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Inicio > eBooks > Libros publicados > La relación con el maestro espiritual: Construir una relación sana > 13. Dependencia excesiva y rebelión

La relación con el maestro espiritual
Construir una relación sana

Originalmente publicado como
Berzin, Alexander. Relación con el maestro espiritual:
Construir una relación sana.

Ithaca, Snow Lion, 2000

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Parte III: Relaciones malsanas con maestros espirituales

13. Dependencia excesiva y rebelión

Evitar depender excesivamente de otros para la energía espiritual

Incluso después de comprometerse con un sendero espiritual y establecer una relación discípulo-mentor, mantener la energía y la motivación en la práctica espiritual propia puede presentar con frecuencia un desafío. De modo que los buscadores necesitan una variedad de medios que los ayuden a salir de los momentos inevitables en los cuales se sienten sin inspiración y sin motivación. Los textos clásicos recomiendan que se mantenga un contacto estrecho con otros practicantes y con maestros espirituales cuando se tiene la necesidad de apoyo. Para elevar la energía espiritual también es útil pensar en los seres queridos o en los necesitados, o quizás recordar un viaje espiritual a Asia.

Aunque tales métodos nos pueden levantar el espíritu temporalmente, es posible que nuestra energía permanezca baja en su mayor parte, especialmente cuando estamos a solas. El problema puede ser la dependencia excesiva de factores externos, particularmente una dependencia excesiva malsana de otros. Aunque estar en un entorno solidario y mantener buenas compañías puede ayudar a proporcionar circunstancias conducentes a sostener una práctica espiritual, no son suficientes. En última instancia, la emoción motivadora y la energía edificante para la transformación personal deben provenir del interior.

El sutra de las conexiones indica claramente este hecho: “Los budas no pueden erradicar los potenciales negativos de otros, ni remover su sufrimiento del modo en que uno arrancaría una espina de un pie. No le pueden transferir su realización a nadie. Sólo pueden indicar el camino enseñando sobre la realidad”. La psicoterapia hace la misma observación. Más allá de lo que pueda hacer un terapeuta, los entendimientos profundos y la comprensión deben provenir del lado del paciente.

También podemos inferir esta verdad de una explicación que dio Sakya Pandita en El camino profundo del yoga del gurú, concerniente a la analogía anteriormente citada del sol, una lente de aumento y la yesca. Sin una lente de aumento para enfocar los rayos del sol, el calor del sol por sí mismo no puede encender la yesca. No obstante, la energía del fuego proviene en última instancia del potencial de la yesca para quemarse. De modo similar, sin una relación sana con un mentor espiritual para enfocar las olas de la inspiración de los budas, por sí misma la energía de las olas no puede activar a los discípulos hacia la iluminación. No obstante, la energía de la iluminación proviene en última instancia de los entramados de buenas cualidades, potenciales positivos y darse cuenta profundo dentro de un discípulo. En el nivel más profundo, la energía proviene del gurú interior de un discípulo, su mente de luz clara.

Además, Sakya Pandita continuó, si la yesca está húmeda o amontonada, no se prenderá fuego. De modo similar, si la mente de un discípulo es rebelde o está empapada de pensamientos irrelevantes, preconceptos o dudas, no llegará a resplandecer con inspiración. Los efectos surgen en dependencia de una combinación de causas y factores.

Factores culturales en la dependencia excesiva occidental y tibetana

En occidente muchas personas encuentran la vida abrumadoramente compleja y confusa. Debido a que la ansiedad, la tensión y las preocupaciones llenan su mente, no pueden encontrar fuentes interiores de fortaleza. La yesca está mojada y en desorden. Sus estados emocionales son inestables y nada los inspira. Con una típica baja estima occidental, son inseguros de sí mismos. Por miedo a cometer errores, algunos pueden tener el deseo de entregarles a otros la responsabilidad de las decisiones. Ansían desesperadamente una persona que sepa lo que sucede y se ocupe de todo, como un padre o dios ideal.

Algunos pueden llegar a unirse al ejército, de modo que simplemente necesiten seguir órdenes y no pensar por sí mismos. Aquellos con una inclinación más espiritual pueden llegar a acudir a Centros de Darma. Aun cuando su anhelo espiritual puede ser genuino, el bagaje emocional y cultural que traen consigo puede ocasionar que busquen relaciones con maestros espirituales como padres o figuras con autoridad. Pueden tener el deseo de establecer tales relaciones para tener la posibilidad de ceder la responsabilidad de tomar decisiones en su vida. Muchos tienen la esperanza de que esto les facilitará la vida y resolverá sus problemas.

Sin embargo, los occidentales que entran en este tipo de relación de dependencia excesiva, lo hacen voluntariamente. A nadie le gusta que lo fuercen a obedecer a otro. Si las personas han elegido someterse a otro, y han elegido al individuo al que se someten, usualmente se sienten cómodas con la situación.

El “pensamiento bíblico” puede contribuir inconscientemente a este patrón de comportamiento típicamente occidental. Por ejemplo, el concepto del pecado original puede fomentar un sentimiento de culpa inherente y baja autoestima. Consecuentemente, alguien podría sentir que tomar una decisión errada en la vida probaría su falta de valor y podría conducir, además, a ser rechazado como una mala persona, como si lo expulsaran del paraíso. Se siente que es más seguro dejar que alguien más tome las decisiones por uno.

Además, las costumbres occidentales modernas sobre la educación de los niños pueden reforzar un sentimiento de rechazo o abandono, sostenido doctrinalmente debido a la idea de que algo está inherentemente mal con uno mismo, o pueden fomentar sentimientos semejantes por sí mismos. Muchas madres occidentales ya no amamantan a sus bebés, no los llevan sobre su espalda todo el día, ni duermen con ellos de noche como lo hacen las madres en las sociedades tradicionales. En cambio, alimentan a sus bebés con biberones, los mantienen en corralitos, cochecitos para bebés o en guarderías mientras están despiertos, y los dejan en cunas, solos, por las noches. Desde el punto de vista de los bebés, han sido expulsados del paraíso. Consecuentemente, el contacto corporal insuficiente mientras se es bebé puede conducir, no sólo al síndrome occidental culturalmente específico de alienación del cuerpo y los sentimientos propios, sino también a un anhelo inconsciente de aceptación, afecto e incluso redención. Los buscadores espirituales occidentales atrapados en estos síndromes, a veces acuden a maestros espirituales con la esperanza inconsciente de satisfacer estas necesidades. La urgencia de sus impulsos inconscientes puede conducirlos a la dependencia excesiva.

Ocasionalmente, los buscadores occidentales excesivamente dependientes se encuentran con tibetanos que también son excesivamente dependientes de Maestros espirituales, y con base en esto pueden llegar a justificar su comportamiento. Sin embargo, las influencias culturales y la psicología que se encuentran detrás de la forma tibetana tradicional de dependencia excesiva de un maestro espiritual, difieren significativamente de aquellas que se encuentran detrás del típico patrón occidental. Muchos tibetanos, al igual que otros asiáticos, evitan aceptar la responsabilidad de tomar decisiones porque temen desprestigiarse en sus comunidades o deshonrar a sus familias si se equivocan. Por lo tanto, son principalmente consideraciones sociales y familiares, en vez de individuales, las que los conducen a entregar a los lamas la responsabilidad de sus decisiones.

Además, típicamente, los tibetanos no elegirían simplemente a cualquier lama con quien tener este tipo de relación excesivamente dependiente, sino que acudirían a los lamas o rinpoches que dirigen los monasterios de sus regiones locales. Esto sucede incluso entre los tibetanos en el exilio, en donde las limitaciones geográficas en la elección del lama no vienen al caso. Entonces, los factores comunales y sociales son los que afectan la decisión de un tibetano, no las preferencias individuales como en el caso de los occidentales. Además, los tibetanos no se sienten forzados a elegir a los lamas de sus regiones locales: sienten que la elección es naturalmente apropiada de acuerdo con las normas sociales. Es difícil que sea necesaria la presión grupal o individual.

Ya sea que una relación de dependencia excesiva con un maestro espiritual surja dentro de un contexto socio-psicológico occidental o tibetano, una relación semejante es fundamentalmente malsana. No fomenta la madurez que un sendero espiritual hacia la liberación busca desarrollar. Ciertamente, una relación sana con un mentor espiritual implica consultar al maestro por consejo concerniente a cuestiones espirituales. También implica obtener inspiración de la persona. Sin embargo, un mentor espiritual no es Dios, un padre o madre todopoderosos, o un señor feudal. Él o ella no nos pueden resolver todos los problemas. La sumisión obediente o la deferencia servil a la voluntad de un mentor, incluso cuando es voluntaria, no nos pueden redimir ni compensar por haber sido aparentemente abandonados por nuestros padres cuando éramos niños porque éramos malos o porque había algo malo con nosotros. Ni puede eximirnos de la responsabilidad por el fracaso o el desprestigio. Los buscadores espirituales, ya sean occidentales o tibetanos, que sufren de un síndrome de dependencia excesiva, necesitan enfocarse en su naturaleza búdica y trabajar en la remoción de este aspecto malsano en la relación con su maestro espiritual.

Dependencia excesiva basada en una orientación occidental hacia la ética

En Establecimiento del método y la conciencia discriminativa, Anangavajra, el yogui indio de gran realización, explicó cómo obtener inspiración de un mentor espiritual de una manera sana. Uno de los factores más importantes es la fuerza de carácter que proviene de mantener los votos propios y vínculos estrechos con la práctica ética. La autonomía que proviene de mantener la autodisciplina ética proporciona la madurez y la estabilidad necesarias para obtener inspiración de un mentor sin tornarse excesivamente dependiente. Esto se debe a que la base para la ética budista es el darse cuenta que discrimina. Al discernir entre los beneficios y las desventajas de diversas acciones, los practicantes se refrenan de la conducta destructiva que sólo causaría daño. Ser ético, entonces, depende enteramente de uno mismo.

Las culturas occidentales, en cambio, derivan su ética de una mezcla de pensamiento bíblico y griego antiguo. Por consiguiente basan su ética en la obediencia a la autoridad. Al obedecer leyes ordenadas, ya sea por Dios o promulgadas por la legislatura, uno se convierte en una persona ética. Un sentido de la ética occidental, entonces, promueve con frecuencia la dependencia psicológica de la obtención de aprobación y recompensa de la autoridad, y de evitar su censura y castigo. Así, muchos buscadores espirituales occidentales experimentan que su disciplina para meditar, por ejemplo, proviene de un deseo inconsciente de ser buenos discípulos y obtener la aprobación de sus mentores. Cuando la energía para la práctica espiritual proviene de un mentor que inspira culpa y temor al rechazo, en vez de inspirar una determinación autoconfiada, la relación discípulo-mentor se ha vuelto malsana.

Dependencia excesiva de la meditación guiada

En las instituciones monásticas tibetanas, una parte de la disciplina es el mantenimiento de un programa estricto de asambleas diarias, mensuales y anuales. En horarios determinados a lo largo del día y de la noche, los monjes y monjas se congregan, a veces todos juntos, a veces en grupos más pequeños, para recitar plegarias y para cantar y llevar a cabo rituales tántricos. Cada monasterio y convento, y cada una de sus subdivisiones, es responsable de la realización periódica de un conjunto específico de plegarias y rituales del linaje. Los textos de los rituales tántricos describen series de visualizaciones, así como estados mentales deseables, tales como la bodichita y la comprensión de la vacuidad. Mientras cantan juntos, los participantes tratan de visualizar y entrar en los estados que están recitando. El abad o abadesa y varios lamas pueden asistir, pero sólo como participantes sentados en la fila del frente en asientos algo elevados; un Maestro de canto guía la recitación coral. Nadie se sienta frente al grupo ni guía el ritual, ya sea describiendo los procedimientos al inicio de la sesión o guiándola paso a paso.

Aunque la participación en el recitado grupal de los rituales monásticos implica meditación, la mayoría de los monjes y monjas tibetanos tienen prácticas personales diarias adicionales, que llevan a cabo por su cuenta. Sus prácticas privadas incluyen usualmente cantar y llevar a cabo más rituales tántricos y, para algunos, sentarse en meditación silenciosa. De modo similar, los practicantes laicos tibetanos también meditan por su cuenta. El budismo tibetano tradicional no emplea la costumbre de la meditación grupal en silencio, ya sea con o sin un guía. Por consiguiente, cuando los Maestros tibetanos tradicionales llegaron por primera vez a Occidente y recibieron el pedido de guiar meditaciones grupales, muchos de ellos no tenían la menor idea de qué estaban hablando los estudiantes occidentales.

Los tibetanos aprenden a meditar con un maestro que les explica las instrucciones y luego practicando solos en su habitación. El maestro difícilmente medita alguna vez con los estudiantes, ni siquiera en las etapas iniciales del entrenamiento. Por el contrario, la mayoría de los occidentales necesitan que alguien medite con ellos al principio, para ayudarlos a superar la confusión y las barreras que pueden surgir por involucrarse en la práctica de una cultura extranjera. Así, la mayoría de los occidentales inevitablemente comienzan a meditar en un grupo guiado por un maestro.

Sin embargo, muchos occidentales carecen de la disciplina para meditar por su cuenta después de aprender los fundamentos. Por lo tanto, consideran que la meditación grupal continua, especialmente cuando la guía un maestro, los ayuda a construir hábitos beneficiosos. Ya sea meditación en silencio o que implique el canto grupal de un ritual, encuentran que es útil que siempre se siente al frente un maestro para describir el procedimiento al principio, y luego para meditar con ellos a lo largo de la sesión. Además, las personas desconcertadas por algunas de las prácticas silenciosas más complejas, encuentran que la meditación guiada es particularmente útil. Un maestro describe en etapas, usando sus propias palabras, las visualizaciones, comprensiones y sentimientos que los estudiantes tratan de generar. Mientras escuchan, los meditadores tratan de imaginar y sentir esas cosas mientras suspenden cualquier pensamiento independiente, ajeno. Sin embargo, depender habitualmente de cualquier forma de meditación grupal puede conducir a veces a una dependencia excesiva de esos estilos de práctica y de los maestros que las guían.

En la mayoría de los casos, los maestros guían la meditación por propósitos benevolentes. Sin embargo, dado que la meditación guiada funciona por el poder de la sugestión, particularmente cuando la meditación en silencio se guía paso a paso, un maestro con una tendencia al poder abusivo puede contribuir a la dependencia excesiva. El abuso puede tomar una forma artera, burda, si está motivada por el deseo egoísta de control, tal como cuando un maestro trata de manipular a los discípulos para que veneren al gurú mediante la inclusión de su propia imagen en la visualización. En casos extremos, el líder de un culto puede incluso usar la meditación guiada para lavarles el cerebro a los seguidores para que cometan suicidio en masa ante un inminente fin del mundo. En casos de explotación de poder más sutiles y benignos, un maestro puede desear sinceramente beneficiar a los discípulos. No obstante, un impulso inconsciente de obtener energía y satisfacción ayudando a otros de una manera activa y demostrable, puede subyacer el uso excesivo de la meditación guiada de parte de la persona.

No hay duda de que la energía directiva de un maestro carismático y la dinámica de un grupo pueden contribuir a la obtención de experiencias meditativas iniciales como practicantes novicios. La mayoría de los recién llegados, de hecho, tienen dificultades para aprender meditación sin una dirección semejante. Sin embargo, el desarrollo espiritual a través de la meditación necesita ser auto sustentante. Una vez que obtenemos cierto nivel de disciplina y experiencia a través de la meditación grupal guiada por un maestro, necesitamos fortalecer esa disciplina y experiencia mediante la práctica solitaria. De otro modo nos arriesgamos al peligro de hacernos adictos a la meditación guiada, como si fuera una droga recreativa. Si estamos atentos a estos puntos desde el inicio, podemos evitar los escollos de la dependencia excesiva de un maestro, o incluso de cintas grabadas, para la práctica de meditación.

Además, para participar en la meditación guiada necesitamos examinar tanto nuestra motivación como la de los maestros. Incluso si el maestro está tratando de obtener poder dirigiendo a otros, podemos obtener el beneficio de la meditación guiada si el propósito nos resulta lo suficientemente claro. Si un maestro está tratando de lavarles el cerebro a los buscadores espirituales para llevarlos a formas negativas de pensamiento, necesitamos reconocer los síntomas y retirarnos. Sin embargo, si el maestro tiene una estrategia sobreprotectora o manipuladora para ayudar a los buscadores a obtener formas positivas de pensamiento, podemos incluir este defecto en la sección de la meditación del gurú del nivel sútrico concerniente a enfocarse en las deficiencias de un mentor.

La dependencia excesiva de que a uno le solucionen todas las interrogantes

El Buda usó muchos métodos para guiar a los discípulos a lo largo del sendero espiritual. Cuando los discípulos hacían preguntas a veces empleaba el método socrático de responder con una pregunta. El propósito era ayudarlos a obtener una comprensión profunda y a responder la pregunta mediante su propio poder de razonamiento. Alternativamente, el Buda daba sólo respuestas parciales y se refería indirectamente al resto. Este estilo también alentaba a los discípulos a descubrir las respuestas mediante la razón o la experiencia personal. Ocasionalmente, el Buda usaba medios enigmáticos y respondía con paradojas o con declaraciones aparentemente irrelevantes, que podían conmocionar a los discípulos y llevarlos a niveles más profundos de entendimiento. En respuesta a otras preguntas, el Buda permanecía en silencio. Cualquier respuesta que hubiera dado habría confundido a los discípulos cuyos preconceptos eran demasiado densos como para permitirles entender plenamente. Sin embargo, el Buda respondía ciertas preguntas claramente, con precisión y autoridad, para dispar la confusión. De este modo, el Buda era un Maestro de “medios hábiles”.

Los mentores espirituales cualificados emplean la misma variedad de métodos que usó el Buda para guiar a los discípulos y para responder las preguntas. Sin embargo, a veces los maestros pueden responder las preguntas de un modo autoritario y no con autoridad. Esto puede desalentar la libre investigación y el libre pensamiento. En vez de ayudar a los discípulos a desarrollar los poderes del discernimiento y la razón, al dar respuestas categóricas a todas las preguntas tales maestros pueden alentar la dependencia excesiva. La situación depende de las motivaciones conscientes e inconscientes de los maestros y de sus niveles de pericia en el uso de medios hábiles.

Ciertos buscadores espirituales pueden ser propensos a la dependencia de maestros dogmáticos. Encuentran la vida tan confusa que quieren que todo sea seguro y esté bien definido. No desean pensar por sí mismos. Sin embargo, una actitud semejante no contribuye al crecimiento espiritual. Por lo tanto, si los maestros espirituales dan sólo respuestas parciales o enigmáticas a las preguntas, necesitamos comprender que ese es un método de enseñanza. Apreciar el método ayuda a evitar la frustración y la impaciencia con las respuestas insatisfactorias. Por otro lado, si los maestros tratan de reprimir nuestra mente, necesitamos recordar el consejo del Buda en Sutra sobre el despliegue [de los reinos puros] en un arreglo denso: “No aceptes mi Darma meramente por respeto a mí, analiza y verifícalo del modo en que un orfebre analiza el oro, frotándolo, cortándolo y fundiéndolo”.

La cuestión de la sumisión

Algunos occidentales entran en relaciones con maestros espirituales siguiendo el modelo de las monjas católicas que contraen matrimonio con Jesús y toman el voto de una obediencia total, incuestionable, a la autoridad superior. Sienten que si se entregan, abren su corazón y permiten que sus mentores actúen a través de ellos, serán capaces de servir al mundo. En un nivel psicológico, a veces este síndrome surge de la baja estima y de sentimientos de que la auto estima proviene de “la pertenencia” a un ser espiritualmente superior. Aunque entre los buscadores espirituales el síndrome es más típico entre las mujeres en relación con maestros hombres, también surge a menudo entre los hombres.

La sumisión voluntaria a una persona idealizada y el deseo de pertenecerle a alguien superior a ellos mismos, puede dejar a los buscadores espirituales fácilmente abiertos a varias formas de abuso. Si son abusados, ya sea sexualmente o de maneras menos severas, la experiencia puede reforzar la pobre opinión que tienen de sí mismos: pueden sentir que merecían el maltrato. Alternativamente, el abuso puede hacer que posteriormente cierren su corazón a cualquier otra persona. En la superficie, la sumisión puede parecer una pérdida de ego y por lo tanto una virtud budista. Sin embargo, si la sumisión es para obtener inconscientemente un sentido de autoestima y para afirmarse mediante la pertenencia a alguien superior, en vez de fortalecer el sentido saludable del yo, lo socava. Un sentimiento de autoestima proviene principalmente del reconocimiento de los propios potenciales y de usarlos para beneficiar a otros tanto como uno pueda.

Además, los discípulos occidentales que suponen que el budismo comparte el punto de vista bíblico respecto de la ética, pueden imaginar erróneamente que los lamas tibetanos los juzgan moralmente. Esto puede llevar a que se introduzca inapropiadamente el concepto de culpa en la dinámica de la relación. Si los estudiantes no hacen todo lo que sus mentores les piden, se sienten culpables e indignos. Por lo tanto, al temer el rechazo por ser “malos discípulos”, sienten que se deben someter sin discusión y obedecer siempre.

Desde un punto de vista budista la causa y efecto conductual funciona sin el juicio de una autoridad superior. Una persona evita el comportamiento destructivo, no por temor al castigo, sino debido al deseo de evitar el sufrimiento que produce el comportamiento malsano. Como se explicó antes, la obediencia a las leyes creadas por Dios o promulgadas por una legislatura elegida es una virtud culturalmente específica, no una virtud universal.

Una relación sana con un mentor espiritual, entonces, no implica sumisión o pertenecerle al mentor. Tampoco implica una obediencia basada en la culpa. Uno debe diferenciar claramente entre ser el discípulo de un mentor y pertenecerle a un mentor.

Prejuicio por el género

En la mayoría de las sociedades asiáticas tradicionales la posición de la mujer es inferior a la del hombre. En la sociedad india tradicional de la época del Buda, el prejuicio estaba tan arraigado que para evitar, por ejemplo, el desdén de una sociedad patriarcal, el Buda y sus seguidores codificaron incluso la discriminación con respecto al género en las reglas monásticas de disciplina. Así, numerosos mentores tibetanos tradicionales, particularmente monjes, comparten ya sea consciente o inconscientemente el legado de este prejuicio, a pesar de la enseñanza del Buda de que la mente no tiene género inherente alguno. Su denigración abierta o sutil a las mujeres a menudo humilla y desalienta a las estudiantes occidentales femeninas. La situación conduce frecuentemente a bloqueos importantes en el progreso espiritual de esas mujeres.

Las quejas sobre el prejuicio y las campañas para que los tibetanos tradicionales cambien sus valores traen con frecuencia sólo más frustración, amargura e ira. Como cuando se hace hincapié en cualquier deficiencia convencional de un mentor, obsesionarse con la discriminación femenina de un maestro es contraproducente. Aunque es sumamente importante conseguir que los maestros tibetanos tradicionales tomen conciencia del sufrimiento que causa su actitud en las discípulas, esperar un súbito cambio revolucionario puede ser poco realista. Por otro lado, negar el prejuicio o reprimir los sentimientos de humillación y dolor socava la salud espiritual y emocional del discípulo.

La meditación del gurú del nivel sútrico sugiere un enfoque que puede ser de ayuda durante el ínterin, antes de que la igualdad sexual llegue a la esfera espiritual. Si nuestros mentores sufren de prejuicio sexual, primero necesitamos admitir que tienen este defecto. Incluso si nuestros mentores no pueden o no quieren reconocer sus prejuicios como defectos, nuestro reconocimiento abierto de ello nos ayuda a calmar el dolor. Luego necesitamos enfocarnos en el hecho de que este defecto de los mentores carece de existencia como una imperfección inherente, que ha surgido dependientemente de varios factores culturales y personales. Esta comprensión nos puede permitir enfocarnos después en las buenas cualidades y la bondad de nuestros mentores y, consecuentemente, extraer los beneficios que se pueden obtener de la relación.

La influencia del pensamiento griego antiguo con respecto a ser un individuo

Otra influencia inconsciente en el pensamiento occidental es la imagen del héroe que desafía la supremacía de los dioses, proveniente de la Grecia antigua. De acuerdo con esta imagen muchos occidentales, tanto hombres como mujeres, se sienten internamente impulsados a rebelarse contra la autoridad y la tradición. Esto se manifiesta de varias formas.

Los occidentales pueden tratar de establecer su igualdad probando su creatividad y fuerza como individuos independientes. De esta manera, algunos se pueden rebelar contra las tradiciones de sus padres o sociedades y unirse a Centros de Darma como una forma inconsciente de afirmar su individualidad. No necesitan estar solos para afirmar su individualidad: a menudo las personas sienten que la afirman siguiendo costumbres alternativas o uniéndose a movimientos alternativos. Sin embargo, los motivos rebeldes inconscientes pueden poner en peligro las oportunidades de una relación sana con un maestro espiritual.

Por ejemplo, algunos discípulos pueden evitar o rechazar la guía continua de sus mentores una vez que sienten que han “crecido” espiritualmente. Los mentores espirituales les enseñan a los discípulos a pararse sobre sus propios pies y a tomar decisiones iluminadas basadas en la compasión y la sabiduría. No obstante, la toma de decisiones espiritualmente maduras no implica rechazar inevitablemente el consejo del mentor personal como una amenaza a la independencia o individualidad propias. De esta manera, si la arrogancia desmedida impulsa a los discípulos a rebelarse contra las restricciones, entran inevitablemente en conflicto con sus mentores.

El impulso culturalmente sostenido de desafiar y sobrepasar las normas de competencia aceptadas, también se pueden manifestar como un impulso inconsciente de alcanzar la iluminación y convertirse en el mentor perfecto para sobresalir y aventajar a todos, como si se estuviese entrenando para las olimpíadas. Esto puede llevar a competir con el mentor propio y el chovinismo cultural puede reforzar el síndrome. Por ejemplo, algunos discípulos, e incluso algunos maestros espirituales insuficientemente cualificados, pueden sentir arrogantemente que un enfoque occidental y moderno del budismo es obviamente superior a las formas tradicionales supersticiosas, obsoletas. Creen que usando este enfoque pueden, de hecho, llegar a ser mejores Maestros que sus mentores. Una relación discípulo-mentor sana, sin embargo, requiere un aprecio humilde de la bondad del mentor y un profundo respeto por sus cualidades, incluso después de llegar uno mismo a ser un buda.

Tensión acerca de la cuestión de ser creativo

El concepto tibetano de la creatividad difiere enormemente de la idea occidental. Para los tibetanos tradicionales, así como para la mayoría de las culturas asiáticas, la creatividad entra en la aplicación armoniosa de un motivo tradicional a una circunstancia individual. En la arquitectura de los templos, por ejemplo, uno trata de adaptar diseños clásicos al escenario de un paisaje nuevo. El concepto occidental de creatividad, por otro lado, es el de inventar algo nuevo, y no solamente nuevo, sino también y con frecuencia -en algún sentido- algo mejor que cualquier otra cosa hecha previamente. Entonces, en un contexto cultural occidental, ser creativo es un medio para establecer la singularidad propia como individuo. Puede haber un motivo competitivo detrás de ello. Alternativamente, o en combinación con este motivo, el impulso creativo occidental puede estar alimentado por una búsqueda individual, obsesiva, de la belleza ideal, igualada inconscientemente con la verdad y el bien. Los conceptos son claramente legados del pensamiento griego antiguo.

Además, la cosmología indo-tibetana considera la historia actual como una degeneración gradual de los tiempos en vez de un proceso evolutivo de progreso inevitable. Por lo tanto, los tibetanos tradicionales contemplan las ideas nuevas exclusivas con suspicacia y no con emoción ante la perspectiva de mejoramiento.

Los discípulos occidentales que carecen de un aprecio por estas diferencias culturales concernientes a la creatividad, a veces desean rebelarse contra los mentores tibetanos tradicionales que desalientan la inventiva cuando se aplica al Darma. Sin embargo, el budismo tibetano tiene un margen para enfoques innovadores en la forma de medios hábiles. Después de todo, el Buda enfatizó la necesidad de enseñar el Darma en formas convenientes para personalidades y culturas diferentes. Sin embargo, enseñar o hacer algo de una manera nueva es para beneficiar a otros, no para afirmar la propia creatividad única y superior, o para expresar la propia individualidad, o para encontrar la solución más elegante. Si tenemos presente esta distinción y aclaramos nuestras motivaciones para el cambio, podemos evitar el sentimiento de que nuestra individualidad esté amenazada cuando trabajamos con maestros tibetanos tradicionales.