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Resumen de “Consejos para estudiar la vacuidad”

Alexander Berzin
Morelia, México, abril 2004

Preliminares para su entendimiento

La vacuidad es uno de los temas más importantes de todas las enseñanzas budistas, y al mismo tiempo, es uno de los más difíciles de entender. Pero no deberíamos dejarnos espantar por el vacío. Tal como Shantideva nos dice en el Bodhisattvacharya-avatara: si hemos de tenerle miedo a algo, tengámosle miedo a la ignorancia que nos mantiene atados al sufrimiento y al samsara. ¿Por qué deberíamos tenerle miedo a las enseñanzas, aunque sean difíciles, si nos van a permitir liberarnos de la ignorancia, y por lo tanto, del sufrimiento? Es tan absurdo como si en lugar de estar espantados por los enemigos le tuviéramos miedo a nuestro guardaespaldas. Es importante no tenerle miedo al vacío y a su estudio sólo porque es difícil. ¿Quién dijo que tenía que ser fácil? Si fuera fácil, todo el mundo lo entendería y nadie tendría problemas nunca más. En nuestro caso, para entender realmente el vacío, necesitamos generar una inmensa cantidad de factores o fuerzas positivas, o mérito. Esto es algo que no puede ser lo suficientemente enfatizado.

Las fuerzas positivas se fortalecen fundamentalmente restringiéndonos de llevar a cabo acciones destructivas. No es algo simplista como, por ejemplo, decir: “bueno, yo no soy una de esas personas que matan. O que salen de cacería o de pesca”. Esto es algo demasiado fácil. No es este el tema. De lo que estamos hablando es de tener una actitud adecuada cuando el mosquito nos está zumbando todo el rato y se para en nuestro brazo; se trata, por ejemplo, de restringirnos de matarlo de inmediato y aprender formas más pacificas de manejar esa situación. Esto, por supuesto, es bastante más difícil que renunciar a la cacería. Y esto es lo que realmente construye fuerzas positivas.

 

También construimos una cantidad enorme de fuerzas positivas llevando a cabo acciones constructivas como, por ejemplo, asistir a enseñanzas de Darma, estudiar, reflexionar acerca de las enseñanzas y meditar sobre estos temas. Y sobre todo tratar de aplicar en nuestra vida cotidiana lo que aprendamos, haciendo nuestro mejor esfuerzo para tratar de entender lo máximo posible.

 

También generamos enormes fuerzas positivas al ayudar a los demás lo mejor que podamos. Aunque hay que reconocer que en el estadio actual en que nos encontramos, debido a la confusión, no sabemos qué es de verdadera ayuda para los demás. Pero debemos hacerlo con la mejor intención y lo mejor que sepamos, acorde con nuestra capacidad.

 

Simultáneamente, es importante deshacernos de fuerzas negativas en la mayor medida posible, mediante la práctica de diversas técnicas de purificación. Todo esto ayuda a que nuestra mente esté más despejada y clara para dar cabida a las enseñanzas. Porque si nuestra mente está cerrada o llena de impresiones negativas o destructivas, ¿cómo vamos a tener la capacidad de entender enseñanzas que de por sí son muy complicadas, como las de la vacuidad?

 

Igualmente, si llegamos a unas enseñanzas y las empezamos sin ningún preparativo previo, también es difícil entrar en fase porque nuestra mente está ocupada con nuestros asuntos de la vida cotidiana. No vamos a tener la claridad ni la apertura para aprender las enseñanzas. Lo que fundamentalmente hacen los tibetanos es repetir cierto número de veces el mantra de Manjushri (el Buda de la sabiduría) con una fuerte intención de que nuestra mente esté abierta y clara. Esto genera cierta apertura.

 

También podemos invocar algunas visualizaciones para que cuando estemos más avanzados en el camino podamos tener más apertura y claridad. Pero si no visualizamos fácilmente, no tiene sentido presionarnos para obligarnos. Con repetir el mantra es suficiente. Todas estas cosas son sumamente útiles.

 

Adicionalmente, si somos capaces de generar aunque sea un poco de bodichita también es increíblemente útil. En primer lugar, porque si nosotros no tenemos una poderosa motivación o meta, no vamos a poner tanto interés ni tanta intención en aprender ésto. También, será más útil cuanto más abiertos estén nuestros corazones a todo el mundo, no sólo para los seres humanos, sino también para seres como, por ejemplo, las cucarachas.

 

Cuanto más abierta esté nuestra mente a la iluminación, cuanto más claras estén nuestras metas: aspirar a la iluminación y a la omnisciencia de un buda; cuanto mejor entendamos la vastedad que ésto significa, más motivación tendremos. Porque si lo hacemos desde una perspectiva apretada y restringida (por ejemplo, “voy a tratar de entender el vacío para ver si está acorde con las cosas que yo creo”), como una cosa muy pequeña que es sólo para mí, no tendremos la motivación necesaria. Si deseo entenderlo en beneficio de todos los seres, mi motivación será mucho mayor.

 

La manera en que esta fuerza positiva o mérito funciona es que nos ayuda para que podamos entender poco a poco la vacuidad, entender niveles sucesivos de penetrar en el entendimiento de la realidad. Esto se comprende más fácilmente si tomamos un ejemplo de la física. Si tenemos un trozo de hielo y le aplicamos calor (es decir, energía calorífica) cuanto más calor le apliquemos más forzaremos al hielo a cambiar de estado sólido a líquido. Y si seguimos aplicándole energía, eventualmente lo vamos a transformar de estado líquido a gaseoso. De la misma manera, esta fuerza de energía positiva que nosotros aplicamos con todo lo que construimos, nos ayuda a ir avanzando fase a fase y a través de niveles de entendimiento. Nos quedaremos en un nivel de entendimiento, pero si aplicamos energía, con el tiempo brincaremos a otro nivel de entendimiento superior. Y así sucesivamente.

 

Es muy importante no estar nunca satisfechos con el nivel de entendimiento que alcancemos.

Siempre podremos profundizar más y más hasta que estemos en niveles muy avanzados, casi de budeidad. Y podemos estar completamente seguros de que todavía no estamos a ese nivel (Alex se ríe). No importa la edad que tengamos, o el número de años que llevemos estudiando el Darma a profundidad. Siempre podremos revisar nuestro entendimiento y refinarlo hasta llegar a niveles de sutileza cada vez más y más precisos. Lo cual se traduce en que si al principio es indispensable que estudiemos, cuanto más avanzados estemos en el estudio de la vacuidad, más y más tendremos que estudiar. Porque a medida que nuestro miedo inicial se va superando y nuestro entendimiento se profundiza, necesitamos abordar partes más sutiles de las diferentes presentaciones.

 

Para poder progresar adecuadamente en este camino necesitamos estar completamente convencidos de la importancia y necesidad del asunto de la vacuidad. Necesitamos convencernos de que es algo que puede ser conocido y entendido. Necesitamos convencernos de que somos capaces de entenderlo completamente. Así que si somos gente con baja autoestima, como es tan habitual en Occidente, es imprescindible que trabajemos fuerte con este factor para poder entrarle a las enseñanzas. Esto se hace estudiando las enseñanzas de la naturaleza búdica.

 

También cabe decir que nunca seremos capaces de entenderlo si no tenemos cierto nivel de concentración. Si nuestra mente está continuamente divagando, o somos continuamente atacados por la somnolencia, es imposible entender las líneas de razonamiento que conducen a la comprensión de este tema. Si leemos una página y nos quedamos dormidos, ¿cómo vamos a entenderlo? Es imposible.

 

Si de verdad deseamos liberarnos del samsara y tener entonces la capacidad de ayudar a otros a liberarse del samsara, tenemos que ser modestos e ir avanzando poco a poco. Necesitamos mucha preparación previa y entender que se avanza progresivamente, por etapas. Si entendemos que es algo que va a tomar mucho tiempo y trabajo, que requiere mucha inversión de tiempo y estudio y que hay que ir poco a poco, lentamente y por etapas, esto nos dará la fortaleza de la paciencia.

 

Ésto es un poco de discusión preliminar, pero pienso que estos apuntes son muy importantes para tener una visión más clara y menos ingenua del camino budista.

 

También hay que tener un poco más de entendimiento de la bodichita. Generar bodichita es algo increíblemente avanzado, no es algo que se pueda trivializar. Hay que tener todas estas cosas claras. Así que efectivamente hay que tener mucho cuidado de no trivializar las enseñanzas ni nuestra práctica del Darma. Ya sea pensando “ah no, esto no es necesario. O “a mí no me hace falta”.

 

Tampoco se deben hacer las cosas rutinariamente, sino hacerlas pensando que son por el beneficio de todos los seres sintientes. Cuando en nuestras plegarias decimos “en beneficio de todos los seres”, estas son palabras realmente serias e importantes. Hay que tener mucho cuidado con ésto.

 

Cuando escuchamos enseñanzas acerca de la vacuidad o de la bodichita que son sumamente simples y accesibles, cuando las entendemos a la primera, debemos tener muy presente que esto significa que se están sobresimplificando. Desde luego, es absolutamente necesario tener presentaciones muy simplificadas. Son un punto de partida. De otra forma, no tendríamos ni idea de lo que significan. Nos parecería algo muy misterioso e inalcanzable y perderíamos todo interés en entenderlas.

 

Cuando escuchamos enseñanzas de un nivel más complejo del que ahora somos capaces de entender, es importante tener una actitud adecuada frente esta situación. La actitud constructiva y realista es pensar: “bueno, tal vez no pueda entender todo en este momento, pero quizás el resto de la gente presente en la sala pueda entender un poquito más que yo”. Y regocijarnos de ello para generar el entusiasmo de que un día, más adelante, también nosotros entendamos igual. Porque siempre habrá cosas que no entendamos. Es pretencioso pensar que vamos a ser capaces de entender todo. No debemos pensar “¡solamente yo no entendí!”, sino regocijarnos de que hay otros que sí entienden. Y esto abre nuestras posibilidades de progresar en el futuro, siendo realistas.

 

En tales situaciones es sumamente importante evitar el sentimiento de “soy tonto o estúpido”. Porque esto es lamentablemente muy frecuente en personas occidentales, con baja autoestima. Se sienten estúpidos y su mente se cierra aún más a la enseñanza. Luego se dedican a convencerse de que son verdaderamente estúpidos. Hay que generar la actitud más constructiva de “este todavía no es mi nivel. Todavía soy joven en cuanto a mis estudios e involucramiento con el Darma”.

 

Ésto, en lugar de ser un motivo para deprimirnos o azotarnos, puede ser motivo de gran inspiración para poder crecer y entenderlo más adelante. Además del enorme regocijo de que haya otras personas en la sala que sí lo puedan entender. En lugar de generar envidia para con los que sí entienden, esto nos sirve como acicate motivador para trabajar y estudiar más, para llegar a entenderlo más adelante.

 

Es importante comprender que, a no ser que seamos personas que en vidas anteriores hayamos generado una inmensa cantidad de fuerzas positivas, no vamos a entender estas cosas a la primera. Son tremendamente difíciles y vamos a necesitar repasarlas muchas veces. Es importante ser humildes y reconocer que no estamos al nivel del Dalái Lama. Mi maestro raíz, Serkong Rinpoche, fue maestro del Dalái Lama. Y me comentaba que una de las cosas que más le impactaban es que al Dalái Lama, cuando era jovencito, sólo tenía que decirle las cosas una sola vez para que las captara completamente. Decía que no sólo lo entendía perfectamente a la primera, sino que además nunca más se lo tenía que repetir. Quedaba grabado en él enseguida y para siempre.

 

Esto nosotros también lo podemos llegar a hacer. Al fin y al cabo, un continuo mental no es más que un continuo mental; no hay diferencias importantes entre uno y otro. Lo que pasa es que alguien como él ha cultivado una cantidad enorme de fuerzas positivas. Si nosotros hacemos lo mismo, también seremos capaces de, con el tiempo, comprender y retener el material a la primera.

 

Así que si construimos esas fuerzas positivas, abocándonos al entrenamiento y al estudio, ¡claro que construiremos esas fuerzas positivas en esta vida, y en las vidas futuras, para avanzar en el camino! Pero para eso se necesita una enorme cantidad de motivación para saber lo que queremos alcanzar. Sobre todo si nos tomamos en serio el hecho de nuestras vidas futuras, aunque no entendamos completamente este factor. A medida que nos vamos acercando a la vejez, nos dedicaremos con más determinación a construir mayores potenciales positivos. Teniendo en cuenta que afectarán de forma muy importante a nuestros futuros renacimientos, con más fuerza nos abocaremos a tener una conducta ética y a trabajar en el entrenamiento de nuestras actitudes mentales. A menos que tengamos algún padecimiento grave como el Alzheimer o algo parecido, no importa la edad que tengamos. Siempre seremos capaces de avanzar poco a poco y progresivamente en el camino. Así que con mucha más razón si somos jóvenes. Hay que echarle ganas y no darnos por vencidos. La vida es de por sí bastante complicada, así que sería muy ingenuo pensar que seguir el sendero budista es algo fácil o sin complicaciones.

 

Mi maestro me solía decir que si nos atrae una senda muy rápida, fácil, simple y entretenida, es un signo inequívoco de que somos muy perezosos.

 

Una dificultad añadida que hay que apreciar es el problema del idioma. Las lenguas de todos estos estudios, el sánscrito y el tibetano, son increíblemente precisas en cada uno de los términos cuando hablan de la vacuidad y la mente. Muchos de ellos no tienen traducción equivalente en nuestras lenguas. O, por supuesto, no tienen la precisión del término original. Así que no es fácil encontrar términos en nuestras lenguas occidentales que nos den el significado completo de lo que es aquello. Y mucho menos cuando nos basamos en traducciones hechas por occidentales, hechas tal vez hace cincuenta o cien años por gente que tal vez conocía la lengua pero que quizás no tenía suficiente conocimiento de esa sutileza del idioma.

 

A veces prevalecen hasta la fecha dichas traducciones, pareciera que una vez bautizado un término se queda así, y esto dificulta más el estudio. Especialmente cuando traducimos del inglés al español, siento que el inglés no es lo suficientemente preciso. Y si luego del inglés lo traducimos al español, esto agrega más posibilidades de mal entendimiento. Así que una cosa que es muy importante es que si esto nos interesa en serio, en este punto y momento de la historia, cada vez mayor número de nosotros nos tendremos que involucrar en el aprendizaje de estas lenguas: el sánscrito y el tibetano.

 

A menos que seamos personas increíblemente dotadas para el aprendizaje de idiomas, no es necesario que nos involucremos en su aprendizaje completo. Pero, por lo menos, aprender los términos técnicos. Porque el problema creciente de las escuelas budistas occidentales es que cada traductor y comentarista hace sus propios vocablos y esto agrega más confusión. En cuanto al tema de la vacuidad, esto es todavía más variado y se hace más complicado.

 

Afortunadamente, los autores serios añaden un glosario con los términos originales en sánscrito y tibetano, y esto es lo que habría que aprender. Si no estamos verdaderamente perdidos. Porque si no sabemos cómo es la presentación de cada maestro o escuela, no hay manera de empatar dónde están las coincidencias o las diferencias de cada una. Este es un problema enorme al que nos enfrentamos en Occidente, ¿verdad? Y por más que represente mucho trabajo y compromiso de nuestra parte, no veo otra forma de lidiar con la situación. Porque no importa cómo lo hagamos, nunca vamos a conseguir que los traductores se pongan de acuerdo en la traducción de los términos originales.

La vacuidad en el contexto de Las Cuatro Nobles Verdades

Así pues, siempre es importante poner las enseñanzas budistas en contexto. Por ejemplo, en el contexto de Las Cuatro Verdades Nobles. Y las enseñanzas de la vacuidad no son una excepción.

 

Entonces, la primera Verdad Noble es que cuando madura el karma del sufrimiento que todo lo impregna (que producen los agregados contaminados y las aflicciones mentales, y la falta de entendimiento de la realidad), viene a su vez acompañado por nuevas aflicciones mentales y falta de entendimiento de la realidad, perpetuando así el ciclo samsárico del sufrimiento.

 

¿Y cuál es la verdadera causa de ésto? La verdadera causa del sufrimiento es la falta de entendimiento de la realidad, que a la vez perpetua dicha falta de entendimiento de la realidad como causa de todo nuestro samsara. Este sufrimiento básico, todo permeante y estructural, este desconocimiento de cómo opera la realidad, da surgimiento a todos los demás tipos de sufrimiento. Esta es la segunda Verdad Noble.

 

La tercera Verdad Noble son las cesaciones verdaderas. Esto se refiere a la posibilidad de cesación de nuestra falta de entendimiento de la realidad. Cada vez que decimos “falta de entendimiento de la realidad”, nos estamos refiriendo a falta de entendimiento de la vacuidad.

 

Y la cuarta Verdad Noble, la verdadera vía de la mente, es el correcto entendimiento de la realidad. El vacío es la verdadera vía de la mente para alcanzar la verdadera cesación del sufrimiento.

 

Así, con esta exposición podemos darnos cuenta de que en la estructura presentada por el Buda en Las Cuatro Verdades Nobles se encuentran todas las enseñanzas de la vacuidad. Son acerca de lo que pasa cuando no entendemos el vacío, y acerca de lo que pasa cuando sí lo entendemos. ¿Qué es, pues, esta falta de entendimiento?

La vacuidad como fenómeno de negación

Primero que nada, ¿qué es la actividad mental? Es la creación de hologramas mentales. Esto es, conocer al objeto (ya sea verlo, olerlo, pensarlo, etc.). Al fin y al cabo lo que reciben las células de nuestra retina no son más que impulsos luminosos. Y esta fabricación de hologramas es todo lo que está aconteciendo. No hay un “yo” separado de la actividad mental que se dedique a utilizar la mente para producir dichos hologramas. Entonces, debido a los hábitos de nuestra falta de darnos cuenta o falta de entendimiento, nuestra actividad mental produce hologramas de cosas que no existen, por ejemplo, algo que no existe como el

holograma de creer que hay un “yo” separado que es quien piensa, controla o hace las cosas, como si manejara la maquinita. Y lo más horrible de esta situación es que así se siente. Así que es muy creíble porque verdaderamente así lo sentimos.

 

Entonces, ¿qué es la falta de entendimiento o falta de darnos cuenta? Es un factor mental perturbado, una forma incorrecta de tomar cognitivamente el holograma.

 

Hay dos formas de describir cómo se está tomando este objeto. El primer nivel de entendimiento es en el que ni siquiera se da cuenta de que la forma en que lo está tomando es algo que no existe, es algo que no se refiera a nada. Es algo inexistente. Es imposible, y simplemente no lo sabe. El nivel más profundo, el nivel prasánguika, que es el nivel filosófico más avanzado en el budismo, va más allá y afirma que no sólo no entiende lo que es, sino que además lo toma por lo contrario, es decir, como algo existente.

 

Cuando estamos tratando con cosas imposibles o inexistentes, que es de lo que se trata cuando estudiamos la vacuidad, estamos hablando sobre el tema de los fenómenos de negación. Es importante que toquemos un poco este tema.

 

Recordemos que hay cosas existentes y cosas no existentes. Las existentes pueden ser validadas cognitivamente. Las no existentes no pueden ser conocidas. Por ejemplo, podemos pensar que hay invasores de la quinta dimensión en el cuarto de al lado, pero no pueden ser validados cognitivamente. Las cosas que existen pueden ser divididas de varias maneras. Por ejemplo, estáticas y no estáticas, que serían las cosas que cambian y las cosas que no cambian.

 

Pero ésta no es la única forma de dividir el pastel de las cosas existentes. Otra forma de dividirlas es hacerlo en fenómenos de afirmación y de negación. A la vez, ambos pueden ser subdivididos en fenómenos estáticos y no estáticos. Es como si pensáramos imaginariamente que “estático” y “no estático” dividen lo existente horizontalmente; mientras que afirmativo y negativo lo dividen verticalmente. Es importante aclarar que no estamos hablando de positivo y negativo como cosas buenas o malas, constructivas o destructivas.

 

Les voy a dar un ejemplo muy sencillo de fenómenos afirmativos y negativos. Un fenómeno de afirmación es “esto es un vaso”. Y una negación es “esto no es un vaso”. Ambos se puedan validar cognitivamente. Si sólo afirmamos “esto es un vaso”, no necesitamos saber nada más para entender que esto es un vaso. Pero si afirmamos, “esto no es un vaso” entonces primero es indispensable saber qué es lo que es un vaso para poder afirmar que esto no es un vaso. En realidad, este es un tema muy profundo e importante en el mundo budista, que conforme vamos avanzando se vuelve más y más fascinante. Se vuelve muy interesante si nos ponemos a pensar, por ejemplo, en cómo aprende un bebé. Un bebé, al principio, cree que todo es comida. Todo lo introduce en su boca. Pero en algún momento tiene que aprender a distinguir “comida” de “no comida”.

 

Los fenómenos de negación son de dos tipos: el primero es “esto no es una manzana”. El segundo tipo es “aquí no hay manzanas”. Me parece que por la pura sintaxis, la pura gramática, podemos entender la diferencia entre estas dos cosas. Los tecnicismos que a mí me gusta usar son “ampliativos” y “no ampliativos”, aunque los términos habituales de traducción son “negaciones afirmativas” o “negaciones no afirmativas”. Pero no hace falta que nos metamos en ese asunto porque se puede entender fácilmente.

 

Esto no es una manzana” y “aquí no hay manzanas”. En el primer caso, “esto no es una manzana”, hemos negado que esto sea un manzana, ¿qué es lo que queda? ¿Cuál es la estela que deja esto? Este palito.

 

Entonces pasamos al segundo tipo: “aquí no hay manzanas”. Esto puede enfocarse de dos maneras: “aquí no hay manzanas”, y “aquí no hay invasores de la quinta dimensión”. El primer enfoque se refiere a que aquí no hay algo que podría ser existente. Y el segundo es algo que no podría estar aquí porque es inexistente, como lo son los invasores. El vacío es un fenómeno de negación del segundo tipo. Es una total y completa ausencia de algo. No hay un referente de este holograma, está basado en nada existente.

 

Es como, por ejemplo, el niño que está en la cama y genera un holograma mental de un monstruo bajo la cama. Aunque el niño fabrique este holograma, no existe ningún referente porque la base es su miedo. Surge del miedo de la criatura, pero no de la existencia de un monstruo bajo la cama que el niño haya visto u oído. Nuestra continua fabricación de hologramas, o de meras proyecciones que no tienen referentes, provienen de nuestros hábitos de falta de entendimiento de la realidad. Por esto damos realidad a formas imposibles de existencia.

 

Debido, por ejemplo, a los hábitos de la paranoia, nuestra mente fabrica hologramas mentales de que todo el mundo está en nuestra contra. Esto es algo imposible. Bueno, tal vez haya una o dos personas en contra de nosotros (Alex se ríe), pero no todo el mundo en todo el universo y todos los seres que jamás han existido. Sin embargo, la persona con paranoia así lo siente y lo cree. Para esa persona es real, y el temor que siente es real. Pero no hay ningún referente real sobre el cual esté generando ésto.

 

Para ponerlo enfáticamente, como algo sobresimplificado, el vacío se refiere entonces a nuestras proyecciones de formas imposibles de existencia que no se refieren a nada real, a nada existente.

 

Pero no es la proyección de formas imposibles de existencia, sino simplemente la proyección de formas imposibles. Por ejemplo, la proyección imposible de “alma”, de que el alma es verdaderamente el “yo”, que es algo que está separado de cuerpo y mente.

 

Igualmente, para saber que ésto no es una manzana necesitamos saber qué es una manzana; para saber que no hay tal cosa imposible, necesitamos primero conocer esa cosa imposible. Pero no podemos validar cognitivamente algo que no existe, ¡simplemente porque no existe! ¿Cómo podemos validar algo que es imposible para darnos cuenta de la imposibilidad de ello? Se puede validar cognitivamente la apariencia de esa cosa imposible, pero no se puede validar la cosa en sí misma. Es por esta razón por la cual Tsongkapa, el fundador de la orden guelugpa, insistió en que es imprescindible conocer el objeto de refutación para poder refutarlo.

Diferencias entre los cuatro sistemas filosóficos indios

Introducción

Tenemos, por ejemplo, las diferentes escuelas de principios filosóficos dentro del budismo indio. Resulta extremadamente útil estudiar estas escuelas filosóficas porque nos ayudan a entender desde lo más burdo (las apariencias más obvias de las formas imposibles) hasta lo más sutil. Nos deshacemos primero de las apariencias burdas, y pasamos entonces a un nivel de otras formas imposibles más sutiles. Y así sucesivamente, hasta llegar al nivel de mayor sutileza de posibilidades existenciales en un camino gradual.

 

Porque verán ustedes, esto de las proyecciones tiene diferentes niveles de profundidad y sutileza. Y si están así una frente a la otra, tapándose, la única forma posible de proceder es quitar la capa más inmediata para que, una vez removida esa capa de proyecciones imposibles, podamos ver qué es lo que queda. Y entonces vemos que lo que queda es otra capa que hay que quitar. Y así sucesivamente. No hay otra forma de llegar a la más profunda desde el principio, ¿verdad? El ir directamente al nivel más sutil de fenómenos de proyección de existencia imposible, frecuentemente da como resultado la trivialización de las enseñanzas. Nos ponemos directamente a comprobar eso de “el yo no está en la nariz, ni en la axila. No está en la pierna”. Sí, ¿y qué? ¿Con eso qué? Lo único que hicimos es no entender nada, sólo trivializar y creer que entendimos.

 

Esto es como cuando llegamos a casa en un día muy frío, vamos muy tapados y nos queremos desvestir. Primero hay que quitarse la chaqueta, luego la camisa, luego la camiseta y luego la ropa interior, ¿verdad? ¡No podemos llegar y empezar a quitarnos los calzoncillos! (Alex se ríe). No se puede. Me parece que esta es una imagen muy gráfica y útil para entender de lo que se trata el proceso, y nos hace ver que se requiere tiempo y paciencia para proceder en este quitado de capas.

 

Por eso es tan importante el estudio de estas diferentes escuelas filosóficas. Se requiere mucho tiempo, paciencia y hacerlo con mucho detenimiento. Porque cada una de ellas es muy profunda y difícil de entender. ¿Qué es lo que nos pasa a nosotros? Que leemos un libro donde se explica la vacuidad, y cualquiera que caiga en nuestras manos seguro que está bien. Ese libro, muy probablemente, está presentado desde la visión prasánguika- madyámaka, que es la más avanzada, sutil y difícil de las presentaciones tibetanas. Y nosotros estamos leyendo ese libro que no está diseñado para nosotros, sino que está escrito para monjes y practicantes que llevan muchos años practicando, estudiando y conociendo cada una de estas escuelas para poder estudiar finalmente la escuela prasánguika. No como nosotros. Los estudiantes tibetanos en un monasterio no se ponen a estudiar directamente la visión prasánguika-madyámaka, sino que llevan muchos y muchos años estudiando muchos otros temas, no solamente sobre estas escuelas filosóficas, antes de meterse a un texto prasánguika.

 

Es muy importante tomar esto en cuenta. Aunque es un proceso largo que implica trabajo y tiempo, insisto en que es muy importante darnos el tiempo de estudiar desde la primera y más “fácil” de estas escuelas filosóficas para entender qué es lo que están negando. Porque como dice Shantideva, si somos capaces de entender el nivel simple o sencillo, ésto nos sirve como referente para poder ir avanzando paulatinamente, de forma cada vez más profunda.

 

Nada más para darles un ejemplo, la primera de estas escuelas que estudiamos se llama

vaibáshika.

Exposición

Los vaibáshika nos dicen que existen dos tipos de fenómenos verdaderos. Superficialmente, las cosas se ven muy sólidas. Pero a nivel más sutil, estas cosas que parecen ser sólidas están hechas de átomos. Y las dos cosas acontecen y son igualmente reales, pero el darnos cuenta de que están hechas de átomos es una visión más profunda del mismo fenómeno. Si pensamos sobre esto, nos damos cuenta que esta silla es una colección de átomos y que mi cuerpo es otra colección de átomos. Esto significa, fundamentalmente, campos de energía y mayoritariamente espacio vacío. Y, sin embargo, ¡no me caigo al suelo a través de la silla!

 

Piensen en las implicaciones que esto tiene, es verdaderamente extraordinario. De ahí entendemos la famosa expresión budista de “es como una ilusión”. Es como una ilusión que tanto la silla como mi cuerpo sean algo sólido. Parece ser sólido, pero hay mucho más detrás de eso. Por eso es una ilusión de solidez, porque en última instancia es sólo un conjunto de átomos. Entonces, mi cuerpo y la silla son una ilusión de solidez y, sin embargo, ¡son cosas que funcionan! Y “que funcionan” es la parte importante, porque no me caigo a través de la silla.

 

Si somos capaces de digerirlo realmente y asimilarlo, no solamente de manera superficial, sino llevándolo a verdadera profundidad, y si podemos realmente aceptar el hecho de que las cosas de la vida son como una ilusión, con una apariencia de solidez pero que en realidad no existe tal solidez, sin llegar a colapsarnos, si podemos vivir en paz con ese entendimiento, sin que nos saque de quicio (con todas las implicaciones que tiene en todas las relaciones interpersonales), entonces estamos preparados para pasar a la siguiente escuela de principios filosóficos.

 

Un ejemplo muy claro de ésto. Mis estados de ánimo a mí me parecen muy sólidos, muy reales y concretos. No obstante, no están hechos más que de instantes de tiempo brevísimos que cambian instante a instante. No existe tal solidez. Y sin embargo, ese estado de ánimo que es como una ilusión es capaz de arruinarme todo el día. O sea, ¡funciona! O algo que me parece incluso más impresionante es el lenguaje. En realidad, lo único que nosotros somos capaces de escuchar o emitir son instantes brevísimos de sonido. Cuando decimos una palabra, decimos la primera letra y al decir la segunda la primera ya no se oye; desapareció. Son instantes brevísimos de sonido que, sin embargo, nos dan ilusión de solidez, de frases completas con palabras completas con significado y demás; y es meramente como una ilusión. Sin embargo, ¡funciona! Nos podemos comunicar.

 

Entonces, por favor, no pensemos que porque la escuela vaibáshika está considerada como la escuela más sencilla, es para niños o para principiantes. Porque son entendimientos e intuiciones increíblemente profundas con muchas implicaciones en nuestra vida y en nuestro entendimiento.

 

Desde luego, podemos estudiar los demás principios de las demás escuelas. Pero el hecho de digerirlo, interiorizarlo, aplicarlo a nuestra vida y vivir de verdad con ese entendimiento requiere de mucho tiempo, mucha reflexión y mucha paciencia. Y es hasta que lo podemos integrar emocionalmente, vivencialmente, cuando estamos verdaderamente preparados para pasar al siguiente nivel.

 

Entonces, esta idea resumida de “todo es como una ilusión; y sin embargo, funciona”, ese entendimiento en sí, es la estructura de una escalera para subir en el entendimiento de la realidad. Y es justamente sobre esta estructura “todo es como una ilusión; y sin embargo, funciona” que podemos empezar a subir el primer escalón. Y así sucesivamente, para llegar a escalones superiores basándonos en los escalones inferiores.