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Introducción al vacío y a la rotulación mental

Alexander Berzin
Berlín, Alemania, 14 de febrero de 2000
Traducido por Gabriela Fernández Benvenutti

No darse cuenta

El Buda enseñaba en términos de las cuatro verdades nobles, las cuales son hechos validados como verdaderos por cualquier ser realizado o arya, y son básicamente:

  1. todos enfrentamos problemas en la vida
  2. dichos problemas provienen de causas
  3. es posible lograr que dichos problemas cesen completamente y que no vuelvan a ocurrir
  4. tal cesación se logra por medio del entendimiento que elimina las causas de dichos problemas.

Cuando hablamos acerca de la causa más profunda de nuestros problemas, nos referimos a lo que comúnmente se traduce como “ignorancia.”  En español es mucho mejor usar el término “no darse cuenta” 1 ya que la ignorancia implica ser tonto, término que resulta inadecuado puesto que no expresa lo que se pretende decir.

Existen dos formas diferentes de no darse cuenta. Una es no darnos cuenta de la causa y el efecto en términos de nuestro comportamiento, no darnos cuenta de que si actuamos de una manera destructiva nos causará problemas. Otra, en un nivel más profundo, se refiere a no darnos cuenta de la realidad: tenemos el hábito de tomar cognitivamente las cosas como si existieran con lo que llamamos “existencia inherente." En otras palabras, nos aferramos a la existencia inherente y debido a este hábito, en cada momento y de manera automática surgen las apariencias de las cosas. Surgen con la apariencia de existir inherentemente como lo que aparecen ser y nosotros las tomamos como si existieran de esta manera. No es tan fácil de entender pero así se explica el problema en una frase.

Podemos ilustrar lo anterior con el siguiente ejemplo: vamos manejando nuestro auto y en el otro carril va un individuo tocando el claxon y tratando de rebasarnos. ¿Cómo aparece este individuo ante nosotros? como un estúpido que quiere rebasarnos; parece existir inherentemente como un estúpido y como si lo fuera inherentemente. Obviamente a esta persona le ocurre algo que lo convierte en un verdadero estúpido que trata de rebasarnos y que va tocando el claxon. Escuchamos el claxon, vemos a la persona y automáticamente pensamos: “¡Qué estúpido!” La persona aparece así y creemos que esta apariencia corresponde a la realidad: este individuo realmente es estúpido.

Lo que el vacío nulifica o anula

En el ejemplo anterior ¿Cuál es el objeto conceptualizado (zhen-yul, objeto implicado) de mi cognición de ese individuo? El objeto conceptualizado de mi cognición es una persona que existe de hecho como un estúpido: realmente hay un estúpido en ese automóvil; eso es lo que está implícito en esta apariencia y en nuestra manera cognitiva de tomarlo. Por ejemplo, si yo creo que hay alguien en el cuarto de al lado, el objeto conceptualizado sería ese alguien en el cuarto de al lado; es a lo que el pensamiento correspondería en la realidad. Este término técnico “objeto conceptualizado” es muy importante en los estudios del madyámaka.

En cada cognición habrá muchos objetos involucrados. La palabra zhen en “zhen-yul”, puede ser y a menudo es usada como verbo. En otras ocasiones es traducida como “aferramiento”, lo cual no resulta muy adecuado en la mayoría de los contextos. Nosotros inferimos/damos por hecho que la manera en que algo aparece ante nosotros corresponde a la realidad. “Aferramiento” y “apego” son términos algo fuertes. En el ejemplo aparece como si ahí hubiera un estúpido, entonces “damos por hecho” que sí, que ahí hay un estúpido, nos lo creemos. El objeto conceptualizado de esta cognición y de su apariencia es un verdadero estúpido ahí, en ese automóvil.

El vacío es una ausencia: algo está ausente; lo que está ausente es el objeto conceptualizado. Más específicamente, aquello que el objeto conceptualizado implica, no existe. No existe un estúpido inherente ahí en ese automóvil. Esa es la idea general y tendremos que refinarla porque aún no es lo suficientemente precisa.

Utilicemos un ejemplo más sencillo: si un niño piensa que hay un monstruo abajo de su cama, el objeto conceptualizado sería un monstruo verdadero abajo de su cama. El miedo que este niño tiene no se refiere a algo existente. Este es un ejemplo aún más simple y menos preciso pero es importante tener una idea general acerca de lo que estamos hablando: la ausencia absoluta de algo muy específico. Es la ausencia de algo que simplemente no existe y su existencia es totalmente imposible. Sin embargo al hablar del vacío no nos referimos a la ausencia de un objeto que es imposible, tal como un monstruo, sino que nos referimos a una modalidad de existencia que es imposible. Volvamos al ejemplo del estúpido.

El establecimiento de la validez de la etiqueta

En términos convencionales esta persona puede haber estado de hecho manejando como un “estúpido” y podemos etiquetarlo válidamente como tal. ¿Y cómo es que podemos etiquetar correctamente a esta persona como estúpida? El maestro indio Chandrakirti, dio tres condiciones para que la etiqueta sea válida.

La primera es la necesidad de que exista una convención general que esté de acuerdo con la etiqueta. En Alemania aplican ciertas reglas de etiqueta al manejar y hacerlo con una mano en el claxon e intentando rebasar a todo mundo no se considera adecuado. Cuando alguien hace eso se le considera un estúpido. Pero esto es relativo pues en la India esa sería la manera normal de manejar. En una ocasión viajé a Europa con un amigo indio que por primera vez visitaba occidente y lo que más le impresionó fue ¡que la gente manejara sin tocar el claxon! Debido a que en occidente existe la convención de que una persona que maneja así es un estúpido, desde ese punto de vista es correcto llamarlo estúpido.

La segunda condición es que una mente que tenga una cognición válida de la verdad o realidad superficial o convencional no contradiga la etiqueta. Hablando objetivamente ¿aquella persona está manejando como un estúpido o no? ¿Es que tengo mis anteojos bien puestos? ¿Y mi aparato de audición? ¿Estaré viendo y oyendo correctamente? Todos los demás a mi alrededor ven que esta persona está tratando de rebasarnos y está tocando el claxon, así que la visión válida de los demás con respecto a este aspecto convencional tampoco contradice a la etiqueta.

La tercera condición es que una mente que tenga una visión válida de la más profunda realidad o verdad no contradiga esta etiqueta; se refiere a la mente que ve de manera válida cómo es que este individuo existe como un estúpido. ¿De qué manera es un estúpido? ¿Es un estúpido sólo convencionalmente, dependiendo de dónde y cómo maneja, o es que estamos meramente proyectando que esta persona exista inherentemente como un estúpido? Si pensamos que esta persona realmente, inherentemente, es un estúpido, eso sería contradicho por una mente que ve cómo las cosas realmente existen. Este individuo convencionalmente está manejando como un estúpido: esta es una convención válida y precisa, una etiqueta válida y una verdad superficial válida. Lo que sucede es que inflamos el cómo existe como estúpido: existe como un estúpido meramente en dependencia de una multiplicidad de factores, específicamente el de la etiquetación mental, de la cual hablaremos brevemente.

Nosotros exageramos lo que aparece en forma superficial y le proyectamos algo que no tiene: una manera de existir que no está ahí. No lo hacemos conscientemente, es un proceso inconsciente que sucede automáticamente a causa de nuestro hábito de ver todo de esta manera. La exageración está en creer que existe inherentemente como estúpido. Esa modalidad de existencia inherente como un estúpido no se refiere a algo real. Nuevamente: estamos hablando de la ausencia de una manera imposible de existencia y no de la ausencia de un objeto imposible.

La diferencia entre lo innato y lo inherente

Veamos a qué nos referimos con existencia inherente y con etiquetación mental. Necesitamos entender la diferencia entre lo innato y lo inherente.

Tenemos muchas cualidades innatas y un ejemplo es nuestro continuo mental que tiene conectado a él cuerpo, palabra y mente, entendimiento, emociones y demás como parte del paquete que implica ser seres sintientes. Tenemos la naturaleza búdica y por lo tanto todos sus aspectos. El término técnico (lhan-skyes; sct. sahaja), algunas veces traducido como “surgimiento simultáneo”, significa que todas estas cosas forman parte del paquete y que surgen simultáneamente en cada momento de la mente. En cada momento de experiencia tenemos cuerpo, palabra y mente, ya sea que estemos despiertos o dormidos. Aún cuando no hablemos mientras estemos dormidos, existe la habilidad de comunicarnos. Por ejemplo, otros pueden vernos y darse cuenta de que estamos dormidos. Aun si no roncamos al dormir, la respiración tiene cierta regularidad y lentitud que comunican que estamos dormidos. Ese es un ejemplo de cómo nos comunicamos a cada momento. Aún cuando esta cualidad a menudo se traduce como “palabra”, no está limitada a la comunicación oral. Estos son factores innatos.

Lo inherente (rang-bzhin) es algo muy diferente a lo innato. Algo inherente, si existiera, sería innato en cierto sentido, pero por su propio poder haría que algo existiera y lo haría existir tal como lo que parece ser. Algunas veces se dice que es un rasgo característico o definitorio en el objeto mismo y que lo hace ser lo que es. Con el individuo del ejemplo, el estúpido, lo inherente sería algo que realmente funcionara mal en él, algo que pudiéramos encontrar dentro de él y que estuviera ahí en él permanentemente, y que por su propio poder lo convirtiera en un estúpido. A menudo pensamos así: “Esta persona terrible de la casa de al lado que pone su música todo el tiempo....” o “Esta persona maravillosa que acabo de ver…” como si hubiera algo de manera inherente dentro de aquellas personas todo el tiempo y que las hiciera existir de esa manera. Estoy usando ejemplos que implican emociones pero este es el caso con todo lo que sucede. Parece haber algo inherente en tí que te hace inherentemente humano.

Esta característica que tiene el individuo que va manejando y que lo hace existir inherentemente como una estúpido, lo hace existir de esa manera independientemente de cualquier otra cosa, tan sólo por su propio poder; tal pareciera que si examináramos cuidadosamente, podríamos encontrarla e identificarla; pero por supuesto que cuando examinamos y disectamos no podemos encontrar nada dentro del objeto que lo haga ser lo que es. Si analizas a ese individuo del automóvil encontrarás una gran cantidad de átomos y campos de energía pero no encontrarás nada sólido que puedas señalar como la causa que lo convierta en estúpido. Si analizamos las acciones de esta persona en términos de microsegundos de movimiento, encontraremos el movimiento del dedo un milímetro hacia aquella dirección y luego el siguiente milímetro más allá, y el siguiente un poco más allá, entonces ¿qué es lo que convierte a esta persona en estúpida? No podemos señalar ningún microsegundo de su comportamiento como el responsable de convertirla en estúpida ¿o sí? No podemos encontrar nada desde el propio lado del objeto que esté ahí asentado por su propio poder y haciendo que esta persona exista como estúpida, aunque aparezca ante nosotros como tal.

Convencionalmente sí está actuando como un estúpido: necesitamos tener cuidado en este punto para no negar la precisión de las apariencias superficiales y la precisión de la manera en que está actuando convencionalmente; está actuando como un estúpido y esta afirmación es correcta. El problema es la manera en que parece existir como un estúpido. Él actúa como un estúpido con base en otros factores, dependiendo de cosas que no tienen nada que ver con él mismo. No es que este individuo actúe como un estúpido por el poder de algo que exista dentro de él, sino que actúa como tal con base en partes: su mano se mueve de cierta manera y demás; y actúa también en dependencia de las causas: está atascado en el tráfico y tiene prisa. Si fuera un estúpido inherentemente, tendría que ser un estúpido cuando no estuviera manejando y aún al dormir. Está actuando como un estúpido en dependencia de las circunstancias en las que se encuentra, además de una gran cantidad de factores culturales, psicológicos y personales que pueden influir para que maneje como un estúpido. Es en dependencia de todos estos factores que este individuo maneja como un estúpido.

Etiquetación mental

También y de manera aún más básica podemos decir que nuestra cognición de esta persona como alguien que maneja como un estúpido está en dependencia del concepto “estúpido”: si no conociéramos tal concepto, acaso ¿podríamos decir que esta persona maneja como un estúpido? Esto nos conduce al ámbito de la etiquetación mental.

La etiquetación mental puede generar confusiones: el que llamemos a esta persona estúpida, no la convierte en estúpida ¿o sí? No estamos hablando de niños pequeños que se gritan unos a otros: “¡Eres un estúpido!”. Las etiquetas y los apodos no tienen el poder de convertir a las cosas en aquello a lo que se refieren esas etiquetas y apodos aunque muchas personas piensen que la etiquetación mental significa que creamos cosas con nuestras palabras. Eso ciertamente no es lo que significa la etiquetación mental en el budismo.

Ya sea que etiquetemos o no a este individuo como estúpido, ya sea que pensemos o no “estúpido”, y ya sea que alguien más lo vea manejando en la calle o no, ¿aún así maneja como un estúpido? ¿Ustedes qué piensan?

Participante: Si está solo en la calle y nadie lo llama estúpido, entonces no sería estúpido.

Pero de cualquier manera está manejando como un estúpido.

Participante: Es diferente para un grupo de personas que conoce el concepto de estúpido y para otro grupo que no tiene ese concepto.

Entonces ¿está manejando como un estúpido?

Participante: Depende.

¡Depende! Ese es precisamente el punto. Lo que diríamos es que este individuo maneja como un estúpido de acuerdo a ciertas convenciones pero no que maneja absoluta e inherentemente como un estúpido, pues eso depende de leyes y de costumbres y sin importar si es visto por alguien más o no. Decir que es absolutamente independiente de cualquier otra cosa y que reside en cómo maneja la persona, sería afirmar lo imposible. ¿Siguen la lógica? Estos son los puntos que resultan más confusos en el tema de la etiquetación mental.

Participante: ¿Podemos decir objetivamente cómo maneja esta persona?

Esta es una pregunta perfecta, gracias. Ese es el problema, este aferramiento por lo que está realmente sucediendo. ¿Está realmente manejando como un estúpido o no? Cuando entramos en el ámbito de qué es él realmente, entramos en el ámbito de la existencia inherente. Esta persona está manejando como una estúpida en dependencia del concepto “estúpido”, de las costumbres occidentales, etc. La exageración está en decir que realmente es un estúpido: eso es la existencia inherente y eso es lo que es imposible.

Creo que esto comienza a mostrarnos cuán profundamente arraigada tenemos esta confusión, ya que la mayoría de nosotros, de hecho, queremos saber cómo son las cosas realmente y pensamos que hay una manera en que realmente existen ¿no es así? Decimos: “Esta es realmente una casa hermosa” o “Realmente nos divertimos esta noche,” como si hubiera algo inherente en ello y todos debieran apreciarlo igual que nosotros. Debido a que estamos tan acostumbrados a ello, todo aparece automáticamente de esa manera y pensamos en ello de esa manera. A esto se le llama “fabricación de apariencias engañosas”, o “apariencias de dualidad”; y aquí dualidad significa que es discordante o diferente de la cosa, materia o tema en cuestión. La manera en que aparece no está en armonía con la manera en que de hecho existe. Esto es lo que significa el término apariencias dualistas cuando es usado por la escuela gelug-prasángika.

Participante: Entonces ¿es incorrecto tener opiniones personales acerca de las cosas?

La cuestión es que este individuo está manejando como un estúpido. Esto es preciso, convencionalmente. Podemos tener una opinión alocada con la que nadie coincida o tener una opinión que otros compartan. En este ejemplo otras personas estarían de acuerdo en que este individuo está manejando como un estúpido, pero eso no lo convierte en un estúpido verdadero. Podemos opinar que un perro está manejando pero nadie estaría de acuerdo con nosotros. Hay opiniones descabelladas y opiniones válidas.

El punto es que hay cogniciones válidas para conocer convencionalmente lo que las cosas son y eso es muy importante. Las escuelas de budismo tibetano tienen sus propias y muy particulares explicaciones de esta diferencia. El sistema gelug lo presenta en términos de verdades superficiales precisas e imprecisas. Una verdad superficial imprecisa sobre algo no corresponde a lo que es convencionalmente. Hay una gran diferencia entre lo que algo es convencionalmente y cómo ese algo existe.

Etiquetación válida en la discusión gelug de las svatántrika y prasángika

Participante: ¿Cómo sabemos que una opinión es válida?

Usamos las tres condiciones de Chandrakirti para la etiquetación válida. Aquí la diferencia aparece entre la svatántrika madyámaka y la prasángika madyámaka tal como lo explica la gelug. La kagyu explica a ambas escuelas de forma ligeramente diferente. El punto principal en la madyámaka es que todo existe en dependencia de la etiquetación mental, lo cual no significa que la etiquetación cree ese todo. La presentación madyámaka de la etiquetación mental es un refinamiento de lo que las escuelas menos sofisticadas de los principios budistas indios, tales como la chitamatra, explican concerniente a la relación entre la mente y los objetos. Uno de los puntos principales al estudiar las escuelas de principios en el orden adecuado es entender en un nivel progresivo de sofisticación la relación entre la mente y los objetos.

El ejemplo usado en los textos es el etiquetar a alguien como “un rey”. Alguien existe como un rey en dependencia de la etiqueta y del concepto “rey”. Si no hubiera la costumbre social de tener reyes, obviamente, nadie sería rey. La pregunta es: ¿Qué hace válida a la etiqueta? La svatántrika afirma que las cosas tienen alguna característica definitoria e inherente y que se encuentra en ellas mismas, lo que nos permite etiquetarlas correctamente como lo que son. Debe haber algo en el rey que le de realeza para que pueda ser correctamente etiquetado como “rey.” Si no hubiera ese algo en él, podríamos etiquetar a un perro o a un barrendero como “rey” y eso los convertiría en reyes. Podemos ver que detrás de esto hay una visión política, y no es ninguna broma. Esto se desarrolló en India, donde el pensar en términos de castas es muy importante, así que debe haber algo inherente en ciertas personas que las haga ser miembros de la casta real. Esa es la svatántrika.

La prasángika dice que no: no hay nada que se pueda encontrar desde el lado mismo de la persona que lo convierta en el rey. Por supuesto que convencionalmente hay características que lo definirían: alguien que gobierna un país mediante un sistema monárquico es un rey. Existe una característica definitoria de lo que es un rey. Si las cosas no tuvieran definición sería imposible que funcionaran, pero esas definiciones son sólo convencionalismos y no características definitorias que existan de hecho como algo que se pueda encontrar dentro del objeto y que por su propio poder hagan que la persona, por ejemplo pertenezca a la realeza.

¿Cómo podemos saber si la etiqueta es válida? Es válida si cumple con las tres condiciones. La primera es el acuerdo establecido convencionalmente. Usemos un ejemplo diferente, el que analizo en El desarrollo de una sensibilidad equilibrada (Developing Balanced Sensitivity). Llegamos a casa y vemos a nuestra pareja. Para facilitar la explicación, digamos que nuestra pareja es una mujer; su cara tiene cierto aspecto: el ceño fruncido, las comisuras de sus labios apuntan hacia abajo y nos parece que está molesta o enojada; es necesario que exista un acuerdo convencional, ese es el primer criterio; existe el acuerdo de que los seres humanos, particularmente de las culturas occidentales, fruncen el ceño y hacen un gesto con la boca que hace que las comisuras apunten hacia abajo cuando están molestos. Los perros gruñen, pero los seres humanos expresan de esta manera sus sentimientos de desagrado. Nuestra pareja está haciendo lo que la convención dicta que los seres humanos hacen cuando están enojados. Esta es una forma de validar la apariencia. También podemos compararla con ocasiones previas en que ella se haya enojado y verificar si su expresión es consistente con su patrón convencional.

La segunda condición es que una mente que tenga una visión válida de la verdad o realidad superficial no contradiga la etiqueta. Nos ponemos los anteojos, prendemos la luz y nos aseguramos de que vemos su expresión correctamente; no es que no tuviéramos puestos los anteojos ni que estuviera oscuro ni que no viéramos correctamente. Este criterio se refiere a algo sumamente práctico y aterrizado.

Aunque no se menciona explícitamente en los textos, podemos verificar otro punto en conexión a esta segunda condición, tal como la habilidad de algo para producir un efecto. Por ejemplo, cuando dijimos: “Hola” no nos contestó; esta evidencia adicional confirma que la apariencia de estar enojada es precisa; así el comportamiento del párrafo anterior queda corroborado: está enojada ya que cuando se enoja, normalmente no saluda. En otras palabras, el enojo ha producido su efecto acostumbrado. También podemos preguntarle si está enojada, si verdaderamente queremos verificarlo.

Si lo dejamos ahí y tan sólo nos decimos: “Bueno, está molesta y enojada porque probablemente hoy sucedió algo desagradable, depende de muchos factores,” entonces nuestra cognición es perfectamente válida: una mente que de manera válida ve el nivel más profundo, la manera en que existen las cosas, cómo es que nuestra pareja existe como estando enojada, confirmaría nuestra etiqueta.

Si nos parece que nuestra pareja no está sólo enojada por esta o aquella razón, sino que pensamos: “Qué barbaridad, otra vez está enojada. Es una enojona, siempre molesta con esto o con aquello. ¡Ya no la soporto!”: una mente que ve de manera válida la verdad más profunda contradiría lo anterior, ya que nadie existe inherentemente de esa manera.

Estos son los medios por los que validamos la etiqueta de la persona que aparece molesta y enojada sin que necesariamente exista algo inherente desde el propio lado de la persona que la haga existir como enojada. Cuando hablamos del vacío, hablamos de las ocasiones en que creemos que es una persona terrible. El vacío es una ausencia absoluta de esa modalidad de existencia: una ausencia absoluta de que algo realmente mal o equivocado en esta persona que la haga ser una tortura para vivir con ella. Cuando creemos que ella realmente existe así, reaccionamos de maneras perturbadas, nos molestamos e impacientamos.

Participante: El que podamos manejar la situación sabia y calmadamente ¿no depende también de que sepamos por qué está enojada nuestra pareja?

Aunque no entendamos por qué está enojada, tratamos de entender que su enojo depende de causas y razones, que no es que ella siempre esté inherentemente enojada. Esto nos permite apreciar que quizá se pueda cambiar de alguna forma la situación. Sin embargo sería exacto decir: “Mi pareja está molesta y enojada”. Esto es muy importante porque si no reconocemos que convencionalmente está enojada, ¿qué base tenemos para la compasión y para ayudarla? Nuestra oportunidad de relacionarnos con ella de manera benéfica se desmoronaría y caeríamos en el extremo del nihilismo.

Este énfasis en reconocer lo que es una verdad superficial precisa, permite la conexión cercana entre la comprensión del vacío y la compasión. Sin esta conexión no tomamos tan en serio a los demás, lo cual mina la posibilidad de involucrarnos realmente con los problemas de los demás y de ayudarlos; es algo muy sutil pero creo que es muy importante.

El surgimiento dependiente y el karma

Participante: Si entiendes el surgimiento dependiente, no debes olvidar el hecho de que las acciones positivas y negativas son positivas y negativas.

Eso es muy cierto. Cuando hablamos de relatividad, no reducimos las cosas al punto en que todo puede ser de cualquier manera. Matar es destructivo independiente de cual sea la motivación. Aún si matamos por una fuerte compasión, como el Buda que mató al remero que iba a asesinar a los cuatrocientos noventa y nueve marchantes en un barco, la acción de matar es destructiva y maduró en el Buda como una experiencia de sufrimiento: se enterró una espina en el pie. El sufrimiento, las consecuencias negativas, fueron muy leves porque la motivación fue una fuerte compasión, pero de cualquier manera fue una acción destructiva y las leyes del karma respondieron: una acción negativa desemboca en sufrimiento. La fuerza de la acción negativa es relativa, pero no totalmente relativa, una acción destructiva no puede convertirse en una constructiva. El budismo está de acuerdo en que hay un orden en el universo.

Participante: Un asesino no es un asesino inherentemente. El acto de matar puede tener muchas razones diferentes.

El punto es que convencionalmente, matar es una acción negativa. Si lo formulamos en términos occidentales, diremos que matar no es ulteriormente negativo, pero que nos mete en serios problemas. De eso estábamos hablando: cualquier cosa se puede convertir en cualquier otra. Podemos decir que no hay nada que podamos encontrar en el acto de matar que por su propio poder lo haga una acción destructiva. Depende de que haya alguien que mate y de alguien que sea matado, y de un continuum mental que tenga esa influencia y que experimentará el resultado de sufrimiento. La fuerza kármica negativa del acto continúa como parte del continuum mental del autor, así que la persona que cometió el asesinato experimenta sufrimiento como resultado. No podemos sólo hablar en términos de algo “destructivo” independientemente de la causa y el efecto. No es sólo destructivo arriba en el cielo, destructivo significa que cierta acción madura en la experiencia de sufrimiento por parte del autor.

Participante: Entonces ¿qué hace a un acto destructivo?

El acto es destructivo en dependencia a los factores ajenos a él, en este caso, al efecto kármico de la acción. No es que el acto sea inherentemente destructivo, desde su propio lado, hecho de esa manera por algo que pueda encontrarse dentro de él.

Usemos otro ejemplo que aterriza el punto a una situación más cotidiana. Nuestro perro tiene un accidente en el piso de la cocina, nos enojamos y le gritamos: “¡Perro malo! ¡Ensuciaste el piso! ¡Esto estuvo MAL!” como si el acto en sí, independientemente de cualquier otra cosa, existiera como malo.

Participante: ¿Cuál es el efecto?

En este ejemplo es más fácil pensar en el resultado de la acción “creado por el hombre”, que en un efecto kármico que el perro experimente. Por favor noten que hay una diferencia entre el efecto kármico y el efecto “creado por el hombre”, éste último o en este caso el efecto de la acción creado por el perro es el cochinero que hizo en el suelo y que tenemos que limpiar. Basados en ese criterio, lo que el perro hizo en el suelo, no fue algo bueno.

El surgimiento dependiente y las elecciones

Participante: A la luz de nuestra discusión sobre la etiquetación válida y las opiniones ¿qué se recomienda para tomar decisiones correctas?

Hay muchos factores involucrados en la toma de decisiones. No es un simple asunto de etiquetar correctamente una alternativa u otra como la respuesta o solución a un dilema. Para poder determinar la que puede, convencionalmente, ser la decisión más apropiada, necesitamos, por ejemplo, tratar de tomar en cuenta la mayor cantidad posible de factores que influyen en el resultado. Cualquiera que sea lo que suceda, no fue causado por un sólo factor. Es importante no exagerar nuestras acciones ni la importancia de nuestra decisión respecto a lo que hagamos. Si, por ejemplo, decimos algo y alguien se molesta, existen muchos otros factores que hacen que esa persona se moleste, no sólo lo que decimos.

Es muy fácil decir: “Cualquier decisión es buena siempre que se tengan buenas intenciones,” pero hay un dicho en inglés que dice: “El camino al infierno está pavimentado con buenas intenciones.” Es algo muy complejo ya que tenemos muchas intenciones y motivaciones que subyacen a cada una de las alternativas de acción que podemos elegir.

Algunas personas dicen: “Actúa espontáneamente,” pero espontáneamente generalmente significa neuróticamente. Si nuestro bebé llora, lo primero que nos llega a la mente es darle una nalgada y no podemos decir que es la mejor decisión sólo porque fue espontánea. Necesitamos tratar de considerar tantos factores como nos sea posible al tomar una decisión.

Mi libro llamado El desarrollo de una sensibilidad equilibrada (Developing Balanced Sensitivity) es una serie de veintidós ejercicios y el último y más difícil es cómo tomar decisiones de una manera sensible, especialmente decisiones tales como si terminar con una relación o cambiar de empleo. Este ejercicio presenta un análisis detallado para aclarar entre lo que tengo ganas de hacer, lo que quiero hacer y lo que necesito hacer y qué dice mi intuición al respecto cuando las cuatro, pueden ser diferentes.

Por ejemplo, necesito ponerme a dieta y quiero cumplirla, pero tengo ganas de comerme un pedazo de pastel. Mi intuición me dice que si lo hago me sentiré culpable. Necesitamos analizar estos cuatro aspectos de la decisión así como las causas para cada uno de ellos. Quizá tengamos ganas de comer porque se nos antoja el pastel. ¿Por qué queremos perder peso? ¿Es por razones de salud, por pura vanidad o quizá porque queremos ser más atractivos para encontrar pareja? Es necesario que también pongamos en la balanza las consecuencias de lo que hacemos y luego, los diferentes factores para ver cuáles son válidos y cuáles inválidos. Por ejemplo: “No quiero comer ahora, no tengo ganas de comer, pero si no lo hago, no voy a poder hacerlo en todo el día, así que mejor como algo ahore.”

De esta manera tratamos de tomar decisiones siendo lo más sensibles posible hacia todos los diferentes factores. Esto es particularmente importante en la toma de decisiones difíciles. En decisiones como si usar la camisa negra o la azul, o qué elijo del menú en un restaurante, sólo elijan algo y ya, no pasa nada. No queremos analizar de más. Tomar decisiones no es fácil.

Es muy importante que una de las seis emociones y actitudes perturbadas raíz es la indecisión vaga, el no ser capaces de decidirnos. Una vez superado este estado mental debilitante, podemos continuar con el análisis detallado del Darma de los factores que causan que sintamos ganas de hacer algo o queramos hacer algo. Las enseñanzas del karma y del funcionamiento de la mente pueden explicar el surgimiento de estos factores de maneras muy complicadas y sofisticadas. Dentro de eso, podemos analizar qué factores son considerados como válidos o inválidos en las diferentes escuelas de budismo tibetano.

Participante: ¿Qué sucede si por ejemplo estamos cansados y simplemente no podemos levantarnos?

El punto es que a menudo necesitamos hacer cosas que realmente no queremos hacer o no sentimos ganas de hacer, y está bien. No tengo ganas de levantarme, quiero quedarme en cama, pero necesito levantarme porque necesito ir a trabajar.

Participante: Quizá no me siento bien y necesito quedarme en cama para no ponerme peor.

En ese caso investigas si eso es cierto o si es sólo un auto-engaño. ¿Es una excusa? Usando las condiciones de Chandrakirti, si alguien más te viera objetivamente ¿estaría de acuerdo contigo?

Participante: La tercera condición de Chandrakirti es difícil de llevar a cabo.

Así es, podemos estar completamente seguros de que realmente soy el tipo de persona que necesita ocho horas de sueño. Sin embargo, nos damos cuenta de que esto puede ser un auto-engaño, así que ponemos eso en la ecuación. ¿Estoy tratando de buscar una excusa porque realmente tengo ganas de quedarme en cama, aunque tenga que levantarme?

Participante: ¿Cómo podemos saber si tomamos la decisión adecuada?

Esa el la razón por la que éste es el último ejercicio, es el más difícil. A menos que seamos Budas, nunca sabremos si tomamos la decisión adecuada. No conocemos las consecuencias de nuestras acciones. Necesitamos ser lo más abiertos posibles a los cambios que pueden ocurrir, especialmente en decisiones acerca de terminar con una relación. Esa es una decisión difícil. Después de sopesar el mayor número de factores posible, necesitamos hablar con la otra persona para ver cómo se desarrolla.

Tomando en cuenta nuestra disertación sobre el vacío, en este contexto, el vacío sería la ausencia de que existiera algo inherente en la situación que hiciera que la decisión fuera la correcta, desde su propio lado. Las situaciones no son así, dependen de muchos factores diferentes. No existe una cosa que digamos o decidamos, que por su propio poder haga que suceda el efecto de lo que va a suceder. Lo que suceda surge de millones de diferentes causas y no sólo de lo que nosotros hagamos.

Puede que parezca como si hubiéramos hecho algo que echó las cosas a perder y nos sintamos culpables, como si nuestro acto existiera inherentemente y por su propio poder hubiera descompuesto las cosas. Así es como nos parece y lo creemos y nos sentimos culpables. Convencionalmente, es posible que hayamos contribuido al desastre, pero definitivamente lo que sea que hayamos hecho, por su propio poder, independientemente de todo lo demás, no causó el problema. Existieron muchas causas. Tal como lo dijo el Buda, una cubeta no se llena por la primera gota de agua ni por la última, se llena por el conjunto de todas las gotas. Hay miles y miles de factores que hacen que surja un efecto y que son los responsables de lo que sucede.

Responsabilidad y culpa

Participante: ¿Cuáles son algunos de los factores?

Por ejemplo, derramo un vaso de agua y ensucio el piso. El desastre del piso no sólo lo causó el que yo lo haya derramado, sino también el tonto que puso el vaso en la orilla de la mesa, la persona que construyó la mesa, el hecho de que se encuentra a esta altura y que la luz refleja de esta manera y que causó que no lo viera, millones de factores están involucrados.

Participante: Pero seguro que la persona que construyó la mesa y la que puso el vaso en la orilla no fueron responsables del desastre.

Eso es cierto, yo soy el responsable, sin embargo, no soy culpable. Derramé el vaso, pero eso no me convierte en un torpe estúpido, inherentemente, por lo que no me puedes llevar a ningún lado porque tiro todo. Las personas toman este tipo de cosas como su identidad: “Soy un torpe” o “no puedo cambiar un foco sin romperlo, así que ayúdame.” Estas son maneras de pensar muy comunes, todos las tenemos. No estamos hablando de asuntos filosóficos sofisticados, estamos hablando de la vida cotidiana.

Participante: ¿Qué significa “culpa”?

“Culpa” significa que hay algo inherente en nosotros que nos hace malas personas y que lo que hacemos es inherentemente malo. Hicimos algo, nos identificamos con ello como inherentemente malo y nosotros como personas inherentemente malas, y nos aferramos a esta identificación y no la soltamos.

Participante: Si te robas la cartera de alguien ¿no eres culpable?

Cuidado con la manera en que usamos la palabra “culpable”. Si la usamos en un sentido legal, sí, claro, eres culpable legalmente. Sin embargo, si la usamos en el sentido emocional, es otra cosa.

Dedicatoria

Terminemos con una dedicatoria. Que cualquier entendimiento que hayamos obtenido sobre el vacío, profundice cada vez más para que podamos comenzar a tener una comprensión más clara para que aunque el tipo que maneja junto a nosotros aparezca como un verdadero estúpido, no creamos que esto corresponde a la realidad. Que podamos poco a poco ver cómo surgen las cosas como “esto” o “aquello” en dependencia de muchos factores, para que podamos comenzar a trabajar con esos factores y obtener resultados benéficos. Que esos resultados benéficos no simplemente contribuyan a una mejor existencia samsárica sino que puedan ser causa para alcanzar la iluminación en beneficio de todos.

Muchas gracias.


 1 En inglés: “unawareness”. (N.T.)