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Introducción al budismo desde un punto de vista islámico

Revisado en diciembre de 2006
de la versión originalmente publicada:
Berzin, Alexander. Buddhism and Its Impact on Asia.
Asian Monographs
, no. 8.
Cairo: Cairo University, Center for Asian Studies, junio de 1996.
Traducido por Giovanni Reyes

El Buda no es un dios omnipotente

Hace casi dos y medio milenios, el fundador del budismo, Shakyamuni, fue príncipe de una pequeña ciudad-estado de Kapilavastu, que se encontraba ubicada en lo que hoy es la frontera norte entre la India y Nepal. Luego de ver los sufrimientos físicos y mentales de sus súbditos, Shakyamuni renunció a su vida en la realeza y pasó muchos años en meditación, buscando la forma en la que los seres podían liberarse de sus problemas, y obtener así una felicidad duradera. Como resultado de su intensa compasión por los otros y su profunda comprensión, él fue capaz de sobreponerse a sus limitaciones y problemas, y llegó a hacer realidad sus potencialidades, transformándose en un buda. Un buda no es un dios omnipotente, sino literalmente alguien que se encuentra “totalmente despierto” de manera que puede ser plenamente útil a otros. Luego, Shakyamuni Buda estuvo el resto de su vida enseñando a otros las técnicas para alcanzar ese estado de despertar que había logrado, de forma que otros pudiesen llegar a ser budas totalmente iluminados por sí mismos.

Referencias al Buda en el Corán

El académico de mediados del s. XX, Hamid Abdul Qadir, en su Buda el grande: su vida y filosofía (en árabe: Budha al-Akbar Hayatoh wa Falsaftoh) indica que el profeta Dhu´l-Kifl, que significa “el de Kifl”, hace dos menciones en el Corán (Al-Anbiya" 85 y Sad 48) refiriéndose a Shakyamuni Buda como un ser paciente y bueno. Aun cuando muchos académicos identifican a Dhu´l-Kifl con el profeta Ezequiel, Qadir explica que “Kifl” es la forma arábiga de Kapila, una forma breve de referirse a Kapilavastu. Él también propone que la mención del Corán de la higuera (At-Tin 1-5) se refiere igualmente al Buda, debido a que obtuvo la iluminación al pie de uno de estos árboles. Algunos académicos aceptan esta teoría y apoyan este planteamiento, indicando que en el s. XI, el historiador musulmán persa de la India, Al-Biruni, se refiere al Buda como un profeta. Otros no toman en cuenta esta última parte de la evidencia y explican que Al-Biruni solamente se encontraba describiendo que la gente de la India consideraba al Buda un profeta.

Algunos académicos asocian al profetizado Buda Maitreya, el Amable o Misericordioso, con el profeta Mahoma como siervo del Misericordioso. Aunque las verdades que el Buda descubrió bajo la higuera no son descritas como revelaciones, más tarde, grandes maestros budistas recibieron revelaciones de textos sagrados, tales como Asanga en el s. IV en la India, directamente de Maitreya en Tushita, la tierra pura llena de gozo.

Budistas como personajes del Libro

Las enseñanzas del Buda y las técnicas que compartió con otros son conocidas en sánscrito como “Darma”, que literalmente significa “medidas preventivas”. Constituyen un conjunto de medidas y métodos que permiten evitar el sufrimiento tanto para uno como para los otros. Los discursos del Buda que hasta el s. II antes de nuestra era habían sido transmitidos de manera oral se plasmaron, entonces, en forma de textos escritos. Fue en las áreas que actualmente ocupan los países de Uzbekistán y el norte de Afganistán, donde los árabes encontraron a los primeros budistas. Las versiones de estos textos que están ampliamente disponibles eran traducciones al turco antiguo y al sogdiano. En estas lenguas, la palabra Darma fue traducida como nom un vocablo prestado del griego, que significa “ley”.

El Corán enseña tolerancia hacia las religiones que practica la “gente del Libro”, en referencia a cristianos y judíos. Cuando los árabes encontraron a los budistas, aunque en sentido estricto ellos no eran “gente del Libro”, les concedieron la misma condición y los mismos derechos que a los cristianos y a los judíos. Se les permitió la práctica de su religión, siempre y cuando la gente laica pagara tributo. Así que, el concepto legal de la “gente del Libro” parece haber sido aplicado a todos aquellos que seguían un conjunto de principios éticos provenientes de una autoridad superior.

Enseñanzas básicas del budismo

Las Cuatro Verdades Nobles

Las enseñanzas básicas de Buda en relación con el Darma son conocidas como “Las Cuatro Verdades Nobles”, son cuatro hechos reconocidos como verdaderos por seres que han alcanzado un gran nivel de realización. El Buda reconoció que cada uno enfrenta: (1) verdaderos problemas. Aunque existen también motivos de gozo, no es posible negar que la vida sea difícil. Enfermedades, vejez y muerte tanto para uno como para los seres queridos, frustraciones en la vida, decepciones en nuestras relaciones, y así sucesivamente, son elementos de dificultad. No obstante, la gente hace que estas situaciones sean aún más penosas con sus actitudes, las cuales se basan en la confusión.

(2) La verdadera causa de los problemas es la falta de darnos cuenta o ignorancia de la realidad. Por ejemplo, las personas piensan que son el centro del universo. Es como si cuando somos niños y cerramos los ojos, consideramos que los demás dejan de existir. Debido a esta engañosa percepción, las personas sienten que ellas son las únicas importantes y que por ello deben salirse siempre con la suya, obtener lo que quieren. Como resultado de esta actitud egocéntrica, centrada en la propia importancia, se generan discusiones, luchas y hasta guerras. Pero si es verdad que cada uno es el centro del universo, entonces todos deberían estar de acuerdo. Sin embargo, nadie está de acuerdo con esto, ya que cada uno por su lado se considera a sí mismo como el centro de todo el universo. No es posible que todos estén en lo correcto sobre este punto, al mismo tiempo.

No obstante, es posible (3) alcanzar la verdadera cesación de todos los problemas, de manera que se puede evitar el tener infelicidad. Esto es posible lograrlo si cada uno (4) adopta una vía de la mente verdadera mediante la cual comprendamos la realidad. En otras palabras, si uno llega a la plena realización del hecho de que todo está interconectado y es interdependiente, y que nadie es el centro del universo, entonces es posible para la gente encontrar las soluciones a sus problemas y poder vivir en paz y armonía. La aproximación básica al conocimiento en el budismo, por tanto, está basada en fundamentos científicos y racionales. Para eliminar los problemas, uno debe identificar y remover las causas. Todo ocurre conforme las leyes de causa y efecto.

Vacuidad e interdependencia

Los principales aspectos de las enseñanzas del Buda están relacionados con la visión de la realidad, es decir las interrelaciones entre todo y todos, y consecuentemente con el desarrollo de igualdad en el amor y la compasión por todos los seres. El más alto principio que unifica todo es conocido como “vacuidad”, que se da más allá de los nombres y los conceptos. La vacuidad se refiere al hecho de que nada existe de maneras imposibles y fantasiosas tales como verdaderamente independientes de todo lo demás, sino que todos los seres y las cosas surgen en dependencia unos de otros. Debido a esa interdependencia entre todas las criaturas y el ambiente, es necesario tener amor, interés y compasión, por todos los otros, y asumir la responsabilidad de ayudarles activamente. Se requiere de una perfecta concentración y un firme sustento ético en la autodisciplina para permanecer centrado en estos dos aspectos, vacuidad y compasión, conocidos como sabiduría y método. El Buda enseñó muchas técnicas para entrenarse en todas esas áreas.

Ética y karma

Buda enfatizó mucho el vivir una vida conforme bases éticas, siguiendo estrictas normas morales. Indicó que era necesario ayudar a otros, y si esto no era posible, al menos no hacerles daño. Explicó las bases éticas en términos de los principios del karma, o causa y efecto del comportamiento. “Karma” no es sinónimo de destino, sino que se refiere a los impulsos que motivan y acompañan a las acciones mentales, verbales y físicas. Los impulsos para actuar de manera positiva o negativa, surgen debido a situaciones y condicionantes previas, y crean escenarios en los cuales se experimentará cierto nivel de felicidad o sufrimiento. Estas situaciones ocurrirán ya sea en esta vida o en vidas futuras.

Renacimiento

De igual manera que ocurre con otras religiones de la India, el budismo cree en el renacimiento o reencarnación. La continuidad mental de un individuo con sus instintos, sus talentos, etc. viene de vidas pasadas y continúa en vidas futuras. Todo ello se construye conforme a las acciones de cada uno, y a las propensiones acumuladas por dichas acciones. De acuerdo a ello, un individuo puede renacer en un cielo o en un infierno, como animal, como humano o como cualquier variedad existente de espíritus o fantasmas. Todos los seres experimentan renacimientos incontrolables, debido a la fuerza de sus actitudes perturbadas, tales como los apegos, el enojo y la ingenuidad, y los impulsos kármicos, disparados por dichas actitudes, que les hacen actuar compulsivamente. Si uno sigue los impulsos negativos que emergen en la mente, debido a patrones del pasado, y actúa destructivamente, se experimentarán, como resultado, sufrimiento e infelicidad. Si, por otra parte, uno se decide a realizar actividades y fines constructivos, uno experimentará felicidad. La felicidad o infelicidad de cada ser, consecuentemente, no es un premio o un castigo, sino que es una consecuencia basada en las acciones previas de conformidad con las leyes de causa y efecto del comportamiento.

La base fundamental de la ética budista está constituida por el abstenerse de realizar las diez acciones especialmente destructivas. Se trata de los actos físicos de matar, de robar, de tener un comportamiento sexual inapropiado; las acciones verbales de mentir, hablar provocando divisiones, utilización de lenguaje rudo y cruel, y del parloteo sin sentido; además de las acciones mentales en cuanto a pensamientos de codicia, de malicia y de pensar de manera antagonista y distorsionada con la que se niega el valor de cualquier cosa positiva. El Buda no enseñó un código legal, similar a la Sharia, mediante el cual se pueden determinar castigos en función de actos negativos. Ya sea que las personas castiguen o no a aquellos que actúan destructivamente, o aquellos que actúan negativamente, se tendrán siempre los resultados negativos de tales comportamientos.

Práctica devocional y meditación

El Buda llegó a reconocer que no sólo cada uno tiene igual capacidad o habilidad de sobreponerse a todos sus problemas y llegar a la condición de buda, sino que además las personas pueden llegar a esas condiciones a partir de ser individuos diferentes, con diversidad de preferencias, intereses y talentos. Respetando estas diferencias, el Buda enseñó muchos métodos diferentes para trabajar con uno mismo y para sobreponerse a las limitaciones que se tienen, todo ello a fin de hacer realidad las potencialidades propias. Estos métodos incluyen el estudio, la práctica devocional tal como las postraciones que se hacen tres veces antes de la oración, las acciones generosas para los necesitados, la recitación de los nombres de budas y de sílabas sagradas (mantras) contadas mediante cuentas de un rosario, el peregrinaje a los lugares santos y la circunambulación de monumentos sagrados, y especialmente la meditación. La meditación significa la construcción de hábitos beneficiosos, y se logra con la generación repetida de actitudes positivas tales como la paciencia, el amor, la presencia mental, la concentración y la visión eficaz de la realidad, para con ello practicar el visualizar situaciones de la vida personal desde la perspectiva de esas actitudes.

Más aún, el Buda insistió en que la gente no debía creer en nada de lo que él decía sólo por tener fe en él, sino que debía comprobar sus enseñanzas, cerciorarse de ellas tal y como lo hace una persona que va a comprar oro. Solamente si las personas encontraban por sí mismas, mediante experiencia personal, que las enseñanzas eran algo beneficioso para ellas, debían adoptar tales conceptos en su vida. No hay necesidad de cambiar culturas o incluso religiones, puntualizó el Buda. Cada persona que encontrara algo útil en sus enseñanzas estaba invitada a tomar parte en ellas.

No existe prescripción acerca de horas o tiempos específicos para la oración, ni servicios religiosos guiados por clérigos para la gente laica, ni hay observancia del sábado en el budismo. La gente puede orar en cualquier lugar a cualquier hora del día. Lo más frecuente, no obstante, es que las oraciones y la meditación se realicen en templos budistas o ante altares en el hogar de cada persona. En muchas ocasiones existen esculturas o pinturas de budas o bodisatvas, aquellos que están totalmente dedicados a ayudar a otros a llegar a ser budas. La gente no adora o reza a esas estatuas, sino que las utiliza como ayuda para centrar su atención en los grandes seres que ellos representan. Con base en que los budas y bodisatvas no son dioses omnipotentes, la finalidad de la oración es solicitar inspiración y guía de esos personajes a fin de llenarse de fortaleza y de reforzar la voluntad individual en función de las aspiraciones del budismo. Las personas que carecen de educación, no obstante, simplemente solicitan que sus deseos sean satisfechos. Como un signo de respeto por lo que los budas han alcanzado, las personas muchas veces ofrecen incienso, velas, recipientes con agua y alimentos delante de las estatuas o pinturas.

Dieta y abstinencia de alcohol

Tampoco existen normas dietéticas en el budismo. A los budistas se les exhorta a que sean lo más vegetarianos posible, no obstante, aun cuando uno se alimente solamente de plantas o vegetales, siempre habrá insectos que mueren en toda forma de agricultura. Uno trata, por tanto, de minimizar el daño que se puede causar a los animales e insectos en el proceso de satisfacer las necesidades de alimento. Algunas veces puede ser necesario el consumo de carne, por ejemplo debido a razones médicas, para no ofender a anfitriones, o bien cuando ningún otro alimento se encuentra disponible. En tales casos, se agradece al animal que perdió su vida en pro del bienestar de uno, y se elevan oraciones para que logre un mejor renacimiento.

El Buda también instruyó a sus seguidores a que no bebieran una sola gota de alcohol. El entrenamiento y capacitación budista están dirigidos a desarrollar la presencia mental, la disciplina y el autocontrol. Todo ello se tiende a perder cuando uno ingiere bebidas alcohólicas. Sin embargo, no todos los budistas siguen este consejo del Buda.

Tradición monástica

El budismo incluye tanto la tradición monástica como la laica. Existen monjes y monjas que hacen observancia de cientos de votos, incluyendo el celibato total. Ellos rasuran su cabeza, utilizan ropas especiales y viven en comunidades monásticas. Dedican su vida al estudio, meditación, oración y a llevar a cabo ceremonias para beneficio de la comunidad laica. Los laicos a su vez, apoyan a los monásticos mediante la dotación de alimento, ya sea de manera directa a los monasterios, o atendiendo a los monjes que llegan cada mañana a los hogares para recolectar limosna.

Igualdad

Aunque en tiempos del Buda la sociedad de la India estaba organizada en castas, incluyendo a grupos catalogados como intocables, el Buda declaró que todos eran iguales dentro de su comunidad monástica. Por lo tanto, el Buda abolió las diferencias de castas para aquellos que abandonaban la sociedad a fin de vivir en monasterios y dedicar su vida a la práctica espiritual. La jerarquía en los monasterios estuvo basada en el respeto a quienes ya habían sido ordenados y habían mantenido los votos por el tiempo más prolongado. Una persona joven ordenada antes que una persona de mayor edad, se sentaría adelante en las asambleas de oración y a ella se le serviría primero el alimento y el té. De conformidad con la costumbre asiática, cuando las mujeres y los hombres se encontraban juntos en las asambleas religiosas, se sentarían separados, con los hombres en la parte del frente.