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Los doce eslabones de surgimiento dependiente

Alexander Berzin
Morelia, México, 2-4 Junio 2000
Traducido por Sara Rojo

Día tres: Los últimos cinco eslabones y el mecanismo del samsara

Los siguientes tres eslabones, ocho, nueve y diez, son los eslabones causales que actualizan ( bsgrub-byed-kyi yan-lag). Son los que activan la repercusión kármica del karma que arroja en los momentos precedentes a la muerte, de tal forma que los resultados kármicos se actualizarán. Así, sirven como las condiciones que actúan simultáneamente ( lhan-cig byed-rkyen) para los agregados de nuestro renacimiento futuro. Actúan de forma simultánea con las causas kármicas para ellos. Sin ellos presentes y funcionando como condiciones, la repercusión kármica no se activará ni dará sus resultados.

Estos tres eslabones son paralelos a la secuencia que ocurre en cualquier momento durante nuestras vidas, en respuesta a experimentar sensaciones de felicidad e infelicidad. Normalmente, respondemos con emociones perturbadoras, impulsos de actuar, e impulsos en los cuales realmente actuamos. Sin embargo, aquí los factores paralelos son mucho más fuertes en su impacto, porque ocurren en la muerte.

El octavo eslabón: apego

El octavo eslabón es el apego (sred-pa). Aquí nos estamos enfocando en sensaciones de felicidad, infelicidad o neutras que han madurado durante los momentos justo antes de nuestra muerte. Es una forma de deseo anhelante (‘ dod-chags) de experimentar algo en el futuro que podemos o no estar experimentando ahora.

Hay tres tipos de apego:

(1) El primero es el apego con relación a lo que es deseable (‘ dod-sred), significa estar apegados a no separarnos de las formas ordinarias de felicidad que actualmente estamos experimentando. La felicidad que estamos experimentando puede provenir de tener a nuestros seres queridos alrededor de nuestro lecho de muerte, o incluso debido a un analgésico narcótico. No es necesario que el nivel de felicidad al que estamos apegados y que no queremos dejar sea intenso.

(2) El segundo tipo es el apego debido al miedo (‘ jigs-sred), a saber, el apego a separarnos del dolor y la infelicidad. Muchas personas mayores que tienen sufrimiento mental sienten que todos los que conocen han muerto y simplemente quieren liberarse de su depresión y miseria. Estas dos primeras formas de apego no son difíciles de entender.

(3) La tercera forma de apego, el apego con relación a una existencia posterior (srid-sred), se refiere a apegarse a una sensación neutra que estamos experimentando para sobrevivir y no degenerarnos, por ejemplo, la sensación neutra de estar dormidos o en coma.

Una explicación complementaria del apego con relación a una existencia posterior es apegarse a que nuestros propios cuerpos estén compuestos por cinco agregados como una base para las dos primeras formas de apego. Tenemos que examinar ésta, pues es sutil y no fácil de entender. Incluso si estamos en coma, aún existe este apego inconsciente de tener un cuerpo, de aferrarnos. La tía anciana de mi amigo tuvo un severo derrame cerebral; se encuentra en un semi-coma. Todo lo que puede hacer es mover sus ojos. La mayor parte del tiempo, ella está fuera de sí. Los médicos dicen que debería haber muerto pocas semanas después del derrame, pero ella ha sobrevivido casi ocho meses alimentándose con un tubo en su estómago; está aferrándose a la vida y no la soltará.

Incluso meditadores que han obtenido ecuanimidad sobre sus sensaciones aún pueden tener apego por sus cuerpos, la base de su ecuanimidad. Esto no es tan difícil de ver incluso desde nuestra propia experiencia limitada. Podríamos practicar un poco de tonglen (dar y tomar) en la silla del dentista, o pensar en el dolor como algo impermanente, recitar algunos mantras y demás. Como resultado, podríamos estar un poco más relajados mentalmente acerca del dolor. Aún así, podríamos notar que nuestro cuerpo aún está tenso. La tensión en nuestras manos al apretar fuertemente los reposabrazos de la silla del dentista es quizás un indicativo de esta tercera clase de apego.

Existe también una forma alternativa de explicar los tres tipos de apego, con relación a los objetos de los tres tiempos. (1) El apego con relación a lo que es deseable es aferrarse a los objetos del presente, que estamos apegados a mantener. (2) El apego debido al miedo es aferrarse a los objetos del pasado; tememos dejar ir todo aquello que recordamos que hemos logrado o tenido en el pasado. (3) El apego con relación a una existencia posterior es aferrarse a los objetos del futuro, principalmente estar aferrados a tener una existencia continuada con un renacimiento futuro.

El noveno eslabón: lo que prevalece

El noveno eslabón es lo que prevalece (len-pa), que puede ser tanto una emoción perturbadora que prevalece como una actitud perturbadora que prevalece. Un grupo de agregados está “manchado” (zag-bcas kyi phung-po, agregados contaminados) si ha provenido del no darse cuenta, el primer eslabón de surgimiento dependiente, que condujo al karma que arroja y todo el proceso que les dio surgimiento. Los agregados son llamados agregados que se obtienen (nyer-len-gyi phung-po) si contienen una o más de estas emociones o actitudes que se obtienen. Debido a su presencia y funcionamiento, obtenemos agregados futuros que también los contienen, a través del mecanismo de que ayuden a activar la repercusión kármica.

Existen cuatro tipos de lo que prevalece; el primero es una emoción perturbadora que se obtiene, mientras que los siguientes tres son actitudes perturbadoras que se obtienen:

(1) La emoción perturbadora que se obtiene es el deseo que se obtiene (‘ dod-pa nye-bar len-pa) por algún objeto sensorial deseable del reino de los objetos sensoriales deseables. Puede ser apego hacia uno que estamos experimentando actualmente, o deseo anhelante por uno que deseamos tener. Una forma muy común es querer que alguien tome nuestra mano o nos abrace. Queremos una sensación física. “¡Abrázame!”, “no me dejes ir”. Queremos ver fotos de seres queridos, o del Buda, de Jesús o de quien sea. La mayoría de las personas no anhelan un olor o un sabor en el momento de la muerte, pero un perro puede tener apego o anhelo por el olor de su dueño. También podría ser apego o anhelo por el sonido de la voz de un ser querido. Esto realmente pasa en el momento de la muerte; es terrible. Esta es una de las cosas que activa el karma que arroja. Todo esto se explica en el texto con lenguaje técnico. Es importante relacionarlo con nuestra experiencia y pensar a qué se refiere realmente.

(2) El segundo tipo es una visión engañosa que prevalece (lta-ba nye-bar len-pa), la cual se divide a su vez en tres, mismas que cubren tres de las cinco “visiones engañosas perturbadoras en la vida” (lta-ba nyon-mongs-can, visiones erróneas), que yo en resumen llamo “visiones engañosas”.

Estamos hablando de lo que llamamos “klesha” en sánscrito (nyon-mongs), que yo prefiero traducir como “emociones y actitudes perturbadoras”, pero incluso eso es inadecuado. De acuerdo con la definición, cuando éstas surgen causan que nos sintamos perturbados e incómodos. Algunas personas traducen este término como “aflicciones emocionales” o “emociones aflictivas” pero esos términos dan la impresión de que sólo se está hablando de emociones, y no es así.

Es extremadamente difícil encontrar una palabra o frase en nuestro idioma que cubra la extensión completa de lo que se incluye como kleshas. De los seis kleshas fundamentales, cinco no son visiones de la vida, mientras que las cinco subdivisiones de la sexta klesha son visiones de la vida. De las cinco que no son visiones de la vida, el apego y la hostilidad son emociones en nuestro uso occidental de la palabra. La arrogancia y el orgullo son quizás una emoción, pero son más una actitud. La ignorancia y la indecisión son estados mentales perturbadores. El sexto, las visiones engañosas, son actitudes perturbadoras.

En cualquier caso, veamos las tres visiones engañosas que se incluyen aquí como divisiones de una visión engañosa que prevalece.

(a) La primera, una visión distorsionada (log-par lta-ba), es principalmente una negación de la causa y efecto. Con la visión distorsionada que tenemos de la negación de causa y efecto creemos en futuros renacimientos, pero negamos que después experimentaremos los resultados de nuestras acciones. Para utilizar una analogía de computadoras, nuestra actitud es que nuestro disco duro será completamente borrado y continuaremos hacia nuestra siguiente vida como un disco duro vacío. El formato y los programas que se cargarán en ese disco duro en una vida futura no tendrán ninguna relación en absoluto con lo que hemos hecho en esta vida. Esto también puede ser bastante perturbador, ya que no tenemos ni idea de lo que será cargado y podría ser algo terrible. No podemos hacer nada para influenciar lo que pasará.

Nuestra visión distorsionada también puede ser una negación del renacimiento. Si pensamos que esta vida es la única que tendrá el “yo” aparentemente sólido, tendemos a aferrarnos a ella incluso más fuertemente que si creemos en el renacimiento.

Otra variación podría ser la negación de una dirección segura (refugio). Podemos sentir que no hay fuentes de dirección segura que puedan indicar cuáles son los pensamientos más útiles que podemos tener y las oraciones que podemos hacer en el momento de la muerte. Con esta visión distorsionada, podemos sentirnos perdidos y desamparados. Dado que las visiones distorsionadas tienen un componente emocional de antagonismo hacia cualquier persona o cualquier visión que no concuerde con la nuestra, esta negación de cualquier cosa que pueda ayudarnos en el momento de nuestra muerte puede ser muy amarga.

(b) La segunda visión engañosa que prevalece es una visión extrema (mthar-‘dzin-pa’i lta-ba). Una variante es la actitud perturbadora de que nuestros cuerpos y mentes, con sus identidades presentes aparentemente concretas y permanentes, durarán para siempre, y que la muerte no ocurrirá nunca. Es una gran negación de la muerte, que es un estado mental muy perturbado y perturbador. Puede fácilmente dirigirnos a un pánico absoluto en el momento de nuestra muerte.

Una visión extrema puede ser también que no tendremos continuidad después de morir. Pensamos que no pasa nada después de la muerte, que ya no experimentamos nada más. Si vemos esto desde un punto de vista psicológico, es un estado mental perturbador; por lo general, subyacente a él se encuentra el sentimiento aterrador de que habrá una gran nada.

(c) La tercera visión engañosa que prevalece es sostener una visión engañosa como suprema (lta-ba mchog-tu ‘dzin-pa). Sostener una visión engañosa como suprema es una actitud que involucra cómo consideramos las cosas. De acuerdo con una explicación, podríamos considerar nuestros agregados, nuestros cuerpos y demás, como totalmente puros, limpios y como fuente de verdadera felicidad. Con esta visión engañosa, sostenemos tal actitud basados en una consideración incorrecta (tshul-min yid-byed) como suprema; pensamos que es totalmente verdadera. Es por eso que queremos seguir teniendo nuestros cuerpos. Cuando pensamos en nuestros cuerpos como una fuente de felicidad verdadera, la mayoría de la gente suele pensar en términos sexuales.

La consideración incorrecta involucrada aquí también podría tomar la forma opuesta, que sería considerar nuestros agregados como sucios y horribles. Entonces consideramos esta visión como completamente correcta, y quizás pensamos: “si tan sólo pudiera separarme de ellos, tendría la verdadera felicidad”. Por ejemplo, alguien que esté muriendo de cáncer o de sida, o a punto de cometer suicidio, podría tener esta visión engañosa.

Estas tres, entonces, una visión distorsionada, una visión extrema y sostener una visión engañosa como suprema, constituyen el segundo tipo de lo que prevalece, una visión engañosa que prevalece.

(3) El tercer tipo de lo que prevalece es la actitud perturbadora de sostener una moralidad o conducta engañosa como suprema (tshul-khrims-dang brtul-zhugs mchog-tu ‘dzin-pa).

  • La moralidad engañosa es deshacernos de algunas formas triviales de comportamiento que no tiene sentido abandonar, particularmente bajo la circunstancia de estar muriendo. Un ejemplo sería dejar de comer nuestra comida favorita -que no es muy buena para nosotros- cuando estamos en las etapas finales de un cáncer terminal.

  • La conducta engañosa es vestirse, actuar o hablar de alguna forma trivial que no tiene sentido adoptar de cara a una muerte inminente. Por ejemplo, ponernos nuestro uniforme del ejército para así morir con nuestro traje de gala, aferrarnos a un amuleto de la buena suerte, o, al no aceptar lo que está pasando, llamar a alguien para que milagrosamente nos salve de morir.

Con esta actitud perturbadora que se obtiene, estamos convencidos de que actuar de estas formas triviales nos purificará de cualquier cosa negativa, nos liberará de todas nuestras preocupaciones, y definitivamente nos conducirá a un mejor destino.

(4) El cuarto que se obtiene es afirmar nuestras identidades (bdag-tu smra-ba), lo cual se refiere a la actitud perturbadora de una visión engañosa hacia un entramado transitorio (‘ jig-lta). Al pensar en términos de un “yo” sólido, identificamos ese “yo” sólido con nuestros agregados, en otras palabras, con alguna parte de nuestra experiencia mientras morimos, o identificamos ese “yo” supuestamente sólido como el poseedor, controlador o habitante de nuestros agregados, al considerarlos como sólidamente “míos”. Cuando estamos muriendo, por ejemplo, podríamos entrar en pánico con el pensamiento: “¿qué me está pasando? ¿Qué le está pasando a “mi” cuerpo?”.

Estas son las cuatro formas de aferrarse. Estas cosas en realidad nos pasan a todos cuando morimos, de una forma u otra. “¡Agárrame! ¡Me muero! ¡Que alguien me salve! ¡No quiero dejar este cuerpo, me ha dado tanto placer en mi vida! ¿Qué me está pasando?”. Es una experiencia horrible. Esto es experimentar la muerte con no darse cuenta.

En la práctica del tantra anutarayoga, ensayamos el momento de morir, de tal forma que muramos sin no darse cuenta y no entremos en pánico a la hora de la muerte. Sabemos que el proceso de disolución de la muerte ocurre en ocho etapas y sabemos lo que va a pasar, así que no entramos en pánico. Hasta que obtengamos completa familiaridad con las ocho etapas del proceso de la muerte, las instrucciones de la meditación son, mientras nos imaginamos que experimentamos cada etapa, ser conscientes de cuál etapa acaba de terminar, cuál etapa está ocurriendo ahora, y cuál etapa vendrá después. La razón de eso es obtener familiaridad de tal forma que no nos perdamos y permanezcamos conscientes de todo el proceso. De otro modo, es fácil asustarse en cada etapa particular cuando realmente está sucediendo. Esta es en realidad una razón psicológica sumamente profunda para practicar este tipo de meditación. El pánico es, de una forma, una de las principales cosas que causan la activación del karma que arroja.

El décimo eslabón: continuar la existencia

El décimo eslabón, continuar la existencia (srid-pa), normalmente se traduce como “devenir”. Sin embargo, literalmente significa “ existencia”, refiriéndose a la existencia en nuestro próximo renacimiento. Aquí, se da el nombre del resultado a una de sus causas. “Continuar la existencia” se refiere en realidad a un impulso kármico que activa (nus-pa mthu-can-du byed-pa) la repercusión kármica del karma que arroja justo antes de morir.

Como un tipo de impulso kármico mental, el nombre técnico completo de “continuar la existencia” es “impulso kármico que actualiza el continuar la existencia” (yang-srid sgrub-pa’i las). De alguna forma es como un impulso de supervivencia. La continuación de la existencia que actualiza incluye las cuatro divisiones de este eslabón: la existencia del bardo (bar-do’i srid-pa), la existencia de la concepción (skye-srid), la existencia antes de la muerte (sngon-dus-kyi srid-pa, sngon-gyi srid-pa) y la existencia de la muerte (‘ chi-srid).

Las emociones y actitudes perturbadoras del apego y lo que prevalece (gsos-‘debs) despiertan un impulso de continuar la existencia y, al igual que los eslabones ocho y nueve, este décimo eslabón es una condición que actúa simultáneamente necesaria para el renacimiento samsárico. La repercusión kármica activada del karma que arroja es la causa que “ madura” en ese renacimiento. El karma que arroja que causa el renacimiento kármico es un fenómeno del pasado y no una causa inmediata del renacimiento.

Durante el tiempo de estos tres eslabones causales que actualizan, la repercusión del karma que arroja imputado sobre nuestra consciencia cargada causal, aún no ha madurado para producir su resultado. Los siguientes dos eslabones, los eslabones resultantes de lo que es actualizado (mngon-par grub-pa’i ‘bras-bu’i yan-lag), resumen el resultado de ser arrojado al siguiente renacimiento.

El onceavo eslabón: la concepción

El onceavo eslabón, la concepción (skye-ba), es equivalente al primer instante del eslabón número cuatro: facultades mentales nombrables con o sin forma burda. Como hemos discutido, eso no necesariamente significa el momento de la concepción como lo entendemos biológicamente, sino el momento en que el embrión empieza a funcionar como una base para la experiencia. Este onceavo eslabón sólo dura un momento.

El doceavo eslabón: envejecimiento y muerte

El doceavo eslabón, envejecimiento y muerte (rga-shi), empieza en el segundo momento de nuestro renacimiento. Así, tras el primer instante de experimentar la vida futura sobre la base de un embrión, empezamos a envejecer. Esto es muy interesante en términos de nuestro concepto de envejecer. No sólo empezamos a envejecer cuando cumplimos sesenta; empezamos a envejecer en el momento posterior a la concepción.

Mi madre, antes de morir, vivía en una comunidad de retiro en Florida. Todos allí tenían entre sesenta y cinco y ochenta años, y ninguno de ellos se consideraba a sí mismo como viejo. Eran solamente “jubilados”; los “ancianos” son aquellos mayores de ochenta que viven en casas de ancianos. Los niños o adolescentes consideran viejo a cualquiera que tenga más de veinticinco años. Si tienes más de cuarenta, ¡olvídalo! La forma budista de mirar el envejecimiento es mucho más sana: empezamos a envejecer en el segundo posterior a la concepción.

El proceso del renacimiento samsárico

Los doce eslabones no ocurren en una secuencia lineal. ¿Por qué habrían de hacerlo, además de por nuestro aferramiento a una simetría inherente? Hay cuatro grupos de eslabones:

  • El primer grupo está pasando todo el tiempo, los eslabones causales que arrojan (1, 2 y 3a). Estamos “plantando semillas” de karma que arroja todo el tiempo.

  • El tercer grupo, los eslabones causales que actualizan (8, 9 y 10) ocurren justo en los momentos previos a la muerte. Estos eslabones son la forma en la que activamos la repercusión del karma que arroja.

  • El segundo grupo, los eslabones resultantes de lo que ha sido arrojado (3b, 4, 5 y 6) se refieren al desarrollo del embrión en el vientre, en la vida que es arrojada por el karma que arroja activado.

  • Los dos últimos eslabones, los eslabones resultantes de lo que es actualizado (11, 12) empiezan otra vez en el segundo grupo. Podemos morir antes de que el segundo grupo esté completamente desarrollado, como en un aborto o cuando se pierde espontáneamente un bebé, o mucho después.

Los eslabones causales que arrojan Los eslabones resultantes
de lo que ha sido arrojado
Los eslabones causales que actualizan Los eslabones resultantes
de lo que es actualizado
1. No darse cuenta
2. Impulsos que afectan
3. Conciencia cargada
a. Causal
b. Resultante
4. Facultades mentales nombrables
con o sin forma burda
5. Estimuladores de la cognición
6. Darse cuenta que contacta
7. Sentir un nivel de felicidad
8. Apego
9. Lo que prevalece
10. Continuar la existencia
11. Concepción
12. Envejecimiento y muerte

Completar los doce eslabones puede llevarnos dos o tres vidas. El primer grupo, la plantación de la repercusión del karma que arroja, es una vida. El tercer grupo, que activa esta repercusión kármica, puede ocurrir tanto en la misma vida en la que fue plantada como en una vida posterior, podría ser incluso un millón de años más tarde. No tienen que ser consecutivos en absoluto. Los grupos segundo y cuarto se refieren a una vida desde diferentes perspectivas:

(1) En caso de que el proceso sea completado en dos vidas, los grupos primero y tercero ocurren en la misma vida y el segundo y el cuarto ocurren en la vida inmediatamente siguiente.

(2) Si ocurre en tres vidas, el primer grupo ocurre en una vida, el tercer grupo en otra vida, no necesariamente la siguiente, y el segundo y el cuarto grupo ocurren en la vida inmediatamente siguiente a la vida en la que ocurre el tercer grupo. Una vez que la repercusión kármica del karma que arroja es activado por el tercer grupo, el cuarto grupo es el resultado en la siguiente vida.

Detener el proceso: la purificación de Vajrasatva

Ahora, ¿cómo salimos de esto? ¿Cómo lo detenemos? Hay muchos pasos implicados, como normalmente ocurre en el budismo. Primero, intentamos purificarnos a nosotros mismos de la fuerza kármica negativa que hemos acumulado. Uno de los métodos más extendidos para esto es a través de la meditación de Vajrasatva. Este método se encuentra sólo en el mahayana.

La meditación empieza observando las acciones destructivas que hemos cometido. Esto incluye tanto las cosas negativas que recordamos haber hecho, como las cosas que no podemos recordar. Incluye también acciones destructivas que indudablemente hemos cometido en vidas pasadas. A pesar de que realmente no sabemos lo que hemos hecho en vidas pasadas, aún así admitimos que cualesquiera hayan sido nuestras acciones destructivas, fueron un error. Eso no tiene porque ser tan vago. Por ejemplo, soy alérgico a los gatos y ha sido así desde que era un bebé; eso es un sufrimiento. Debe provenir de algún comportamiento negativo en una vida anterior, no importa cuál. Uno podría especular, pero en cualquier caso, debe haber alguna causa para ello en vidas previas y cualquiera que ésta sea, fue un error.

No hay necesidad de confesar nuestros “pecados” o “crímenes” a nadie más, ni siquiera al Buda, simplemente los reconocemos ante nosotros mismos. Actuamos así porque estábamos confundidos, no porque fuéramos “malos” y desobedeciéramos órdenes divinas o leyes civiles. El perdón y pedir clemencia son conceptos de ciertos sistemas éticos no budistas que son irrelevantes en el contexto budista.

Luego, aplicamos las cuatro fuerzas oponentes:

(1) Primero, nos arrepentimos de haber actuado destructivamente. El arrepentimiento es muy diferente de la culpa. La culpa es como no tirar nunca la basura o no bajarle al inodoro: nos aferramos a ello y nunca lo dejamos ir, a pesar de que sea horrible; realmente esa es una buena analogía. Hacerlo parecer ridículo hace más fácil dejarlo ir. Cuando nos arrepentimos es como cuando comemos algo que nos hará daño. Deseamos no haberlo comido, pero eso no significa que seamos malas personas por ello.

(2) En segundo lugar, tomamos la firme decisión de que vamos a poner lo mejor de nuestra parte para no repetir esos actos. No podemos prometer y luego garantizar que no vamos a gritarle a nadie nunca más, pero vamos a hacer nuestro mejor esfuerzo para ya no enojarnos ni gritar. Así, este segundo factor implica la intención de no repetir el acto. Si la fuerza kármica negativa de nuestro comportamiento destructivo aún está en nuestro continuum mental como una energía negativa sutil, nuestra intención de no repetirlo transforma la energía kármica sutil en un potencial kármico negativo. La fuerza kármica de nuestro patrón previo de gritar es ahora menos capaz de hacernos actuar nuevamente de ese modo en un futuro cercano.

También, recuerden que en el sistema prasánguika guelug que afirma la energía kármica sutil, esta energía sutil todavía es un impulso kármico y, si la emoción motivadora fuera fuerte, aún sería un karma que arroja activo. La fuerza kármica de una abstracción no estática, tal como un potencial kármico, es mucho menos imperioso que la fuerza kármica de un impulso de energía kármica sutil.

(3) En tercer lugar, reafirmamos la dirección positiva en la que vamos con dirección segura (refugio) y bodichita. A esto se le llama “la fuerza de la base en la que nos apoyamos”. Ponemos nuestros pies en la tierra. Estas son las direcciones en las que vamos en nuestra vida. De esto es de lo que se trata nuestra vida.

(4) En cuarto lugar, aplicamos algunas acciones positivas para contrarrestar la repercusión kármica negativa que hemos acumulado. Aquí, la acción positiva es la meditación de Vajrasatva, que hacemos con una visualización de múltiples etapas. En ella básicamente imaginamos que arrojamos toda la fuerza kármica negativa fuera de nuestro cuerpo y la dejamos ir. Sacamos la basura. Recitamos un mantra de cien sílabas mientras hacemos esta visualización.

No se trata sólo de decir palabras mágicas sin sentir ni pensar en nada. Si repetimos el mantra veintiuna veces cada día con las cuatro fuerzas oponentes completas, con la concentración adecuada, la motivación mahayana y demás, la fuerza negativa de esta acción kármica particular no crecerá, no se incrementará. Esto es porque la fuerza kármica positiva de que apliquemos las fuerzas oponentes contrarresta y disminuye el peso de nuestras acciones destructivas. De otro modo, la fuerza negativa de nuestro continuum mental crece cada día.

Muchos factores afectan el peso de los resultados que maduran de la repercusión kármica. Algunos ocurren mientras cometemos los actos kármicos, tales como la cantidad de sufrimiento que causamos a otros y la fuerza de nuestra emoción motivadora. Otros pueden ocurrir incluso después de que el acto ha terminado, tales como, en este caso, aplicando acciones para contrarrestar. Si tenemos una discusión con nuestra pareja, por ejemplo, y lo soltamos sin pedir disculpas, el resentimiento, la duda y demás simplemente se fortalecen cada día. Pero si nos disculpamos, las secuelas de la discusión se vuelven menos pesadas en nuestra relación diaria. Por esta razón siempre se recomienda que recitemos el mantra de Vajrasatva al menos veintiuna veces al día. Una vez que conocemos el mantra, realmente no toma mucho tiempo hacerlo.

Si repetimos el mantra cien mil veces de forma pura, con bodichita, concentración adecuada, y, óptimamente, también con un entendimiento conceptual de la vacuidad (vacío), podemos alcanzar una “ purificación provisional” de los entramados de fuerza kármica negativa que hemos acumulado por los actos destructivos que nos hemos enfocado en purificar.

El mecanismo se parece al que explica cómo las acciones destructivas físicas, verbales o mentales dirigidas a un bodisatva específico, y motivadas por la ira, pueden devastar (bcom) cualquier fuerza kármica positiva acumulada por acciones constructivas previas dirigidas a ese bodisatva en esta o en cualquier vida previa. El término devastar tiene un significado muy específico. La fuerza kármica de nuestra conducta de enojo erradica (med-pa) cualquier fuerza kármica positiva acumulada por las acciones constructivas dirigidas a ese bodisatva, pero no afecta las tendencias kármicas positivas de esos actos. Ya que esas tendencias kármicas positivas aún pueden madurar, es posible que en el futuro nuevamente tengamos ganas de actuar constructivamente hacia ese bodisatva y nos involucremos en tal comportamiento. Sin embargo, sin un entramado de apoyo de fuerza kármica positiva, esas tendencias kármicas requerirán circunstancias internas y externas especiales y muy fuertes para activarse y madurar. Por lo tanto, el término erradicar no significa que hemos conseguido una verdadera cesación (‘ gog-bden) de la fuerza kármica positiva dirigida hacia ese bodisatva, de tal forma que ya nunca podamos acumular más. Podemos acumular más, porque nuestra conducta de enojo no ha erradicado nuestras tendencias kármicas positivas hacia él o ella.

Además, la erradicación de una fuerza kármica positiva específica por medio de la ira, significa que, sin importar qué circunstancias estén presentes, esta fuerza positiva nunca puede madurar en el resultado en que de otro modo hubiera madurado si la ira no la hubiera devastado. Sin embargo, la fuerza kármica positiva podría madurar en otra forma de felicidad, mucho más débil que la que habría previamente producido, y esa maduración podría retrasarse severamente.

Además de este efecto que nuestra conducta de enojo tiene en la repercusión kármica de cualquier acción constructiva cometida previamente hacia a ese bodisatva, también debilita nuestros entramados de fuerza kármica positiva acumulada por el comportamiento constructivo previo dirigido a cualquier otra persona. Esto significa que la fuerza kármica negativa de nuestra conducta de enojo causa que esos entramados positivos produzcan resultados más débiles o sólo menores, y con frecuencia pospone su maduración.

Las cien mil repeticiones del mantra de Vajrasatva con las visualizaciones apropiadas y el estado mental correcto funcionan similarmente con nuestra repercusión kármica negativa. En términos de tipos específicos de conducta destructiva dirigida a individuos específicos, si hemos admitido abiertamente que fueron un error y aplicado las cuatro fuerzas oponentes, nuestra práctica de purificación erradica los entramados de fuerza negativa de esos tipos de comportamiento dirigidos hacia esos individuos. No afecta las tendencias kármicas negativas previamente acumuladas dirigidas hacia ellos y, por lo tanto, con fuertes circunstancias, pueden madurar en más comportamientos destructivos dirigidos hacia ellos. Nuestra práctica de Vajrasatva también debilita los entramados de fuerza kármica negativa de otros tipos de acciones destructivas cometidas previamente que no hemos recordado o pensado en nuestra admisión abierta, pero no los erradica. También debilita los entramados de fuerza kármica negativa de los tipos de acciones destructivas que hemos admitido, pero dirigidas a individuos distintos de los que hemos especificado.

Por este motivo, es importante intentar recordar y admitir tantos hechos negativos específicos hacia individuos como sea posible, ya que el efecto será mucho mayor que decir vagamente “cualquier negatividad dirigida a cualquier ser sintiente”. De todos modos, es importante pensar lo más vastamente posible cuando se hace la purificación de Vajrasatva. Así, cuando pensamos “todas las negatividades dirigidas a todos los seres sintientes” necesitamos sentirlo en realidad e intentar lo mejor posible concebir lo que “todas las negatividades” y “todos los seres sintientes” realmente implican. Si lo dejamos vagamente y no tiene valor emocional para nosotros, nuestra purificación estará limitada.

En cualquier caso, cualquier nivel de purificación alcanzado a través de la recitación del mantra que no esté acompañado por la cognición no conceptual de la vacuidad es sólo provisional. Es solamente un descanso temporal de la pesada maduración de nuestra repercusión kármica negativa acumulada previamente. Nos da un respiro para trabajar en el camino de una forma menos dificultosa, como cuando alcanzamos un precioso renacimiento humano con las libertades y riquezas que lo hacen más conducente para la práctica espiritual.

Incluso después de una purificación de Vajrasatva exitosa, todavía experimentaremos apego y una emoción o actitud que prevalece como condiciones que actúan simultáneamente para la activación y maduración de la repercusión kármica en general. Nuestra meditación de Vajrasatva no las ha afectado. Sin embargo, ya que la repercusión kármica negativa remanente en nuestro continuum mental será más débil, los impulsos de continuar la existencia a los que nuestro apego y lo que prevalece dan surgimiento y que activan la repercusión, conducirían a resultados de sufrimiento menos pesados. Ciertamente no vamos a liberarnos de volver a sentirnos infelices o libres de los peores renacimientos y de que nos sucedan cosas desagradables, pero el sufrimiento más pesado se irá temporalmente.

También, ya que el apego y las emociones y actitudes que prevalecen son las condiciones que actúan simultáneamente para que surjan nuevos impulsos kármicos, ciertamente no estamos libres de la posibilidad de que surjan más impulsos kármicos negativos en el futuro y, si los actuamos, de acumular repercusión kármica negativa fresca. El mecanismo es similar a lo que Asanga y otros maestros mahayana explicaron para reconectar lo que se llama “raíces de fuerza positiva cortadas (raíces de virtud)”. Sólo la cognición no conceptual de la vacuidad puede liberarnos para siempre de todo el karma, la repercusión kármica y las maduraciones kármicas, tanto de las variedades negativas como de las positivas. Ambas nos mantienen atados al renacimiento incontrolablemente recurrente: el samsara.

Asimismo, ya que nuestra práctica de Vajrasatva no ha afectado necesariamente la fuerza de nuestras emociones y actitudes perturbadoras, incluyendo nuestro aferramiento a un “yo” sólido, algunos de nuestros impulsos kármicos y acciones estarán todavía fuertemente motivados por ellas. Como resultado, aún acumularemos más karma que arroja y su repercusión, que madurará en más renacimientos samsáricos. Pero mientras tanto, tenemos un respiro provisional de las condiciones difíciles que serían obstáculos para nuestra práctica más profunda de liberarnos del karma completamente. Es por eso que las cien mil repeticiones del mantra de Vajrasatva son ampliamente recomendadas y practicadas, como preliminar efectivo para la práctica tántrica.

Un último punto sobre la repetición del mantra de Vajrasatva. Por favor, no sean supersticiosos acerca de los números. No es que si hacemos veinte y no veintiuno no va a funcionar, o que entre noventa y nueve mil novecientos noventa y nueve y cien mil nos sacamos la lotería. Ciertamente no funciona así. Es mucho más sano si hacemos algunas repeticiones cada día, o muchas por un largo periodo. Es como contar la respiración: el número no es importante. Es muy fácil quedarse atrapado en los números y llegar a obsesionarse con ellos.

El antídoto último: la cognición no conceptual de la vacuidad

Lo que realmente necesitamos para liberarnos de todos los aspectos del karma para siempre de tal forma que nunca más recurran es la cognición no conceptual de la vacuidad (vacío). Sólo esto producirá una verdadera cesación del karma.

La vacuidad significa una ausencia. Proyectamos e imaginamos que nosotros y todos los demás existen como “yos” sólidos, substanciales. Ese es el primer eslabón. Y se siente así y lo creemos. Nuestras proyecciones, sin embargo, no corresponden con algo real. Hay una ausencia absoluta de un “ yo” real sólido: no existe y nunca existió. Se siente así, tenemos el concepto de uno, pero de hecho no existe. Nuestra creencia de que este “yo” sólido existe está enfocada en algo que sí existe: el “yo” convencional. Pero la forma en que consideramos que existe no se refiere a nada real. El “yo” convencional no existe en la forma de un “yo” sólido, porque no existe tal manera de existencia. Permítanme usar un ejemplo que, espero, lo aclarará.

Vemos un hombre vestido con un traje rojo y blanco con una barba blanca. Parece y se siente como si realmente fuera Santa Claus. Sin embargo, ningún hombre puede existir como Santa Claus porque no hay una persona que de hecho sea Santa Claus. Cuando dejamos de proyectar esta forma imposible de existencia, simplemente vemos un hombre que se ve como Santa Claus, pero está desprovisto de existir como el verdadero Santa Claus. Sabemos que es sólo como una ilusión: la apariencia de un Santa Claus no corresponde con nada real.

De la misma forma, este “yo” convencional parece y se siente substancial, pero eso no corresponde con la realidad porque no hay tal cosa como un “yo” sólido, substancial. Lo que percibimos es simplemente un “yo” convencional que parece existir como un “yo” falso, pero esa apariencia engañosa es meramente como una ilusión. Esto es verdad no sólo en relación a nosotros mismos, sino con relación a todos los demás.

Esto es sólo una introducción simple a la vacuidad. Obviamente es muy complicado. Para obtener una verdadera cesación de todos los aspectos del karma y del renacimiento samsárico, necesitamos enfocarnos de forma no conceptual, con total y correcto entendimiento, en la ausencia de esta forma imposible de existencia en términos de nosotros mismos y de los demás.

[Ver: Introducción a la vacuidad (vacío) y etiquetado mental.]

Niveles progresivos de entendimiento de la vacuidad: las cinco vías de la mente

En el budismo, existe lo que se conoce como los cinco “caminos” para convertirse, tanto en un ser liberado como en un ser iluminado, dependiendo del sendero que sigamos. “Camino” significa una vía de la mente. Un camino es un nivel mental, un nivel de experimentar las cosas.

(1) Alcanzamos una primera vía de la mente cuando tenemos como nuestra motivación principal una motivación no elaborada (rtsol-med), ya sea de la determinación de ser libres (renuncia) como, además de eso, la bodichita. “No elaborada” significa que no necesitamos atravesar una línea de razonamiento, con esfuerzo deliberado, para desarrollarlo hasta sentirlo. Simplemente viene automáticamente. Tener la bodichita como nuestra motivación principal significa que la tenemos manifiesta todo el tiempo: continuamente tenemos la intención de alcanzar la iluminación y ayudar a todos los seres limitados, tanto si somos como si no somos conscientes de este anhelo y objetivo.

Antes de alcanzar esta primera vía de la mente, podemos o no haber alcanzado la concentración perfecta de una mente quieta y estable de shámata (zhi-gnas). A esta primera vía de la mente se le llama la vía de la mente de acumulación (tshogs-lam), normalmente traducido como “el camino de la acumulación”. Con este nivel mental, trabajamos en desarrollar, entre otras muchas buenas cualidades, el shámata enfocado en un correcto entendimiento conceptual de la vacuidad. Cuando alcanzamos el shámata enfocado conceptualmente en la vacuidad, alcanzamos la tercera de las tres grandes etapas de este camino, una vía de la mente de acumulación avanzada.

Luego trabajamos para acumular el par unido de shámata y vipáshana enfocado en la vacuidad. Vipáshana (lhag-mthong) es un estado mental excepcionalmente perceptivo, y no está necesariamente enfocado en la vacuidad. Podríamos incluso haberlo obtenido antes de alcanzar ese camino de acumulación. De hecho, los meditadores no budistas también alcanzan shámata y vipáshana enfocados en una variedad de objetos. Aquí el punto es enfocarse en la vacuidad. Por supuesto, es posible hacer un tipo de meditación en la vacuidad que se parece al vipáshana antes de haber alcanzado el shámata. Sin embargo, el verdadero vipáshana sólo es posible alcanzarlo una vez que tenemos la perfecta concentración del shámata.

(2) Cuando alcanzamos el par unido de shámata y vipáshana enfocado en la vacuidad, hemos alcanzado la segunda vía de la mente, una vía de la mente de aplicación (sbyor-lam), normalmente traducido como el “camino de preparación”. Con este segundo nivel de vía de la mente, nuestra unión de shámata y vipáshana está enfocada conceptualmente en la vacuidad y aplicamos eso posteriormente para obtener el par unido enfocado no conceptualmente en la vacuidad. De tal forma que aquí somos capaces de enfocarnos en la vacuidad sólo a través de una idea correcta de ella. De otro modo, si no tenemos ni idea de lo que significa la vacuidad, ¿en qué nos enfocaríamos? Es una meditación conceptual. Es importante no menospreciar la meditación conceptual.

Esta segunda vía de la mente tiene cuatro etapas. Cuando alcanzamos la tercera, la etapa de la paciencia, ya no tenemos ningún temor de perder nuestras identidades convencionales. Esto es realmente muy avanzado, ya que con la segunda etapa de esta vía de la mente tenemos la unión de shámata y vipáshana en la vacuidad incluso en nuestros sueños. Con esta tercera etapa de la vía de la mente de aplicación, ya no tendremos ninguno de los peores estados de renacimiento. Todavía podríamos tener mejores renacimientos con sufrimiento y dolor, pero nunca más renaceremos como cucarachas, por ejemplo.

Lo que esto significa es que la fuerza de nuestra repercusión kármica positiva producida por nuestra meditación en la vacuidad se ha vuelto tan poderosa que ha debilitado seriamente la fuerza de la repercusión de nuestro karma que arroja negativo. Lo ha debilitado hasta el punto en que esta repercusión kármica negativa ya no madurará en un renacimiento en los peores reinos de existencia samsárica. Sólo puede madurar en condiciones y experiencias terribles en mejores renacimientos samsáricos o incluso en esta vida. Además, la fuerza de nuestras emociones y actitudes perturbadoras también se ha debilitado lo suficiente como para que ningún impulso kármico negativo o acciones motivadas o acompañadas por ellos puedan funcionar ya como un karma que arroja. No acumulamos ningún karma que arroja negativo nuevo.

Sin embargo, nuestra meditación en la vacuidad no ha afectado aún la repercusión kármica de nuestro karma que arroja para renacimientos samsáricos posteriores en uno de los mejores estados. Tampoco ha debilitado todavía la fuerza de las emociones y actitudes perturbadoras que pueden aún motivar o acompañar nuestros impulsos kármicos y acciones positivas hasta el punto en que estas emociones y actitudes perturbadoras no las conviertan en karma que arroja.

(3) La tercera vía de la mente es la vía de la mente del ver (mthong-lam), con la cual tenemos la unión de shámata y vipáshana enfocada no conceptualmente en la vacuidad. Ya no necesitamos enfocarnos en la vacuidad a través de una idea, sino que podemos enfocarnos libres de todas concepciones.

Al hablar de lo que pasa en esta etapa, nuestro análisis tiene que volverse un poco más complejo. Restrinjamos nuestra discusión a las presentaciones guelug y karma kagyu del sistema filosófico prasánguika-madyámaka. Tanto la escuela sakya como la nyingma tienen presentaciones ligeramente diferentes de este material.

Recordemos, estábamos hablando sobre el no darse cuenta de cómo existen las personas y de cómo existen todos los fenómenos, y de que esto tiene dos niveles: basado en la doctrina y que surge automáticamente. Antes del camino del ver, somos denominados “seres ordinarios” (so-so’i skye-bo). Una vez que alcanzamos esta vía de la mente, se nos llama “arya” (‘ phags-pa), un ser altamente realizado, un “noble”. Los seres ordinarios tienen tanto no darse cuenta basado en la doctrina como no darse cuenta que surge automáticamente acerca de cómo existen las personas. Con una vía de la mente del ver, nos deshacemos del no darse cuenta que está basado en una doctrina. Sin embargo, un arya todavía experimenta no darse cuenta que surge automáticamente, al menos hasta una cierta etapa posterior. El no darse cuenta que surge automáticamente está más profundamente asentado que la forma basada en la doctrina; es por ello que lo tienen tanto seres ordinarios como aryas.

No todo el no darse cuenta es el primer eslabón de surgimiento dependiente. El primer eslabón es sólo el no darse cuenta de cómo existen las personas. Además, aunque en el continuum mental de un ser ordinario, tanto el no darse cuenta basado en la doctrina como el que surge automáticamente acerca de cómo existen las personas son el primer eslabón, el no darse cuenta que surge automáticamente sobre cómo existen las personas que está en el continuum mental de un arya no es el primer eslabón. Así, aunque como aryas nos hemos liberado del eslabón del no darse cuenta, aún tenemos no darse cuenta que surge automáticamente, no sólo con respecto a las personas, sino también con respecto a las cosas.

Ya que como aryas estamos libres del primer eslabón, estamos libres de una buena porción de confusión. Ya no creamos más del segundo eslabón; no hay más karma que arroja nuevo, ni siquiera la variedad positiva. Esto se debe a que las emociones y actitudes perturbadoras que surgen automáticamente son demasiado débiles incluso para hacer que nuestras acciones e impulsos positivos sean lo suficientemente fuertes como para ser karmas que arrojan. Así, aunque aún no estamos fuera del samsara, no hay creación de nuevo karma que arroja.

Por lo tanto, ya no hay más del tercer eslabón, la conciencia cargada con nuevo karma que arroja. En consecuencia, no hay eslabones resultantes de lo que ha sido arrojado o eslabones resultantes de lo que es actualizado a partir del nuevo karma que arroja. Sin embargo, aún tenemos karma que arroja viejo, en forma de entramados de fuerzas kármicas y tendencias kármicas. Es demasiado complicado como para entrar en detalles ahora. Aún podemos activar el karma que arroja viejo y experimentar los eslabones resultantes de lo que ha sido arrojado y los eslabones resultantes de lo que es actualizado a partir de ello.

[Ver: El mecanismo del karma: la presentación mahayana, exceptuando la prasánguika-guelug y Esquema para entender el karma.]

Mientras tenemos una vía de la mente del ver, aún experimentamos todos los diferentes tipos de resultados del karma, incluyendo el darse cuenta que contacta y sentir un nivel de felicidad. Aunque los eslabones del apego y lo que prevalece ya no tienen formas basadas en la doctrina, aún tienen las que surgen automáticamente. Estamos libres del primer eslabón, el no darse cuenta basado en la doctrina con respecto a cómo existen las personas y el no darse cuenta que surge automáticamente acerca de esto que surge en el continuum mental de un ser ordinario. Sin embargo, según las afirmaciones guelug-prasánguika, aún no nos hemos liberado de la raíz del samsara, el no darse cuenta que surge automáticamente en el continuum mental de un arya sobre cómo existen, no sólo las personas, sino también todos los fenómenos. Así, aunque ya no tenemos aferramiento basado en la doctrina y emociones o actitudes perturbadoras que prevalecen, que provendrían del no darse cuenta basado en la doctrina, aún tenemos apego y lo que prevalece que surgen automáticamente, que provienen del no darse cuenta que surge automáticamente.

Los sistemas guelug no prasánguika y todos los sistemas según son explicados por las tradiciones no guelug, no afirman que el no darse cuenta acerca de la realidad de todos los fenómenos en el continuum mental de un ser ordinario o de un arya, sea la raíz del samsara. Esto es debido a que consideran tal no darse cuenta como un obscurecimiento relativo a todo lo conocible y que evita la omnisciencia. No lo consideran, como hacen los guelug-prasánguika, como un obscurecimiento que es una emoción o actitud perturbadora y que evita la liberación.

No darse cuenta acerca de la realidad

  Basado en la doctrina Que surge automáticamente
Seres ordinarios Con respecto a las personas Primer eslabón Tanto primer eslabón como raíz del samsara
Con respecto a todos los fenómenos Ni primer eslabón ni raíz del samsara Raíz del samsara
Aryas Con respecto a las personas Ninguno Raíz del samsara
Con respecto a todos los fenómenos Ninguno Raíz del samsara

Dentro del apego, aún tenemos las formas que surgen automáticamente de los tres tipos de apego:

  • El apego a no estar separados de formas ordinarias de felicidad,

  • El apego a estar separados de la infelicidad, y

  • El apego a que las sensaciones neutras no degeneren y a nuestros cuerpos como las bases continuas para experimentar felicidad y no sufrimiento.

Dentro de los que prevalecen, aún tenemos las formas que surgen automáticamente de ellos:

  • El deseo por objetos sensoriales deseables,

  • Una visión engañosa respecto a un entramado transitorio, y

  • Una visión extrema.

Sin embargo, ya no tenemos más:

  • Una visión distorsionada,

  • Sostener una visión engañosa como suprema,

  • O sostener una moral o conducta engañosa como suprema.

Estas tres visiones engañosas que prevalecen sólo tienen formas basadas en la doctrina.

Aún sin conceptos, podemos aferrarnos a nuestros cuerpos como si constituyeran la identidad sólida del “yo” y aferrarnos a que ese “yo” con esa identidad sólida dure para siempre. Sin embargo, sólo basados en conceptos podemos negar los efectos de nuestro comportamiento en vidas futuras, pensar en nuestros cuerpos como hermosas fuentes de felicidad verdadera, o llorar desesperadamente por que un milagro nos salve de la muerte.

Cuando morimos, este nivel sutil que surge automáticamente de apego y emociones y actitudes que prevalecen, aún darán surgimiento a un impulso de existencia posterior que activará la repercusión kármica del viejo karma que arroja, que permanece en nuestro continuum mental. Aún experimentaremos renacimiento samsárico arrojados por la influencia del karma y las emociones y actitudes perturbadoras. No será un renacimiento en uno de los tres peores reinos; hemos eliminado esa posibilidad hace bastante tiempo. Ya que tenemos una fuerte determinación de ser libres, una fuerte bodichita y firmes aspiraciones, seremos arrojados a un renacimiento afortunado con una preciosa vida humana que nos permitirá continuar en el camino hacia la iluminación.

Sin embargo, ya que tenemos toda nuestra repercusión kármica acumulada previamente, aún podemos experimentar ser infelices, ser golpeados por un auto, o tener cáncer. Incluso aún podemos enojarnos y repetir comportamientos negativos previos, tal como gritarles a los demás. Sin embargo, dado que nuestras acciones destructivas están motivadas sólo por el enojo que surge automáticamente, y no por la forma basada en la doctrina, la fuerza de los impulsos y las acciones es débil. No es lo suficientemente fuerte como para crear nuevo karma que arroja. El deseo y el apego que surgen automáticamente que podrían motivar nuestros impulsos y acciones positivas, tal como ayudar a alguien anhelando sentirnos necesitados, tampoco producirá ningún nuevo karma que arroja positivo. Sin embargo, aún estamos en el samsara.

(4) Para salir del samsara, necesitamos trabajar más con la vacuidad con una cuarta vía de la mente, la vía de la mente de la habituación (sgom-lam), normalmente traducido como el “camino de la meditación”. Con el tiempo, alcanzamos la etapa en la cual la unión de nuestro shámata y vipáshana enfocados no conceptualmente en la vacuidad, es lo suficientemente fuerte como para eliminar nuestro no darse cuenta que surge automáticamente acerca de todo: tanto las personas como todos los fenómenos. En ese punto, nos liberamos de la raíz del samsara.

Si hemos estado trabajando en el sendero de sólo conseguir la libertad del samsara, motivados por la determinación de ser libres, alcanzamos el estado de un arjat shrávaka o pratyekabuda. Si hemos estado trabajando en el sendero del bodisatva, terminamos el séptimo de los diez niveles del bodisatva y estamos a punto de entrar en el octavo. Somos un arjat bodisatva, pero todavía no un buda.

Las diferentes escuelas que se integran a la explicación mahayana común del karma explican de una forma ligeramente diferente de qué empezamos a deshacernos y de qué nos deshacemos finalmente en cada una de estas etapas del arya. Sin embargo, todas coinciden en que cuando alcanzamos el estado de arjat, ya no experimentamos ningún sufrimiento ni tenemos compulsión por repetir nuestros anteriores patrones kármicos de comportamiento. Pero sólo hemos alcanzado el nirvana con residuo (lhag-bcas-kyi myang-‘das). Hasta que muramos y nos deshagamos del residuo del cuerpo samsárico manchado con el cual nacimos, aún podríamos ser golpeados por un auto o tener cáncer, pero no sufriríamos.

Sin embargo, una vez que morimos alcanzamos el nirvana sin residuo (lhag-med myang-‘das), el parinirvana, y tales cosas no nos volverán a ocurrir. Renaceremos con cuerpos hechos de luz. Tales cuerpos no son samsáricos y no son arrojados por el apego, lo que prevalece, o un impulso de existencia posterior. Sin embargo, aún no estamos libres de nuestros hábitos kármicos constantes o de lo que continuamente madura de ellos. Pero no entraré en detalles sobre eso ahora, dado que las diversas escuelas tienen diferentes afirmaciones respecto a ello.

De acuerdo con los sistemas filosóficos guelug prasánguika, el nirvana con residuo significa con un residuo de creación de apariencias de una existencia que verdaderamente puede encontrarse (bden-snang). El nirvana sin residuo significa sin tal residuo. Los arjats alternan entre ambos, no sólo en lo que resta de la vida en la cual alcanzaron el estado de arjat, sino en todas las vidas futuras hasta la iluminación, cuando se liberan para siempre de tal creación de apariencias. Ellos experimentan el nirvana sin residuo sólo durante la total absorción (mnyam-bzhag, equilibrio meditativo) en la vacuidad. Experimentan el nirvana con residuo durante el resto del tiempo como su logro subsecuente (rjes-thob, post-meditación), tanto si están meditando en algo distinto de la vacuidad, como si no están meditando en absoluto.

Así pues, cuando los arjats alcanzan el nirvana, sean shrávakas, pratyekabudas o arjats bodisatvas, están libres de todas las maduraciones kármicas de la repercusión kármica que madura intermitentemente (entramados de fuerza kármica y tendencias kármicas.) La continuidad de sus agregados ya no está manchada. Dado que carecen de cualquier característica definitoria que se pueda encontrar desde su propio lado que pudiera aún hacerlas manchadas, ya no están manchadas. Cada momento de su continuidad proviene del darse cuenta profundo (ye-shes), no del no darse cuenta. Esto es porque según los guelug prasánguika, incluso el no darse cuenta acerca de cómo existen todos los fenómenos está incluido entre los obscurecimientos que impiden la liberación, y los arjats han alcanzado una verdadera cesación de este conjunto de obscurecimientos. Los agregados sólo pueden considerarse manchados si provienen directamente del no darse cuenta en el momento previo. Sin embargo, cuando los arjats mueren en la vida en la cual alcanzaron la liberación, renacen con cuerpos hechos de pura luz, como en los sistemas mahayana comunes.

En esta etapa, según los guelug prasánguika, hemos alcanzado la verdadera cesación del no darse cuenta y el karma, pero aún nos quedan los hábitos constantes del no darse cuenta, los hábitos kármicos constantes y lo que continuamente madura de ambos. Hacen que nuestra cognición esté continuamente limitada e incapaz de enfocarse simultáneamente en las dos verdades. Por lo tanto, no somos capaces de beneficiar a los demás tan plenamente como es posible.

(5) Con una quinta vía de la mente, la vía de la mente que no necesita más entrenamiento (mi-slob lam), nos convertimos en budas si hemos estado progresando en el sendero mahayana. Ahora somos capaces para siempre de enfocarnos no conceptualmente, no sólo en la vacuidad, sino en las dos verdades simultáneamente. Esto nos libera para siempre de los hábitos constantes del no darse cuenta y de los hábitos kármicos constantes. Como budas iluminados, somos capaces de beneficiar a los demás tanto como es posible.

Resumen del proceso de purificación

Estoy presentando estas complicadas etapas en breve sólo para dar una idea general de los pasos del proceso de purificación, de tal forma que no alberguemos falsas esperanzas sobre lo que va a suceder en el camino. En resumen:

  • Primero impedimos que las fuerzas kármicas negativas sean más y más fuertes cada día.

  • Luego limpiamos la casa para deshacernos de nuestra cúmulo de fuerza kármica negativa, especialmente de la repercusión kármica del karma que arroja negativo, pero inmediatamente empezaremos a acumular más fuerza negativa, más karma que arroja negativo.

  • Luego llegamos a la etapa en la que ya no seremos arrojados a ninguno de los peores renacimientos por la repercusión kármica del karma que arroja negativo.

  • Después nos deshacemos del primer eslabón. Ya no acumulamos más karma que arroja nuevo, ni negativo ni positivo.

  • A continuación nos deshacemos de la raíz del samsara. Ya no tenemos renacimientos incontrolablemente recurrentes. Nos hemos deshecho de toda la repercusión kármica del karma que arroja.

  • Con el tiempo nos iluminamos, momento en el cual superamos todas nuestras limitaciones y realizamos todos nuestros potenciales para ser capaces de beneficiar a los demás tanto como es posible.

El proceso de purificación es uno de etapas graduales, que ocurre como resultado de enfocarse no conceptualmente en la vacuidad con el par unido de shámata y vipáshana. No podemos tener simultáneamente, en un momento de cognición, no darse cuenta de la realidad y la cognición no conceptual correcta de la vacuidad. O entendemos la vacuidad o no la entendemos. Deshacernos de todo el no darse cuenta y de los hábitos constantes del no darse cuenta es una cuestión de la fortaleza y la duración de nuestra atención no conceptual en tal entendimiento. La bodichita hace que la fuerza de nuestra cognición sea extremadamente fuerte. Si somos capaces de tener la más fuerte de las motivaciones, la mente más enfocada, y tenerla enfocada no conceptualmente en la vacuidad todo el tiempo, el no darse cuenta nunca vuelve. Siempre nos quedaremos con ese entendimiento.

Hemos cubierto una explicación intermedia del proceso del samsara, el proceso de salir del samsara, y el proceso de purificación hasta la budeidad. Por favor tomen en cuenta que puede ser explicado de una forma mucho más compleja. Necesitamos trabajar por etapas.

Preguntas sobre el karma mental

Pregunta: ¿Cuándo un pensamiento de enojo surge en nuestra mente, podríamos entender que el impulso burdo generado por ese pensamiento es el que nos hace hacer o decir algo y el impulso sutil se queda con nosotros en nuestro continuum mental?

Respuesta: Necesitamos deconstruir el marco conceptual desde el que estás haciendo la pregunta. En nuestros idiomas occidentales, usamos la palabra pensar de una forma muy amplia. Dentro de la explicación budista, necesitamos limitarla. Cuando hablamos del karma que proviene de acciones mentales, un ejemplo de una acción mental sería pensar: “No me llamó ayer. Perdí todo el día quedándome en casa a esperar que llamara. La próxima vez que lo vea, en verdad voy a gritarle por ser tan desconsiderado”. Pensar ese tren de pensamiento es una acción mental destructiva. La emoción negativa del enojo que la acompaña es algo diferente. El enojo es la motivación, no el pensar negativamente en sí mismo.

Sin importar qué sistema filosófico sigamos, el karma mental no implica impulsos físicos de energía, ya sean burdos o sutiles. Es puramente el impulso mental que produce y sostiene un tren de pensamiento. Nunca es la acción kármica de pensar.

Pregunta: ¿Qué pasa si quiero decirle algo malo a alguien y no lo hago, pero el mismo pensamiento viene una y otra vez hasta que me mueve a actuar?

Respuesta: Primero, tenemos que diferenciar el acto mental negativo del acto verbal negativo. Pensar sobre ello es un acto mental; el acto verbal es realmente decirlo. Pensar sobre algo de antemano, planearlo, puede dirigirnos a realmente decirlo, pero puede no dirigirnos a decirlo. En la discusión del karma tenemos cuatro posibilidades: planeado y llevado a cabo; planeado y no llevado a cabo; no planeado pero llevado a cabo; y ni planeado ni llevado a cabo. El potencial kármico más pesado proviene de planear algo y luego llevarlo a cabo.

Pregunta: ¿Es correcto, entonces, que incluso si un pensamiento no conduce a una acción, el sólo pensarlo crea karma que necesitamos purificar? ¿Qué ocurre con matar a alguien en un sueño? Nadie sale herido, ¿aún así generamos karma negativo que necesita ser purificado?

Respuesta: Sí a ambas preguntas. En el caso de soñar con matar a alguien, incluso si el sueño inició con planear matar a la persona y después realmente lo matas en el sueño, la fuerza kármica negativa es más débil que si hubiéramos matado realmente a alguien estando despiertos. Aunque la acción fue planeada y luego llevada a cabo en el sueño, no había una base real, ninguna persona real hacia la que estuviera dirigida la acción y que fuera asesinada por nuestra acción.

Pregunta: Si tengo el karma de morir en casa o en la cama de un hospital de una forma más o menos consciente, ¿qué sugerirías como práctica, teniendo en cuenta que no soy un practicante muy avanzado? ¿Debería practicar shámata, una figura búdica, visualizar a mi lama?

Respuesta: La cosa más importante en el momento de la muerte es permanecer enfocados en el refugio (nuestra dirección segura) y en la bodichita. Por favor, tengan en mente que el refugio no significa: “¡Oh, Buda, sálvame!”. Más bien, es pensar: “Esta es la dirección en la que quiero continuar, la dirección segura indicada por el Buda, el Darma y la Sanga. Quiero recorrer todo el camino hasta la iluminación para ser capaz de ayudar a todos los demás. Que pueda alcanzar una forma humana plenamente dotada con todas las libertades del sufrimiento y los enriquecimientos con las circunstancias favorables más conducentes para continuar en el camino hasta la budeidad, de tal forma que realmente pueda ser de la mejor ayuda para todo el mundo. Que pueda ser siempre guiado por maestros plenamente cualificados”. Podemos permanecer enfocados en la figura de un buda o de nuestros lamas para permanecer con este pensamiento. O, si eso es muy difícil, podemos simplemente enfocarnos en el pensamiento: “pueda ser capaz de beneficiar a todo el mundo”.

Conclusión

No puedo enfatizar lo suficiente la necesidad de ser realistas. “¿Qué esperamos del samsara?”. Hasta que nos convirtamos en arjats, no vamos a dejar de sentirnos infelices algunas veces. Y no vamos a dejar de enfermarnos, ser golpeados por un auto y demás hasta después de que alcancemos un cuerpo hecho de luz. Antes de ser arjats, nuestra experiencia continuará yendo hacia arriba y hacia abajo. A medida que progresemos, la montaña rusa no será tan intensa, pero aún nos sentiremos infelices a veces sobre las cosas, estaremos de mal humor y experimentaremos cosas que no queremos que nos pasen. No debemos hacernos tontos con falsas esperanzas de milagros ni dejarnos engañar por gente que nos dice que ocurrirán milagros.

Tener una idea realista de lo que pasa en el proceso hacia la iluminación fortalece nuestra determinación y nuestro coraje. Podemos pensar: “sé que va ser difícil y que mis estados de ánimo tendrán altibajos, pero voy a seguir adelante de todos modos. No permitiré que eso me distraiga”. De este modo, podemos trabajar de forma constante y estable hacia la liberación y la iluminación y no darnos por vencidos o desanimarnos cuando los milagros no suceden.

Dedicatoria

Que cualquier entendimiento que hayamos obtenido se profundice cada vez más y más, de tal forma que podamos ver más claramente el proceso que nos mantiene en el samsara, así como también las etapas para salir de él. Que cualquier fuerza positiva que se haya generado por escuchar y pensar sobre todo esto sirva como una causa para ser capaces de trabajar de una forma realista y constante hacia la liberación y la iluminación para el beneficio de todos.