Los archivos Berzin

Archivos budistas del Dr. Alexander Berzin

Cambie a la versión para lector de pantalla de esta página Salte a la navegación principal.

Inicio > Fundamentos del budismo tibetano > Nivel 2: Material lamrim (etapa gradual) > Breve presentación de los puntos principales acerca del karma

Breve presentación de los puntos principales acerca del karma

Alexander Berzin
Berlín, Alemania, marzo 28 de 2001
Traducido por Enrique Mendoza Lugo

El karma y las cuatro verdades nobles

Esta noche vamos a hablar acerca del karma. Este es un punto central en el budismo, podemos ver su importancia al contemplar cómo encaja con Las Cuatro Verdades Nobles, los cuatro hechos que son vistos como una verdad por cualquier ser realizado. Estas cuatro verdades son lo que el Buda enseñó como la estructura básica de sus enseñanzas.

El primer hecho de la vida es que es difícil y está llena de problemas. ¿Cuáles son estos problemas? Son básicamente los diferentes niveles de felicidad e infelicidad que tenemos a cada momento. Este es el problema verdadero.

A veces tenemos experiencias de sufrimiento burdo, infelicidad y dolor, las cuales son obviamente un problema. Otras veces experimentamos felicidad, pero esto es fugaz, no permanece. Esta felicidad fugaz tiene muchos problemas; es la llamada “felicidad manchada”, manchada con confusión. Significa que no solamente no perdura, sino que tampoco nos da satisfacción. Tenemos la felicidad de disfrutar una buena comida y sentirnos satisfechos, pero eso no perdura, no elimina el problema de estar hambriento por siempre. Además, mientras más comiéramos en una comida, más felices deberíamos estar; pero este no es el caso. Si comemos mucho, nos enfermamos. Tampoco hay certeza acerca de lo que vendrá después de que nuestra felicidad acabe. Podríamos estar felices por alguna otra cosa o podríamos sentirnos infelices o sólo neutrales. No podemos encontrar ninguna seguridad en esta felicidad fugaz, así que es un problema. Podemos disfrutar esta felicidad fugaz por lo que es en sí misma, pero no es algo que pueda resolver todos nuestros problemas. Siempre queremos más y más.

El tercer tipo de problema verdadero es cuando experimentamos una sensación neutral. Vamos a dormir y nos sentimos neutrales, no pasa mayor cosa. Pero eso tampoco soluciona nuestros problemas; no podemos quedarnos dormidos por siempre.

Una de estas sensaciones (feliz, infeliz, o neutral) acompañará cada uno de los momentos de nuestra existencia samsárica. Esto es lo que el Buda describió como el verdadero problema; no se trata sólo de que no encuentro trabajo. Es muy importante darnos cuenta de que estamos hablando de lo que sucede en todos y cada uno de los momentos de nuestra vida, no sólo a veces.

Todas estas experiencias problemáticas de la vida vienen de una causa. Básicamente la causa de estas experiencias problemáticas es el karma y las emociones y actitudes perturbadas. Dejémoslo así. Los problemas reales son la maduración del karma y las causas reales son el karma; así que la verdadera cesación es detener el karma y las emociones perturbadas, y el camino verdadero, o la vía de la mente, es el entendimiento que dará lugar a la cesación verdadera. De esta manera, el karma es un tema fundamental en las enseñanzas budistas, así que es muy importante entender lo que es.

La definición de karma

Cuando buscamos la definición de karma, encontramos que se define distinto en los diferentes sistemas budistas, como casi todo en el budismo. Vamos a apegarnos aquí a la definición más simple, de acuerdo a la cual el karma es un impulso mental (sems-pa). Este apremio mental es el que nos lleva en la dirección de una experiencia particular. El karma no es una acción en sí misma. Frecuentemente la gente se confunde, pensando que se refiere a las acciones, debido especialmente a que algunos traductores traducen karma como “ acción”. De ninguna manera es la acción; karma es el impulso de actuar.

Este impulso que nos lleva a actuar es un factor mental y siempre está acompañado de otros tres factores mentales. El primero es el distinguir (‘ du-shes), generalmente traducido como “ reconocer”. Nosotros distinguimos un objeto dentro del campo de nuestros sentidos: esta persona en comparación a esa otra persona, este objeto en comparación a ese otro. Necesitamos distinguir el objeto hacia el cual nuestra acción va a ser dirigida. El segundo es una intención (‘ dun-pa), la cual es también como el objetivo: ¿que intención tenemos? Tenemos la intención de lastimar a esta persona o de ayudarla. El tercer factor mental es la emoción que va con ello. Puede ser una emoción perturbada, como el enojo, o una positiva, como el amor. Queremos dañarlos porque estamos enojados o ayudarlos porque sentimos amor por ellos. El impulso que nos lleva a cometer la acción es el karma.

El significado budista de “motivación”

Otra palabra que a veces es confusa para nosotros aquí en Occidente es “motivación” (kun-slong). En el uso occidental que le damos a esta palabra, se refiere generalmente a la emoción detrás de algo. Decimos que estamos motivados por enojo o por amor. Sin embargo, cuando escuchamos la palabra motivación en un contexto budista, se está traduciendo una palabra que no significa motivación en el sentido occidental. La intención o el objetivo es el aspecto principal de la motivación desde el punto de vista budista y la emoción que lo apoya es secundaria. Probablemente mejor que traducir esta palabra como “motivación” sería el “esquema mental de motivación”.

Por ejemplo, al principio de cualquier enseñanza, cuando escuchamos “reafirmen su motivación”, significa básicamente reafirmar el objetivo, o sea nuestro propósito: ¿para qué estamos aquí? El propósito es aprender algo para dirigirnos a la dirección segura del refugio o para alcanzar la iluminación y así ser de beneficio a otros de manera más completa. Esto es lo que fortalecemos o reafirmamos. La emoción que acompaña este fin puede ser la compasión y el amor por todos los seres, pero eso no es el énfasis principal al fortalecer nuestra motivación. Por supuesto, necesitamos también reafirmar nuestro amor y compasión, lo cual, desde nuestro punto de vista occidental, es la emoción que nos está motivando a lo que estamos haciendo. Pero en el budismo se refiere a un esquema mental mucho más amplio.

Es útil diferenciar todos los factores mentales de los que estamos hablando aquí porque entonces podemos ajustarlos cuando hay algo inadecuado con cualquiera de ellos. Si no hacemos esta diferenciación, entonces es muy difícil saber cómo corregir o ajustar nuestro estado mental.

Karma mental, verbal y físico

Así, tenemos un impulso o karma. Cuando hablamos acerca de karma físico, verbal o mental, es el impulso de hacer algo, de decir algo y de pensar en algo. Este último generalmente no nos lleva a pensar acerca de algo por un sólo instante, sino por un periodo de tiempo, como el pensar acerca de vengarnos de alguien, tramando cómo hacerlo. Cuando hablamos acerca de actos físicos y verbales, estos usualmente empiezan con impulsos mentales, un karma mental. El impulso de hacer algo viene primero. Es como: “Creo que voy a llamar a alguien”. Ese es un impulso mental. Tiene su propia emoción acompañándolo, su finalidad, y su propia distinción del objeto. Entonces el karma real, físico o verbal, es el impulso con el cual empezamos a hacer la acción y el impulso que viene en cada momento para sostener la acción hasta que se acabe. Este es el karma físico y verbal.

Por supuesto que los factores mentales acompañantes podrían cambiar de lo que originalmente fueron. Por ejemplo, pensamos que íbamos a hablar con nuestra amiga, pero su hija contesto el teléfono y, pensando que era su mamá, empezamos a hablar. O inicialmente la emoción era amor, pero a la mitad de la conversación nos enojamos. Teníamos la intención de decir algo agradable o decir algo ofensivo y, mientras hablábamos, nos distrajimos y nos olvidamos de decirlo. Todas estas cosas son variables que cambian y el karma es solamente el impulso de hacerlo, como el impulso de hablar. Por supuesto el impulso no sucede por sí mismo, se da con todos estos factores juntos, pero ninguno de ellos es la acción en sí misma. La acción en sí misma es algo distinto.

La acción en sí misma es lo que yo llamo una “fuerza kármica positiva” (bsod-nams) o una “fuerza kármica negativa” (sdig-pa). Es lo que usualmente se traduce como “mérito” o “ pecado”, se refiere a la acción en sí misma, que actúa como una fuerza kármica. Cuando se acaba quedan sus remanentes kármicos que continúan con nuestro continuum mental (potenciales kármicos, tendencias, hábitos constantes, etc.). Son abstractos. No voy a platicar de los diferentes tipos de remanentes porque es demasiado complejo. Pero cuando las emociones y actitudes perturbadas los activan, estos remanentes kármicos maduran en consecuencias diversas de nuestra experiencia momento a momento.

[Ver: Los mechanisos del karma, sesión tres: Los remanentes del karma.]

La maduración de las consecuencias del karma

¿En qué maduran los remanentes del karma?

Antes que nada, maduran en problemas reales, sensaciones de felicidad, de infelicidad, o neutrales. Podríamos estar haciendo las mismas cosas ayer y hoy, pero ayer nos sentimos felices al hacerlo y hoy nos sentimos infelices al hacerlo. Esto es la maduración del karma. Voy a usar aquí “ maduración del karma” de una forma muy libre.

También lo que madura es experimentar los agregados de nuestro renacimiento, el ambiente en el cual nacemos y en el que nos encontramos; el tipo de cuerpo y de mente que tenemos, nuestra inteligencia o falta de ella y así sucesivamente, y en este renacimiento, sentir diferentes momentos de felicidad o infelicidad.

En cada momento también está sentir ganas de hacer algo similar a lo que hemos hecho anteriormente. “Tengo ganas de llamar a alguien; tengo ganas de gritarte”. “¿Qué tienes ganas de hacer?” “Tengo ganas de rascarme la cabeza”. Esa es la maduración del karma: aquello que tenemos ganas de hacer. De tener ganas de hacer algo puede llegar hasta sentirse la necesidad de hacerlo. El tener ganas de hacer algo (‘ dod-pa) y el impulso de hacerlo son dos cosas diferentes.

Lo que también madura es el experimentar una situación similar a lo que hicimos, con las mismas cosas pasándonos a nosotros. Siempre estamos gritando a otros y entonces experimentamos personas que nos gritan, o siempre somos amables con otros y experimentamos personas que son amables con nosotros.

Todas estas cosas suben y bajan, cada una a diferente ritmo. Esto significa que diferentes cosas están madurando en diferentes momentos, mezcladas de diferente forma y nunca sabemos lo que seguirá a continuación. Nunca sabemos si vamos a sentirnos felices o infelices en el próximo momento y no sabemos qué vamos a tener ganas de hacer dentro de cinco minutos. Esto está cambiando todo el tiempo. Alguien me llama por teléfono y quiere venderme algo o… ¿quién sabe qué va a pasar? Algunas veces son cosas buenas y a veces son muy poco placenteras. Sube y baja todo el tiempo y no tenemos idea de qué es lo siguiente, esto es la incertidumbre. Es horrible ¿verdad? No sólo eso, a un nivel más burdo nuestros renacimientos también van a tener altibajos.

Desde el punto de vista mahayana, existe algo más que madura del karma: a cada momento estamos generando y experimentado lo que yo llamo “percepción periscópica”. Sólo podemos ver una pequeña fracción de lo que está pasando y sus causas, esto también es resultante del karma. No tenemos idea de por qué nos están pasando las cosas, o cuáles van a ser los resultados de nuestras acciones, así que tenemos esta visión de túnel muy limitada. Esto también es el resultado de nuestro karma. Nos hace “seres limitados”, seres con mentes limitadas, en comparación con los budas omniscientes.

Toda esta maduración del karma es la primera verdad noble, problemas verdaderos. Creo que ahora podemos apreciar un poco más lo que el Buda quería decir con el primer hecho de la vida, problemas verdaderos; es la maduración del karma. Lo más terrible es que estamos tan confusos que causamos que madure el karma y causamos que surjan más impulsos que perpetúan el ciclo. Es lo que se describe en los doces eslabones de surgimiento dependiente.

[Ver: Los doce eslabones de surgimiento dependiente.]

Es importante recordar que la discusión del karma incluye los impulsos que no sólo traen conductas destructivas, sino también conductas constructivas mezcladas con confusión y conductas no específicas mezcladas con confusión. Una acción constructiva mezclada con confusión sería: “Quiero ayudarte porque te quiero agradar y deseo que seas amable conmigo”. O: “Te quiero ayudar para sentirme necesitado, porque así me siento importante y útil”. O puede ser el impulso de hacer algo no específico, esto significa ni constructivo, ni destructivo, como jugar con los pulgares o golpetear en la mesa o subir y bajar nuestras rodillas, o algo así. Está mezclado con confusión. Somos ingenuos porque no entendemos realmente que esto molesta a otras personas o nos hace ver ridículos.

El karma es acerca de todos estos tipos de conductas, del impulso que los causa.

Las cuatro leyes generales del karma

Hay cuatro leyes generales del karma.

La primera es la certeza de los resultados. Esto es dicho en forma muy especial. Si experimentamos infelicidad, existe la certeza de que es por la maduración de nuestra conducta destructiva previa. No está diciendo que si cometemos actos destructivos, haya certeza de que van a madurar en infelicidad. ¿Por qué? Porque podemos purificar el karma negativo. Si fuera dicho de la segunda manera, estaría sugiriendo que es imposible purificar el karma. Si experimentamos infelicidad, podemos estar seguros de que proviene de una conducta destructiva; si experimentamos felicidad, podemos estar seguros que maduró de una conducta constructiva. Es muy importante entender esta relación entre conducta y el sentir un nivel de felicidad o infelicidad. No estamos diciendo que si actuamos destructivamente, producirá infelicidad.

Vamos a ver las muchas variantes de esta relación entre sensaciones y acciones. No estamos hablando aquí acerca de la felicidad o infelicidad que nuestras acciones les causan a otros; no hay certeza alguna respecto a eso. Por ejemplo, recientemente dejé mi computadora en un establecimiento para reparación y fue robada de esa tienda. Estaba muy contento porque esa computadora constantemente se descomponía y así pude cobrar el seguro y con ese dinero comprar una nueva. El ladrón no me causó infelicidad. Esta ley del karma nos habla acerca de la experiencia de felicidad o infelicidad de la persona que comete la acción.

Tampoco es seguro que sea lo que vamos a sentir cuando cometamos cierta acción; no necesariamente se relaciona con la acción. Podemos abstenernos de cometer un acto sexual inapropiado, como tener sexo con la compañera de alguien más y al hacerlo sentirnos muy infelices. Tampoco es completamente seguro cómo nos vamos a sentir inmediatamente después de la acción: “ Estaba ayudando a alguien, entonces se fue a su casa, y me sentí muy deprimido”. Y como dijimos, no hay certeza alguna de que estos sentimientos vayan a madurar después, porque podemos purificarnos de las consecuencias kármicas de nuestras acciones. Lo único certero es que si estamos experimentando estos sentimientos, sin importar cuando suceda, es que son el resultado de alguna acción previa constructiva o destructiva. Si nos sentimos infelices cuando nos abstenemos de cometer adulterio, esa es la maduración de alguna causa destructiva previa.

También debo mencionar qué es una acción constructiva ya que algunas personas pueden confundirse con respecto a esto. Abstenernos de matar es una de las diez acciones constructivas. No estoy pensando acerca de ir matando personas por ahí, el hecho de no matar gente no es la acción constructiva de refrenarnos de matar gente. La acción constructiva sería que, si hubiera un mosquito zumbando alrededor de mi cabeza y sintiera el impulso de matarlo, al pensar en las consecuencias de matarlo, no lo hiciera. En ese momento, abstenerme de matar es la acción constructiva de no matar. Cuando hablamos de este tipo de conducta constructiva de refrenarnos de acciones destructivas, es muy activo; no es solamente decir: “Bueno, nunca mato, así que bien podría tomar el voto de no matar”. No es suficientemente fuerte. Claro que tomar un voto es siempre benéfico, pero la acción real constructiva es abstenernos de una acción destructiva cuando queremos hacerla y frenarnos porque entendemos las consecuencias. Por supuesto, también están las acciones constructivas de ayudar a alguien o dar algo a alguien. Esas son de otro tipo.

La segunda ley del karma es el incremento de resultados: a una pequeña acción pueden seguir resultados muy grandes. Decimos algo desagradable a nuestra pareja y entre más dejemos sin resolver el problema, más crece el resentimiento. Todos conocemos esto por nuestra experiencia individual.

La tercera ley es que si no hemos cometido cierto tipo de acción, no vamos a experimentar sus resultados. Muchas personas mueren en un accidente aéreo, pero algunas sobreviven, ¿por qué? Ellos no crearon la causa para morir en ese accidente, así que no experimentan los resultados. Si realmente nos hemos purificado completamente de todo nuestro karma, entonces no hay nada que temer. Aun si vamos a un lugar peligroso con ladrones y demás, no vamos a experimentar el ser robados porque nos hemos purificado de las causas kármicas de ser robados. Nadie podía dañar al Buda, por ejemplo.

La cuarta ley es: si hemos cometido una acción, los remanentes kármicos en nuestro continuum mental no desaparecen por sí mismos; no se van a hacer tan viejos que no maduren. Eventualmente, en algún momento, a menos que lo purifiquemos, van a madurar. Puede tomar un millón de años, pero van a madurar a menos que lo purifiquemos.

Estas son las leyes generales del karma. También, una acción puede dar muchos resultados en varias vidas. El ejemplo usado en los textos es el de alguien que le dijo a un bodisatva que era un mono y renació como mono quinientas veces. Si podemos o no relacionarnos con este ejemplo no es el punto; el punto es que todo esto no es tan lineal. Una acción puede tener muchos resultados durante muchas vidas y muchas acciones juntas pueden crear un sólo resultado. Este ejemplo es útil si nos hace pensar dos veces antes de llamar a un policía “cerdo”.

Los cuatro factores necesarios para que los resultados kármicos sean completos

Cuando hablamos acerca de una acción kármica, se necesitan cuatro factores para que los resultados sean completos. Si falta alguno de estos factores, el resultado no será tan fuerte, pero eso no significa que no habrá resultados.

Primero que nada está una base. Debe existir una base, un ser o un objeto al cual se dirija el acto. Pensamos que alguien ya había pasado demasiado tiempo en el baño y empezamos a gritarle, pero entonces resultó que no había nadie en el baño. Esto no es tan fuerte como si realmente hubiera estado alguien adentro. Tiene que haber alguien que escuche nuestros gritos, los entienda y tome en serio lo que decimos. Si la persona es sorda o tenía el radio prendido y no podía oírnos, no es tan fuerte.

El segundo factor que necesita estar completo es el impulso, o sea, el karma en sí mismo y los otros factores que acompañan ese impulso. Así que necesita existir un correcto reconocimiento o distinción del objeto. Por ejemplo, pensé que la sombrilla que tomé era la mía, pero me equivoqué y tomé la tuya por error. Si hacemos esto por error, entonces tiene un resultado mucho más débil que escoger la mejor sombrilla y llevárnosla. Pero, aun si la tomamos por error, es una acción destructiva; sólo que no es una acción destructiva tan fuerte. El segundo componente acompañante es la intención. Si la intención no existe, es como cuando estamos bailando con alguien y no queríamos pisarlo, pero lo hicimos. Eso es mucho menos pesado que si lo hiciéramos intencionalmente. El tercer componente es que necesita existir una emoción perturbada cuando se trata de una acción destructiva. Si matamos un mosquito que está zumbando cerca de la cabeza de nuestro bebé y lo hacemos, no porque odiamos al mosquito sino porque amamos a nuestro bebé y queremos protegerlo; eso es muy diferente a matar al mosquito porque lo odiamos. Todo esto es el segundo factor, el impulso.

El tercer factor es la acción. Tenemos que realmente llevar a cabo la acción. Si estaba planeando gritarte, pero entonces alguien tocó la puerta o el teléfono sonó y de hecho no lo hice, no tiene tanto peso como realmente hacerlo. Si sólo soñé con matarte, no lo hice en realidad; aunque el soñar en matar es una acción destructiva y puede estar acompañada de mucho enojo y demás, y podríamos de forma muy intencional tratar de matar a la persona en el sueño, no tiene tanto peso como matar a la persona, porque no hay una acción involucrada.

Después debe existir la conclusión. Este es el cuarto factor. Si le disparamos a alguien con la intención de matarlo y fallamos y sólo le damos en un brazo, nuestra acción no alcanzó a concluir la intención, así que tiene menos peso. Si realmente queríamos dañar a alguien con lo que dijimos y no lo herimos para nada, porque no nos creyó o lo que sea, no tiene tanto peso como si realmente hubiéramos dañado a la persona. Lo mismo que si mentimos y no nos creen. Podemos ver que los resultados de nuestras acciones son realmente complejos; existe una gran cantidad de diferentes factores involucrados.

Participante: ¿Es lo mismo para las acciones positivas?

Sí. Por ejemplo, si intento ayudarte, pero ayudé a otro en tu lugar; si no intenté ayudarte, pero lo que hice te ayudó de todas maneras; o hice algo para ayudarte que no te ayudó en forma alguna. Esto ocurre frecuentemente. Hacemos una buena comida para complacer a alguien que se ahoga al comerla y va a dar al hospital. O la odian; tiene un sabor horrible para ellos. Todos estos factores también están presentes en las acciones constructivas.

El karma que arroja y el que completa

Otra división del karma es lo que se llama “el que arroja y el que completa”.

El karma que arroja (‘ phen-byed-kyi las) es un impulso que nos lanza a la siguiente vida. Para ser más específico, es un impulso para hacer algo, tan fuerte, que sus consecuencias kármicas nos pueden llevar a una vida futura. Puede dar forma al tipo de renacimiento que tomaremos, por ejemplo como un perro o como un humano. Esto es cuando el impulso está acompañado por una muy fuerte intención y una emoción acompañante muy fuerte. Si realmente actuamos de acuerdo a ese impulso y alcanza su intención final, puede formar el tipo de renacimiento que tomaremos. Esto es el llamado “karma que arroja”.

El karma que completa (rdzogs-byed-kyi las) es cuando la intención o motivación y la emoción acompañante no son tan fuertes. Esto va a resultar en las circunstancias que completan el renacimiento en ese estado particular de renacimiento, por ejemplo si somos un perro callejero y sarnoso en las calles de la India o un poodle en una casa de ricos en Occidente. Hay cuatro posibilidades: puede existir un karma que arroja positivo y uno que completa negativo, uno que arroja negativo y uno negativo que completa, etc.

Karma actuado y karma acumulado

Otra división,  que es realmente interesante, es el “karma actuado” y el “karma acumulado”.

El karma actuado (byas-pa’i las) se refiere a cualquier impulso kármico físico o verbal que de hecho nos ha conducido a cometer una acción física o verbal, haya o no sido impulsada (bsam-pa), en el sentido de haber sido acumulada o dada, por nuestros propios pensamientos impulsivos o deliberación previa. El karma acumulado (bsags-pa’i las) se refiere a cualquier impulso kármico que ha sido urgido, en el sentido de haber sido acumulado o dado, por nuestros propios pensamientos impulsivos o deliberación previa, haya o no conducido de hecho a cometer una acción física o verbal. Si el karma acumulado no conduce a una acción verbal o física, el karma acumulado es karma mental – un impulso mental para decir o hacer algo, basado en un proceso de pensamiento previo – .

De esta distinción, podemos ver que hay cuatro posibilidades. Por ejemplo: Planeé dañarte o ayudarte, pero de hecho no lo hice; no planeé ayudarte, pero lo hice; planeé hacerlo y realmente lo hice; o no lo planeé y no lo hice.

Sólo es con acciones que hemos planeado y que de hecho cometemos con las que existe la seguridad de experimentar los resultados.

Ahora, frecuentemente las personas malinterpretan esta clasificación y piensan que hay algunas acciones que no van a producir resultado alguno con certeza y otras acciones que ciertamente van a tener resultados. Esa no es la diferencia que se explica aquí, aunque cuando purificamos nuestro continuum mental de los remanentes kármicos de acciones destructivas, no necesitamos experimentar sus resultados. Pero, cuando hablamos acerca de la certeza de resultados en este contexto, estamos hablando primordialmente acerca de la certeza de cuándo van a madurar. Para las acciones que planeamos pero que realmente no llevamos a cabo, no hay certeza de cuándo van a madurar. Pueden madurar en cualquier momento, en esta vida, en la próxima, o en cualquier vida después de la próxima. Si no creemos en vidas futuras, como muchos occidentales, es importante saber qué acciones van a madurar en esta vida. Mucha atención, éstas tienen que ser planeadas y de hecho ser cometidas.

Acciones kármicas, los resultados de las cuales madurarán en esta vida

Hay cuatro tipos de acciones kármicas en general, ya sea destructivas o constructivas, que dan resultados que empezarán a madurar en esta vida. Sin embargo, su maduración continúa también en vidas futuras.

El primer par son las acciones destructivas que son provocadas por extremo apego a nuestro cuerpo, posesiones o vida; y las acciones constructivas que provienen de una extrema indiferencia por cualquiera de estos tres. Por ejemplo: estoy tan apegado a mí carro que si le das un golpe, destrozo tu carro con un bat de béisbol. O puede ser que estoy tan apegado a no enfermarme que rehúso ayudar a alguien con una enfermedad contagiosa. Por otro lado, puedo estar tan desapegado a mi cuerpo que entro corriendo a un edificio en llamas para rescatar a un niño atrapado adentro.

El segundo par son las acciones destructivas provocadas por pensamientos extremos de malicia hacia cualquiera, como torturar a un prisionero enemigo, o una acción constructiva provocada por pensamientos extremos de amor y altruismo, como cuidar a un soldado enemigo herido.

El tercer par incluye acciones destructivas provocadas por un deseo extremadamente fuerte de dañar al Buda, al Darma o a la sanga, a los maestros espirituales, etc., como destruir un monasterio y matar a los monjes. También incluye acciones constructivas provocadas por la creencia de extrema confianza en las buenas cualidades de las tres joyas y los maestros espirituales, como construir una estupa o hacer una donación para una publicación de Darma o para construir un centro budista.

El cuarto par son las acciones destructivas basadas en una falta total de agradecimiento y respeto, y las cuales son dirigidas contra alguien que nos ha ayudado en gran medida, como nuestros padres o maestros; o las acciones constructivas dirigidas hacia ellos mismos, basadas en retribuir su bondad. Por ejemplo, no cuidar a nuestros padres cuando están viejos y enfermos o no ayudar a nuestros maestros espirituales con sus proyectos. Pero recuerden, tenemos que pensar en realmente involucrarnos en tales acciones y no sólo hacerlas espontáneamente o vernos forzados a hacerlas.

Factores que afectan la fuerza de maduración del karma

Los remanentes kármicos de nuestras acciones pueden madurar en algo fuerte o de mucho peso o en algo ligero y trivial. Así que el último tema del que quiero platicar es acerca de los diferentes factores que afectan la fuerza de los resultados que maduran ya sea del karma negativo o positivo. La lista es más bien larga.

El primer factor es la naturaleza de la acción o el fenómeno involucrado. Esto es en términos del sufrimiento o felicidad que causa a la otra persona en general. Matar a alguien es de mayor peso que robar su coche; salvar la vida de alguien tiene mayor fuerza que darle algo de dinero.

El segundo factor es la fuerza de la emoción, perturbada o positiva, que acompaña al impulso. El dañar a alguien con un odio recalcitrante es mucho más fuerte que dañarlo con sólo un poco de enojo. Para ahorrar tiempo, les voy a dar ejemplos del resto de la lista mayormente para actos destructivos, pero ustedes pueden inferir de ellos ejemplos de acciones constructivas.

El tercer factor es el impulso distorsionado que nos obliga, en otras palabras, a cometer una acción pensando que no hay nada malo en hacerla, que está bien, esté o no acompañada por una actitud antagonista distorsionada. Por ejemplo, vamos a la guerra a matar a todos las personas de un cierto grupo étnico y pensamos que es perfectamente correcto y cualquiera que piense que está mal, es estúpido. Ésa es una actitud antagónica distorsionada. O que es perfectamente correcto matar animales porque ellos han sido creados para nuestro uso. Si esa es la clase de actitud presente, la acción tiene mucho peso.

El cuarto es la acción en sí. Esto es en términos de la cantidad de sufrimiento causado a la víctima cuando se lleva a cabo la acción. Arrancarle las alas a una mosca es de mayor peso que simplemente aplastarla con un matamoscas.

El siguiente es la base a la cual está dirigida la acción. Esto varía de acuerdo a la cantidad de beneficio que otras personas o nosotros mismos hayamos recibido de ese ser en el pasado, o vamos a recibir en el presente y el futuro, y de acuerdo a las cualidades del ser. Dichas cualidades incluyen las metas que el ser ha realizado o hacia donde se está dirigiendo. Por ejemplo, matar a un monje o a una monja es de mayor peso que matar a un laico, por sus objetivos y cualidades. O asesinar a Mahatma Gandhi tiene más peso que ejecutar a un criminal o sacrificar a una gallina.

El siguiente es el status o realizaciones del ser hacia el cual la acción está dirigida. Es más pesado si la víctima es alguien que acaba de terminar un retiro. Dañar a alguien enfermo, es más pesado, en comparación con alguien sano.

El siguiente es el nivel de consideración, se refiere a cuánto respeto tenemos hacia ese ser. Herir a alguien que respetamos es diferente que herir a alguien que no conocemos. Tengo mucho respeto por mi maestro espiritual, así que mentirle es de mayor peso que mentir a un extraño hacia el cual no tengo un respeto en particular.

Después está la condición de apoyo. Tiene más peso matar cuando hemos tomado un voto de no tomar la vida de otro ser, que si no hemos tomado ningún voto.

El siguiente es la frecuencia o el hábito. Si hemos llevado a cabo muchas veces cierta acción en el pasado, es de más peso. Haber cazado toda nuestra vida es más pesado que dispararle a un venado una sola vez.

Después viene el número de personas involucradas en cometer la acción. Si somos parte de toda una banda que golpea a alguien, es de más peso que hacerlo nosotros solos. En oposición, hacer una puja con un número grande personas es una acción positiva más fuerte que sólo hacerlo nosotros mismos en nuestro cuarto. Esta es la razón por la que los tibetanos suelen hacen pujas en grupos numerosos.

Después viene el seguimiento, si repetimos o no la acción en el futuro.

El último factor es la presencia o ausencia de fuerzas oponentes. En otras palabras, si compensamos con muchas acciones constructivas algo destructivo, o no; o si en el pasado hicimos algo constructivo, si es o no contrarrestado por muchas cosas destructivas.

Aunque esto parece como una larga lista y posiblemente un poco tediosa de revisar, indica, sin embargo, algunos puntos que son muy útiles si tenemos que hacer algo negativo o positivo y deseamos saber cómo hacerlo más ligero o más fuerte respectivamente. Si tenemos que hacer algo destructivo, como fumigar una casa por las cucarachas o algo así, podemos tratar de hacerlo sin odio, no hacerlo tan frecuentemente, y no invitar a todos nuestros amigos a la casa y tener una fiesta por matar cucarachas pensando que es muy divertido. Por el contrario, si estamos haciendo algo positivo, es muy bueno invitar a nuestros amigos a hacerlo juntos y hacerlo con una sentimiento positivo y hacerlo frecuentemente, como hacer pujas en casa.

Así que estos factores nos indican cómo influenciar los resultados de nuestras acciones aun cuando estemos actuando compulsivamente y con confusión. Si vamos a ayudar a otros, podemos empezar ayudando a quienes han sido más bondadosos con nosotros, nuestros padres, por ejemplo. Si tenemos que herir o decepcionar a alguien, como cuando no tenemos tiempo de llamar a todos los que tenemos que llamar, no decepcionemos a quien ha sido muy bondadoso con nosotros, como nuestros padres. Esto no es sólo una lista, sino algo que necesitamos trabajar con nuestras acciones hacia otros en nuestra vida diaria.

La ausencia o presencia de fuerzas oponentes

El último punto en la lista, la ausencia o presencia de fuerzas oponentes, es especialmente importante. Aquí es donde empezamos la plática sobre la purificación del karma, que no trataré a detalle esta noche, pero permítanme mencionar algunos puntos.

[Para más detalle acerca de la purificación del karma, ver: Los doce eslabones de surgimiento dependiente, trecer día: Los últimos cinco eslabnoes y el mecanismo del samsara.]

Una acción destructiva es muy pesada si no la consideramos como un error que va a tener consecuencias negativas. Una fuerza oponente sería admitir abiertamente que fue un error y que fue algo inapropiado. Aun si pensamos que no hubo nada malo con lo que hicimos cuando lo hicimos, si admitimos después que fue un error, empezarán a purificarse las consecuencias y al menos hacerse de menor peso.

Una acción destructiva también es de mucho peso si la hicimos con regocijo, sin arrepentimiento alguno y disfrutamos haberla hecho. La fuerza oponente sería el arrepentimiento.

El siguiente factor que hace que una acción sea de peso es si no tenemos el deseo ni la intención de dejar de repetirla. Como si pensáramos: “Voy a continuar escuchando música con el volumen alto toda la noche. No me importa si mantiene a mis vecinos despiertos”. Lo opuesto a ello es pensar: “Voy a tratar de no repetir la acción”.

El último es no pensar en reparar el daño. Lo opuesto a ello es aplicar la acción constructiva de remedio.

Esta es la forma en que tenemos los cuatro poderes oponentes tan importantes de aplicar en la meditación de Vajrasatva o cualquier otro tipo de purificación. Cada una es recomendada para propósitos específicos.

Necesitamos añadir un punto más a este asunto de la ausencia o presencia de las fuerzas oponentes. Otra cosa que hace de peso a una acción es cuando hacemos algo sin el menor sentido de dignidad moral propia o interés en cómo nuestras acciones afectan a otros. No nos importa nuestro honor personal y no nos importa qué piensen las personas de nuestra familia, maestros, conciudadanos, etc. La fuerza oponente para ello es, con un sentido de dignidad propia e interés en cómo nuestras acciones se reflejan en los demás, reafirmar nuestra dirección segura y bodichita: “ Estoy haciendo algo positivo en mi vida”. Un ejemplo de esto sería un alemán en algún lugar, comportándose de manera muy ruidosa y haciendo todo tipo de disturbios, sin importarle lo que esto afecte la forma en que la gente piense acerca de los alemanes.

Pienso que lo vamos a dejar aquí por esta noche. Si alguien tiene preguntas, por favor háganlas.

Preguntas

Pregunta: Usted dijo que nadie podía dañar a un buda, pero al Buda le sirvieron comida descompuesta y esto le causó la muerte por envenenamiento y Jesús fue crucificado. ¿Cómo pasó esto? También he escuchado que una nación o sociedad que mata a un buda se ha echado encima algo tan negativo que tal sociedad es destruida después.

Respuesta: Bueno, antes que nada, en el budismo existen muchas explicaciones de los acontecimientos de la vida del Buda. Pero si vemos la explicación mahayana, entonces, cuando al Buda le fue servida comida descompuesta y murió por esa causa, fue porque él permitió que así sucediera. No pasó incontroladamente como si fuera la maduración de algún karma negativo. El Buda permitió que pasara con el fin de dar a sus discípulos enseñanzas acerca de la impermanencia.

Además, en términos del karma al matar a un buda existe una diferenciación entre el karma que un individuo va a experimentar o del karma que todos van a experimentar. Esto depende de si la acción fue hecha por una persona, un grupo de personas, o todos. El ejemplo que siempre se da es Bodghaya. La gran estupa del Buda ahí fue destruida muchas veces, así que la acción kármica no fue realmente matar a un buda, sino destruir una representación del Buda. Como resultado kármico, Bodghaya es el lugar más pobre de la India, lleno de pordioseros, leprosos deformes y mosquitos. Esta es la razón que se da de por qué todos los pordioseros deformes se congregan en esta área; es por esta acción colectiva. Mucha gente estuvo involucrada en la destrucción de la estupa y así muchos seres experimentan juntos el resultado, estos limosneros, leprosos, etc.

Pregunta: Con la presente epidemia de la enfermedad de pies y boca, las autoridades han decidido sacrificar a todo el ganado. Debido a que soy un miembro de la sociedad en la cual esto está pasando, esa matanza sería una acción de grupo, ¿no es así? ¿Tengo que sufrir los resultados kármicos colectivos de esa acción de grupo o no? ¿Cómo evito esto?

Respuesta: Antes que nada, recuerda la cuarta ley del karma: si no hemos cometido una acción, no experimentamos el resultado. Si no hemos matado a los animales, no estamos involucrados en la acción kármica. Las diversas personas que están realmente haciendo la matanza son los que están en sí involucrados en la acción kármica.

Sin embargo, existe un punto relacionado a regocijarse en las acciones de los demás. Si nos regocijamos en las acciones constructivas de los demás, construimos una energía kármica positiva; si nos regocijamos en las acciones destructivas de los demás, eso crea una fuerza kármica negativa. Así que, si pensamos que llevar a cabo este sacrifico es algo realmente maravilloso, eso es una cosa. Pero si pensamos que es terrible que los estén matando y sentimos gran compasión, es una forma positiva de pensar.

Necesitamos ser cuidadosos de no acompañar esto con ingenuidad. Estos animales, este ganado, de cualquier forma iba a morir por la carne, así que solamente es cuestión de cuándo iban a ser sacrificados. Tener compasión por ellos sólo porque van a matarlos debido a la epidemia, sin importarnos si van a morir por obtener la carne es ingenuo. Nuestro pensamiento con compasión aquí es una acción constructiva, pero está acompañada de la emoción perturbada de la ingenuidad. Así que necesitamos analizar siempre, cuidadosamente, todas nuestras acciones y pensamientos.

Dedicatoria

Terminamos con la dedicatoria. Vemos lo importante que es entender los diversos factores del karma porque, aunque complejo, (es lo más complejo en el budismo), entre más lo entendemos, más podemos empezar a afectar y darle forma a nuestro comportamiento y al peso de sus consecuencias. Como en este ejemplo, podemos tratar de desarrollar compasión en general por el ganado, no sólo porque ellos tienen una enfermedad.

Que toda la energía positiva que hayamos generado por esto, crezca cada vez más fuerte, y que cualquier entendimiento que hayamos obtenido se haga cada vez más profundo, así que lentamente podamos empezar a debilitar los efectos de nuestro karma y eventualmente vencer todo nuestro karma, para que podamos ser de la mejor ayuda a todos.