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La tradición guelug-kagyu de mahamudra

Originalmente publicado como:
S. S. el Dalái Lama y Berzin, Alexander. The Gelug/Kagyü Tradition of Mahamudra.
Ithaca, Snow Lion, 1997

Parte I: Una introducción al mahamudra y su aplicación práctica a la vida

Alexander Berzin
Julio de 1996
Traducido por Rosa María Miki Rivadeneyra

3 Evitar que las prácticas preliminares pierdan su relevancia

Razones por las cuales las prácticas preliminares pierden su relevancia

Las personas involucradas en las prácticas preliminares a veces encuentran que éstas empiezan a perder su relevancia. La falla principal se encuentra en nuestra motivación. La medida principal para evitar esto es reafirmar continuamente nuestras razones para involucrarnos en los preliminares. Si, como occidentales, los realizamos como si fuera un deber, similar a obedecer órdenes en el ejército, entonces inevitablemente pierden su relevancia. O si simplemente hacemos los movimientos mecánicamente, sin ningún entendimiento o sentimiento del por qué los hacemos, también habrán perdido su relevancia. Por otra parte, a pesar de que pueden existir diferentes niveles de motivación espiritual, si intentamos desarrollar sinceramente el corazón dedicado de la bodichita, estaremos siempre atentos a las dificultades que otros experimentan y sentiremos profundamente el deseo de ser capaces de hacer algo constructivo para ayudarlos. Esto nos impulsa a tomar acciones para desarrollarnos completamente; y la forma de empezar es a través de los preliminares. Tal actitud, entonces, hace que nuestras prácticas preliminares sean vitales y relevantes para nuestra meta.

Sin embargo, algunas veces, a pesar de que podemos tener una motivación apropiada y sincera, exageramos los preliminares. Los solidificamos en nuestra mente como algo monstruoso “allá afuera”. Entonces podemos caer en uno de dos extremos. El primero es considerar los preliminares con un actitud distorsionada y antagonista, traducida por lo común como “visión errónea”. Los menospreciamos y descartamos, pensando que son una pérdida de tiempo. Sentimos que sólo son para principiantes, no para nosotros, y por lo tanto, podemos ir directo a la práctica principal de mahamudra.

El otro extremo es convertir los preliminares en una gran odisea, como si hubieran salido de un mito griego, por ejemplo, Hércules limpiando los establos de Augías del estiércol acumulado durante siglos. Abrumados ante la perspectiva de limpiar nuestra mente de toda la basura mental, sentimos que nunca llegaremos a ninguna parte. Tal actitud torna a los preliminares en un espectáculo de terror, y por supuesto, pierden su relevancia porque instantáneamente nos desalentamos al sentir que nunca podremos lograr ningún progreso.

Ser creativos con las prácticas preliminares

Hay muchos tipos distintos de prácticas preliminares mencionadas en los textos. A pesar de que hay listas de instrucciones para cuatro, cinco, ocho o nueve prácticas estándares, cualquier tipo de acción positiva repetitiva que hacemos puede funcionar como preliminar, si tenemos la motivación adecuada. Por ejemplo, una vez el Buda tuvo un discípulo que era extremadamente lento para aprender e incapaz de entender o recordar cualquier cosa que se le hubiera enseñado, pero tenía el sincero deseo de aprender y ser mejor. ¿Qué hizo el Buda? Instruyó al joven a barrer el templo, día y noche, repitiendo: “¡Suciedad afuera; suciedad afuera!”. Además, hizo arreglos para que todo el templo siempre estuviera lleno de polvo. Esa fue la práctica preliminar que el Buda dio a su discípulo. Gradualmente, el joven de poco ingenio fue capaz de entender que la suciedad que intentaba barrer era, de hecho, la confusión de su propia mente. Pronto fue capaz de entender todo y, eventualmente, se convirtió en un arjat, un ser liberado.

Durante nueve años tuve el privilegio de ser el traductor y secretario de mi difunto maestro, Tsenzhab Serkong Rinpoche. Con frecuencia bromeaba acerca de que mi práctica preliminar era escribir cientos de miles de cartas y hacer cientos de miles de llamadas en su nombre, ayudándolo a organizar sus giras de enseñanzas alrededor del mundo. A pesar de que, en cierto sentido, era una broma, también pienso que en otro sentido era completamente cierto. Llevé a cabo felizmente estas tareas y traduje para él tan bien como pude porque me di cuenta de que esta era la forma más efectiva en la que podía beneficiar a otros, al ayudar a mi gurú a enseñarles. Seguramente tal actitud transformó esa miríada de cartas y llamadas en un método para debilitar obstáculos y construir fuerza y potenciales positivos para después poder convertirme en maestro.

El punto importante de los preliminares no es la forma que toman, sino el proceso que estamos intentando experimentar con ellos. No es el contenido o la estructura de las prácticas; el factor crucial es el estado mental experimentado antes, durante y después de éstas. Bajo esta perspectiva, aún cambiar los pañales sucios de nuestro bebé cientos de miles de veces puede convertirse en un práctica preliminar profunda. Necesitamos ser prácticos y creativos. No todos tienen el tiempo de realizar cientos de miles de postraciones y, seguramente, ser una madre al cuidado responsable de su bebé no necesariamente es un obstáculo inherente que impide la práctica y el progreso espiritual. Necesitamos entender la esencia.

¿Qué estamos haciendo cuando cambiamos los pañales del bebé una y otra vez? Si lo vemos desde el punto de vista de acumular y purificar -un sinónimo tibetano para las prácticas preliminares- estamos purificándonos de ciertas actitudes negativas. Por ejemplo, estamos trabajando para superar nuestra flojera y egoísmo con el cual pensamos: “No quiero tocar la suciedad de otro. No quiero ensuciar mis manos”. Debilitar esa actitud también ayuda a disminuir la fuerza de nuestro bloqueo mental con el que no queremos tocar o estar involucrados en los problemas personales de otros individuos porque, de forma figurada, tampoco queremos ensuciarnos las manos. Además, estamos construyendo fuerza positiva. En el proceso de atender las necesidades de nuestro bebé, estamos acumulando más habilidad y disposición para hacernos cargo de los demás en el futuro.

Transformando todas las actividades en un camino espiritual

La práctica de preliminares no se limita simplemente a las etapas iniciales de nuestro camino espiritual y después se termina. Necesitamos continuar nuestra limpieza de obstáculos y construcción de fuerza positiva a lo largo de todo el camino. Continuamos el proceso hasta que alcanzamos la meta de estar completamente purificados y ser completamente capaces de usar todo nuestro potencial para ser de beneficio a los demás. Como este es un proceso central y de largo plazo, es muy importante darse cuenta de que, con una actitud y motivación apropiadas, podemos transformar cualquier acto positivo o neutral que hagamos en nuestro hogar u oficina en un preliminar efectivo para desgastar bloqueos mentales y construir fuerza positiva.

Leemos en muchos textos budistas estándares cómo podemos transformar aún las actividades más mundanas en un camino espiritual. Por ejemplo, cuando entramos a un lugar, podemos imaginar que nos estamos liberando del samsara, o del renacimiento incontrolablemente recurrente, y entrando al nirvana, un estado de soltar y liberarse del sufrimiento. También podemos imaginar que traemos a todos con nosotros. Necesitamos ser creativos con las enseñanzas del Darma y aplicar este principio a las circunstancias de nuestra vida personal y transformar todo lo que hacemos en un preliminar.

Por ejemplo, supongamos que trabajamos en una oficina haciendo escritos todo el día. Si lo consideramos simplemente como nuestro trabajo y lo encontramos aburrido, sin significado y lo odiamos, obtenemos muy poco de él, además de algo de dinero, un dolor de cabeza y mucha frustración. Lo mismo puede aplicar para el hacer postraciones repetidas. No obtenemos mucho de ellas si las consideramos un deber desagradable del trabajo que estamos obligados a hacer. ¡Sólo obtendremos un dolor de cabeza y nada de dinero! Sin embargo, si consideramos hacer escritos todo el día con una actitud: “Estoy aclarando las cosas de tal forma que algo pueda ser comunicado efectivamente a alguien”, encontramos que no tiene diferencia en lo trivial del contenido de lo que estamos escribiendo. Lo importante es el proceso: estamos aclarando y haciendo disponible algo para comunicárselo a los demás. Con tal actitud y motivación, nuestra rutina diaria en la oficina funciona como una práctica preliminar efectiva.

Para ser creativos en las enseñanzas budistas, necesitamos unir todo lo que hemos aprendido. En este ejemplo de convertir nuestro día en la oficina en una práctica preliminar, estamos combinando las enseñanzas de acumulación y purificación con la directriz mahamudra de no quedar atrapados en los contenidos de nuestra experiencia, sino simplemente permanecer en el proceso. A la vez estamos añadiendo lojong, los métodos para purificar nuestras actitudes o “entrenamiento mental”, con los cuales transformamos nuestras situaciones negativas en positivas, conducentes a la práctica. Cuando embonamos así distintas piezas de las enseñanzas, nosotros mismos podemos encontrar las soluciones de cómo aplicar el Darma en la vida cotidiana. Así es como hacemos que nuestra práctica budista esté viva y mantenga la frescura de nuestro interés.

Establecer y fortalecer las dos redes conducentes a la iluminación

Otra posible razón para que la práctica de los preliminares, y del Darma en general, pierdan su relevancia, es porque nos aproximamos al establecimiento y fortalecimiento de las dos redes conducentes a la iluminación de fuerza positiva y darse cuenta profundo como si estuviéramos juntando una colección de estampas en un supermercado estadounidense. Acumulamos estampas y más estampas con cada compra que realizamos, las cuales pegamos en un cuadernillo que guardamos en un cajón. Al final, cuando hemos llenados suficientes cuadernillos, podemos canjearlos por un electrodoméstico. Entonces, cuando dedicamos tiempo y energía a hacer postraciones repetidas, nos sentimos como si estuviéramos gastando dinero en el supermercado para obtener más estampas. En este momento, no tienen un uso o relevancia en nuestra vida, pero después pueden ser canjeados por nuestra iluminación como premio.

Podemos comer lo que compramos en la tienda, pero, con esta actitud, no vemos un efecto inmediato de las postraciones, excepto rodillas adoloridas y dolor de espalda. Sin embargo, cuando transformamos cada acción de nuestro día, particularmente las repetitivas, en una práctica preliminar, podemos obtener también un beneficio inmediato de cada momento de nuestro día al volverse significativo. La calidad de nuestra vida mejora proporcionalmente y seremos más felices, al sentir que no desperdiciamos nuestro tiempo. Esta sensación positiva de valor propio fortalece nuestro entusiasmo por los preliminares estándares, tal como hacer postraciones. De esta manera, al acoplar todas las enseñanzas de tal forma que podamos aplicarlas a la vida cotidiana, nuestra práctica preliminar no pierde su relevancia.

Armar las enseñanzas del Darma

Es un proceso muy emocionante y desafiante intentar unir todo lo que hemos oído de Darma y descubrir más implicaciones. Uno de los grandes beneficios de haber oído, leído y estudiado las enseñanzas del Buda extensamente es que obtenemos todas las piezas del “rompecabezas del Darma”. Ahora podemos unirlas en forma realista. La belleza de esto es que las piezas no se acomodan sólo de una forma estática, como un rompecabezas infantil de una imagen, sino que cada pieza encaja con todas las demás en una miríada de maneras. La interconexión es aún más multidimensional y dinámicamente expansiva que aquellas del internet.

Los sutras mahayana proporcionan imágenes hermosas de esta interconexión de todas las facetas del Darma. Describen escenas de miles de millones de campos búdicos en miles de millones de universos búdicos, en donde cada campo penetra en todos los demás y cada uno contiene miles de millones de budas. En cada uno de los miles de millones de poros de cada buda hay aún miles de millones de campos búdicos, en los cuales cada campo es reflejado. Si leemos esto y somos budistas occidentales, generalmente nos sentimos avergonzados de que los textos contengan tales secciones floridas, al parecer, absurdas. Decidimos que no queremos leer más sutras.

En realidad, estos sutras están presentando una imagen magnífica de cómo todas las enseñanzas encajan y penetran unas en otras. En cada enseñanza de cada aspecto del Darma podemos ver reflejados todos los demás aspectos de las enseñanzas. Tal como los miles de millones de universos búdicos pueden estar contenidos en un minúsculo poro de un buda, miles de millones de enseñanzas del Buda pueden estar contenidas en cada palabra del Darma. Todo se interrelaciona y encaja, como la imagen de la red de Brahma en la que cada intersección de cada hilo contiene un espejo que refleja todos los demás espejos en la red.

No podemos realmente apreciar estas imágenes simplemente al leerlas. Sólo podemos apreciarlas cuando embonamos todas las piezas del rompecabezas del Darma por nosotros mismos. Lentamente, la imagen empieza a surgir exactamente como se describe en los sutras mahayana. Esta es la manera de dar vida a nuestros preliminares. Intentar ver todos los aspectos del Darma reflejados en cada partícula minúscula de los preliminares, mientras hacemos que todo en nuestra vida sea una práctica preliminar.

Si tomamos sinceramente nuestra dirección en la vida a partir del Darma, confiamos en que todo lo que el Buda enseñó tiene sentido -no necesariamente a un nivel literal, sino como conducente a un nivel más profundo de significado coadyuvante a liberarnos del sufrimiento y permitirnos ayudar a los demás de forma efectiva a lograr lo mismo-. Con esta actitud dinámica y pragmática hacia el Darma, intentamos descubrir lo que el Buda quería decir en cada una y en todas sus enseñanzas, y ver cómo podrían ser relevantes para nuestro propio camino espiritual personal. Si el Buda enseñó algo, definitivamente pretendía que beneficiara a los demás, incluyéndonos a nosotros.

Voy a parafrasear una instrucción directriz de Tsenzhab Serkong Rinpoche. Ocasionalmente, uno de sus estudiantes occidentales se quejaba con él de las llamadas “historias fantásticas” en las enseñanzas del karma, como la descripción del hombre que siempre era seguido por un elefante que defecaba oro. Como resultado de su inagotable fuente de riqueza, constantemente estaba rodeado de gente envidiosa que trataba de robar su maravillosa bestia. Sin importar qué tanto el fastidiado hombre intentara regalar o deshacerse del elefante, éste desaparecía de la tierra en la que lo dejaran y siempre resurgía exactamente atrás de él. Serkong Rinpoche solía decir: “¡Si el Buda hubiera querido escribir una buena historia, ciertamente hubiera hecho un mejor cuento que este! El Buda dio este ejemplo para enseñarnos algo. No sólo lo veamos literalmente. Hay un significado detrás. Intenta comprenderlo por ti mismo.”

La respuesta de Rinpoche también indica cómo un maestro budista da el tono apropiado para la relación más beneficiosa con un discípulo. Un maestro hábil simplemente maneja las circunstancias para que nosotros crezcamos. “Aquí hay una pieza del rompecabezas. Tú lo armas. Tú lo resuelves”. Al enseñar de esta manera, un maestro espiritual ayuda a su discípulo a no quedar atrapado, sujeto y dependiente de él o ella. El punto importante para los discípulos es concentrarse en el proceso de acoplar todas las enseñanzas y encontrar el significado de ellas. El maestro provee la información, las circunstancias y tal vez la inspiración para que el discípulo obtenga entendimiento y realización. El objetivo principal siempre es el crecimiento espiritual del discípulo.

Evitar quedar enamorado de las enseñanzas

Acomodar las varias piezas de las enseñanzas del Darma e intentar entender el significado más profundo de todo puede ser una experiencia muy inspiradora. Pero debemos ser precavidos de no caer en el extremo de sentirnos abrumados por el asombro: “Es todo tan hermoso”. Si nos enamoramos de las enseñanzas, fácilmente podemos encaminarnos hacia lo que es nombrado en los sutras mahayana como “arjatismo hinayana”. Los arjats son seres liberados, aquellos que se han liberado del renacimiento incontrolablemente recurrente lleno de problemas. A pesar de que las escuelas hinayana actuales, tal como la escuela teravada moderna, no estarían de acuerdo con esto, los antiguos sutras mahayana describen a tales individuos tan embelesados con su libertad que pierden de vista el sufrimiento de los otros, y por lo tanto, permanecen en un estado gozoso de inacción, perdidos en el gozo del nirvana. Los practicantes teravada objetarían que un arjat se ha liberado de toda emoción perturbadora, de tal forma que tal individuo no tendría ningún apego al gozo del nirvana. Los mahayanistas responderían que no es un asunto de apego: los arjats carecen del suficiente interés por los demás como para superar la inercia de simplemente permanecer descansando.

De cualquier forma, sin importar cómo etiquetemos esta posición extrema y sea o no sea lo que un arjat teravada experimenta, todos concordaríamos en que el encantamiento con la belleza de cómo las enseñanzas embonan, sin duda, no es parte del camino hacia la budeidad. Cuando, por otro lado, nuestra apreciación por la belleza del Darma nos guía a sentir: “¡Qué magnífico es esto para ser capaz de ayudar a los demás!”, estamos en un terreno más estable a lo largo del camino. Es importante hacer esta distinción.

Es muy fácil ser seducido por lo que hemos nombrado aquí un “camino al estilo arjat”. Empezamos a ver y entender muchas cosas profundas, y todo es tan bello. Nuestra mente se vuelve tan serena y elevada que no queremos levantarnos de nuestro cojín de meditación. Es tan agradable y extático sólo sentarse con la mente en las nubes, es similar a estar bajo la influencia de una droga estupefaciente. Perdemos toda conciencia de todo lo demás. Este es un gran peligro.

¿Qué puede surgir de tal estado de éxtasis? Si contestamos: “Un sentimiento de compasión, pensar en los demás” y después pensamos que nuestra familiaridad con la compasión debida a meditaciones previas es suficiente para causar que surja un sentimiento de preocupación por lo demás, aún podemos tener dificultades. Algunos meditadores, por ejemplo, aquellos de la tradición zen, experimentan compasión que surge naturalmente como parte de su naturaleza búdica. Sin embargo, la mayoría de los practicantes necesita una circunstancia que desencadene el surgimiento de la compasión en tal estado. Si pensamos que es suficiente el simplemente recordar en nuestra imaginación a todos los seres sufrientes para generar preocupación en ese estado, nos sentiremos decepcionados. Generar un pensamiento conceptual de los demás parece tan artificial en ese estado extasiado que carecemos de la energía suficiente para inspirarnos a la compasión a través de la visualización. Lo que actúa como una circunstancia más efectiva para generar compasión y que, de hecho, nos levanta de nuestra cómodo cojín de meditación, es ver u oír a los demás, encontrarse con otros directamente, no sólo conceptualmente en nuestra imaginación.

Si revisamos las historias clásicas de bodisatvas y mahasidas -aquellos que intentan alcanzar la iluminación para beneficiar a los demás y aquellos que lo han logrado-, ¿dónde meditaban una vez que habían alcanzado un nivel estable de realización? Ellos meditaban en caminos ajetreados, en lugares donde había gente. No se retiraban y permanecían por siempre en cuevas aisladas. Si nos vamos a un retiro en una montaña lejana y decidimos quedarnos ahí hasta completar nuestro camino espiritual, puede ser que nunca deseemos regresar. Pero si, una vez que nuestra meditación es estable, meditamos aún más en lugares llenos de tráfico, en donde constantemente hay gente a nuestro alrededor a quienes podemos ver y oír claramente, nos moveremos más fácilmente para ayudar directamente a los demás.

Sin embargo, es necesario ser muy cuidadosos acerca de cómo entendemos el ser movidos por la compasión a partir de nuestro estado meditativo. No es como ser despertados de un sueño delicioso y sentir resentimiento porque nuestro descanso ha sido perturbado. Si hemos estado meditando apropiadamente, no estamos apegados profundamente a nuestro estado meditativo, a pesar de que podemos estar extasiados por ello. El apego a nuestra propia serenidad y ser insuficientemente conscientes de los demás son dos obstáculos distintos que no necesariamente van juntos. Si vencemos los niveles más burdos de apego, no experimentaremos resentimiento ni sensación de pérdida cuando surjamos de nuestra absorción meditativa por una renovada conciencia de los otros, y la compasión que ésta induce.

Además, hay una sutil, pero extremadamente importante distinción entre: por un lado, estar gozosamente elevado y sereno, y por el otro estar “ido” con la cabeza en las nubes. El primero es un estado mental claro, fresco y alerta, mientras que el otro es una forma sutil de sopor. La mente puede estar clara acerca de cómo encajan las enseñanzas, y tener un buen entendimiento y concentración estable, pero si está extasiada por esta realización, no es fresca. La falta de frescura se debe, otra vez, a una deficiencia en la presencia mental. Pero en lugar de que sea una presencia mental en los demás, es una presencia mental en el estado de nuestra propia mente, y una alerta para traer la atención de vuelta al “aquí y ahora” cuando se torne una rutina sin sentido.

De manera que un estado mental sereno, elevado y gozoso, no es necesariamente un obstáculo para ayudar a los demás. Si es fresco, puede responder a cada momento de los sucesos de la vida. No necesariamente se traduce en una sonrisa idiota en nuestra cara a pesar del sufrimiento ajeno. Por otro lado, una mente de extática desconexión, está embotada e insensible, tanto al mundo como a su propio estado; esto conduce a la indiferencia. Estamos sólo “allá arriba en nuestra cabeza” y simplemente no reaccionamos a nada; por lo que Tsongkapa enfatizaba una y otra vez que el embotamiento mental sutil es el mayor peligro de la meditación correcta porque fácilmente se confunde con shámata, una mente serenamente calmada y asentada, algunas veces traducido como “ quietud mental” o “morar en calma”.

El mismo peligro de quedar extasiado puede ocurrir cuando nos enfocamos en la naturaleza de la mente en la meditación mahamudra. Podemos querer sólo quedarnos ahí concentrados y no levantarnos. Para evitar este peligro, las enseñanzas mahamudra enfatizan profundamente la realización de la inseparabilidad de la apariencia y de la mente. Lo que es significativo aquí no es la apariencia del muro enfrente de nosotros, sino la apariencia de la gente sufriendo frente a nuestros ojos. Cuando practicamos correctamente mahamudra, podemos meditar en la naturaleza de la mente y la realidad mientras seguimos involucrados en ayudar a los demás. No nos concentramos simplemente en la mente en sí, sino en su naturaleza de ser inseparable de la apariencia. Entonces, mantener el balance entre la mente y la apariencia en nuestra práctica es muy delicado y extremadamente crucial.

Por lo tanto, no sólo hay obstáculos o bloqueos mentales que nos impiden entrar en los estados meditativos, sino también obstáculos que nos llevan muy lejos y nos impiden que combinemos nuestros estados meditativos y nuestra vida cotidiana. Esta es otra manera de decir que no sólo los obstáculos impiden nuestra realización en el nivel más profundo de la realidad, sino que también hay obstáculos que evitan que veamos simultáneamente ese nivel con el convencional. Estos se incluyen entre los obstáculos que impiden la liberación y la omnisciencia, respectivamente. Una relación apropiada con un maestro espiritual puede ser muy efectiva para ayudarnos a superar ambos tipos de bloqueos. Esto es especialmente cierto si estamos involucrados en cuidar a nuestro maestro. No podemos simplemente sentarnos, meditar, y sentir: “¡Oh, qué bonito!”. Es necesario levantarse y preparar el té o contestar el teléfono.

Es lo mismo en nuestra vida cotidiana. Cuidar de nuestra familia puede tener el mismo objetivo beneficioso que cuidar de nuestro maestro espiritual. Si en nuestra vida diaria somos constantemente interrumpidos con peticiones como: “¡Prepara la cena! ¡Quiero un vaso con agua! ¡Haz esto, haz aquello!”, podemos transformarlo en algo útil espiritualmente. Podemos transformarlo en una práctica preliminar útil para superar un obstáculo que puede surgir más adelante en el camino espiritual: el obstáculo de sólo querer sentarnos en nuestro cojín de meditación, sentirnos tan gozosos y no querer levantarnos.

Al practicar este tipo de transformación de actitudes, empezamos a apreciar en otro nivel cómo la bondad de los demás seres sobrepasa la bondad de los budas. El sólo ver el sufrimiento de otro ser nos brinda más progreso para desarrollar la compasión y ver simultáneamente los niveles profundo y convencional de la realidad, que ver a todos los budas. La bondad de los demás al pedirnos algo es incomparable. Como Shantideva lo expresó sucintamente: “Nada complace más a los bodisatvas que cuando los demás les piden que hagan algo por ellos”.