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Inicio > eBooks > Libros publicados > La relación con el maestro espiritual: Construir una relación sana > 16. Bloqueos en la apertura personal a un mentor espiritual

La relación con el maestro espiritual
Construir una relación sana

Originalmente publicado como
Berzin, Alexander. Relación con el maestro espiritual:
Construir una relación sana.

Ithaca, Snow Lion, 2000

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Parte III: Relaciones malsanas con maestros espirituales

16. Bloqueos en la apertura personal a un mentor espiritual

Paranoia y vulnerabilidad

Uno de los aspectos más importantes en las relaciones discípulo-mentor sanas es que los discípulos reciban inspiración de sus mentores. Esto sólo puede ocurrir si están abiertos a la influencia positiva edificadora de sus mentores. Sin embargo, algunos discípulos tienen la paranoia de que si se abren a un mentor espiritual caerán bajo su control o serán manipulados. Alternativamente, pueden sentir que al abrirse se harán vulnerables. Temen que los hieran, que los traicionen o que abusen de ellos. Si un mentor no está correctamente cualificado, y particularmente si el maestro tiene intenciones sin escrúpulos, su reticencia está bien fundamentada. Sin embargo, si el maestro es un mentor correctamente cualificado, necesitan superar sus bloqueos para producir el progreso más eficiente.

Sólo podemos abrir nuestro corazón para recibir inspiración de una manera sana si tenemos una comprensión básica de la vacuidad, particularmente una comprensión de cómo existimos. Esta es una de las razones, como se explicó antes, de por qué convertirse en un discípulo requiere del conocimiento de las enseñanzas budistas básicas. Específicamente, necesitamos al menos una comprensión intelectual de la diferenciación que hace el budismo entre un “yo” convencionalmente existente y un “yo” totalmente ficticio o falso. La psicología occidental habla de un ego sano y un ego sobrevaluado. Un ego sano es la concepción y la creencia de que el “yo” convencional existe en la forma de un “yo” falso.

Un “yo” convencionalmente existente es la persona a quien se refiere la palabra yo, basada en la continuidad ininterrumpida de la experiencia exclusiva de un individuo. Con un ego sano uno es capaz de organizar su propia vida y ocuparse de sus necesidades personales. Un “ yo” falso es un “yo” sólidamente existente, que se supone se puede encontrar en alguna parte dentro de uno mismo, que actúa como un jefe independiente que trata de controlar la experiencia personal. La noción de que un “yo” convencional podría existir de una forma concreta semejante no se refiere a nada real. La ciencia moderna está de acuerdo: el cerebro funciona como un entramado complejo, sin ningún centro de control. Sin embargo, con un ego sobrevaluado uno se identifica con el “yo” falso y cree equivocadamente que puede controlar completamente lo que sucede.

Con una comprensión correcta de la vacuidad se deja de caer en uno de los dos extremos. Por un lado, se deja de proyectar y creer que el “yo” convencional existe como un “yo” falso. Por el otro lado, no se rechaza la idea de que existe el “yo” convencional. De esta manera, los discípulos maduros cualificados mantienen un equilibrio entre la apertura a la influencia iluminadora de un mentor, sin proyectar un “yo” falso a sí mismos, y la capacidad de preservar su individualidad e integridad en base a un “yo” convencional. Exploremos la cuestión más cabalmente.

Diversos factores personales y culturales pueden respaldar el temor a abrirse a un mentor espiritual; no obstante, desde un punto de vista profundo, el temor surge por caer en uno de los dos extremos. Un discípulo puede temer a la manipulación por tener un sentido sobrevaluado del “yo” falso que debe resistir o quedará totalmente fuera de su control. Esto ocurre a menudo con personas que tienen la obsesión de tratar de controlar todo en su vida y todas las situaciones con quienes los rodean. Su obsesión los vuelve particularmente recelosos de la manipulación a través de la sugestión, como en la meditación guiada. Alternativamente, la paranoia y el temor pueden surgir del sentido disfuncional de un “yo” convencional, incapaz de mantener su identidad válida frente a un ataque externo que aparentemente existe de manera independiente.

Si en vez de cerrarse uno se abre a un mentor mientras mantiene inconscientemente cualquiera de las dos perspectivas extremas, aún puede desarrollar otras formas de relaciones malsanas. Con un fuerte sentido del “yo” falso, uno puede sobrevaluar su ego más aún al unirlo con el “yo” sobrevaluado de un mentor sobrevaluado. Esto les ocurre a menudo a los discípulos que se unen a cultos espirituales fascistas y obtienen un empoderamiento existencial a través de la fuerza de los líderes y los grupos. El síndrome también ocurre con los “fans espirituales” que siguen a mentores cualificados.

Por otro lado, con un sentido disfuncional de un “yo” convencional, uno se puede tornar sumiso y excesivamente devocional. Uno puede tratar de obtener un sentido de un “yo” falso, sólido, sobrevaluándose e identificándose con el “yo” convencional del mentor, en vez de hacer lo mismo con el “yo” convencional propio. El resultado es usualmente la dependencia emocional exagerada, con el peligro de caer en la transferencia y la regresión degenerativa, o en la explotación y el posible abuso.

Por consiguiente, la apertura a la inspiración de un maestro espiritual necesita un gran cuidado. Para evitar posibles riesgos o dificultades, es necesario que la apertura sea un proceso gradual, acoplada con una comprensión cada vez más profunda de la vacuidad o la imposibilidad de que el “yo” convencional exista como un “yo” falso. La meditación del gurú del nivel sútrico puede ser útil aquí, ya que normalmente incluye enfocarse en las debilidades y deficiencias convencionalmente existentes del mentor como carentes de existencia como defectos inherentes y, por consiguiente, como características que surgen dependientemente. Podemos complementar la meditación enfocándonos también tanto en el “yo” convencional del mentor como en el nuestro. Ambos carecen de existencia en la forma de un “yo” falso, y son, no obstante, convencionalmente existentes y funcionales como un “yo” que surge dependientemente de los factores de los agregados de la experiencia.

Análisis de sistemas

Para entender la manera no lineal en la cual la meditación en la vacuidad beneficia la relación discípulo-mentor, tomemos prestadas algunas de las herramientas analíticas de la aplicación de los análisis de sistemas a la ecología profunda, de Maturana y Varela, en El árbol del conocimiento y La mente encarnada. Entender la vacuidad, abrirse a un mentor y recibir inspiración, forman un bucle de retroalimentación. Cuanto más entendemos, más nos abrimos. Cuanto más abiertos estamos, más inspiración recibimos. Cuanta más inspiración recibimos, más entendemos la vacuidad.

Como con todos los bucles de retroalimentación dentro de sistemas vivientes, la dinámica es auto reguladora. En otras palabras, en cada etapa del desarrollo la relación discípulo-mentor se estabiliza en un patrón diferente. Cuando se los observa durante períodos largos, los patrones se tornan progresivamente más sanos, aun cuando en cualquier período corto la relación puede tener altibajos.

Aquí, el sistema viviente es abierto: en otras palabras, la energía de la inspiración fluye continuamente a través de él. Consecuentemente, en ciertos puntos, el sistema viviente de la relación alcanza una etapa crítica. En esos momentos, el sistema libera y descarga energía que estaba concentrada, tal como la energía atada a la paranoia, la valoración exagerada, la sumisión o la devoción fanática. Por consiguiente, el sistema se transforma en una estructura nueva de eficiencia incrementada. La relación alcanza un nuevo nivel cuántico de energía a medida que empezamos a relacionarnos y a recibir inspiración de nuestro gurú interior, nuestra mente de luz clara.

Apertura de parte del mentor

Serkong Rinpoche me impartió cierta vez una profunda instrucción. Dijo que cuando, en el futuro, los discípulos lo vean a uno como un buda, y uno sepa perfectamente que aún no está iluminado, no debe permitir que eso lo desestabilice y le impida seguir considerando a su propio mentor como un buda. La implicancia es que un maestro espiritual, con la comprensión del significado no literal de considerar que el mentor es un buda, trata de proporcionar las circunstancias conducentes para que los discípulos obtengan el acceso a su mente de luz clara.

Debido a que los mentores espirituales comprenden la vacuidad, sus formas de relacionarse con los discípulos están libres de juegos ególatras. Es más, los mentores proporcionan honesta y sinceramente puertas abiertas para que nosotros, como discípulos, podamos acceder en forma segura a niveles de relación mucho más allá de viajes ególatras. A medida que nuestra comprensión progresiva de la vacuidad y creciente inspiración nos conducen a través del umbral, nos sentimos lo suficientemente seguros como para empezar a desprendernos de nuestros anteriores patrones neuróticos. Lentamente, nuestra relación discípulo-mentor se vuelve profundamente auténtica y honesta también de nuestra parte. A medida que soltamos progresivamente más ideas preconcebidas y conceptos concernientes a la relación, la franqueza mental que alcanzamos proporciona una circunstancia conducente para la apertura a la mente de luz clara.

Primero, empezamos a comprender profundamente la naturaleza de la mente de luz clara de nuestros mentores – la inseparabilidad entre nuestros mentores y los budas-. Con la suficiente comprensión de la vacuidad, la liberación de la energía neurótica que produce la comprensión profunda nos permite calmarnos y desprendernos incluso de niveles más profundos de conceptos, y así acercarnos al nivel de la luz clara dentro de nosotros.

Sin embargo, a veces los maestros espirituales no cualificados pueden desarrollar juegos ególatras con nosotros. Por ejemplo, los maestros pueden tratar de convencernos de adoptar sus actitudes codiciosamente sectarias. Para evitar las consecuencias infernales que se pueden producir si los maestros intentan explotarnos mientras estamos tratando de ser sinceros, necesitamos volver a enfocarnos en la vacuidad en la meditación del gurú. Las deficiencias de los mentores carecen de existencia como defectos inherentes y el “yo”, que parece independientemente existente y que el mentor está tratando de usar, carece de existencia de la forma en que aparece.

Además, nuestro “yo” convencional carece de existencia como un “yo” aparentemente independiente que debe luchar para resistir y así poder sobrevivir. Una correcta comprensión de la vacuidad nos permite una transparencia emocional que permite que el viaje ególatra de un mentor pase a través de nosotros, sin producir perturbación. Luego, podemos decir que no a la presión del mentor o mantener una distancia respetuosa si se ha hecho insostenible una relación de trabajo.

Lidiar con la muerte de un mentor

La muerte del propio mentor espiritual puede ser un suceso devastador. Podemos sentirnos abandonados o traicionados, especialmente si hemos sobrevaluado al mentor al grado de convertirlo en un buda verdadero, capaz de decidir cuándo morir. Podemos sentirnos como alguien que ha perdido a su cónyuge bien amado y que, al sentir que nadie podrá reemplazarlo jamás, decide no volver a casarse. De esta manera, podemos sentir que nadie podría reemplazar jamás al mentor y así nos cerramos a la posibilidad de volver a relacionarnos profundamente con otro Maestro espiritual.

Una fuente del bloqueo podría ser una valoración exagerada del mentor hasta convertirlo en “el único e incomparable mentor para mí”. El concepto alude indirectamente a una influencia inconsciente de la creencia bíblica en Jehová como el único e incomparable Dios. La creencia en otro Dios no sólo es desleal, sino también herética, estrictamente prohibida por mandato divino.

Un mentor, sin embargo, no es un dios celoso y vengativo. Considerar a alguien “el único” – ya sea el único mentor o el único compañero o pareja con quien nos podemos relacionar – es sobrevaluar a la persona y convertirla en un individuo independientemente existente con la identidad concreta de ser el único. Convencionalmente, cada mentor, igual que cada compañero o pareja, es un individuo único. Nadie puede duplicar exactamente a otro o proporcionar las circunstancias para una relación exactamente igual. No obstante, si la relación discípulo-mentor ha estado relativamente libre de viajes ególatras, podemos ser capaces de ver más fácilmente que abrirse a otros mentores no es una traición a nuestra relación con el mentor fallecido.

Es más, una relación sana con un mentor espiritual no finaliza con la muerte del maestro. Incluso después de la muerte del mentor, aún podemos recibir su inspiración en nuestros recuerdos y sueños. De hecho, a veces puede haber incluso menos bloqueos a la apertura. Mientras un maestro está vivo y geográficamente distante, podemos sentir que el maestro aún podría estar con nosotros, pero no lo está. Esto puede parecer una falla manifiesta y puede causar contrariedad y queja. Si, por otro lado, hemos aceptado la muerte del mentor y hemos realizado un duelo suficiente, irónicamente ya no nos sentimos distantes de la persona. El maestro fallecido parece presente todo el tiempo, en lo profundo de nuestro corazón.

Valoración exagerada, proyección e idealización

La valoración exagerada y la proyección inconscientes describen a menudo el mecanismo psicológico de relaciones malsanas con maestros espirituales. Por ejemplo, podemos estar trabajando para desarrollar una compasión desinteresada. Sin embargo, en el transcurso del proceso, mientras aún estamos influenciados por patrones perturbadores podemos negar o reprimir el lado narcisista de nuestra personalidad. La valoración exagerada inconsciente se puede manifestar entonces en una actitud de ser “más papista que el papa”. La valoración exagerada se puede manifestar ulteriormente en una preocupación narcisista con énfasis excesivo hacia sentimientos de devoción. También podemos proyectar la valoración exagerada en un mentor, y subsecuentemente ensalzarnos e identificarnos emocionalmente con el maestro o con su linaje.

Cuando uno proyecta y se vuelve exageradamente emocional acerca de un mentor y un linaje, puede emerger una desvalorización complementaria. En contraste con ellos, podemos sentir que somos inadecuados. Cuanto más perfectos parecen ser el maestro y el linaje, peor podemos parecer ante nuestros propios ojos. Si luego exageramos la auto imagen negativa, podemos obsesionarnos de forma malsana con sentimientos de auto mortificación. Podemos sentir que debemos sacrificarnos. Posteriormente, nuestra práctica de compasión desinteresada se puede transformar inconscientemente en un ejercicio de martirización para glorificar al mentor y al linaje.

Luego podemos sobredimensionar y proyectar negatividad sobre otros maestros y linajes que son supuestamente los rivales de nuestros mentores. Como consecuencia los podemos agrandar hasta convertirlos en el diablo y tornarnos fanáticamente sectarios. Además, si un mentor glorificado nos desilusiona o nos descuida de alguna manera, podemos exagerar nuestra baja autoestima y una o más de aquello que llamamos nuestras incompetencias, y sentir que somos malos discípulos y merecemos castigo. Alternativa o adicionalmente podemos sobredimensionar la negligencia y sentir que el mentor es tan cruel como Satán.

Para tratar de evitar la valoración exagerada y la proyección de negatividad, podemos complementar la meditación del gurú del nivel sútrico con la toma de conciencia, no sólo de las deficiencias de nuestros mentores, sino también de las nuestras. Al reconocer nuestras propias deficiencias, necesitamos ver que no existen como defectos inherentes. La comprensión nos puede permitir el desarrollo de actitudes sanas con respecto a las actitudes y emociones perturbadas que aún quedan en las etapas actuales de nuestro desarrollo. El equilibrio que se obtiene ayuda a prevenir que las relaciones con nuestros mentores se vuelvan malsanas.

También se requiere tener cuidado de no idealizar al maestro. La idealización atribuye buenas cualidades a otros que de hecho no las tienen. Por ejemplo, podemos proyectar y ver en nuestros mentores las buenas cualidades que sentimos que nosotros no tenemos o que necesitamos. A menudo les proyectamos esas cualidades a nuestros padres durante la niñez, pero no recibimos de ellos el trato que correspondía con nuestras expectativas. Incluso cuando nuestros mentores tienen las cualidades que sentimos que nosotros no tenemos, o que necesitamos, o que deseamos que hubieran poseído nuestros padres, las podemos sobredimensionar hasta proporciones imposibles y, consecuentemente, alejar a nuestros maestros más allá de nuestro alcance.

Debido a que el auto menosprecio usualmente acompaña a la idealización o la valoración exagerada, necesitamos comprender que las buenas cualidades que vemos reflejan los potenciales ocultos de nuestra propia naturaleza búdica. Esta comprensión es válida ya sea que los mentores realmente posean o no las cualidades correspondientes a nuestras proyecciones. Sin embargo, en las relaciones sanas con mentores espirituales acentuamos sólo las buenas cualidades que realmente tienen los maestros, sin exagerarlas o embellecerlas con más cualidades que desearíamos tuviesen.

Devoción

Como se analizó antes, una relación sana con un mentor espiritual no contiene la devoción neurótica que combina el fervor emocional con la obediencia irreflexiva. No obstante, incluso cuando algunos de los aspectos potencialmente positivos de la devoción están presentes, pueden surgir dificultades. Consideremos, por ejemplo, el sentimiento edificador derivado de una pérdida de ego al sentirse sobrecogido ante algo imponente. Las personas devotas se pueden abstraer en el esplendor de los rituales, o ante Dios, el país, causas justas o grandes figuras. Cuando la pérdida de ego implica una pérdida del sentido del “yo” falso, la devoción es una emoción constructiva y sana.

Sin embargo, en algunos contextos religiosos teístas, las personas piadosas totalmente devotas de Dios o de un santo se abstraen en un sobrecogimiento por un misterio indescifrable. En su forma clásica, la devoción se produce con un acto de fe. Esta forma de devoción a veces trae problemas debido a que los devotos pueden llegar a proyectar todo el lado inconsciente de su personalidad. Por consiguiente, en tanto consideren el objeto de devoción como un misterio, más allá de lo que pueden conocer, pueden bloquear la integración de sus potenciales inconscientes a sus estados conscientes. Desde un punto de vista budista, pueden bloquear el desarrollo pleno de su naturaleza búdica. Es más, al abstraerse sobrecogidos por el inconsciente, pueden renunciar a funcionar racionalmente. Al no tener más los pies sobre la tierra, pueden ser sujetos de manipulación o posible abuso en momentos de fervor religioso.

Si los discípulos occidentales le proyectan un misterio que no se puede conocer a un mentor y se abstraen en adoración y sobrecogimiento, el resultado puede ser un bloqueo serio para las relaciones sanas. Si sufrimos de este problema podemos perder todo sentido, no sólo del falso “yo”, sino también del “yo” convencional, y tornarnos exageradamente dependientes de un mentor idealizado a quien sólo podemos venerar y adorar. Es más, considerar las cualidades y las acciones del mentor como un misterio que no se puede conocer – más allá de todo pensamiento, concepción, palabras y sentido de lo bueno y lo malo – puede ser una invitación al desastre.

Las acciones de un mentor como inconcebibles

Muchos textos nyingma y kagyu describen las acciones de un buda, y por lo tanto las acciones de un mentor, como más allá de todo pensamiento y concepción. Uno puede entender estas acciones sólo cuando comprende la verdad más profunda; puesto que la verdad más profunda está más allá del pensamiento y la concepción, así lo están las acciones que son su “juego”. Algunos discípulos malentienden el punto. Piensan que incluso el comportamiento abusivo de un maestro es inconcebible y que, por lo tanto, lo mejor es guardar silencio, porque espiritualmente no están lo suficientemente avanzados como para comprender su misterio. La resolución de su confusión requiere una correcta comprensión de lo inconcebible y de la relación entre la verdad convencional y la más profunda.

Podemos entender lo inconcebible de la verdad más profunda y, por lo tanto, lo inconcebible de las acciones de un mentor, de dos formas. Si consideramos que la verdad más profunda es la “ vacuidad de sí mismo” – la ausencia de formas imposibles de existencia – la comprensión directa, no conceptual, de la vacuidad, está más allá de las palabras, del pensamiento conceptuales, etcétera. Si la verdad más profunda se refiere a la “vacuidad de otro” – una comprensión de la realidad con una mente de luz clara – su comprensión directa está más allá de todos los niveles mentales más burdos en los cuales ocurre el pensamiento conceptual o verbal. Inconcebible, entonces, no significa incognoscible. Significa meramente que la comprensión plena está más allá del nivel del pensamiento conceptual.

Ya sea que consideremos la verdad más profunda como la vacuidad de sí mismo o la vacuidad de otro, las apariencias de las acciones de un mentor como el juego de la vacuidad son convencionalmente fenómenos verdaderos. Que las apariencias sean el juego de la vacuidad de sí mismo, significa que las apariencias convencionalmente verdaderas surgen como fenómenos comprensibles, cognoscibles, sólo porque son dependientemente existentes. Si fueran independientemente existentes, no podrían surgir ni conocerse o comprenderse. Que las apariencias sean el juego de la vacuidad de otro, significa que generar apariencias convencionalmente verdaderas es la actividad natural de la mente de luz clara, así como generar rayos de luz solar es la actividad natural del sol.

En el budismo, entonces, la verdad más profunda y la verdad convencional son dos hechos válidos acerca de un objeto, considerado por dos formas válidas de conocer algo acerca de él. La verdad más profunda acerca de las apariencias de las acciones de un mentor es la forma en que existen; la verdad convencional acerca de ellas es lo que son. Las dos verdades son así hechos inseparables -si uno es verídico, también lo es el otro-. De esta manera, la verdad más profunda no es un absoluto trascendental enteramente más allá de los fenómenos convencionales. Por consiguiente, la comprensión no conceptual de la verdad más profunda no requiere que se trascienda y se descarte la verdad convencional con un acto místico de fe. La comprensión se produce racionalmente por el suficiente fortalecimiento de nuestro entramado de buenas cualidades, potenciales positivos y conciencia profunda. Si concebimos la verdad más profunda como existiendo independientemente de la verdad convencional y, si además, concebimos la cognición válida de la verdad más profunda como existiendo independientemente de la cognición válida de la verdad convencional, no hemos entendido la verdad más profunda o la cognición válida.

Como se explicó antes, las literaturas nyingma y kagyu hablan típicamente desde el punto de vista resultante de un buda. Un buda aprehende la verdad convencional y la verdad más profunda acerca de los fenómenos simultánea e inseparablemente. De esta manera, dado que la aprehensión de un buda de la vacuidad de sí mismo y la vacuidad de otro está más allá del nivel del pensamiento conceptual, de modo similar, la captación simultánea e inseparable de un buda de las acciones de un mentor como el juego de la vacuidad, está más allá del pensamiento conceptual.

Sin embargo, desde los puntos de vista de la base y del sendero de los discípulos, las acciones de un mentor son cognoscibles y comprensibles sólo con una mente que capta los fenómenos convencionalmente verdaderos, no simultáneamente y separadamente de la vacuidad propia y la mente de luz clara. Una mente semejante normalmente puede entender las cosas sólo conceptualmente. No obstante, considerar las acciones de un mentor y tratar de entenderlas con una mente conceptual no significa un fracaso inevitable y no convierte esas acciones en misterios incognoscibles. Una mente que puede conocer las verdades convencionales – en este caso las apariencias de las acciones de un mentor – puede discernir correctamente entre acciones que concuerdan con el Darma y aquellas que lo contradicen. De esta manera, la declaración de que las acciones de un mentor son inconcebibles no torna a los discípulos incapaces de determinar correctamente qué son las acciones. Ni libera al mentor de la responsabilidad de las consecuencias de ellas.

La diferencia entre considerar que un mentor es un buda y la proyección

Proyectarle a un mentor el propio inconsciente “incognoscible” difiere significativamente de considerar que el mentor personal es un buda. De modo similar, es diferente considerar sus acciones como un misterio y considerarlas como un juego de la mente de luz clara y la vacuidad de sí mismo. Si convertimos a nuestros mentores y a sus cualidades y acciones en misterios incognoscibles, debemos aceptarlos como iluminados a través de un acto místico de fe. Si hacemos eso podemos estar cerrando los ojos a la realidad. Es posible que ya no consideremos o veamos las buenas cualidades reales de nuestros mentores, mucho menos sus verdaderos defectos convencionales. Esta ceguera ilusa crea un bloqueo en la relación realista con los mentores.

En las relaciones sanas con mentores espirituales, y específicamente con Maestros tántricos, los discípulos consideran que el mentor es un buda, pero comprenden claramente qué significa esto. La comprensión permite un fuerte sentimiento positivo de devoción en el cual se pueden abstraer, un sobrecogimiento ante algo más importante que ellos mismos. Sin embargo, aquí eso más importante es cognoscible, en vez de incognoscible y misterioso. Por consiguiente, la devoción que se siente es sensata, está bien fundada, y no entraña el éxtasis religioso o la proyección de contenidos inconscientes.

La devoción fundada, entonces, es otra connotación de la expresión sobrecogimiento – t raducida a veces inadecuadamente como desagrado o temor – que, como se explicó antes, usó Vasubandu para describir una emoción positiva que acompaña el aprecio por la bondad de un mentor espiritual. La pérdida de ego que caracteriza este tipo de sobrecogimiento y devoción, entonces, es la pérdida de una percepción egoica sobrevaluada del “yo” falso, en vez de la pérdida de una percepción sana de un “yo” convencional. Así, la devoción sensata a un mentor espiritual conduce a la propia apertura, madura y estable, a la inspiración y la alegría equilibrada.