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Archivos budistas del Dr. Alexander Berzin

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Guerras santas en el budismo y el islam:
El mito de Shambala
(versión completa)

Alexander Berzin
noviembre de 2001, revisado en diciembre de 2006
Traducido por Luis Carlos Duverrán

[Ver también la versión resumida.]

Resumen

Cuando se piensa en el concepto musulmán de yihad, o guerra santa, se asocia con frecuencia a la connotación negativa de una campaña moralista de destrucción vengativa en el nombre de Dios, para convertir a los demás por la fuerza. Puede reconocerse que el cristianismo tuvo algo equivalente en las cruzadas, pero generalmente no se considera que el budismo haya tenido algo semejante. Se dice que después de todo el budismo es una religión de paz y no cuenta con el término técnico guerra santa.

Sin embargo, un examen cuidadoso de los textos budistas, en particular la literatura del tantra de Kalachakra, revela dos niveles de batalla, el interno y el externo, que podrían fácilmente ser llamados “guerras santas”. Un estudio imparcial del islam revela lo mismo. En ambas religiones los líderes pueden explotar las dimensiones externas de la guerra santa para obtener ganancia política, económica o personal al usarla para arengar sus tropas a la batalla. Son bien conocidos los ejemplos históricos en lo tocante al islam, pero no se debe ser ingenuo en cuanto al budismo y pensar que ha sido inmune a este fenómeno. Sin embargo, en ambas religiones el principal énfasis es en la batalla espiritual interna contra la propia ignorancia y tendencias destructivas.

Análisis

Metáforas militares en el budismo

Buda Shakyamuni nació en la casta guerrera india y a veces uso la analogía militar para describir el camino espiritual. El fue el Triunfante que derrotó las fuerzas demoníacas (mara) de la ignorancia, las vistas erradas, las emociones perturbadoras y el comportamiento kármico impulsivo. Shantideva, el maestro indio budista del siglo ocho e.c., usa reiteradamente la metáfora de la guerra en Involucrarse en el comportamiento del bodisatva: los verdaderos enemigos por derrotar son las emociones y actitudes perturbadoras que se esconden en la mente. Los tibetanos traducen el término sánscrito arhat, un ser liberado, como destructor del enemigo, alguien que ha destruido los enemigos internos. A partir de esos ejemplos parecería que el llamado a una “guerra santa”, en el budismo, es asunto puramente espiritual interno. Sin embargo, El tantra de Kalachakra revela una dimensión externa adicional.

La leyenda de Shambala

Según la tradición, el Buda enseñó El tantra de Kalachakra al visitante rey de Shambala, Suchandra y a su cortejo, en Andhra, al sur de India, en 880 a.e.c. El rey Suchandra llevó las enseñanzas a su norteño país, en donde han florecido desde entonces. Shambala es un reino humano, no una Tierra Pura budista, donde todas las condiciones son conducentes a la práctica de Kalachakra. Aunque puede estar representado en un punto sobre la Tierra, Su Santidad el decimocuarto Dalai Lama explica que Shambala existe meramente como un reino espiritual. Pese a la literatura tradicional que describe el viaje físico hasta allí, el único modo de llegar a él es por medio de práctica intensa de meditación.

Siete generaciones de reyes después de Suchandra, en el año a.e.c., el rey Manjushri Yashas reunió a los líderes religiosos de Shambala, específicamente a los sabios brahmanes, para hacer predicciones y darles una advertencia. A ochocientos años en el futuro, en el año 624 e.c. una religión no índica surgiría en la Meca. Que a causa de la falta de unidad entre los brahmánicos y de la relajación en seguir correctamente los mandatos de las escrituras védicas, muchos aceptarán esa religión, en el futuro lejano, cuando sus líderes amenacen con una invasión. Para evitar tal peligro, Manjushri Yashas unió al pueblo de Shambala en una sola “casta adamantina” al conferirles el empoderamiento de Kalachakra. Por ese acto, el rey se convirtió en el primer kalki, primer portador de la casta. Redactó entonces El tantra abreviado de Kalachakra, el cual es la versión actualmente existente.

Los invasores no índicos

Como la fundación del islam data de 622 e.c., dos años antes de la fecha predicha por el Kalachakra, la mayoría de los académicos identifican a esta fe, como la religión no índica. Las descripciones de esa religión en otros pasajes de los textos del Kalachakra, tales como el sacrificio de ganado mientras se recita el nombre de su dios, la circuncisión, las mujeres con velo y la oración en dirección a su tierra santa cinco veces Aquí el término sánscrito para no índico es mleccha (tib. lalo), que significa alguien que habla de modo incomprensible en una lengua no sánscrita. Tanto los hindúes como los budistas han aplicado dicho término a todos los extranjeros invasores de la India del norte, comenzando por los macedonios y los griegos del tiempo de Alejandro Magno. El otro término sánscrito usado es tayi, que se deriva del término persa para árabes, usado por ejemplo en referencia a los invasores árabes de l Irán a mediados del siglo siete e.c.

El primer kalki hizo una descripción adicional de la futura religión no índica como teniendo una línea de ocho grandes maestros: Adán, Noé, Abraham, Moisés, Jesús, Manes, Mahoma y Mahdi. Mahoma vendrá a Bagdad a la tierra de la Meca. Este pasaje ayuda a identificar a los invasores dentro de la comunidad islámica.

  • Mahoma vivió entre 570 y 632 e.c. en Arabia. Sin embargo Bagdad fue construida sólo hasta el 762 como capital del califato árabe abasí (750-1258 e.c.).

  • Manes fue un persa del siglo tercero que fundó una religión ecléctica, el maniqueísmo, enfatizaba una lucha entre las fuerzas del bien y el mal tal como el zoroastrismo, una religión iraní anterior. Tal vez se aceptaría dentro del islam como un profeta, aunque no es claro que lo haya sido, sólo por la secta herética islámica maniqueísta, encontrada entre algunos oficiales de la corte abasí en Bagdad. Los califas abasís persiguieron a sus seguidores con severidad.

  • Eruditos budistas del actual Afganistán y del subcontinente indio trabajaron en Bagdad durante las postrimerías del siglo ocho e.c., traduciendo textos sánscritos al árabe.

  • Mahdi será un futuro jefe (imán), descendiente de Mohamed, que conducirá a los creyentes hacia Jerusalén, restaurará la ley y el orden coránicos, y unirá a los seguidores del islam en un sólo estado político, antes del apocalipsis que da fin al mundo. Es el equivalente islámico de un mesías. El concepto de Mahdi sólo se hizo prominente durante el temprano período abasida, con tres personas que reclamaban el título: un califa, un rival en la Meca, y un mártir en cuyo nombre fue conducida una rebelión antiabasida. Sin embargo, el concepto entero de Madhi como un mesías no aparece hasta fines del siglo nueve de la era común.

  • La lista chiita ismaelita de los profetas es idéntica a la que se encuentra en el Kalachakra, con la excepción de Manes. Los ismaelitas son la única secta del islam que afirma que Mahdi es un profeta.

  • Los chiitas ismaelitas fueron la secta oficial islámica seguida en Multán (hoy en día Sindh del norte, en Pakistán) durante la segunda mitad del siglo diez. Multán fue un aliado del imperio fatimí ismaelí con centro en Egipto que desafiaba a los abasís por la supremacía sobre el mundo islámico.

A partir de esta evidencia, podemos postular que la descripción del Kalachakra de los invasores no índicos se basó en los ismaelitas de Multan en las postrimerías del siglo diez e.c., mezclada con algunos aspectos de los musulmanes maniqueístas del tardío siglo octavo. Lo más probable es que los recopiladores de esa descripción hayan sido maestros budistas que vivían bajo férula chiita o hindú en el Afganistán oriental y en Oddiyana (valle de Swat, hoy en día noroeste de Pakistán). Monasterios budistas de la región de Kabul en Afganistán, tales como el de Subahar, tienen motivos arquitectónicos similares a los del mandala de Kalachakra. Oddiyana fue una de las principales regiones donde se desarrolló el tantra budista. Más aún, Oddiyana tuvo contacto estrecho con Cachemira, en donde florecieron ambos tantras, el budista y el hindú shivaíta. Un de las rutas principales de peregrinaje budista unía a ambas ciudades, por lo que, para comprender el contexto de las enseñanzas sobre historia y guerras santas, debemos tomar en cuenta las relaciones budistas-musulmanes en el Afganistán oriental, Oddiyana y Cachemira durante el período abasí.

La profecía de una guerra apocalíptica

El primer kalki predijo que los seguidores de la religión no índica gobernarían la India algún día. Que partiendo de la capital en Delhi, su rey Krinmati intentará la conquista de Shambala en el año 2424 E.C. Los comentarios sugieren que Krinmati será reconocido como el mesías Mahdi. El vigésimo quinto kalki, Raudrachakrin, invadirá luego la India y derrotará a los no índicos en una gran guerra. Su victoria marcará el final del kaliyuga, la “edad de las disputas”, durante el cual la práctica del darma degenerará. Tras esto, advendrá una nueva edad dorada durante la cual las enseñanzas florecerán, en especial las del Kalachakra.

La idea de una guerra entre las fuerzas del bien y del mal, terminando con una batalla apocalíptica conducida por un mesías, apareció primero en el zoroastrismo, fundado en el siglo sexto antes de la era común, unas décadas antes de que naciese el Buda, e ingresó en el judaísmo en algún momento entre los siglos dos a.e.c. y dos e.c. Subsiguientemente se introdujo en el cristianismo temprano y en el maniqueísmo, y después en el islam.

Una variante del tema apocalíptico apareció también en el hinduismo en el Vishnu purana, fechado aproximadamente del siglo cuarto e.c.. Relata que al final del kaliyuga aparecerá Vishnu en su encarnación final como kalki, tomando renacimiento en el pueblo de Shambala como el hijo del brahmán Vishnu Yashas. Que derrotará a los no índicos de entonces, que siguen un sendero de destrucción, y que despertará de nuevo la mente de la gente. Que tras esto, siguiendo con el concepto índico de un tiempo cíclico, una nueva edad de oro seguirá, más que un juicio final y el fin del mundo de las versiones no índicas del tema. Es difícil establecer si la narración del Vishnu purana derivó de influencias foráneas y fue adaptada a la mentalidad india o si surgió de modo independiente.

En concordancia con los medios hábiles del Buda para enseñar con términos y conceptos familiares para su auditorio, el tantra de Kalachakra también emplea los nombres e imágenes del Vishnu purana. Ante todo, su auditorio cautivo era, principalmente, de brahmanes educados. Los nombres no sólo incluyen Shambala, kalki, kaliyuga y una variante de Vishnu Yashas, Manjushri Yashas; sino también el término mleccha para los no índicos, proclives a la destrucción. Sin embargo, en la versión del Kalachakra la guerra tiene un significado simbólico.

El significado simbólico de la guerra

En El tantra abreviado de Kalachakra Manjushri Yashas explica que la lucha entre los pueblos no índicos de la Meca no es una guerra en sí, puesto que la batalla real es dentro del cuerpo. El comentarista gelug del siglo 15 e.c., Kedrub-ye explica que las palabras de Manjushri Yashas no sugieren una campaña en sí para matar a los seguidores de la religión no índica, sino que la intención del primer kalki al describir los detalles de la guerra era dar una metáfora de la batalla interior entre la profunda conciencia gozosa del vacío, y el no darse cuenta y el comportamiento destructivo.

Manjushri Yashas enumera con claridad el simbolismo escondido. Raudrachakrin representa la “ mente de vajra”, o sea la luz clara de la mente más sutil. Shambala representa el estado de gran gozo en el que mora la mente de vajra. El ser un kalki significa que la mente de vajra tiene el perfecto nivel de conciencia profunda, a saber, el surgimiento simultáneo del vacío y el gozo. Los dos generales de Raudrachakrin, Rudra y Hanuman representan a los dos tipos de conciencia profunda, la de los pratyekabudas y los shravakas. Los doce dioses hindúes que ayudan a ganar la guerra representan la cesación de los doce eslabones de surgimiento dependiente y de las doce inversiones diarias de la respiración kármica. Los eslabones y las inversiones describen ambos el mecanismo que perpetúa el samsara. Las cuatro divisiones del ejército de Raudrachakrin representan los niveles más puros de las cuatro actitudes inconmensurables de amor, compasión, alegría y equidad. Las fuerzas no índicas derrotadas por Raudrachakrin y las divisiones de su ejército representan las mentes de fuerzas kármicas negativas, asistidas por el odio, la alevosía, el resentimiento y el prejuicio. La victoria sobre ellos es el logro del sendero a la liberación e iluminación.

El método didáctico budista

Aquí, a pesar de que las negaciones textuales del llamado a una guerra santa factual, la implicación de que el islam es una religión cruel, caracterizada por el odio, la mala intención y el comportamiento destructivo, puede ser usada fácilmente como evidencia para sostener que el budismo es antimusulmán. Si bien algunos budistas del pasado hayan podido tener de hecho tal parcialidad, y puedan algunos budistas de hoy en día mantener una visión sectaria, también es posible llegar una conclusión distinta a la luz de uno de los métodos didácticos budistas mahayana.

Por ejemplo, los textos mahayana presentan algunas visiones como características del budismo hinayana, tales como el trabajar egoístamente tan sólo por la propia liberación, sin tomar en cuenta el ayudar a los demás. Después de todo, la finalidad declarada de los practicantes hinayana es la liberación personal y no la iluminación en aras del beneficiar a todos. Pese a que tal descripción del hinayana haya llevado al prejuicio, un estudio objetivo de las escuelas hinayana tales como la teravada, revela un papel preponderante de la meditación sobre el amor y la compasión. Se puede concluir que el mahayana simplemente ignoraba en sí las enseñanzas hinayana. De otro modo, es posible reconocer que el mahayana usa aquí el método de lógica budista de llevar las posiciones hasta sus conclusiones absurdas con el fin de ayudar a las personas a evitar las posiciones extremistas. La intención de este método prasangika es de alertar a los practicantes para que eviten el extremo del egoísmo.

El mismo análisis es válido para las representaciones mahayanistas de las seis escuelas de las filosofías hindúes y jainistas medievales. Así como para las presentaciones de las posiciones en cada una de las tradiciones budistas tibetanas y de la tradición vernácula tibetana bon. Ninguna de estas presentaciones da una descripción precisa. Cada una exagera y distorsiona algunas características de las demás para ilustrar diferentes puntos. Lo mismo aplica para las afirmaciones del Kalachakra sobre la crueldad del islam y su amenaza potencial. Al final del siglo diez y a principios del once e.c., cuando las enseñanzas del Kalachakra aparecieron por primera vez en la India, ejércitos islámicos invadieron algunos países budistas. De hecho, muchos budistas e hindúes se convirtieron gustosamente al islam para evitar pagar el impuesto local obligatorio si conservaban su religión. He ahí el motivo de exageración. Aunque maestros budistas pretendan reivindicarse diciendo que en este caso el método prasangika de usar el islam para ilustrar el peligro espiritual es un medio hábil, también se podría argumentar que esto es una crasa falta de diplomacia, especialmente en los tiempos modernos.

Sin embargo, es comprensible el uso del islam para representar amenazadoras fuerzas destructivas, cuando se examina el contexto del período abasí temprano, en la región de Kabul, en el Afganistán oriental.

Las relaciones budisto-islámicas durante el período abasí

Al comienzo del período, los abasís gobernaban Bactriana (norte de Afganistán) donde dejaron a los budistas, hindúes y zoroastrianos locales conservar sus religiones mediante el pago de un impuesto Sin embargo, muchos aceptaron voluntariamente el islam, particularmente terratenientes y miembros de las clases educadas altas, urbanas. La cultura elevada de islam era más accesible que la propia y podían, también, evitar pagar el pesado tributo. Los chiitas turcos, aliados de los tibetanos, gobernaron Kabul, donde el budismo y el hinduismo florecían. Los gobernantes y líderes espirituales budistas seguramente se preocuparon de que ocurriese allí un fenómeno similar de conversión por conveniencia.

Los chiitas turcos gobernaron la región hasta el 870 e.c., perdiendo su control sólo entre el 815 y 819. Durante esos cuatro años, el califa abasí al-Ma'mun invadió Kabul y forzó al sah reinante a sometérsele y aceptar el islam. Para representar su sumisión el sah presentó como obsequio al califa una estatua de oro del Buda, del monasterio de Subahar. Como señal del triunfo del islam, el califa al-Ma'mun envió la enorme estatua, con su trono de plata y su corona enjoyada a la Meca, y la exhibió en la Kaaba durante dos años. Al hacer esto, el califa demostraba su autoridad para regir la totalidad del mundo islámico entero tras vencer a su hermano en una guerra civil. No obstante, ni forzó a la conversión a todos los budistas de Kabul, ni destruyó los monasterios. Ni siquiera destruyó la estatua de Buda que el sah de Kabul le obsequiara, como un ídolo, sino que la envió a la Meca como botín. Después de la retirada militar abasí para combatir movimientos en busca de autonomía en otras partes de su imperio, los monasterios budistas se recuperaron rápidamente.

El siguiente período en el que la región de Kabul estuvo bajo el dominio islámico, también fue corto, entre el 870 y el 879 e.c., conquistada por los jefes safáridas de un estado militar autónomo, recordado por su rudeza y destrucción de las culturas locales. Los conquistadores enviaron muchos “ídolos” budistas como trofeos al califa abasí. Cuando los sucesores de los chiitas turcos, los chiitas indios, retomaron la región, el budismo y los monasterios recobraron una vez más su anterior esplendor.

Los turco-gaznávidas conquistaron el Afganistán oriental a los chiitas indios en e.c., pero no destruyeron los monasterios budistas. Como vasallos de los abasís, los gaznávidas eran también seguidores del islam sunita. Pese a que toleraron el budismo y el hinduismo en el Afganistán oriental, su segundo gobernante, Mahmud de Ghazni lanzó una campaña contra los rivales de los abasís, el estado ismaelita de Multan. Mahmud conquistó Multan en 1008 e.c., haciendo huir a los chiitas indios de Gandhara y Oddyana. Los chiitas indios se habían aliado con el Multan. Doquiera que Mahmud conquistó, saqueó la riqueza de los templos hindúes y los monasterios budistas, y consolidó su poder.

Tras la victoria en Multan, y llevado sin duda por codicia de más tierra y riqueza, Mahmud continuó su invasión aún más al este. Conquistó el Punjab indio de hoy, conocido en aquel tiempo como Delhi. Sin embargo, cuando las tropas gaznávidas que presionaban hacia el norte desde Delhi hacia faldas de Cachemira, persiguiendo lo que quedaba de los chiitas hindúes, en 1015 o 1021 (dependiendo de las fuentes que uno consulte) fueron derrotados, supuestamente por el uso de mantras. Ese fue el primer ataque de Cachemira intentado por un ejército musulmán. La descripción del Kalachakra de la futura invasión y derrota de las fuerzas no índicas en Delhi, es entonces, muy probablemente, una superposición de la amenaza multaní a los abasís y gaznávidas, con la amenaza gaznávida a Cachemira.

Correlación entre las predicciones y la historia

Las predicciones históricas del primer kalki cuadran entonces con las épocas antedichas, pero adaptan los eventos para ilustrar lecciones. Sin embargo, tal como el comentarista sakya del siglo trece e.c. Buton afirma sobre la presentación de la historia en el Kalachakra, “escudriñar eventos históricos del pasado no tiene sentido”. Aún así Kedrub-ye explica más adelante que la guerra predicha entre Shambala y las fuerzas no índicas no es una mera metáfora sin referencia a una realidad histórica futura. Que si así fuera, entonces cuando El tantra de Kalachakra hace uso de analogías de planetas y constelaciones con lo interno, se llegaría a la conclusión absurda que los cuerpos celestes sólo existen como metáforas y no tienen referente externo.

Por otro lado, Kedrub-ye también previene contra tomar literalmente la predicción adicional del Kalachakra que la religión no índica se difundirá eventualmente a todos los doce continentes y que las enseñanzas de Raudrachakrin triunfarán hasta allí. La predicción no atañe al pueblo no índico descrito antes, ni a sus creencias o prácticas religiosas. El término mleccha se refiere sencillamente a fuerzas y creencias no Dhármicas que contradicen las enseñanzas del Buda.

Así, la predicción es que destructivas fuerzas contrarias a la práctica espiritual, y no específicamente un ejército musulmán, atacarán en el futuro, y que una “guerra santa” externa en su contra será necesaria. El mensaje implícito es que si los métodos pacíficos fallan y se ha de pelear una guerra santa, la batalla debe siempre basarse en los principios budistas de compasión y conciencia profunda de la realidad. Y esto es cierto pese al hecho que en la práctica éste lineamiento es extremadamente difícil de seguir cuando se entrenan soldados que no son bodisatvas. No obstante, si la guerra es conducida por los principios no índicos de odio, mala intención, resentimiento y prejuicio, las generaciones futuras no verán la diferencia entre los modos de sus ancestros y aquellos de las fuerzas no índicas; en consecuencia aceptarán con facilidad las maneras no índicas.

El concepto islámicode yihad

¿Es el concepto islámico de yihad una de las maneras del invasor? Si es así, ¿describe el Kalachakra al yihad con precisión, o tan sólo usa la invasión no índica de Shambala para representar un extremo por evitar? Para impedir la incomprensión interreligiosa es importante investigar estos temas.

La palabra árabe yihad significa una lucha en la cual uno necesita soportar sufrimientos y dificultades, tales como el hambre y la sed durante el ramadán, el mes sagrado del ayuno. Aquellos que se involucran en esta lucha son muyahidines. Recuerda a uno las enseñanzas budistas sobre la paciencia para que los bodisatvas soporten las dificultades de seguir el sendero a la iluminación.

La división sunita del islam describe cinco tipos de yihad:

  1. Un yihad militar es una campaña defensiva contra agresores que tratan de dañar al islam. No es un ataque ofensivo para convertir al islam por la fuerza.

  2. Un yihad por recursos implica el dar apoyo financiero y material a los pobres y a los necesitados.

  3. Un yihad por trabajo es apoyar de manera honesta a uno mismo y su familia.

  4. Un yihad por estudio es adquirir conocimiento.

  5. Un yihad contra uno mismo es una lucha interior para vencer deseos y pensamientos contra las enseñanzas musulmanas.

Las divisiones chiitas del islam hacen énfasis en el primer tipo de yihad, equiparando al ataque a un estado islámico con un ataque a la fe islámica. Muchos chiitas también aceptan el quinto tipo, el yihad espiritual interior.

Similitudes entre el budismo y el islam

La presentación del Kalachakra de la guerra mítica de Shambala y la discusión islámica del yihad muestran notables similitudes. Tanto la guerra santa budista y como la islámica son tácticas defensivas para detener ataques por parte de fuerzas hostiles externas, jamás campañas ofensivas para ganar conversos. Ambos tienen niveles de sentido espiritual interno, en los que la batalla es contra pensamientos negativos y emociones destructivas. Ambas necesitan emprenderse basadas en principios éticos, no con base en prejuicios y odio. Así, al presentar la invasión no índica de Shambala como puramente negativa, la literatura del Kalachakra de hecho tergiversa el concepto de yihad a la manera prasangika de llevarlo a su extremo lógico para ilustrar una posición a evitar.

Más aún, tal como muchos líderes han distorsionado y explotado el concepto de yihad por poder y lucro, igualmente ha ocurrido con Shambala y su discurso de guerra contra destructivas fuerzas foráneas. El ruso Agvan Dorjief, tutor asistente buriato-mongol del décimo tercer Dalai Lama en las postrimerías del siglo diecinueve e.c., proclamaba que Rusia era Shambala y que el zar era un kalki. Así trató de convencer al décimo tercer Dalai Lama para formar filas con Rusia contra el “ mleccha” británico en la lucha por el control del Asia central.

Los mongoles han identificado tradicionalmente al rey Suchandra de Shambala y a Gengis Khan como encarnaciones de Vajrapani. Luchar por Shambala es entonces luchar por la gloria de Gengis Khan y por Mongolia. Así, Sukhe-Bator, líder de la revolución comunista mongola de 1921 en contra del muy severo régimen del barón von Ungern-Sternberg apoyado por los rusos blancos y los japoneses, inspiró a sus tropas con la narración del Kalachakra sobre la guerra que finalizará el kaliyuga. Les prometió renacimiento como guerreros del rey de Shambala, a pesar de no existir fundamento textual para su alegato en la literatura del Kalachakra. Durante la ocupación japonesa de Mongolia en los años treinta, los soberanos japoneses trataron a su vez de ganarse el apoyo militar y la obediencia mongola a través de una campaña de propaganda proponiendo que Japón era Shambala.

Conclusión

Tal como los críticos del budismo podrían concentrarse en lo abusivo del nivel externo de la batalla espiritual del Kalachakra, y despreciar el nivel interno, lo que sería injusto para con el budismo como un todo; lo mismo es cierto en lo tocante a las críticas antimusulmanes del yihad. Aquí puede ser útil el consejo en cualidades y defectos. Aunque un discípulo no pueda negar los rasgos negativos del maestro, quedarse en ellas sólo causará enojo y depresión. Si, por el contrario, el alumno se concentra en las cualidades del maestro, obtendrá inspiración para seguir el sendero espiritual.

Lo mismo puede decirse sobre las enseñanzas budistas e islámicas en lo tocante a las guerras santas. Ambas religiones han visto abusos en los llamados a una batalla externa cuando fuerzas destructivas amenazan la práctica religiosa. Sin negar dichos abusos ni quedarse en ellos, se puede obtener inspiración al concentrarse en los beneficios de llevar a cabo una guerra santa interna, en cualquier credo.