista influye tan fuertemente en la forma de entendimiento que es crucial escoger el término que lleve a la menor confusión posible.

Los antiguos chinos traducían la palabra karma con el carácter chino que siempre se utiliza en palabras compuestas relacionadas con los negocios, así que karma adquirió la connotación de ser como una inversión de negocios. Hacer buenas obras es como hacer una inversión de la que obtienes una gran cantidad de mérito. Hemos hecho una buena inversión y ahora tenemos que poner esa inversión en el banco para obtener buenos dividendos (mérito) de nuestra inversión. Esta es la razón por la que tratamos de hacer las llamadas buenas obras: para obtener muchas ganancias o dinero (mérito) por ello. La gente con esta idea piensa: “Voy a hacer una ofrenda al templo, voy a construir una estatua porque es una buena inversión. Obtendré una gran cantidad de mérito y, como resultado, ganaré felicidad y buena fortuna”. Si pierdes la oportunidad de donar al templo, no eres un buen hombre de negocios porque has perdido la oportunidad de hacer una buena inversión.

Esto lo podemos ver incluso hoy en día. Cuando los tibetanos construyen templos o grandes estatuas, ¿quiénes son los que dan más dinero? Los chinos. Esto se debe a esta mentalidad. De hecho, en la historia clásica, los chinos son los que dieron la mayoría de las donaciones para construir los enormes monasterios del Tíbet. Las persecuciones contra los budistas en China que tuvieron lugar siglos atrás, durante la dinastía Ming (del siglo XIV al XVII), fueron básicamente porque el gobierno estaba gastando demasiado dinero en templos y la gente también estaba donando demasiado dinero. Esta es la razón por la que hubo persecuciones contra los budistas e incluso movimientos contra el gobierno. También tenemos esta mentalidad en Occidente: “Puedo comprar mi felicidad”.

Humanismo occidental: obtener felicidad por hacer a otros felices y por no causar daño

La última visión no budista tibetana no es específicamente asiática, sino que se encuentra particularmente en Occidente. Se llama “ética humanista”. No dañes a los demás y no los hagas infelices; trata de hacer felices a todos. Este es el sistema completo de la ética. “Ética” significa tratar de llevar la mayor felicidad a la mayoría de la gente. No usar a los animales en experimentos de laboratorio para medicinas y este tipo de cosas. Es muy común.

Esta tampoco es realmente la enseñanza budista. La razón principal de esto es que no tenemos idea de si lo que hacemos hará feliz a otra persona. Podemos tener las mejores intenciones del mundo, como cuando cocinamos algo y se lo servimos a nuestro buen amigo, pero él podría atragantarse con nuestra comida y morir. Este es un ejemplo extremo, pero es interesante porque entonces nos sentiríamos culpables, ¿no es cierto? Nos sentiríamos terriblemente culpables. “¡Fue mi culpa! ¡Fui una mala persona!”. Es muy extraño basar la ética en esto. Después de todo, ¿quién es responsable de la muerte de mi amigo?

Esta visión humanitaria es la idea de ética del pensamiento más progresivo de las personas “espirituales” occidentales. Nosotros usualmente no pensamos que seguir la moda nos hará felices o que podemos comprar nuestra felicidad o que el ser buenas amas de casa nos hará felices. Pero sí pensamos que si hacemos felices a otros somos personas éticas y las cosas nos saldrán bien.

Otro ejemplo: estamos cuidando a alguien y él o ella se enferma y muere. Sentimos que fue nuestra culpa y pensamos: “Debería haber sido capaz de hacerla feliz y curarla”, como si lo que le sucede a alguien más dependiera totalmente de nosotros. Podemos contribuir con lo que sucede, pero no somos la única fuerza que lo determina.

Tratamos de no dañar a otros, pero desde el punto de vista budista estamos hablando de nuestra motivación, no del efecto que tienen nuestras acciones. Nuestra motivación es tratar de no causar daño, pero no tenemos idea del efecto que esto tendrá en la otra persona. En el budismo, la ética no se basa en el resultado que causamos en la otra persona, sino en nuestra motivación. No podemos determinar que algo es bueno, malo, virtuoso o no virtuoso por el efecto que tiene sobre otros, porque no tenemos control sobre eso. Sólo tenemos control sobre nuestra propia motivación.

También tenemos una combinación de estas perspectivas no budistas. “¿Cómo podré ser feliz? Si estoy casado y tengo la pareja adecuada, si tengo un buen trabajo, una casa, gano mucho dinero (porque esto es lo que una persona educada debe hacer), y trato de ser una buena persona y no dañar a nadie, entonces seré feliz. Esta es la máxima virtud”. ¡Esto es lo que nuestros padres nos dicen! Y “si hay una guerra, ve y cumple con tu deber”. ¿Qué nos llega como propaganda en nuestra sociedad? “Sigue la moda”, “sé exitoso”, “confórmate”. El budismo no está de acuerdo, no dice que nuestra felicidad o infelicidad provenga de ninguna de estas cosas. Me parece que la revisión de estas otras posibilidades es útil para aclarar nuestras ideas preconcebidas normales, lo que normalmente pensamos.

El entendimiento budista indo-tibetano del karma

Ahora que nos hemos deshecho de algunos de los conceptos ajenos, podemos preguntarnos acerca del entendimiento indo-tibetano del karma y del porqué experimentamos las cosas.

Desde el punto de vista budista indo-tibetano, una acción destructiva es una acción llevada a cabo bajo la influencia de alguna emoción perturbadora como el enojo, la codicia o la ingenuidad, siendo ingenuidad, por ejemplo, pensar que no habrá ningún efecto por nuestras acciones, por lo que no importa lo que hagamos. Esto causa sufrimiento. No estamos hablando del sufrimiento que causa a otros, sino del sufrimiento que nos causa a nosotros; es en términos de nuestra propia experiencia futura. En otras palabras, lo que experimentamos en la vida es el resultado de las actitudes y emociones que nos motivan a hacer lo que hacemos.

Los cuatro hechos de la vida

Todo esto se explica o entiende en términos de las cuatro verdades nobles, las cuales yo llamo los cuatro hechos de la vida. Estos son cuatro hechos que cualquiera que vea la realidad claramente, verá como verdaderos; la gente ordinaria realmente no los verá como verdaderos.

En lenguaje simple, el primer hecho es que la vida es difícil, está llena de problemas. Muchas personas no están dispuesta a admitir o incluso observar esto. Se refiere a cada momento de nuestras vidas ordinarias. A veces nos sentimos infelices. Esto no es muy agradable; es un problema. A veces nos sentimos felices, pero la felicidad está mezclada con problemas y confusión. El problema con ésto es que no dura y realmente no alivia nada de forma permanente. Después de comer tenemos la felicidad de sentirnos satisfechos, pero eso no evita que volvamos a tener hambre. Otro problema es que no podemos predecir lo que seguirá. ¿Nos sentiremos felices por algo más? ¿Nos sentiremos infelices? ¿Nos quedaremos dormidos y nos sentiremos neutros? No tenemos idea de cómo nos sentiremos a continuación. No se obtiene ninguna seguridad de este tipo de felicidad pasajera.

Cuando somos infelices, estamos obviamente insatisfechos y repelidos por ello. Sólo queremos deshacernos de eso porque nos perturba. Cuando somos felices, nos apegamos a eso. No queremos que se vaya nunca y no estamos satisfechos; somos codiciosos, queremos que haya más. Es como surfear por los canales de televisión. Encontramos algo, pero debido a que somos codiciosos pensamos “quizá haya algo mejor en otro canal”. No hay satisfacción. Estas experiencias son problemáticas.

También tenemos una sensación neutra, en la que no pasa mucho. Nos hace aletargados e ingenuos. Nos parece que va a durar por siempre: “Ahora tengo la paz de estar dormido. Todo está bien”. Pero no dura.

Todo eso es el primer hecho de la vida, la primera verdad noble.

El segundo hecho es que estas experiencias desagradables tienen una causa. Ordinariamente sentimos que así es como es: no tienen causa o suceden por las ideas que mencionamos antes: casualidad, suerte o lo que sea. El Buda dijo que la causa más profunda, la verdadera causa, es el karma y las emociones y actitudes perturbadoras. Ambas provienen de la confusión. “Confusión” no significa demencia o Alzheimer; confusión significa que no sabemos lo que está pasando o que tenemos una idea incorrecta de lo que está pasando. El primer hecho de la vida es el resultado del karma; y la causa, el segundo hecho, es el karma y las emociones perturbadoras.

El tercer hecho es que es posible alcanzar la completa cesación de todo ésto, lo cual significa que el karma y las aflicciones no volverán nunca. No se trata simplemente de suprimirlas de manera que no regresen en un largo tiempo. No estamos hablando de eso, aunque quizá podamos hacerlo. El budismo dice que podemos deshacernos de ellas de manera que nunca regresen.

El cuarto hecho es que para lograrlo tenemos que hacer algo; no es algo que va a pasar sólo por buena suerte o algo así. Tenemos que cambiar nuestras actitudes para deshacernos de la confusión y del karma. El comportamiento destructivo que produce la infelicidad proviene de emociones perturbadoras como el enojo, la codicia, etc. Cuando hablamos de cualquiera de éstas – acciones constructivas, destructivas o neutras, las cuales nos producen infelicidad, felicidad (felicidad no satisfactoria) o sensaciones neutras, respectivamente – todas ellas provienen de actitudes perturbadoras en términos del “yo”, de la confusión acerca de cómo existe el “yo” y la realidad.

¿Cuál es la importancia de esto? En general, hablamos del karma como la causa de lo que experimentamos. No estamos diciendo que proviene de una fuerza externa. No proviene del diablo o de los demonios que nos envían o nos dan este mal karma, como cuando se dice “el diablo me hizo hacerlo”. El karma y todos estos asuntos provienen de nuestra propia confusión. Esta confusión no es parte de nuestra naturaleza y no proviene de Dios. Dios no nos creó de esta manera. No sucedió debido al pecado original. Desde la perspectiva budista, esta confusión no tiene principio. No es culpa de nadie; no podemos culpar a nadie.

El karma está siempre unido a las emociones y actitudes perturbadoras. No existe independientemente por sí mismo, afectando lo que nos pasa por su propio poder inherente. No proviene de afuera y no podemos echarle la culpa a nadie más, ni a nosotros mismos. No podemos sentirnos culpables por él, como si fuera el resultado de un pecado original, como cuando se dice “yo soy una mala persona”, es simplemente un fenómeno sin principio, no la naturaleza verdadera de quienes somos.

Las tres perspectivas budistas indo-tibetanas

Existen tres presentaciones básicas del karma en las tradiciones budistas indo-tibetanas. La primera es la de la escuela vaibáshika, uno de los cuatro sistemas filosóficos indios. Se deriva del texto indio del abidarma escrito por Vasubandu, Abhidharmakosha (Chos mngon-pa’i mdzod), Tesoro de temas especiales de conocimiento. La segunda presentación se deriva del texto de su hermano, Asanga, Abhidharmasamuccaya (Chos mngon-pa kun-las btus-pa), Antología de temas especiales de conocimiento, el cual es un texto mahayana. Específicamente lo es desde el punto de vista chitamatra, y la presentación madyámaka es una ligera variación de éste. Las cuatro tradiciones tibetanas están de acuerdo en todo esto. La única excepción se da en la tradición guelug, que afirma que la prasánguika-madyámaka tiene su propia presentación. La prasánguika guelug sigue básicamente el sistema de Vasubandu, pero con algunas enmiendas importantes.

Aquí veremos sólo el sistema de Asanga. Es el menos complicado de entender.

El karma es un impulso, no el acto mismo

De acuerdo con esta perspectiva, el karma (las) es un impulso mental. Es sinónimo del factor mental del impulso (sems-pa). Un impulso es un factor mental que acompaña cada momento de nuestra experiencia. Es el factor mental que nos lleva en la dirección de una experiencia particular, ya sea simplemente mirar o escuchar algo o, en su caso, usarlo para hacer o hacerle algo, decirlo o pensarlo. Sea karma físico, verbal o mental, el impulso kármico es el factor mental del impulso de hacer, decir o pensar algo. Es como el impulso de pegarle a alguien, de decir la verdad o tener pensamientos anhelantes de algún ser amado. Es también el impulso mental de continuar haciendo, diciendo o pensando algo, así como el impulso mental de dejar de involucrarnos con eso y hacer, decir o pensar algo diferente. Usualmente no nos damos cuenta en absoluto de estos impulsos mentales. En la terminología occidental diríamos que usualmente son “inconscientes”.

Participante: ¿El karma es una ley mental mecánica?

Alex: No, no es una “ley”. El karma es un factor mental (sems-byung), un darse cuenta secundario que acompaña nuestra experiencia de las cosas. Es una forma de conocer algo. Es complicado y requiere cierta explicación. En términos técnicos, los factores mentales, como sucede con todas las formas de conocer algo, son tipos de actividad mental en el sentido de que son la actividad de tomar cognitivamente un objeto. De hecho, ambos son tanto la actividad como el agente de la actividad (lo que hace la actividad).

Lo que estoy llamando una “acción” en tibetano se llama “el curso de un impulso” (las-kyi lam). El curso del impulso de hacer, decir o pensar algo es la sucesión de momentos de realmente hacerlo, decirlo o pensarlo. El curso del impulso no es en sí mismo un impulso.

Por ejemplo, cuando vemos un pedazo de papel, un aspecto de la manera en que lo estamos viendo puede ser el impulso de romperlo. Es un evento mental. En este contexto ese impulso mental es el karma. El karma no es la acción física en sí misma, sino lo que produce la acción, lo que la inicia y la mantiene.

Cuando el impulso surge, eso es el karma. Siempre tenemos la posibilidad de escoger si lo actuamos o no, aun cuando el impulso de hacer o decir algo sea muy imperioso. Si lo actuamos, la acción que nos lleva a cometer tiene consecuencias en nuestra propia experiencia posterior. Si no actuamos el impulso, el sólo experimentar el impulso en sí mismo no tiene ninguna consecuencia kármica en el futuro.

Resultados de las acciones kármicas

¿Qué proviene de las acciones kármicas? O en otras palabras ¿qué proviene del comportamiento impulsivo? Algunas de las cosas incluyen sentir cierto nivel de felicidad o infelicidad, experimentar un estado de renacimiento y un cierto ambiente, experimentar ser masculino o femenino, americano o alemán, estar en un lugar limpio o sucio, etc. Otra cosa que proviene de las acciones kármicas es una sensación compulsiva o deseo (‘ dod-pa) de actuar de una manera similar a como hemos actuado antes. Esto también es un factor mental, un darse cuenta secundario, y cuando surge, acompaña nuestra cognición. Nos gustaría actuar de esa manera, tenemos ganas de actuar así y queremos hacerlo otra vez. El hecho de que prestemos atención o no a esta sensación como algo que vale la pena actuar depende de muchas otras variables, una de las cuales (y no la menos importante) corresponde a las circunstancias externas en las que estamos. Experimentar la sensación puede o no producir el surgimiento de un impulso de repetir dicha acción, y el impulso de repetirla puede o no conducir a realmente repetirla. Si el impulso surge, ese impulso es otro karma.

[Para un análisis detallado de la diferencia entre tener la sensación de hacer algo y querer hacerlo, ver: El desarrollo de una sensibilidad equilibrada, parte IV, capítulo 16.]

Otro resultado es experimentar algo similar a lo que hicimos antes, pero que ahora nos sucede a nosotros. Por ejemplo, siempre estábamos quejándonos y ahora siempre conocemos personas que se quejan con nosotros.

Finalmente, nuestra percepción de las cosas es muy limitada. Sólo podemos ver lo que está frente a nuestra nariz. Realmente no podemos ver por qué alguien actuó de una cierta manera o cuáles serán las consecuencias de nuestras acciones. Yo llamo a esto “visión periscópica” porque es como ver a través del periscopio de un submarino. Constantemente estamos produciendo y experimentando esta percepción periscópica.

Todo eso es el resultado de actuar los impulsos del karma. Es muy complejo porque los resultados del comportamiento kármico están constantemente subiendo y bajando: en un momento estamos felices, en el siguiente somos infelices; ahora esto sucede y ahora sucede aquello; ahora me siento con ganas de hacer esto y ahora me siento con ganas de hacer aquello. Mientras nuestras experiencias suben y bajan, también experimentamos la visión periscópica; realmente no entendemos lo que está pasando. Nos asomamos por el periscopio, vemos algo y surge el factor “tengo ganas de”. Vemos chocolate y, como nos gusta, sentimos felicidad y ganas de comérnoslo.

Por cierto, el "gustar de algo" es el factor mental de ver el chocolate con un darse cuenta placentero que contacta (reg-pa). En Occidente hablamos de “me gusta algo” de una manera más abstracta que en el budismo. Aquí, “gustar de algo” se refiere al factor mental que realmente acompaña la cognición de “algo que nos gusta”. También es un producto que madura del karma, así como lo es sentir cierto nivel de felicidad o infelicidad.

Noten por favor que el que nos guste el chocolate y tener ganas de comer un poco no son emociones perturbadoras (nyon-mongs). Pueden actuar o no como una circunstancia para que surja el deseo anhelante (‘ dod-chags) por el chocolate, el cual es una emoción perturbadora. El deseo anhelante exagera las buenas cualidades de algo. El gusto por el chocolate y las ganas de comer un poco podrían ser también circunstancias que den surgimiento a la ingenuidad respecto a las consecuencias de comer chocolate justo antes de la cena – otro estado mental perturbador. Por otro lado, también podrían actuar como circunstancias para que surja el factor mental de la disciplina ética – un estado mental constructivo – de refrenarnos de actuar nuestro deseo anhelante o nuestra ingenuidad.

Supongamos que surgen ambos, el deseo anhelante y la ingenuidad. Podríamos entonces perder de vista el hecho de que estamos haciendo una dieta o que es algo que no va con nosotros, o algo así. Esto significa que dejamos de mantener presencia mental (dran-pa) en ese hecho, lo cual es equivalente a no recordarlo.

Entonces, debido a todos estos factores contribuyentes que resultan de las acciones kármicas – por ejemplo, ver chocolate a través de nuestro periscopio, que nos guste, y tener ganas de comerlo – surge el impulso de comerlo. Ese impulso es un nuevo karma. Entonces lo actuamos y de esto provienen todas las consecuencias. Algunas de las consecuencias son resultados mecánicos, como ganar peso y demás. Otros resultados son cosas a más largo plazo, como después tener ganas de comer un poco más. Cuando tratamos de purificar el karma, de los que tratamos de deshacernos es de estos efectos a largo plazo.

Este fin de semana vamos a estar hablando de todo este proceso. No tenemos tiempo en apenas un fin de semana de entrar en detalle sobre cómo purificamos o nos deshacemos de todo esto. Nos concentraremos mucho más en cómo funciona.

Pregunta acerca de la intuición

Participante: ¿La intuición se origina de la mente o no?

Alex: ¿Cuál sería la alternativa?

Participante: ¿Es más mental o es más alma o espíritu?

Alex: ¿Que surge del espíritu en lugar de la mente? El budismo realmente no tiene este concepto de “alma” o “espíritu”. En alemán tienen la palabra "geist", que significa ambos, “mente” y “espíritu”, así que se vuelve aún más complicado. También, como eres ruso, estás preguntando desde el marco conceptual ruso, que también divide las cosas de manera diferente que en inglés o en tibetano.

Participante: En ruso es igual que en alemán.

Alex: En cualquier caso, no conozco lo suficiente las connotaciones de las palabras alemanas, así que hablemos sólo del tibetano. Eso es lo relevante aquí.

Participante: En ruso, “espíritu” es impersonal y “alma” es personal. “Mente” es un instrumento con el cual piensas.

Alex: Como explico a menudo, si tenemos que cortar un pastel en dos o tres pedazos, hay muchas maneras diferentes de hacerlo. Cada idioma lo corta en una o dos porciones de distintos tamaños. Cuando hablamos de nuestra experiencia, podemos dividirla como tú lo has hecho, en espíritu, alma y mente, o se puede dividir de la forma tibetana, y estas divisiones no tienen correspondencia entre sí en absoluto. Permítanme explicarles cómo explicaríamos la intuición desde la perspectiva budista tibetana.

En el budismo hablamos de cómo conocemos algo. Nuestra manera occidental de decir que podemos conocer algo, ya sea “intelectualmente” o “intuitivamente”, no corresponde exactamente con la forma tibetana de cortar el pastel. En ambos sistemas la división se da acorde con cómo conocemos algo que es más obscuro que lo que podemos ver.

Consideren el caso de conocer el estado mental de alguien más. De acuerdo con el esquema budista podríamos conocerlo confiando en una línea de razonamiento: “Esta persona no me está hablando y tiene cierta expresión en la cara. Usualmente, alguien que se ve así está molesta por algo. Por lo tanto, ella está molesta”. Esto correspondería a lo que en Occidente se llama “conocimiento intelectual”. En el budismo se llama “cognición inferencial” (rjes-dpag).

Alternativamente, sabemos que ella está molesta sin confiar en una línea de razonamiento. O simplemente suponemos que ella está molesta basados en lo que “sentimos”, lo que significa basados en lo que pensamos. En el budismo esto se llama “suposición” (yid-dpyod), una manera poco confiable de conocer algo. Lo que suponemos que es verdad puede serlo o no. O bien, podríamos tener tanta experiencia en el pasado que simplemente lo vemos y “sabemos”. En Occidente diríamos que este último caso es un “conocimiento intuitivo”, porque no tenemos que razonarlo. Pero de hecho, el budismo diría que aún estamos usando la inferencia, aunque es posible que ésta no sea verbal. Basados en reconocer ciertos signos, concluimos que la persona está molesta. Otra posibilidad es que podríamos saber que alguien más está molesto por “percepción extrasensorial”. El budismo identifica ésta como una forma de cognición mental directa no conceptual. En Occidente tal conocimiento es otro ejemplo de lo que se llamaría “intuición”.

Otro ejemplo es el entendimiento de la vacuidad, la naturaleza de la realidad. Podríamos entenderla basándonos en la lógica y el razonamiento o podríamos entenderla automáticamente por hábito, basados en una gran cantidad de experiencias de vidas pasadas. Quizá en términos occidentales llamarían a uno “intelectual” y al otro “intuitivo”.

Desde otro punto de vista, cuando en Occidente decimos que tenemos sólo un “entendimiento intelectual” de la vacuidad, usualmente queremos decir que no sentimos nuestro entendimiento profundamente a un nivel visceral, mientras que un “entendimiento intuitivo” se siente profundamente. Desde un punto de vista analítico budista la diferencia entre ambos entendimientos reside en el nivel de convicción que acompaña al entendimiento. El mismo nivel de convicción puede acompañar una cognición de la vacuidad, sea que surja de la confianza en una línea de razonamiento o del hábito y la familiaridad.

Esta es la forma en la que el budismo lo explica, no usa conceptos como “alma” o “espíritu”. No es en términos de dónde proviene el entendimiento, sino más bien de cómo surge, cuáles son los factores mentales que lo acompañan y cuáles son los niveles de intensidad de dichos factores.

Un último punto: tal como expliqué el karma señalando los diferentes marcos conceptuales que no estamos explicando, de manera similar, para contestar a tu pregunta tendríamos que excluir todas las cosas que no son parte de la explicación budista indo-tibetana, como el alma, el espíritu, etc. Estamos describiendo una experiencia; es tan sólo un asunto de cómo la describimos. Son sistemas diferentes.

Terminemos con la dedicatoria. Que cualquier entendimiento que hayamos obtenido se vuelva más y más profundo, de tal forma que poco a poco seamos capaces de ver las cosas de esta manera. Y como resultado, que empecemos a influir positivamente en lo que nos pase.