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Siguiendo el Darma y evitando el sufrimiento

Tsenzhab Serkong Rimpoché I
Nueva Delhi, India. 7 de diciembre de 1979.
Traducido por Alexander Berzin, editado por Nicholas Ribush.
Ligeramente revisado por Alex Berzin, 2003.
Originalmente publicado como “Renunciation”. En Teachings at Tushita,
Editores Glenn Mullin y Nicholas Ribush.
New Delhi: Mahayana Publications, 1981.
Traducido al español por Ernesto Guerrero

Reconociendo el sufrimiento

La palabra sánscrita “Darma”, chö (chos) en tibetano, significa sostener o mantener. ¿Qué es lo que se sostiene o mantiene? La eliminación del sufrimiento y el logro de la felicidad. El Darma hace esto no sólo para nosotros, si no para todos los seres.

Los sufrimientos que sentimos son de dos tipos: los que son inmediatamente visibles para nosotros como humanos y aquellos que no podemos ver sin poderes extrasensoriales. Los primeros incluyen el dolor que involucra el proceso del nacimiento, lo desagradable de enfermarse ocasionalmente, la miseria que se experimenta al crecer y envejecer, y el pavor a la muerte.

Los sufrimientos que vienen después de la muerte no son visibles a una persona ordinaria. Podríamos pensar que después de morir, probablemente renaceremos como seres humanos. Sin embargo, esto no es necesariamente así. No hay ninguna razón lógica para que asumamos que esa evolución ocurrirá. Como tampoco el caso de que después de morir no renazcamos.

En cuanto al tipo de renacimiento que tomaremos, esto es algo muy difícil de saber, algo que no se encuentra, en este momento dentro de nuestra esfera de conocimiento. Si generamos karma positivo durante esta vida, lo que seguirá de manera natural, será que tomaremos formas felices de renacimiento en el futuro. Por el contrario, si creamos mayormente karma negativo, no tomaremos un renacimiento feliz, sino que experimentaremos grandes dificultades en estados inferiores. Esto es seguro. El renacimiento funciona de esta manera. Si plantamos una semilla de trigo, lo que crece es una planta de trigo. Si plantamos una semilla de arroz, producirá una planta de arroz. Similarmente, al crear karma negativo plantamos las semillas para renacer en uno de los tres estados inferiores, como una criatura infernal, un espíritu hambriento o como animal.

Hay cuatro diferentes estados o reinos infernales (reinos sin gozo): el caliente, el frío, el vecino, y el ocasional. Para subdividir estos todavía más, existen ocho diferentes infiernos calientes. El primero de estos es conocido como el Infierno del Revivir. Este es el de menor sufrimiento, hablando relativamente. Para entender la magnitud de la miseria que se experimenta aquí, el dolor de una persona atrapada en un gran fuego sería muy leve comparado con el dolor de los seres en el primer infierno caliente. Cada infierno por debajo del Infierno del Revivir tiene un grado cada vez más intenso de miseria.

Aunque el sufrimiento de las criaturas infernales y los espíritus hambrientos no sea visible para nosotros, aquel de los animales puede ser visto por nuestros ojos. Si nos preguntamos qué pasaría si renaciéramos como animales, podemos simplemente ver a los animales callejeros y a las bestias de carga a nuestro alrededor aquí en la India, y pensar en lo que sería si tuvieramos esas condiciones. El Darma es lo que nos sostiene y nos protege de experimentar el sufrimiento de estos renacimientos inferiores.

Toda la rueda de renacimientos, el total de la existencia incontrolablemente recurrente (samsara), tiene la naturaleza del sufrimiento. El Darma es lo que nos protege de todo el sufrimiento samsárico. Más aun, el Darma mahayana, las enseñanzas del Gran Vehículo, no sólo nos traen protección a nosotros, sino a todos los seres limitados (seres sintientes).

Tomando la dirección segura del refugio

En el budismo escuchamos mucho acerca de las Tres Joyas: el Buda, el Darma y el sanga. La primera incluye a todos los seres completamente iluminados, que enseñan el Darma. Buda Shakyamuni, quién por primera vez puso en marcha la Rueda del Darma en Varanasi al enseñar las Cuatro Verdades Nobles, es el más significativo para nosotros. La última de estas cuatro verdades (los caminos verdaderos), es el Darma, que se ha de practicar para lograr la liberación. Este es el objeto de refugio de la dirección correcta llamada la joya del Darma.

La práctica del Darma implica dos cosas: reconocer la raíz del sufrimiento samsárico y, erradicar esta raíz. ¿Cuál es la raíz de la existencia cíclica? Es el aferrarse a un yo verdaderamente existente y a la existencia verdadera de los fenómenos. Necesitamos desarrollar una repulsión por este aferramiento, que nos trae todos nuestros sufrimientos. Debemos desarrollar un entendimiento del antídoto al aferramiento a la existencia verdadera. Este antídoto es la sabiduría (conciencia discriminativa) de la no existencia de un yo o identidad inherente. Lo que nos traerá la liberación del sufrimiento, es este entendimiento de la no existencia de un yo inherente.

Los sufrimientos que experimentamos en el samsara no ocurren sin una causa. Son causados por las emociones y actitudes perturbadas (engaños), y por el karma creado por ellas. La raíz de todas las emociones y actitudes perturbadas y del karma, es el aferrarse a un yo. Cuando entendemos esto, aspiramos a obtener el antídoto a este apego por el yo. ¿Por qué no hemos desarrollado aun el antídoto en nuestro continuum mental? ¿Por qué no entendemos la falta de existencia inherente del yo? Una de las razones es que no estamos suficientemente conscientes de la muerte y la impermanencia.

Muerte e inpermanencia

El único resultado posible del nacimiento es la muerte. Inevitablemente vamos a morir. No existe ser viviente cuya vida no haya terminado con la muerte. Las personas intentan muchos métodos para evitar que ocurra la muerte, pero eso es imposible. Ninguna medicina nos puede curar de la muerte.

Pensar: “voy a morir”, no es realmente la forma correcta de contemplar la muerte. Desde luego que todos vamos a morir, pero el sólo pensar en este hecho no es suficientemente poderoso, no es el método correcto. De la misma manera, pensar sólo en el hecho de que nos vamos a desintegrar y degenerar, que nuestro cuerpo se va a descomponer, no es suficiente. Lo que necesitamos pensar es cómo vamos a prevenir nuestra caída.

Si pensamos en el miedo que se presenta en el momento de la muerte y en cómo eliminar ese miedo, entonces nuestra meditación acerca de la muerte será efectiva. Las personas que han acumulado una gran cantidad de karma negativo durante sus vidas sienten mucho miedo en el momento de la muerte. Lloran, corren lagrimas por sus mejillas, sus bocas babean, evacuan en su ropa y se sienten completamente abrumadas. Estos son claros signos del sufrimiento que ocurre en el momento de la muerte, por el miedo causado por las acciones negativas realizadas durante la vida.

Si por el contrario, durante nuestra vida evitamos cometer acciones negativas, nos es muy fácil encarar el momento de la muerte. La experiencia es una de gozo, como la de un niño yendo a su casa para encontrar a sus padres. Si nos hemos purificado a nosotros mismos, podremos morir felizmente. Evitando cometer las diez acciones negativas y cultivando sus opuestos, las diez acciones constructivas, nuestras muertes serán fáciles y, como resultado, no tendremos que experimentar el renacimiento en una condición de sufrimiento. Podremos estar seguros de tener un renacimiento en estados más afortunados. Al sembrar las semillas de plantas medicinales, obtenemos árboles con poderes medicinales; al plantar las semillas de árboles venenosos, sólo producimos frutos dañinos. Si plantamos las semillas de acciones constructivas en nuestra conciencia, experimentaremos felicidad en nuestros renacimientos futuros. Tendremos situaciones afortunadas, tanto mental como físicamente. Esta enseñanza básica del Darma de evitar las acciones destructivas y cultivar las constructivas, no sólo se da en el budismo, sino también en muchas otras religiones, incluyendo el cristianismo.

¿Cómo contemplamos la muerte y la impermanencia? Cómo mencionamos previamente, sólo pensar, “voy a morir”, no es muy benéfico. Necesitamos pensar, “si he cometido cualquiera de las diez acciones destructivas, al morir tendré que enfrentar mucho miedo y sufrimiento, y como resultado, obtendré un renacimiento de gran desventura. Por otro lado, si durante mi vida, he creado fuerza positiva (mérito), al morir no experimentaré miedo o sufrimiento y renaceré en un estado más afortunado. ” Esa es la forma correcta de contemplar la muerte.

Esta meditación no debe ser meramente un pensamiento sombrío y pesimista, “Voy a morir y no hay nada que pueda hacer al respecto”. Más bien, necesitamos pensar en términos de qué va a pasar cuando muramos “¿Dónde iré después de la muerte? ¿Qué clase de causas he creado? ¿Puedo hacer que mi muerte sea feliz? ¿Cómo? ¿Puedo hacer que mis futuros renacimientos sean felices? ¿Cómo?”.

Cuando contemplemos los renacimientos futuros, debemos recordar que no hay ningún lugar en el samsara que sea confiable. No importa qué cuerpo tomemos, eventualmente deberá morir. Leemos en la historia acerca de personas que han vivido cientos o hasta miles de años, sin embargo, no importa qué tan fantásticas sean estas historias, no hay ningún caso de persona alguna que no haya tenido que morir eventualmente. Cualquier tipo de cuerpo samsárico que obtengamos estará sujeto a la muerte.

Tampoco existe un lugar donde podamos ir para escapar a la muerte. No importa dónde estemos, cuando llegue el momento, tendremos que morir. Entonces, ninguna cantidad de medicinas, mantras o prácticas ayudarán. Las operaciones quirúrgicas pueden curar ciertos tipos de enfermedades en nuestros cuerpos, pero no hay ninguna que pueda evitar la muerte.

No importa el tipo de renacimiento que obtengamos, estará sujeto a la muerte. El proceso continúa. El contemplar los efectos de largo alcance de nuestras acciones y cómo el proceso del nacimiento, la vida, la muerte, y el renacimiento es continuo, nos ayudará a generar mucho karma positivo.

Aunque algunas veces planeamos practicar el Darma, usualmente pensamos comenzar mañana, o pasado mañana. Sin embargo, ninguno de nosotros puede decir cuándo morirá. Si tuviéramos garantizado que definitivamente tenemos cien años más de vida, tendríamos espacio libre para acomodar nuestra práctica. Pero no tenemos la mínima certeza de cuándo vamos a morir. Hacer a un lado nuestra práctica es muy tonto. Algunos seres mueren en la matriz de su madre, aun antes de nacer, otros mueren de pequeños antes de aprender a caminar. No es lógico concluir que tendremos una vida larga.

Nuestros cuerpos son muy frágiles. Si estuvieran hechos de piedra o acero, tal vez nos podrían dar un cierto sentimiento de estabilidad. Pero si investigamos, veremos que el cuerpo humano es muy débil. Es muy fácil que algo se descomponga en él. Es como un reloj delicado hecho de incontables partes pequeñas y frágiles. No es algo en lo que se pueda confiar. Hay muchas circunstancias que pueden provocar nuestra muerte: comida envenenada, la mordedura de un pequeño insecto, o hasta un pinchazo de una espina venenosa. Pequeñas condiciones como estas pueden matarnos. La comida y los líquidos que utilizamos para extender nuestra vida, pueden convertirse en las circunstancias que le den fin. No hay ninguna certeza de cuándo vamos a morir, o de qué circunstancias provocarán nuestra muerte.

Aun cuando nos sintamos seguros de que viviremos por cien años, muchos años de ese lapso ya han pasado y no hemos logrado mucho. Nos acercamos a la muerte, como un hombre dormido en un vagón de ferrocarril acercándose cada vez más a su destino, pero inconsciente del proceso. Es poco lo que podemos hacer para detener este proceso. Simplemente nos acercamos constantemente a la muerte.

No importa cuánto dinero, joyas, casas o ropa hayamos acumulado durante nuestra vida, esto no marcará ningún cambio en el momento de nuestra muerte. Al morir, tendremos que irnos con las manos vacías. No podremos llevarnos ni siquiera el objeto material más pequeñito. El mismo cuerpo deberá ser dejado atrás. El cuerpo y la mente se separan y el flujo mental continuará por sí mismo. No sólo es imposible llevarnos una posesión con nosotros, no podemos ni siquiera llevarnos nuestro cuerpo.

Karma

¿Qué acompaña a la conciencia después de la muerte? Si tenemos que dejar nuestro cuerpo, nuestros amigos y todas nuestras posesiones, ¿existe alguna ayuda o cualquier cosa que acompañe a nuestra conciencia a una vida futura?

Hay algo que sigue a la conciencia después de la muerte: los legados kármicos (semillas) que hemos construido durante esta vida. Si hemos cometido alguna de las diez acciones kármicas negativas, un legado kármico negativo o deuda kármica acompañará nuestro continuum mental cuando vaya hacia nuestro renacimiento futuro. Al matar a otros seres, robar las posesiones de otros, o involucrarnos indulgentemente en una conducta sexual incorrecta, legados kármicos negativos de estas acciones destructivas de l cuerpo se colocan en nuestro continuum mental. Al mentir, calumniar a otros, causar la desunión entre las personas, herir a otros con palabras o hablar sin sentido, las deudas kármicas de estas acciones negativas del habla viajarán con nosotros en el momento de la muerte. Si hemos tenido muchos pensamientos codiciosos, frecuentemente deseando tener las posesiones de otros, si hemos tenido mala voluntad hacia otros, deseando que sean lastimados o que algo malo les suceda, o si hemos pensado de una manera antagónica distorsionada, como “no existen las vidas pasadas ni futuras”, “no hay tal cosa como la causa y el efecto”, “no hay tal cosa como la dirección segura del refugio”; estas acciones destructivas de la mente generarán legados kármicos negativos que viajarán con nuestras mentes y las dirigirán hacia futuros renacimientos.

Lo opuesto también es cierto. Si hemos realizado acciones positivas y nos hemos alejado de crear negatividad, los legados kármicos de tal energía positiva viajará en nuestro flujo mental y producirán mejores circunstancias en nuestras vidas futuras.

Cuando realmente pensamos en la situación en la que nos encontramos, nos determinaremos a tratar, de cualquier forma posible, de generar karma positivo y eliminar su opuesto. Necesitamos tratar de limpiarnos de tanta negatividad como sea posible, no dejando ni la más pequeña deuda kármica para ser pagada en vidas futuras.

Necesitamos ver qué tipo de reacciones pueden suceder dentro de la ley de causa y efecto. Existe la historia de una persona que tenía muchas y muy buenas cualidades, pero era duro, áspero en su habla. Abusó de otro, diciéndole “hablas como un perro”. Como resultado, él mismo renació como perro quinientas veces. Una acción aparentemente pequeña puede tener un resultado muy grande.

De la misma manera, una pequeña acción positiva puede producir un gran resultado. Existe el recuento de un pequeño niño que hizo una humilde ofrenda al Buda y, como resultado, renació como el gran rey Ashoka, que construyó miles de monumentos budistas y realizó incontables actividades sublimes.

Renuncia y compasión

El contemplar los varios tipos de acciones destructivas que hemos cometido y sus resultados, es una forma muy efectiva de asegurar nuestro bienestar y felicidad. Si pensamos en el sufrimiento que tendremos que experimentar como resultado de nuestra negatividad, y por esto nace en nosotros un deseo muy fuerte de no tener que experimentar este tipo de miseria, hemos desarrollado lo que se llama “renuncia”.

Acostumbrarnos a esta forma de pensar es, en sí mismo, una forma de meditación. Primero requerimos desarrollar conciencia acerca de nuestro propio sufrimiento y, después debemos extender esta conciencia a todos los seres vivientes. Considera cómo todos los seres desean no experimentar ningún sufrimiento, y sin embargo se encuentran en un predicamento de sufrimiento. Este tipo de pensamientos nos lleva a la compasión. Si no desarrollamos el deseo de ser libres de todo nuestro propio sufrimiento, ¿cómo podremos desarrollar el deseo de que otros seres estén libres del suyo? Podemos poner fin a todo nuestro sufrimiento; sin embargo, esto no es ulteriormente benéfico. Necesitamos extender este deseo a todos los seres vivientes, quienes también desean la felicidad. Podemos entrenar nuestras mentes y desarrollar el deseo para que todo mundo se aparte completamente de sus sufrimientos. Ésta es una forma más amplia y benéfica de pensar.

¿Por qué necesitamos ocuparnos de otros seres vivientes? Porque recibimos mucho de otros. Por ejemplo, la leche que bebemos viene de la bondad de las vacas y los búfalos, las cálidas vestimentas que nos protegen del frío y el viento vienen de la lana de ovejas y cabras, etc. Estos son sólo algunos ejemplos de por qué necesitamos tratar de encontrar un método que pueda eliminar sus sufrimientos.

No importa qué tipo de práctica hagamos: la recitación de mantras o cualquier clase de meditación, siempre debemos retener el pensamiento, “Que esto beneficie a todos los seres limitados”. Esto también nos trae beneficio a nosotros naturalmente. Nuestras situaciones ordinarias de la vida nos pueden permitir apreciar esto. Por ejemplo, si alguien es muy egoísta y siempre trabaja por su propio beneficio, no será realmente apreciado por los demás. Por otro lado, alguien que es bondadoso y siempre está pensando en ayudar a otros, usualmente es apreciado por todos.

El pensamiento que ha de desarrollarse en nuestro continuum mental es, “que todos sean felices y que nadie sufra”. Debemos tratar de incorporar esto en nuestro propio pensamiento a través de recordarlo una y otra vez. Esto puede ser extremadamente benéfico. Los seres que en el pasado han desarrollado este tipo de pensamiento son ahora grandes Budas, bodisatvas o santos; todos los hombres y mujeres del mundo realmente grandes, se basaron en esto. ¡Qué maravilloso sería si pudiéramos tratar de generarlo nosotros mismos!

El karma de dañar a otros al proteger a nuestros seres queridos

Pregunta: ¿Se nos aconseja no defendernos cuando alguien trata de lastimarnos?

Rimpoché: Esta pregunta nos introduce a un tema muy extenso. Si alguien te golpea en la cabeza con un palo, la mejor respuesta es meditar en que estás experimentando esto debido a tus propias acciones negativas del pasado. Piensa en cómo esta persona está permitiendo que este legado kármico en particular madure ahora, en vez de en algún momento en el futuro. Necesitas sentir gratitud de que él haya eliminado esta deuda kármica negativa de tu flujo mental.

Pregunta: ¿Qué sucede si alguien ataca a mi esposa o hijo, quienes están bajo mi protección? ¿Los defiendo? ¿Sería una acción negativa si lo hago?

Rimpoché: Como es tu deber y responsabilidad proteger a tu esposa e hijo, debes tratar de hacerlo de la manera más hábil posible. Necesitas ser inteligente. Lo mejor es protegerlos sin dañar al atacante. En otras palabras, necesitas buscar un método de protegerlos con el que no causes ningún daño.

Pregunta: ¿Él puede dañar a mi hijo, pero yo no lo puedo dañar a él? ¿No es nuestro deber defender a nuestros hijos de actos crueles y barbáricos? ¿Debemos simplemente entregar nuestras vidas?

Rimpoché: Para manejar esta situación hábilmente se requiere de gran valor. Hay una historia de una vida pasada del Buda, en la cual él era un navegante que partió a la mar con un grupo de quinientas personas en busca de un tesoro enterrado. En el grupo, había un hombre con pensamientos muy codiciosos que tramaba asesinar a las quinientas personas, para robar las joyas sólo para él. El bodisatva (Buda Shakyamuni, en una vida previa) estaba conciente de esto, y pensó que sería incorrecto permitir que la situación se llevara a cabo, ya que un hombre iba a matar a quinientos. Por lo tanto, desarrolló el muy valeroso pensamiento de salvar a las quinientas personas, matando a este hombre, aceptando voluntariamente la completa responsabilidad de matar. Si voluntariamente aceptas tener que renacer en un infierno, para salvar a otros, tienes un pensamiento enormemente valeroso. Puedes entonces, involucrarte en este tipo de actos, tal como lo hizo el Buda.

Pregunta: ¿Se sigue considerando el matar como una acción negativa en esas circunstancias?

Rimpoché: Nagarjuna escribió en su “Carta amigable” que si uno comete una negatividad en aras de proteger a sus padres, a sus hijos, al budismo, o a las Tres Joyas del Refugio, uno tendrá que experimentar las consecuencias. La diferencia está en si uno conoce o no las consecuencias y las acepta voluntariamente y sin egoísmo, para poder proteger a su esposa y a su hijo. Si lastimas al enemigo, vas a experimentar un renacimiento de sufrimiento. Sin embargo, necesitas afrontar esto voluntariamente pensando, “yo tomaré este sufrimiento sobre mí, para que mi esposa e hijo no sufran”.

Pregunta: Entonces, de acuerdo al budismo, ¿esto seguiría siendo una acción negativa?

Rimpoché: Proteger a tu esposa e hijo es un acto constructivo, positivo, pero lastimar al enemigo es negativo y destructivo. Tienes que aceptar voluntariamente las consecuencias de ambos.

Pregunta: Usted dijo que si uno crea karma negativo, uno sufrirá en el futuro, pero si uno hace el bien, la felicidad le acompañará. ¿Pueden estas buenas acciones conducir a la completa salvación, en el sentido de no tener que experimentar el renacimiento?

Rimpoché: Si deseas lograr la salvación, tienes que seguir las enseñanzas completa y precisamente. Por ejemplo, si estás siguiendo el camino cristiano, tienes que seguir perfectamente las enseñanzas de Cristo. Entonces la salvación cristiana es posible. Jesús solo, no puede salvarnos de nuestros pecados, nosotros mismos tenemos que hacer algo. De otra forma, ¿por qué habría dicho Jesús que no pecáramos? Si seguimos correctamente lo que enseñó Jesús, pienso que la salvación cristiana es posible. Si seguimos correctamente las enseñanzas del Buda, la “salvación” budista (liberación) es posible.