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La relación con el maestro espiritual
Construir una relación sana

Originalmente publicado como
Berzin, Alexander. Relación con el maestro espiritual:
Construir una relación sana.

Ithaca, Snow Lion, 2000

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Parte I: Buscadores espirituales y maestros espirituales

3. El significado tradicional de un buscador espiritual

Muchas personas se consideran buscadores espirituales y pueden incluso estudiar con maestros espirituales en Centros de Darma. Sin embargo, el tipo más comprometido de buscador espiritual es el discípulo de un mentor espiritual. Los problemas en las relaciones con maestros espirituales surgen a menudo debido a que los estudiantes se consideran prematuramente discípulos de alguien, ya sea la persona elegida un mentor calificado o no, y tratan luego de seguir el protocolo tradicional para una relación discípulo-mentor. Para empezar a disipar esta confusión continuemos con nuestra rectificación de los términos, examinando las palabras sánscritas y tibetanas traducidas usualmente como discípulo.

Las implicancias de los términos sánscritos para discípulo

Los principales términos sánscritos para un discípulo budista son: shaiksha, shishya, vaineya y bhajana. Un shaiksha es alguien que se ofrece para shiksha, para que lo entrene un mentor espiritual. Esto significa, específicamente, recibir tres tipos de “entrenamiento superior”: en auto disciplina ética, concentración en objetos constructivos, conciencia discriminativa de la realidad.

El entrenamiento en la auto disciplina ética significa aprender a abstenerse de actuar, hablar o pensar destructivamente. También supone involucrarse en un comportamiento constructivo y formas positivas de pensar y sentir. Al igual que con la explicación de amigos espirituales y mentores espirituales, constructivo implica comportarse y pensar sin actitudes o emociones aflictivas, tales como codicia, apego, hostilidad o ingenuidad. También implica tener confianza en los beneficios de ser positivo y mantener un sentido de los valores derivado del respeto a las cualidades positivas y a las personas que las poseen. De esta manera, los discípulos se entrenan en métodos para el desarrollo propio, tales como la meditación, dentro de un marco ético, saludable. Además, en el contexto de ser un discípulo de un amigo espiritual mahayana, constructivo significa también que el entrenamiento superior apunta a alcanzar la iluminación. Así, mientras se entrenan para llegar a ser budas, los discípulos ayudan activamente a otros tanto como pueden.

El término shishya deriva de la misma raíz que la palabra shasana, que significa una indicación de los logros del Buda. A través de su modo de ser y lo que expresó con palabras, registradas como textos escriturales, el Buda les indicó a otros su iluminación y enseñó métodos para lograrla. Correspondientemente, los discípulos aprenden de un mentor espiritual los tres tipos de entrenamiento superior observando el carácter y el comportamiento de la persona, y escuchando su explicación de las enseñanzas escriturales. De modo similar, los discípulos combinan conocimiento experiencial y teórico para producir transformaciones constructivas de sus personalidades y conducta.

Vaineya significa alguien que se entrena en el vinaya, los métodos para “ domesticarse”. A través del entrenamiento en el vinaya, los discípulos obtienen auto disciplina ética mediante el mantenimiento de los votos de restricción que toman los laicos o los monásticos budistas. Al tomar formalmente los votos para domar sus patrones rebeldes y al comportarse y pensar más constructivamente, los discípulos demuestran un profundo nivel de compromiso con el proceso de auto desarrollo.

Bhajana significa receptáculo o recipiente. Los discípulos hacen las veces de receptáculos para recibir y sostener las enseñanzas del Darma. Específicamente, sirven de recipientes para contener los tres tipos de entrenamiento superior y votos laicos o monásticos, según sea el caso. Para ser recipientes adecuados, los discípulos requieren un cierto nivel de madurez antes de establecer una relación con un mentor. Necesitan una mente abierta para recibir el entrenamiento y los votos, estabilidad para mantener la continuidad de cada uno de ellos, y estar libres de problemas psicológicos mayores para poder cumplir con pureza las dos cosas.

El término chela, usado comúnmente para un discípulo hindú que abandona la vida familiar para vivir y estudiar con un sadhu (un devoto espiritual sin hogar), significa alguien que se viste con los harapos de un yogui asceta. Sin embargo, la traducción tibetana repa (ras-pa), perdió la connotación de discípulo. Se convirtió, en cambio, en un término para un yogui tántrico que se viste con los escasos harapos de un asceta indio, por ejemplo, Mila-raypa (Milarepa).

Los tibetanos tradujeron shaiksha y shishya como lobma (slob-ma); vaineya como dülja (gdul-bya); y bhajana como no (snod). En su mayoría, los términos tibetanos tienen los mismos matices que los equivalentes sánscritos, pero en ciertos casos agregan más riqueza. La sílaba ma en lobma, por ejemplo, connota sabiduría, otra palabra para la conciencia discriminativa, como lo hace en lama. Los discípulos se entrenan para distinguir por sí mismos lo que es constructivo de lo que es destructivo, y lo que es fantasía de la realidad. No está frecuentemente asociado con chü (bcud), que significa la esencia refinada de algo. Los discípulos hacen las veces de receptáculos apropiados para recibir y sostener la esencia refinada que puede ofrecer un mentor, es decir, los métodos iluminadores para llegar a ser un buda.

En resumen, si los mentores espirituales son personas constructivas que guían a otros a comportarse y a pensar constructivamente para que puedan alcanzar la iluminación, los discípulos son aquellos que son guiados a la iluminación por tales personas a través del entrenamiento en el comportamiento y el pensamiento constructivos.

El significado de ser el getrug de un maestro

Getrug (dge-phrug), un término tibetano adicional para discípulo, corrobora las explicaciones anteriores. Ge significa constructivo y trug significa niño. Un getrug es un niño educado por un mentor espiritual para que sea constructivo, para que sea formado como una persona cada vez más equilibrada, ética y positiva a lo largo del camino, y finalmente como un buda. Niño no se refiere necesariamente a la edad del discípulo. Se refiere a un menor con respecto al camino espiritual.

Además de su significado etimológico, el término getrug tiene otra connotación. El término también puede significar alguien que ha vivido en el hogar del maestro desde la niñez y está incluido en las finanzas del grupo familiar. A menudo los getrug son parientes más jóvenes. Los dos significados de getrug no se superponen necesariamente. Los discípulos espirituales pueden no estar incluidos en las finanzas del grupo familiar de su mentor, y es posible que aquellos incluidos difícilmente reciban algún entrenamiento espiritual formal, como por ejemplo el cocinero.

El punto de partida para convertirse en un discípulo

Para comprender correctamente lo que significa ser un discípulo en el contexto budista, es necesario saber en qué etapa del sendero espiritual puede uno convertirse apropiadamente en discípulo. Aunque los textos clásicos concuerdan en la necesidad de contar con maestros espirituales en todas las etapas a lo largo del sendero, los buscadores espirituales empiezan el viaje mucho antes de convertirse en discípulos de mentores calificados. Se produjo mucha confusión acerca de este punto porque los maestros kadam, tales como Sangwayjin, explicaron la relación discípulo-mentor como la “raíz del sendero” y presentaron el tema al principio de su camino gradual (lamrim, lam-rim). Posteriormente, Tsongkapa y todos los maestros guelug ulteriores siguieron ese ejemplo. La ubicación de este tema en el esquema de sus textos, no significa que sea necesario que los buscadores entren en una relación discípulo-mentor como primer paso de sus senderos espirituales. Examinemos qué quisieron decir estos maestros.

En Esencia de excelente explicación del significado interpretable y el definitivo, Tsongkapa explicó que el sistema de clasificación de tres ciclos del Darma (tres giros de la rueda del Darma) no indica una secuencia temporal de enseñanzas. Indica, en cambio, un esquema divisorio hecho de acuerdo al tema de discusión. El tema del primer ciclo, las “cuatro nobles verdades”, sirve como la base para las enseñanzas clasificadas en los segundos dos ciclos. Similarmente, la ubicación de la relación discípulo-mentor como el primer tema principal en Presentación extensa de las etapas graduales del camino, de Sangwayjin, no indica su posición temporal en el sendero. Indica meramente su rol esencial como la base estable para desarrollar las etapas graduales de la motivación espiritual en sus formas más plenas.

En El portal para entrar al Darma, Sonam-tsemo, el segundo de los cinco fundadores sakya, explicó que antes de construir una relación con un mentor espiritual, los buscadores necesitan reconocer y admitir el sufrimiento en sus vidas y desarrollar el deseo de superarlo. En otras palabras, necesitan un nivel rudimentario de “renuncia”. Además, necesitan un conocimiento de las enseñanzas del Buda sobre qué practicar y qué evitar para poder reducir y eliminar el sufrimiento que desean superar. Sólo entonces los buscadores estarán preparados para establecer una relación seria con un mentor espiritual, para que los ayuden a lograr sus objetivos.

Sin embargo, los mentores espirituales son maestros que ayudan a los discípulos a alcanzar la iluminación. Por lo tanto, antes de establecer una relación discípulo-mentor, los buscadores necesitan también el interés inicial de llegar a ser budas por el bien de todos. Esto se deduce claramente de los escritos del maestro indio Atisha, quien formuló el camino gradual y originó la tradición kadam. En [Auto] comentario sobre los puntos difíciles de “Una lámpara en el camino a la iluminación", Atisha mencionó primero la relación discípulo-mentor en el contexto del desarrollo de la bodichita. Además, desarrollar una motivación mahayana de bodichita supone al menos el nivel inicial de dirección segura (refugio) en los Budas, el Darma y la comunidad de la Sanga altamente realizada.

El quinto Dalái Lama explicitó estos puntos en su texto del camino gradual, Instrucciones personales de Manjushri. Allí, argumentó a favor de la necesidad y conveniencia de tomar dirección segura y desarrollar la bodichita antes de establecer una relación discípulo-mentor. Siguiendo este argumento, el segundo Panchen Lama, en Un sendero rápido, cambió el orden de Gran presentación de las etapas graduales del camino de Tsongkapa. Para reflejar el orden real del desarrollo espiritual, ubicó las prácticas preliminares antes del análisis de la relación discípulo-mentor. Los preliminares incluyen tomar dirección segura y acentuar la propia motivación de bodichita. Así, la comprensión kadam/guelug del camino gradual es congruente con las frecuentes explicaciones kagyu y nyingma de que establecer la dirección segura, la bodichita y luego una relación discípulo-mentor saludable, es la secuencia de los preliminares esenciales para el avance espiritual budista.

Tsongkapa explicó, además, que cada etapa del desarrollo propio a lo largo del camino gradual es un escalón en el camino a la iluminación. Así, aunque es necesario que los buscadores tengan a priori un reconocimiento del sufrimiento, la renuncia a él, el conocimiento de qué practicar y qué evitar, dirección segura y bodichita antes de convertirse en discípulos, necesitan tener estas cinco cosas meramente como una orientación espiritual. El nivel inicial de intensidad de estas cinco cosas que poseen los buscadores actúa como un escalón para seguir adelante, ahora como discípulos de mentores espirituales, y difícilmente es el final de su desarrollo a lo largo del camino. Así, aun cuando tener dirección segura y bodichita implica esforzarse hacia la liberación y luego a la iluminación, tener las dos cosas meramente como una orientación espiritual no implica comprender y aceptar en un nivel visceral la plena implicancia del logro de estas metas.

La necesidad de una correcta comprensión y convicción en el renacimiento para que un discípulo aspire sinceramente a la liberación y a la iluminación

El esfuerzo para liberarse y luego iluminarse con una plena comprensión y aceptación visceral de lo que implican estas metas, se produce sólo después de comprender y aceptar visceralmente la explicación budista del renacimiento. En el budismo, el renacimiento no implica la existencia de un alma permanente que va a una vida eterna después de la muerte, o que pasa de una encarnación a la siguiente enfrentando lecciones progresivas que le dan para que aprenda. La comprensión budista implica, en cambio, una continuidad infinita de experiencia individual, sin una entidad única, inmutable, independiente del cuerpo y la mente que sea realmente “yo” y que continúe de una vida a la siguiente. La continuidad procede de una vida a la siguiente, ya sea impulsada incontrolablemente por actitudes y emociones aflictivas y por impulsos apremiantes (sct. karma), o dirigida conscientemente a través de la fuerza de la compasión. La explicación budista es sofisticada y extremadamente difícil de comprender.

Liberación significa libertad del sufrimiento del renacimiento incontrolablemente recurrente (sct. samsara) y sus causas, mientras que la iluminación trae consigo la habilidad de ayudar a otros a obtener una libertad similar. ¿Cómo pueden los discípulos esforzarse sinceramente por liberarse de renacimientos incontrolables sin una correcta comprensión de lo que significa el renacimiento según el budismo, y sin la convicción de que lo han estado experimentando incontrolablemente, sin un comienzo, y lo seguirán haciendo a menos que hagan algo al respecto? ¿Cómo pueden esforzarse por la iluminación sin la certeza de que todos los demás también experimentan el sufrimiento del samsara?

La necesidad de una correcta comprensión y convicción del renacimiento para que un discípulo alcance incluso la primera etapa de desarrollo espiritual

La correcta comprensión y convicción de la explicación budista del renacimiento es necesaria para alcanzar incluso la primera etapa de desarrollo espiritual, una vez que uno entró en una relación discípulo-mentor. Por ejemplo, en Una lámpara en el camino a la iluminación, Atisha identificó tres etapas bien definidas de auto desarrollo que alcanzan los discípulos mientras progresan a lo largo del camino gradual hacia la iluminación. Los discípulos alcanzan la etapa inicial cuando tienen como meta renacimientos favorables debido al deseo de evitar el sufrimiento de los desfavorables. Evidentemente, sólo apuntarán a renacimientos favorables si están sinceramente convencidos de que las vidas futuras existen y que las experimentarán después de la muerte. Alcanzan la segunda etapa cuando apuntan a liberarse enteramente de renacimientos incontrolables, ya sean favorables o desfavorables, y la tercera cuando su objetivo es la iluminación.

El contexto espiritual del objetivo inicial de los discípulos budistas difiere en gran medida de aquel de los seguidores de otras tradiciones, que rezan para ir al cielo después de morir y permanecer allí por toda la eternidad. Para seguir trabajando hacia la liberación y la iluminación más allá de esta vida, es necesario obtener renacimientos con circunstancias conducentes para la práctica espiritual. De modo que para los discípulos budistas, obtener renacimientos favorables es sólo una meta temporal.

Todas las formulaciones posteriores de las etapas del camino coinciden con Atisha respecto del nivel inicial. Por ejemplo, Sachen, el más antiguo de los cinco fundadores sakya, popularizó la revelación que recibió de Manjushri de Separarse de las cuatro [etapas de] aferramiento. En esta formulación, la primera etapa de la vida espiritual implica separarse del aferramiento al deseo de beneficiar esta vida. Los cuatro temas de Gampopa, el padre de las doce líneas dagpo kagyu, reiteran este punto de vista. El primer tema, volcar la mente al Darma, también requiere cambiar el principal foco de atención, de esta vida a vidas futuras. El consenso es claro.

El lugar de la convicción en el renacimiento al entrar en una relación discípulo-mentor

Aunque una comprensión budista correcta del renacimiento y la convicción de su existencia son necesarias para alcanzar incluso el nivel inicial del camino gradual hacia la iluminación, queda el interrogante de si la convicción del renacimiento es o no es un prerrequisito para convertirse en el discípulo de un mentor espiritual. Yo alegaría que se requiere una mera comprensión intelectual, apertura a la idea y una aceptación tentativa, pero no una plena convicción, a pesar del hecho de que tradicionalmente la convicción se presupone. Como en el budismo occidental el lugar de la convicción en el renacimiento es controversial, examinemos el razonamiento detrás de esta aseveración.

De acuerdo a la presentación del camino gradual, los discípulos empiezan a entrenar en las enseñanzas iniciales estando aún obsesionados y preocupados por su bienestar material, su felicidad emocional y sus relaciones interpersonales de esta vida. Al meditar en la rareza de obtener una vida humana, en la muerte y la impermanencia, superan esa obsesión. Cuando su preocupación principal es obtener bienestar, felicidad y relaciones positivas en vidas futuras- pero sólo como objetivos provisionales en el camino hacia la liberación y la iluminación- los discípulos alcanzan el nivel inicial de desarrollo espiritual.

Si no fuera necesario que los buscadores espirituales aceptaran el renacimiento antes de convertirse en discípulos, pero necesitaran obtener la convicción de su existencia como parte de su entrenamiento para alcanzar el nivel inicial de desarrollo, las explicaciones y pruebas de vidas pasadas y futuras aparecerían en los textos del camino gradual. El lugar lógico para tal material es después del análisis de la muerte y la impermanencia y antes de la presentación del karma. Su ausencia allí sugiere que la audiencia contemplada -buscadores empapados en la perspectiva tradicional tibetana del mundo- no tenía ninguna necesidad de ese material. Sólo los libros de texto avanzados de lógica contienen explicaciones y pruebas del renacimiento y éstas son para refutar creencias oscuras de una antigua escuela india de materialistas.

La mayoría de los tibetanos acepta el renacimiento como una realidad, aunque su comprensión de ello puede ser vaga. Cuando un familiar muere, por ejemplo, los tibetanos solicitan usualmente plegarias y rituales para ayudar a que el fallecido logre un renacimiento favorable. Sin embargo, los occidentales que buscan relaciones con maestros espirituales, comparten típicamente pocas de las suposiciones que se dan en los textos budistas clásicos. A pesar de las enseñanzas bíblicas sobre el cielo y el infierno, la mayoría cuestiona la existencia de una vida después de la muerte. Incluso si creen en el renacimiento, con frecuencia los occidentales entienden que el fenómeno ocurre del modo en que lo explican los textos hindúes o los de la new age, que difieren significativamente de la explicación budista. Por lo tanto, necesitan una correcta explicación budista y una certeza de su validez antes de que puedan alcanzar el nivel inicial del camino gradual. Si para la mayoría de los occidentales la convicción del renacimiento sólo se desarrolla en etapas, ¿en qué parte del sendero espiritual es necesario que comience lógicamente la consideración de la existencia del renacimiento como se entiende en el budismo?

En el caso de la renuncia, la dirección segura y la bodichita, los buscadores necesitan un nivel previo como escalón inicial que aborde estas tres cosas a manera de orientación espiritual general, antes de entrar en una relación discípulo-mentor. Después de establecer la relación, las desarrollan completamente durante el curso de su entrenamiento. La correcta comprensión y la convicción de la explicación budista del renacimiento son igualmente fundamentales para una orientación espiritual budista. Por lo tanto, parece razonable afirmar que los discípulos potenciales necesitan similarmente una comprensión intelectual del renacimiento como lo explica el budismo y, ya sea una aceptación tentativa de su realidad, o al menos una mente abierta hacia la posibilidad de su existencia, antes de comprometerse en el sendero budista. La convicción llega después, antes de alcanzar el nivel inicial de desarrollo espiritual, mediante más estudio y reflexión sobre las pruebas lógicas y la evidencia documentada del renacimiento.

Entrar en una relación discípulo-mentor mientras se aspira a objetivos espirituales sólo en esta vida o también para generaciones futuras

Otra cuestión importante es si para convertirse en discípulos budistas, es necesario o no que los buscadores occidentales se interesen en renacimientos afortunados como su motivación inicial, aunque su aceptación del renacimiento aún sea sólo tentativa. Yo argumentaría que no tiene que ser necesariamente así. Sonam-tsemo declaró que el prerrequisito para convertirse en un discípulo es meramente reconocer algún nivel de sufrimiento en la propia vida y tener la determinación de liberarse de él. No especificó el alcance del sufrimiento del que uno necesita encargarse.

Además, en Los tres principales aspectos del camino, Tsongkapa diferenció dos niveles de renuncia, dependiendo del alcance que tiene el sufrimiento del que uno determina liberarse. Siguiendo el modelo de Separarse de las cuatro [etapas de] aferramiento, de Sachen, Tsongkapa formuló los dos niveles en función de apartarse primero sólo de los pensamientos de esta vida y luego sólo de los pensamientos de vidas futuras. Si los discípulos avanzan a través de etapas progresivas de renuncia en general, es razonable afirmar que dentro de una etapa específica avanzan también a través de pasos progresivos.

La mayoría de los buscadores occidentales reconoce los problemas que surgen de la obsesión con la gratificación instantánea de los deseos materiales y emocionales. Al renunciar a ese sufrimiento y abordar el sendero budista, pueden estar dispuestos a comprometerse primero a trabajar por una prosperidad material ecológicamente sostenible, un bienestar emocional y buenas relaciones en el futuro. El futuro puede incluir la parte posterior de sus vidas o, con un alcance más amplio, se puede extender a las vidas de generaciones futuras. Sin embargo, mientras tengan sólo una comprensión intelectual y una aceptación tentativa del renacimiento, los buscadores occidentales no pueden trabajar sinceramente por la felicidad en vidas futuras como una opción realista en el caso de que no logren alcanzar sus objetivos antes de morir.

Similarmente, al renunciar al sufrimiento que proviene de la obsesión con la gratificación instantánea de los deseos, los buscadores occidentales pueden estar dispuestos a emprender el trabajo hacia la liberación y la iluminación. Sin embargo, mientras no obtengan una firme convicción del renacimiento como se comprende en el budismo, pueden esforzarse sinceramente por la liberación y la iluminación sólo en esta vida, no en vidas futuras.

Yo argumentaría que renunciar al sufrimiento que proviene de la obsesión con la gratificación instantánea de los deseos, es suficiente para entrar en una relación discípulo-mentor budista. Afirmaría además, que tener como meta la felicidad en esta misma vida, o también en generaciones futuras, o la liberación y la iluminación sólo en esta vida, es suficiente motivación en lo sucesivo hasta que se obtenga la convicción de la explicación budista de vidas futuras. Más aún, afirmaría además que, para la mayoría de los discípulos occidentales, tener como meta estos objetivos provisionales es pragmáticamente necesario como una etapa preliminar para que el camino gradual clásico sea accesible. Sin embargo, se requieren ciertas estipulaciones.

Estipulaciones para que un discípulo principiante tenga provisionalmente como meta objetivos no tradicionales

Al abstenerse de un comportamiento destructivo y emociones aflictivas, los discípulos pueden llegar a experimentar un bienestar sostenible, felicidad y buenas relaciones posteriores en su vida, pero no hay ninguna garantía. Muchos factores adicionales pueden afectar lo que sucede, tal como morir en un accidente antes de experimentar los frutos de sus esfuerzos. Similarmente, no hay certeza de que las generaciones futuras obtendrán felicidad como resultado de sus pasos constructivos. Mucho depende del comportamiento y las actitudes de las generaciones futuras. Así, mientras se esfuerzan por eliminar las dificultades posteriores en sus vidas y también para futuras generaciones, los discípulos principiantes necesitan comprender y reconocer la imposibilidad de resolver todos los problemas con estas limitaciones. Lo mejor que pueden esperar es algún avance.

Al eliminar totalmente emociones y actitudes aflictivas, los discípulos pueden obtener la liberación en esta vida, y al eliminar adicionalmente los instintos, también pueden llegar a alcanzar la iluminación. Sin embargo, dado que estos objetivos son extremadamente difíciles de lograr, es muy probable que no los alcancen en esta vida. De esta manera, mientras se esfuerzan hacia la liberación y la iluminación en esta vida, es necesario que los discípulos comprendan y reconozcan que lo más probable es que sólo serán capaces de dar zancadas en esa dirección antes de morir.

En resumen, siempre que los discípulos principiantes comprendan y acepten tentativamente las vidas futuras como se explican en el budismo y eviten expectativas irreales de éxito, yo argumentaría que podrían esforzarse razonablemente por objetivos espirituales sólo en esta vida, o también para generaciones futuras. Sin embargo, necesitarían además considerar estos objetivos como meros escalones hasta que obtengan una firme convicción de la comprensión budista del renacimiento. Sólo con una firme convicción los discípulos pueden progresar realmente a través de los niveles graduales de motivación esbozados en los textos tradicionales.

Se podría objetar que la admisión de estos objetivos provisionales viola la consistencia lógica del camino gradual. De acuerdo con la presentación clásica, una de las causas del prerrequisito de tomar dirección segura es el miedo a experimentar el sufrimiento de renacimientos desfavorables. Si los discípulos potenciales necesitan la orientación espiritual de la dirección segura, pero los típicos buscadores occidentales difícilmente temen renacimientos desfavorables porque carecen de una convicción en el renacimiento, ¿cómo pueden tener la dirección segura como su orientación espiritual? Yo argumentaría que el temor a experimentar el empeoramiento de los problemas emocionales en esta vida, o también que sean peores para las generaciones futuras, podría servir como un trampolín de incentivo previo a tener la motivación prescrita. Cualquiera de los dos podría servir como motivación provisional, pero con la estipulación de que el buscador tiene una correcta comprensión del renacimiento como se explica en el budismo y una aceptación tentativa de su existencia.

La diferencia entre hacerse discípulo de un mentor espiritual y hacerse cliente de un terapeuta

Consideremos a alguien que desea obtener felicidad emocional y buenas relaciones por el resto de su vida. Hacerse discípulo de un mentor espiritual para alcanzar ese objetivo se asemeja de muchas maneras a hacerse cliente de un terapeuta con el mismo propósito. Ambos surgen del reconocimiento y la admisión del sufrimiento en la propia vida y el deseo de aliviarlo. Ambos implican trabajar con alguien para reconocer y comprender los problemas propios y sus causas. Muchas formas de terapia, de hecho, coinciden con el budismo en que el entendimiento es la clave para la auto transformación.

Además, tanto el budismo como la terapia abarcan escuelas de pensamiento que enfatizan la comprensión profunda de las causas de los problemas propios, tradiciones que enfatizan el trabajo con métodos pragmáticos para superar esos factores, y sistemas que recomiendan una combinación equilibrada de los dos abordajes. Además, tanto el budismo como muchas formas de terapia, abogan por el establecimiento de una relación emocional saludable con el mentor o el terapeuta como una parte importante del proceso de auto desarrollo. Más aún, aunque la mayoría de las formas clásicas de terapia rehúyen el uso de directivas éticas para modificar el comportamiento y las formas de pensar de los clientes, unas pocas escuelas pos-clásicas abogan por principios éticos similares a los del budismo. Tales principios incluyen ser equitativamente justo con todos los miembros de una familia disfuncional y abstenerse de manifestar impulsos destructivos, tales como los de la ira.

A pesar de las similitudes, existen al menos cinco diferencias significativas entre hacerse discípulo de un mentor budista y hacerse cliente de un terapeuta. La primera diferencia concierne a la etapa emocional en la cual se establece la relación. Los clientes potenciales se acercan generalmente a un terapeuta cuando están emocionalmente perturbados. Pueden incluso estar sicóticos y requerir medicación como parte del tratamiento. Los discípulos potenciales, en cambio, no establecen una relación con un mentor como el primer paso en su sendero espiritual. Antes de eso, estudiaron las enseñanzas del Buda y empezaron a trabajar sobre sí mismos. Como resultado han alcanzado un nivel suficiente de madurez emocional y estabilidad, de modo que la relación discípulo-mentor que establecen es constructiva en el sentido budista del término. En otras palabras, los discípulos budistas necesitan estar ya relativamente libres de actitudes y comportamientos neuróticos.

La segunda diferencia concierne a la interacción que uno espera en la relación. Los clientes potenciales están mayormente interesados en tener a alguien que los escuche. Por lo tanto, esperan que el terapeuta les dedique una atención concentrada a ellos y a sus problemas, incluso dentro del contexto de una terapia de grupo. Los discípulos, por otro lado, normalmente no comparten los problemas personales con sus mentores y no esperan ni demandan una atención individual. Aun cuando consulten a su mentor por un consejo personal, no lo hacen regularmente. En la relación, el foco se encuentra en escuchar las enseñanzas. Principalmente, los discípulos budistas aprenden de sus mentores métodos para superar los problemas generales que todos enfrentan. Luego asumen la responsabilidad personal de aplicar los métodos a sus situaciones específicas.

La tercera diferencia concierne a los resultados que se esperan de la relación de trabajo. La terapia apunta a aprender a aceptar y a vivir con los problemas que uno tiene en la vida o a minimizarlos de modo que se tornen soportables. Si uno se acerca a un mentor espiritual budista con el objetivo del bienestar emocional en esta vida, también podría esperar minimizar sus problemas. A pesar del hecho de que la vida es difícil -el primer hecho de la vida (noble verdad) que el Buda enseñó- podríamos hacerla menos difícil.

Sin embargo, hacer la propia vida emocionalmente menos difícil, como se indicó antes, es sólo un paso preliminar para abordar el sendero budista clásico. Los discípulos de mentores espirituales estarían al menos orientados hacia las metas mayores de renacimientos favorables, liberación e iluminación. Además, los discípulos budistas tendrían una comprensión intelectual del renacimiento como se explica en el budismo y al menos una aceptación tentativa de su existencia. Los clientes de terapia no tienen necesidad de pensar en el renacimiento o en otras metas más allá de mejorar sus situaciones inmediatas.

La cuarta diferencia importante es el nivel de compromiso con la transformación propia. Los clientes de los terapeutas pagan una tarifa por hora, pero no se comprometen de por vida a un cambio de actitud y comportamiento. Los discípulos budistas, por otro lado, pueden pagar o no por las enseñanzas; no obstante, cambian formalmente la dirección de su vida. Al tomar la dirección segura, los discípulos se comprometen con el trayecto de auto desarrollo que los budas recorrieron enteramente y luego enseñaron, y que la comunidad espiritual sumamente realizada se esfuerza por seguir.

Además, los discípulos budistas se comprometen con un proceder ético, constructivo, de acción, palabra y pensamiento en la vida. Tratan, tanto como sea posible, de evitar los patrones destructivos y, en lugar de ello, involucrarse en los constructivos. Cuando los discípulos desean sinceramente la liberación de los problemas recurrentes del renacimiento incontrolable, se comprometen más aún tomando votos laicos o monásticos de liberación individual (sct. votos pratimoksha). Los discípulos de esta etapa de auto desarrollo toman de por vida el voto de abstenerse en todo momento de modos específicos de conducta que son, ya sea naturalmente destructivos, o que el Buda recomendó que ciertas personas evitaran por propósitos específicos. Un ejemplo de esto último es que los monásticos abandonen la vestimenta laica y, en cambio, usen hábitos, para reducir el apego. Incluso los discípulos que apuntan a evitar renacimientos desfavorables o a minimizar las dificultades emocionales en esta vida, o también para generaciones futuras, podrían llegar a tomar votos de liberación con cualquiera de estos tres objetivos provisionales antes de desarrollar la motivación prescrita.

Los clientes de los terapeutas, por otro lado, acceden a seguir ciertas reglas de conducta como parte del contrato terapéutico, tal como atenerse a un programa de citas de cincuenta minutos. Estas reglas, sin embargo, se aplican sólo durante el tratamiento. No se aplican fuera del contexto terapéutico, ni implican abstenerse de un comportamiento naturalmente destructivo, y no son de por vida.

La quinta diferencia importante entre discípulos y clientes de terapia concierne a la actitud hacia el maestro o el terapeuta. Los discípulos contemplan a sus mentores espirituales como ejemplos vivientes de aquello que se esfuerzan por lograr. Los consideran de esta manera basados en el reconocimiento correcto de las buenas cualidades de los mentores, y mantienen y fortalecen esta visión a lo largo de todo su camino gradual hacia la iluminación. Los clientes, en contraste, pueden concebir a sus terapeutas como modelos para la salud emocional, pero no se requiere que tengan un conocimiento correcto de las buenas cualidades de los terapeutas. Llegar a ser como el terapeuta no es el objetivo de la relación. Durante el curso del tratamiento los terapeutas guían a sus clientes más allá de las proyecciones de ideales.

El uso inapropiado del término discípulo

A veces, las personas se llaman a sí mismas discípulos de maestros espirituales a pesar del hecho de que ellos, el maestro, o ambos, no cumplen con el significado apropiado de los términos. Su ingenuidad los lleva con frecuencia a expectativas irreales, malentendidos, sentimientos heridos, e incluso al abuso. Convertirse en un objeto de abuso, en este contexto, significa ser explotado sexualmente, emocionalmente o financieramente, o ser manipulado por alguien en un alarde de poder. En nuestro esfuerzo por rectificar los términos, examinemos tres tipos comunes de pseudo-discípulos que se encuentran en Occidente y que son especialmente propensos a los problemas con maestros espirituales.

Algunas personas llegan a los Centros de Darma buscando realizar sus fantasías. Leyeron u oyeron algo sobre el “misterioso Oriente” o acerca de gurús superestrellas, y desean trascender sus vidas aparentemente insulsas teniendo una experiencia exótica o mística. Conocen maestros espirituales y se declaran instantáneamente discípulos, especialmente si los maestros son asiáticos, si usan hábitos, o ambas cosas. Son proclives a un comportamiento similar con maestros occidentales que tienen títulos o nombres asiáticos, ya sea que la persona use hábitos o no.

La búsqueda de lo oculto desestabiliza a menudo las relaciones que tales buscadores establecen con maestros espirituales. Incluso si se declaran discípulos de mentores apropiadamente calificados, a menudo abandonan a esos maestros cuando se dan cuenta de que no sucede nada sobrenatural, excepto quizás en su imaginación. Más aún, las actitudes irreales y las elevadas expectativas de los “discípulos instantáneos”, con frecuencia nublan sus facultades críticas. Tales personas están particularmente abiertas a que las decepcionen charlatanes espirituales que poseen el ingenio para montar una buena actuación.

Otros pueden llegar a los Centros desesperados por ayuda para superar un dolor emocional o físico. Pueden haber probado en vano varias formas de terapia. Ahora, buscan una cura milagrosa de un mago/ curandero. Se declaran discípulos de cualquiera que pueda darles una píldora bendita, les diga qué plegaria especial o mantra repetir, o les dé la práctica poderosa para llevar a cabo -tal como hacer cien mil postraciones- que arreglará automáticamente sus problemas. Acuden especialmente al mismo tipo de maestro que le fascina a la gente que está en busca de lo oculto. La mentalidad de “arréglalo” de los buscadores de milagros lleva con frecuencia a la decepción y la desesperación, cuando seguir el consejo de incluso mentores calificados no resulta en curas milagrosas. Una mentalidad de “arréglalo” también atrae el abuso de los charlatanes espirituales.

Otros, especialmente los jóvenes desempleados, desencantados, llegan a Centros de Darma de sectas o cultos con la esperanza de obtener empoderamiento existencial. Los megalómanos carismáticos los atraen usando medios “fascistas espirituales”. Les prometen a sus llamados discípulos la fuerza del grupo si profesan una fidelidad total a sus sectas. Siguen cautivando a sus discípulos con descripciones dramáticas de protectores feroces que destruirán a sus enemigos, especialmente a los seguidores de tradiciones budistas inferiores, impuras. Con historias espectaculares de los poderes sobrehumanos de los padres fundadores de sus movimientos, tratan de satisfacer los sueños de los discípulos: un líder poderoso que los elevará a posiciones que les permitirán derechos espirituales. En respuesta a esas promesas, tales personas se declaran rápidamente discípulos y siguen ciegamente cualquier instrucción u órdenes que les den los maestros autoritarios. Los resultados son usualmente desastrosos.

La actitud realista de un discípulo auténtico

Los discípulos auténticos son buscadores espirituales relativamente maduros y sobrios a quienes los mentores entrenan en disciplina ética, concentración y darse cuenta, para poder mejorar la calidad de esta vida mientras trabajan para obtener la convicción del renacimiento como lo explica el budismo, y luego obtener renacimientos favorables, la liberación y finalmente la iluminación. No esperan fenómenos ocultos, curas milagrosas o poder existencial de los mentores espirituales. Entonces, para cumplir con el significado del término discípulo, los buscadores espirituales necesitan actitudes realistas. Tales actitudes proceden de una comprensión apropiada de las metas progresivas que puede producir su entrenamiento. Así, los discípulos auténticos evitan aspirar a muy poco o a demasiado en cada etapa del sendero graduado.

En el nivel preliminar, los discípulos auténticos evitan aspirar a un bienestar material ecológicamente sostenible, felicidad emocional y buenas relaciones en esta misma vida como metas finales de sus caminos espirituales. Además, los discípulos no esperan que con tal anhelo puedan escapar de experimentar más problemas en esta vida.

En el nivel inicial, los discípulos auténticos evitan aspirar a renacimientos afortunados como una excusa para ignorar los problemas emocionales de esta vida. Además, los discípulos no conciben un renacimiento afortunado como un paraíso eterno.

En el nivel intermedio, los discípulos auténticos evitan tener como meta meramente la liberación de problemas emocionales, sin incluir la libertad de los problemas recurrentes del renacimiento incontrolable. Más aún, los discípulos no conciben la liberación como una aniquilación total de su existencia, liberada de volver a aparecer en el mundo para beneficiar a otros.

Finalmente, en el nivel avanzado, los discípulos auténticos evitan aspirar a una iluminación que no implique la liberación de los problemas recurrentes del renacimiento incontrolable. Además, los discípulos no conciben la iluminación como una forma de omnipotencia, con el poder de curar instantáneamente de sus problemas a todos los seres.

En resumen, así como no todo aquel que enseña en un Centro budista es un auténtico mentor espiritual, similarmente no todo aquel que estudia en un Centro es un auténtico discípulo espiritual. La necesidad de una rectificación de los términos requiere un uso preciso de ambos términos, mentor y discípulo. La plena implementación de esta política requiere honestidad espiritual y ausencia de pretensión.