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Archivos budistas del Dr. Alexander Berzin

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Examen del karma inmediatamente después del 11 de septiembre

Alexander Berzin
Ciudad de México, México, 22 y 23 de septiembre de 2001
[transcripción ligeramente editada]

Sesión dos: Las características fundamentales del karma

El significado del karma

Existen muchas explicaciones del karma en los diferentes sistemas de principios indo-budistas. Utilicemos la menos complicada de ellas, la explicación principal seguida por las tradiciones tibetanas no gelug. También la encontramos en la explicación gelug de todos los sistemas de principios indo-budistas excepto en la prasánguika y en la vaibáshika. Acorde con esta explicación, el karma es literalmente un impulso mental que nos lleva en la dirección de una acción o experiencia. No es la acción misma; sino el impulso que nos conduce a ella. Cuando sentimos el impulso de ir al refrigerador, el karma no es en concreto ir hacia el refrigerador, sino la urgencia, el impulso de encontrar algo para comer. Puede ser un impulso para actuar constructiva o destructivamente.

Por supuesto, es algo muy complejo, pero presentado de manera muy simple, lo que ocurre es lo que describiré a continuación. A cada momento, tenemos visión periscópica. Es como estar en un submarino y mirar a través de un pequeño lente para ver solamente una pequeña porción de lo que ocurre. Solamente vemos lo que está frente a nuestras narices. Somos “seres sintientes”. El término en español no significa mucho. El término original significa que tenemos un darse cuenta limitado porque tenemos cuerpos limitados. No tenemos equipo de última generación. Nuestro “disco duro” es deficiente. Los budas, por otro lado, tienen un darse cuenta omnisciente y un equipo de última generación. Tienen cuerpos de luz que perciben todo. Nosotros conocemos el mundo a través de ojos, oídos, nariz, etc., y un tipo de cerebro que sólo permite una visión periscópica. Este cuerpo y darse cuenta limitados son el samsara. No es nuestra culpa. Es solamente que estamos en una situación terrible. Este es un punto muy profundo. Es el más profundo significado del problema afectante que todo permea – el nacer continuamente con mentes y cuerpos limitados que actúan como la base para la lotería kármica y los altibajos en los sufrimientos de la vida samsárica-.

No importa qué tan bello sea nuestro submarino, aún vemos a través del periscopio. No importa que tan bello sea nuestro cuerpo, aún seguimos limitados. Esto puede ayudarnos a desarrollar la renuncia – el desprecio total a estar atrapados en un submarino con visión periscópica – . Pero por favor, con esta imagen no se queden con la idea equivocada de que existe un “yo” sólido dentro de nuestro cuerpo y mente. Esta es solamente una analogía para ayudar a comprender el problema afectante que todo lo permea del samsara. La situación en sí es ridícula. Que nuestro único objetivo sea tener un cuerpo bello ¡es tan trivial! Aunque tener un bello cuerpo es algo bueno, no nos conducirá a ninguna parte. Tener el cabello cuidado, desarrollar músculos, maquillarnos, etc. no cambia el hecho de que somos seres limitados.

Como resultado de esta visión de periscopio, concebimos un “yo” sólido dentro de nuestro cuerpo y mente, y un sólido “tú, allá afuera.” ¿Por qué? Porque este disco duro limitado trabaja con un sistema conceptual. Un buda no utiliza tal sistema operativo. La mente de un buda es totalmente no conceptual. Las computadoras representan al mundo en números, combinaciones de cero y uno, una y otra vez. Y eso lo representan, a su vez, en términos de números y letras en la pantalla. Este no es el mundo real; es una representación del mismo. Es como el pensamiento conceptual. Experimentamos un mundo virtual como una voz en nuestra cabeza pronunciando palabras. “Oh, Dios mío, ¿qué tengo que hacer ahora? Afuera hace calor, bla, bla, bla”. Este es el sistema operativo de los seres sintientes trabajando.

Como existe esta voz parlanchina dentro de nuestra cabeza, pensamos que existe un “yo” sólido ahí. Es extraño ¿verdad? No solamente pensamos así, lo que es alarmante es que se siente como si esa fuera la manera en que son las cosas. Esta creencia ignorante y confusa – y no el “yo” imposible que cree existir – es lo que presiona el botón del juego de lotería. Esto provoca que madure el karma.

La lotería kármica es un juego multidimensional. Una clase de bolas numeradas es una sensación de felicidad, infelicidad o neutralidad. Otro tipo de bolas que salen en el juego es aquello que tenemos ganas de hacer. Basados en esa sensación, hay un impulso, y ese impulso es el siguiente karma. Debido a la confusión, hacemos lo que nos place. Esto ocurre tan rápido, que ni siquiera nos damos cuenta de ello. Creemos: “por supuesto que puedo hacer lo que me plazca. Es natural”. Aquello que queremos hacer casi se vuelve sagrado. Luego actuamos de acuerdo a este impulso. Al hacerlo, o aun al pensar en hacerlo, se lanza otra bola numerada al balde.

¿De dónde proviene este proceso? No proviene del diablo o de demonios. Se da porque vemos al mundo con este cuerpo y conciencia limitados. Vemos todo a través del periscopio. Es esa tonta voz en nuestra cabeza que nos da la impresión de un “yo” sólido y un “tú” sólido. Muy aburrido. Muy estúpido.

Cuando morimos y, por decirlo así, salimos del submarino, sentimos que nos vamos a ahogar en el océano de la visión de la luz clara, y en otras visiones que percibimos. No podemos soportarlo. Nos da pánico y surge el impulso de aferrarnos al siguiente submarino. Esto es el renacimiento. Deseamos retornar al submarino limitado. Pulsamos otro botón y sale otra bola numerada con la forma de otro cuerpo limitado. Actuamos a partir de nuestra confusión. Esta confusión no es una maldición de Dios. No nos fue dada por nadie más como un reto para ver si podíamos salir del juego. No existe inherentemente, como el pecado original, porque somos malos, o porque Adán lo echó todo a perder. No es parte de nuestra naturaleza innata, aunque no tiene principio. Es algo que puede ser extirpado. Esto es una cuestión básica que necesitamos entender.

Independientemente de lo impresionante que pueda ser la realidad multidimensional interconectada, podemos manejarla. Existe la posibilidad de salir. Si hiciéramos eso, no sólo nos libraríamos del sufrimiento, sino que nos pondríamos en una posición ideal para ayudar a otros. No podemos ayudar a otros en submarinos si nosotros también estamos en uno. Si salimos del submarino, a lidiar con todo el océano, podremos ayudarlos mucho mejor. Esa es la solución: detener el juego y salir del submarino. Reflexionemos en esto por un momento.

Todos estamos en submarinos, mirando a través de periscopios, viendo campos de visión muy limitados, con toda esta basura saliendo de las bocinas – constantemente – . Debido a eso, todos intentamos conseguir un submarino nuevo al morir, porque pensamos que eso no hará felices. Y nadie de nosotros sabe qué ocurrirá después. Cuando morimos, nuestro pánico nos hará saltar a otro submarino. Todos hacen lo mismo, es algo patético. Esta es la espantosa visión del samsara puesta en una imagen muy simplista.

Fuerzas kármicas

De acuerdo a la explicación que estamos utilizando, el karma es un impulso mental que nos conduce en la dirección de cierta experiencia. Por supuesto, tenemos elección de actuar o no tal impulso. Si tenemos el impulso de decir algo desagradable a alguien: “Que vestido más feo estás usando hoy”; si tenemos presencia mental al momento que surge el impulso, podríamos controlarlo y no actuar acorde al mismo. A menudo sólo llevamos a cabo nuestros impulsos. Esa acción en sí misma es una fuerza kármica, la cual puede ser positiva o negativa. Estas son usualmente traducidas como “ mérito” y “pecado”, que considero como términos muy engañosos. Las acciones kármicas son, para ser más preciso, fuerzas kármicas positivas o negativas.

Cuando una acción finaliza, la fuerza kármica continúa, pero ahora como potencial kármico en nuestro continuum mental. El concepto de redes o entramados quizá pueda ayudarnos aquí, aunque no sea presentado así en la terminología técnica budista. Es un agregado occidental a la explicación. Podemos decir que cada vez que actuamos de forma positiva o negativa la fuerza kármica, tanto de la acción como del potencial kármico que queda tras la acción, actúa en red o se entreteje con las otras fuerzas positivas o negativas en nuestro continuum mental de acciones previas y de los potenciales kármicos que éstas dejan. Nos referimos a las fuerzas constructoras de samsara. Estamos construyendo el samsara; las fuerzas ordinarias, negativas o positivas, dan por resultado experiencia samsárica.

Si no dedicamos la fuerza positiva de una acción constructiva para la liberación o iluminación, esta no actúa como causa para las mismas. Los textos no dicen mucho respecto a dedicar las fuerzas positivas para la liberación. Solamente cuando dedicamos una acción constructiva con bodichita es que la fuerza positiva se convierte en constructora de iluminación e incrementa un entramado de esta fuerza positiva constructora de iluminación – la llamada “colección de mérito” – .

Repercusiones kármicas

De manera que, tanto en las constructoras de samsara como en las constructoras de iluminación, la acción misma actúa como fuerza kármica. Cuando finaliza la acción, ¿con qué nos quedamos? No es solamente la fase de potencial kármico de la fuerza kármica, existen también otras cosas que quedan en nuestro continuum mental. Aquí estoy acuñando un término para abarcar a todos: “repercusiones kármicas”. Podemos hablar de dos tipos de repercusiones kármicas: legados kármicos (sa- bon, semillas) y hábitos kármicos constantes (bag-chags). La diferencia entre las dos es que los legados kármicos maduran ocasionalmente, mientras que los hábitos kármicos constantes dan resultados a cada momento en términos de nuestra experiencia. Los legados kármicos incluyen tanto la fase del potencial kármico de la fuerza kármica como las tendencias kármicas. Pero no nos involucremos en las sutiles diferencias entre ellos.

[Para más detalles, ver: Impregnaciones lógicas de los términos técnicos para los diferentes tipos de repercusiones kármicas.]

Los legados kármicos maduran unas veces y otras no. Un aspecto de su resultado es sentir diferentes niveles con altibajos de felicidad e infelicidad. Toda clase de diferentes legados kármicos están madurando en diferentes momentos. Está cambiando a cada segundo de nuestra vida y nunca sabemos qué vamos a experimentar en el siguiente instante. Podríamos sentirnos bien o terriblemente mal haciendo exactamente lo mismo. ¿No es esto horrible?

Otro resultado que viene de estos legados es experimentar los agregados de un renacimiento. Algunas veces experimentamos un buen estado de renacimiento y otras uno terrible. No es del todo constante. Algunas veces obtenemos un submarino cómodo; otras uno muy incómodo.

El ambiente en el cual nacemos es llamado “el resultado dominante” o "resultado integral". ¿Estamos en una parte tranquila del océano? ¿Hay corrientes traicioneras?

El siguiente resultado es en términos de lo que queremos hacer. ¿Qué nos gusta hacer? Sentimos deseos de hacer cosas similares a las que hicimos antes. No solamente no tenemos idea de si nos sentiremos felices o infelices en el momento siguiente, no tenemos idea de lo que querremos en el momento siguiente.

El último resultado que deriva de los legados kármicos es experimentar que nos ocurren situaciones similares a las que le hicimos a otros. Si queremos dispararle a un submarino que pasa, otro vendrá y nos disparará. El sentirnos felices o infelices, lo que deseamos hacer y lo que nos ocurre están sufriendo altibajos continuamente. Todo esto es desagradable.

Los hábitos kármicos constantes producen resultados a cada momento en términos de nuestra constante percepción periscópica. Este es el tema constante a través de los altibajos del samsara. Dentro de ese contexto, dependiendo de si somos felices o infelices, de lo que deseamos hacer y de lo que nos ocurre, surgen impulsos y los llevamos a cabo. Esto es lo que sucede en el samsara para dar una breve presentación de cómo funciona el karma en términos muy simplistas.

Dediquemos un momento a digerir esto.

Podemos ver cómo esto es un ciclo. Para analizar este ciclo a mayor profundidad, existe el sistema de los doce eslabones de surgimiento dependiente. Los temas del karma y de los doce eslabones son piezas del mismo rompecabezas.

[Ver: Los doce eslabones de surgimiento dependiente.]

Cómo funciona la dedicatoria

Para que una acción positiva sea constructora de iluminación debe ser dedicada con bodichita, aun si esa bodichita es artificial. No tiene que ser sincera. Puede ser artificial. ¿Qué significa artificial? No es que no tengamos sentimiento alguno. La bodichita está basada en el amor, la compasión y la responsabilidad universal, lo que significa que al aspirar a convertirnos en budas, deseamos que todos sean felices y libres del sufrimiento, y asumimos la responsabilidad de ayudarlos – a todos los seres limitados, a todos los “seres sintientes” – , no solamente a superar sus sufrimientos ordinarios, sino también a alcanzar la liberación y la iluminación. Veamos esto más cuidadosamente.

“Todos los seres sintientes” incluye cada insecto en el mundo. ¿Realmente estamos obrando para beneficiar a cada mosquito en el mundo? Seamos honestos. Ante todo, vamos a trabajar ¿para liberarlos de qué? Supuestamente del samsara, lo que quiere decir de renacimientos incontrolablemente recurrentes. Si ni siquiera comprendemos el renacimiento y mucho menos creemos en él, ¿cómo podríamos sinceramente estar actuando para liberar a todos los mosquitos del renacimiento? Ni siquiera pensamos en el renacimiento. Solamente pensamos: “Tra la la, que puedan todos ser felices, tener una buena comida, una linda casa…” Esto está muy bien pero no es la “gran compasión” que respalda a la bodichita. Aun si somos sinceros en nuestro deseo de ayudar solamente a seres humanos – y quizá a perros y gatos – solamente en esta vida, eso no es suficiente para que la fuerza positiva de nuestras acciones constructivas actúe como un entramado de fuerza positiva constructora de iluminación. Es necesario cierto nivel de “gran compasión”, el cual está dirigido a todos los seres limitados por igual.

¿Qué ocurre si existen actitudes aflictivas mezcladas con nuestras acciones constructivas? Bueno, tengamos en mente que necesitamos ser un arjat para estar totalmente libres de cualquier aferramiento a un “yo” imposible y de todas las emociones y actitudes aflictivas. ¿Significa esto que hasta que lleguemos a ser un arjat, no podemos realizar acción positiva alguna constructora de iluminación? No, no significa eso. Podemos acumular tales acciones mucho antes de llegar a ser un arjat. Este es un punto muy importante. Su Santidad el Dalái Lama lo dice de una muy buena manera. Él dice: “A menos que seas un arjat, ninguna acción será 100% desinteresada y libre de visiones erróneas, actitudes aflictivas, etc. así que lo que necesitamos intentar hacer es disminuir el egoísmo al mínimo”.

No nos engañemos a nosotros mismos. Hasta que estemos liberados habrá algunos aspectos de desear ser felices o de sentirnos útiles, lo que es un asunto del ego. No hay razón para sentirse culpable por esto. Necesitamos trabajar con esto a nuestro propio nivel. Podemos pensar: “A pesar de que a mí también me gustaría ser feliz, soy realmente sincero en mi deseo de que los otros sean felices. Pueda esta acción positiva habilitarme para ayudarlos tanto como sea posible para alcanzar la iluminación”. Eso es suficiente.

Dejemos que esto profundice en nosotros por un momento.

Esto puede incrementar la confianza en nosotros mismos de ser capaces de acumular algo de fuerza positiva constructora de iluminación. Como siempre dicen las enseñanzas y Su Santidad repite: “La iluminación está en nuestras manos”.

Si una acción positiva está sostenida por la fuerza de la renuncia o por la fuerza de la bodichita, actúa como causa para la liberación o la iluminación, respectivamente. Si la acción positiva no está sustentada ni por la renuncia ni por la bodichita, resultará en una experiencia feliz más en el samsara. La propia acción puede ser exactamente la misma; es solamente una cuestión de a qué la dedicamos. Si no la dedicamos realmente, ésta será automáticamente guardada en la carpeta constructora de samsara en nuestro disco duro interno mental, y luego actuará como una fuerza positiva placentera constructora de samsara. Necesitamos guardar concientemente la fuerza positiva en la carpeta constructora de iluminación y eso lo hacemos con la dedicatoria.

¿Qué ocurre si olvidamos dedicar la fuerza positiva de inmediato, pero lo recordamos unos minutos después? ¿Eso cuenta? Cuenta siempre y cuando no nos enojemos en el intermedio. Si nos enojamos, esto destruye o debilita la fuerza positiva. Es por eso que los textos dicen que el enojo es tan negativo, especialmente el enojo a un bodisatva. Mientras no nos enojemos, podemos mover la fuerza positiva de la carpeta constructora de samsara a la carpeta constructora de iluminación. Si nos enojamos, la habremos borrado. Se acabó. Habiéndola guardado con una dedicatoria con bodichita, no la destruiremos aun si nos enojamos después. Existirán las consecuencias negativas del enojo, pero eso es otro punto.

Pregunta: ¿Qué tipo de acciones pueden ser dedicadas?

Respuesta: Todo lo que es constructivo, refiriéndose a cualquier acción que hagamos proveniente de un deseo de ser de ayuda, no de nuestra codicia, apego o ignorancia. O cualquier acto de evitar actuar destructivamente, porque sabemos que causará problemas, aun si surge el impulso de hacerlo. Abstenerse por desear evitar el castigo sería, de alguna manera, algo constructivo; sin embargo, es mucho más fuerte cuando nos abstenemos de actuar destructivamente debido a una comprensión de la causa y efecto kármicos. Para hacer la dedicatoria, necesitamos pensar: “Pueda la fuerza positiva de esta acción actuar como causa para mi iluminación y así ser capaz de ayudar a todos”.

Sin la idea de un entramado, tendemos a pensar en cualquier cosa que hacemos como acciones aisladas, como coleccionar buenas acciones aisladas en una caja. Por esto me parece muy útil pensar en que nuestras acciones positivas o entendimiento profundizan, causando una impresión más poderosa y tejiendo un entramado con todas nuestras otras acciones positivas y entendimientos. La fuerza se incrementa más y más y de esta manera realmente actúa como causa para la iluminación.

La idea del entramado es también muy útil porque introduce el entendimiento de la interdependencia y del surgimiento dependiente. Nuestras buenas acciones no se dan de manera aislada. De manera similar, si tan sólo entendemos pequeños puntos aislados del Darma y nunca los conectamos, y nunca nos damos cuenta de cómo embonan, nuestro entendimiento no será muy firme. Estaremos, tan sólo, acumulando datos. Así que también necesitamos tejer la conciencia profunda que obtengamos de nuestra experiencia en la meditación con el entramado de todo lo demás que hemos aprendido. De otra manera, solamente serán experiencias aisladas sin demasiado peso.

Los fundamentos de la ética budista

En el budismo, usualmente presentamos las acciones destructivas en términos de una lista de diez, comúnmente traducidas como “las diez acciones no virtuosas”; sin embargo, esto de “no virtuosas” proviene de un antecedente religioso sentencioso. Aquí no existe sentencia alguna. La discusión del karma está muy conectada con la discusión de la ética. Existen varios sistemas éticos en el mundo. El sistema principal en Occidente es una combinación del pensamiento bíblico y de la antigua Grecia. Ambos basados en la obediencia a la ley: una es la ley celestial que viene de Dios y la otra es la legislación, dictada por un grupo electo de ciudadanos. En ambos casos, ser una persona ética es un asunto de obediencia. Obedecer resulta en recompensa, desobedecer en castigo. En la ética occidental está muy involucrado el juicio moral – lo bueno y lo malo, el inocente y el culpable – . Conlleva un bagaje emocional de sentimientos de culpa, temor al castigo, etc.

En la visión budista del mundo no existen la sentencia, ni el juez, ni la culpa. La ética no es una cuestión de obediencia a la ley. Existe una cierta relación de causa y efecto del comportamiento. Si pateas una silla, te dolerá. El hecho de que te duela no es un castigo; no es un juicio ético. No somos malas personas, culpables o pecadoras: solamente pateamos la silla y nos lastimamos. De manera similar, si actuamos bajo la influencia de emociones aflictivas, experimentaremos problemas, pero no por ser malos, sino porque estamos confundidos. Si no actuamos bajo la influencia de emociones perturbadoras, no experimentaremos tales problemas terribles. Generalmente, experimentaremos felicidad. La felicidad no durará, pero las cosas irán bien. Así que, en vez de basarse en la obediencia, la ética se fundamenta en la conciencia discriminativa.

Si actuamos de ciertas formas, eventualmente experimentaremos los resultados correspondientes. Es nuestra elección. Si no nos importa experimentar problemas y queremos actuar destructivamente, está bien, tenemos esa alternativa. Por supuesto, al elegir esta línea de acción podríamos herir a otros, así que hay algo más que tomar en consideración. Pero básicamente, cuando alguien actúa destructivamente es porque está confundido acerca de causa y efecto, no porque sea malo. Se torna mucho más fácil desarrollar compasión por las personas destructivas cuando sabemos que están tan confundidos que no saben que se están dañando a sí mismos.

En términos de nosotros mismos, en lo que necesitamos trabajar no es en la obediencia sino en la conciencia discriminativa, en un darse cuenta que discrimina, usualmente llamada “sabiduría”, para discriminar entre lo que será constructivo y lo que será destructivo. Entonces, como no deseamos experimentar problemas, nos abstenemos de actuar destructivamente. Si comprendemos que podemos resultar heridos parados en medio de una calle muy transitada y peligrosa, discriminamos que no estar parados ahí reducirá nuestra posibilidad de resultar heridos. Esto nos conduce a la discusión de cómo desarrollar disciplina ética e interés en lo que nos ocurre.

Las diez acciones destructivas

A pesar de que existe la lista estándar de diez acciones destructivas, es importante no creer que solamente son diez. Podemos cortar un pastel entero en diez partes o podemos cortar una parte del pastel en diez pedazos. De la misma manera, aquí solamente estamos cortando parte de nuestros tipos de conducta destructiva en diez. Obviamente existen más de diez tipos de acciones destructivas.

Me parece que también es muy importante ver a estas diez como categorías generales; muchas otras acciones pueden encajar en ellas. Por ejemplo, tomar la vida de otros podría incluir romperle el brazo a alguien. Necesitamos ser flexibles. Estoy seguro que han tenido instrucción acerca de estas diez, pero déjenme cubrirlas brevemente.

Las tres acciones destructivas físicas

Las diez categorías generales de acciones destructivas están conformadas de acciones mentales, verbales y físicas. Las acciones destructivas físicas incluyen tomar la vida de otros – matar – , tomar lo que no nos ha sido dado – robar – , y la conducta sexual contraria – conducta sexual que es contraria a librarnos de las emociones aflictivas – . Así como matar puede incluir dañar a otros, tomar lo que no nos es dado incluye hacer llamadas telefónicas de larga distancia desde un teléfono ajeno sin haberlo pedido. Es utilizar algo que no es apropiado que usemos.

Estas acciones están acompañadas por una emoción aflictiva. Por ejemplo, queremos herir o matar a alguien porque estamos enojados, porque nos desagrada. O porque somos codiciosos: deseamos obtener nuestra herencia más rápidamente. O porque somos ingenuos: sacrificamos a alguien al dios sol para tener mejores cultivos. Al robar, es ingenuo creer que si tomamos algo perteneciente a alguien más no les importará.

La conducta sexual contraria es actividad sexual que es contraria a intentar deshacernos de las emociones aflictivas. Usualmente son: el deseo, la avaricia o el apego. No estamos satisfechos con nuestra pareja, así que tenemos que tener también a la de alguien más. No estamos satisfechos con la posición que hemos utilizado, así que nos involucramos en acrobacias sexuales para encontrar algo mejor. Nuestra conducta sexual puede estar fundada en enojo, como al violar a las esposas e hijas de nuestros enemigos. Un ejemplo de ingenuidad es pensar que no importa si nuestra pareja no quiere tener sexo, y de cualquier manera lo hacemos a la fuerza.

Existe también la ingenuidad con la cual creemos que el sexo es el camino a la liberación. Esto suena chistoso pero no es inusual. Cuando nos auto-examinamos, ¿no tenemos la idea de que nuestra vida sexual es saludable y buena, y que nos brindará felicidad duradera? Existen escuelas de pensamiento occidental que sostienen que todos nuestros problemas provienen de frustraciones sexuales, y por lo tanto debemos buscar el orgasmo perfecto. También es ingenuidad, cuando somos mayores, intentar hacerlo como solíamos. La conducta sexual contraria es actuar de forma que nos produzca más y más problemas e infelicidad.

Las cuatro acciones destructivas verbales

Después tenemos las acciones destructivas verbales. Verbal significa comunicación. No necesariamente tiene que ver con palabras. Podríamos mentir con palabras, gestos, o aun con silencio. Por supuesto, la mentira más seria es acerca de nuestros logros espirituales. Engañar a otros, especialmente si se es un maestro espiritual, diciendo: “He tenido esta extraordinaria experiencia meditativa y esa otra experiencia” y seguir y seguir, es muy serio. La exageración también es una forma de mentir. Es muy importante ser totalmente honestos, particularmente en lo relacionado a nuestros logros y experiencias. Podríamos mentir por apego, porque deseamos que las personas nos respeten, por ejemplo. Podríamos mentir por enojo, como al darle a alguien que nos cae mal direcciones equivocadas para llegar a algún lugar. O podríamos mentir por inocencia, pensando que podemos decir pequeñas mentiras blancas o exagerar y que no importa.

Luego está el lenguaje divisorio, el cual es provocar que los amigos se separen o que aquellos quienes ya lo están se separen aún más. Este es un buen ejercicio: intentar entrenarnos a no hablar de otra persona a menos que esté presente. Con frecuencia cuando contamos historias sobre alguien, surge la exageración y provoca división, aun si no era esa nuestra intención. Sin embargo, quizá queramos decir algo divisor si nuestro hijo está juntándose con traficantes de drogas, pero tendríamos que cuidarnos de hacerlo sin una emoción aflictiva subyacente. Si las personas dicen cosas malas sobre otros para separarlos, podríamos pensar que son terribles, pero eso es una sentencia. No estamos hablando de ser sentenciosos. En vez de eso, reconocemos que esa persona no comprende las consecuencias kármicas de lo que está diciendo. Además, si alguien está hablando siempre de lo terrible que son otras personas, ¿no comenzamos a sospechar que están diciendo cosas terribles de nosotros a nuestras espaldas? El resultado de causar que la gente se separe es ser abandonado. Es muy triste. Si repetimos una historia divisiva que escuchamos, eso solamente lleva todo más lejos y lo convierte en una acción negativa también para nosotros. Es mejor dejarla ahí. Podemos solamente pensar que es triste que esa persona hable tan divisivamente. No hay razón para repetirlo.

Luego está el utilizar lenguaje hiriente y cruel. Esto es decir cosas con una emoción aflictiva que hiere los sentimientos de las personas. Podría ser gritarle a alguien, insultarlos, o maltratarlos. Podría estar bañado con azúcar; el sarcasmo también hiere. Necesitamos ser muy cuidadosos respecto a lo que decimos, cómo nos comunicamos y demás. Hacer un mudra ofensivo a la persona que va en el coche de al lado, cae de la misma manera en esta categoría.

Luego tenemos la charla ociosa. Esta puede ser sutil. No tendemos a tomarla en serio pero realmente es bastante destructiva. Un ejempo es interrumpir a otros, como la increíble cantidad de llamadas por celular que hacemos para revelar algún evento trivial. También incluye el repetir historias, no tiene caso, es solamente una pérdida increíble de tiempo. Podríamos incluir tener la radio o la televisión encendidos constantemente, perturbando a todos a nuestro alrededor. Necesitamos prestar atención a cómo nos estamos comunicando.

Las tres acciones destructivas mentales

Tenemos ahora las formas destructivas de pensar. Aquí es de suma importancia reconocer que no hablamos de emociones aflictivas. Tal como el karma y las emociones aflictivas son diferentes, así también lo son las acciones kármicas y las emociones aflictivas. No existe nada que sea tanto un impulso kármico como una emoción aflictiva. Lo que describimos aquí en este listado son acciones, formas de pensamiento que, como los impulsos kármicos que los acarrean, son acompañados por emociones aflictivas.

En primer lugar está el pensamiento codicioso. Cuando alguien consigue un carro nuevo, queremos uno igual o aún mejor. Así que pensamos, una y otra vez, cómo conseguir uno. Muchas emociones aflictivas acompañan al pensamiento codicioso – la avaricia, la envidia, y las similares-. La acción destructiva es pensar en ello.

Ahora tenemos el pensar con malicia. No es sólo desear que alguien enferme, es toda una línea de pensamiento, planear cómo vengarse y herir a alguien. Estas acciones mentales se convierten en obsesiones. Nos devoran. No podemos sacarlas de nuestra cabeza. Existen muchos niveles sutiles de ellas.

La última acción mental y la décima en la categoría general de acciones destructivas, es pensar con una actitud antagonista distorsionada. Esto es traducido algunas veces como “visiones erróneas”, lo que tiende a implicar “herejía”. Estas son traducciones inadecuadas. Ni siquiera estamos hablando de una actitud distorsionada. Hablamos de la forma completa de pensar acompañada por una actitud antagonista distorsionada. Es negar algo que es verdadero, constructivo o éticamente neutro y ser muy antagónico al respecto. Es como pensar: “¿Ellos creen en el renacimiento? ¡Eso es basura! ¡Cualquiera que crea eso es un idiota! Se los voy a decir”; no necesita tener una orientación filosófica. Podríamos tener una actitud antagonista distorsionada sobre nuestro amigo que ve la televisión, sobre alguien que estudia historia del arte, o alguien que va a un centro de Darma en el cual se hacen cosas de manera diferente al nuestro. Seguimos pensando en ello negativamente, aun cuando estas cosas son neutrales o constructivas.

Pensar con una actitud antagonista distorsionada no es solamente negar a la Triple Joya. ¿Cuántas veces hacemos esto? No muchas. Algo que cabe en esta categoría, la cual hacemos con mucha facilidad, es ser críticos acerca de otros. Es una acción destructiva muy común. Vemos algo que nos disgusta y nos obsesionamos con criticarlo en nuestra mente.

Existen dos categorías de acciones constructivas. Una es simplemente abstenerse de actuar destructivamente porque se entienden los problemas que conlleva. No es simplemente: “Yo no voy de cacería, pesca o le disparo a las personas”. Más bien, es como cuando un mosquito está zumbando alrededor de nuestra cabeza y surge la necesidad de aplastarlo, pero no lo hacemos porque sabemos que sería destructivo. Si matamos cualquier cosa que nos molesta, ¿en qué momento le pondríamos un hasta aquí? Otro nivel de acción constructiva es hacer lo opuesto a la acción destructiva correspondiente. Por ejemplo, sería de hecho salvar la vida del mosquito, ponerlo en una taza y sacarlo, en lugar de tomar su vida.

Llegar a comprender la necesidad de la omnisciencia

Cuando hablamos del aferramiento a una existencia sólida, hablamos primero que nada acerca de una percepción muy limitada de la realidad. Nuestra mente limitada hace que lo que vemos aparezca con existencia sólida e independiente, aislado de todo lo demás. No solamente aparece así, sino que así se siente. Cuando miro a esa persona frente a mí, parece que es una joven mujer mexicana. No aparece como si fuera apenas un instante en una larga línea de continuidad, desde la niñez hasta la vejez. Definitivamente no aparece como un continuum mental que en este momento particular está generando el cuerpo de una joven mujer mexicana y que en una vida anterior fue un mosquito, un hombre africano, o un fantasma. Esta es la visión periscópica. Esto es lo que ocurre cada instante de nuestra existencia. Se siente como si esto que veo fuera todo lo que es esa persona.

No solamente aparece y se siente de tal manera sino que, dando un paso más, pensamos que corresponde a la realidad. El aferramiento a una existencia sólida implica también este segundo paso. “Aferramiento” no es muy preciso. Es un poco excesivo. Estamos conociéndolo y creyéndolo. Poseemos dos grupos de hábitos constantes aquí. Uno es el hábito kármico constante que causa la visión periscópica. El otro es el hábito constante de la confusión, el cual produce a cada momento la apariencia de que lo que vemos a través de la visión periscópica, o sea la apariencia de una existencia sólida, es todo lo que es. Podemos apreciar que esos dos tipos de hábitos constantes siempre operan juntos. Son conocidos como los obstáculos que impiden la omnisciencia; solamente como budas podremos deshacernos de ambos. El karma mismo y las emociones aflictivas, que provienen de creer en lo que vemos, impiden la liberación. Mantienen los altibajos. Así que nos liberamos de los altibajos con la liberación y luego nos deshacemos de la visión periscópica con la iluminación. Una vez que nos deshacemos de la creencia de que lo que vemos con visión periscópica es todo lo que existe, entonces tenemos que deshacernos de su aparición y de sentir así.

Tsongkapa señalaba que el proceso de conocimiento y creencia en una existencia sólida ocurre a cada momento, no sólo cuando estamos emocionalmente perturbados. La forma en que lo expresó es que el objeto de refutación está presente a cada momento de nuestra cognición, no sólo en nuestros momentos de cognición locos. Además, no sólo ocurre durante nuestra cognición conceptual, lo que significa que tenemos que comenzar a cuestionar cada momento de nuestra cognición.

Esto es algo muy profundo. Cuando vemos alrededor de la habitación, ¿qué es lo que vemos? Todo lo que vemos es falso. En un nivel relativo, seguro que es preciso que están todas estas personas. Sin embargo cada persona es un continuum mental que ha interactuado con cada uno de los demás continuum mentales desde el tiempo sin principio. Es increíble. ¿No vemos eso, verdad? Aun si no lo pensamos en términos de renacimientos sino en términos de los ancestros de cada persona, es increíble. No vemos eso y no se siente así, pero eso es lo que está frente a nosotros. Un buda se da cuenta de todo eso. Podemos comenzar a percibir lo que significa la omnisciencia. Si realmente deseamos ayudar a otros, necesitamos ver todas las relaciones, interconexiones, etc.

Cuando comenzamos a obtener una imagen más precisa de lo que es una mente omnisciente y empezar realmente a apreciar cuán importante es alcanzarla para realmente ayudar a todos los demás, el dirigirnos hacia la iluminación obtiene mucho más sentido. Nuestro refugio y finalidad de bodichita se vuelven más firmes, inamovibles. Si no tenemos una idea clara de lo que significa ser un buda, es completamente superficial decir que deseamos alcanzar la iluminación. Por esto es tan importante estudiar las cualidades de la Triple Joya a detalle, no solamente como las listas de las treinta y dos de éstas y las ochenta de aquéllas, sino tener una sensación de lo que significan. Si creemos que la iluminación es un mito o un cuento de hadas, es muy difícil ver realmente la necesidad de ella, la cual es una parte tan integral de la bodichita. Por supuesto que existen formas de presentar las cualidades de un buda que son como contarle un cuento a un niño, pero no se sientan satisfechos con ese nivel. Existen niveles mucho más profundos de explicación.

La base de toda práctica de Darma es un refugio muy seguro y firme, una dirección segura. Por favor no trivialicen eso. Se requiere poseer una idea muy clara de lo que pretendemos con ello, de cuál es la meta y de cuál es la dirección que deseamos tomar. Mientras más claro sea todo esto, más firme será nuestra práctica.

Si combinamos la claridad sobre nuestra meta con una comprensión de la naturaleza búdica, tendremos una comprensión clara y una convicción, genuinas, de que es factible alcanzar la iluminación por el bien de los demás. Si pensamos que no es posible o tenemos nuestras dudas, ¿cómo podemos aspirar a ella?, ¿qué caso tendría? Si llegar a ser un buda es un cuento de hadas, nuestra práctica es una broma. El budismo se reduciría a “sólo sé una buena persona”, que es lo que enseña cualquier religión.