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Un retrato de Tsenzhab Serkong Rimpoché
Traducido por Ernesto Guerrero
Parte seis: Los consejos generales de Rimpoché para practicantes budistas
Serkong Rimpoché siempre recalcó respetar a todos los lamas y no hacerles perder su tiempo.
Sugería evitar el ejemplo de la gente piadosa de Spiti, cuando se alineaba para presentarle
bufandas ceremoniales (katas), sus devotos esperaban hasta estar directamente enfrente de él, antes
de ofrecerle sus postraciones, uno por uno. Más aun, cuando se le hacen preguntas a un Lama,
Rimpoché decía que nunca había que contar una larga historia o montar un espectáculo. De hecho, me
indicó, nunca traducir esas preguntas literalmente, si no ir directo al punto.
Además, Rimpoché no quería que sus invitados siempre se presentaran con katas y con lo que
les llamaba, “espantosas” cajas de galletas. Decía que aquellos que quisiesen hacerle una ofrenda a
un lama deberían presentarle algo realmente bonito, que la persona pudiera usar y que le gustara.
Más aun, si alguien lo veía frecuentemente, como yo a él, lo mejor era dejar de llevar cosas. El no
quería ni necesitaba nada.
Rimpoché siempre aconsejo a las personas que usaran su sentido común. No le gustaba que le
pidieran adivinaciones acerca de asuntos mundanos. La única situación en la que es adecuado pedir
una adivinación, es cuando no se puede resolver cierta situación con medios ordinarios, en
particular sobre alguna cuestión espiritual. En una ocasión, yo tenía un problema concerniente a mi
renta, y le pedí una adivinación a cerca de qué hacer, Rimpoché me correteó hacia afuera diciéndome
que fuera a ver a un abogado.
Aun más, al planear cualquier actividad, Rimpoché siempre recomendaba tener al menos tres
posibles cursos de acción. La flexibilidad que se gana de tal estrategia evita el pánico inútil en
caso de que uno de los planes falle. Tener varias alternativas listas provee de seguridad por la
confianza de que al menos una funcionará.
Los discípulos, sin embargo, algunas veces se vuelven dependientes de las adivinaciones,
volviéndose negligentes para pensar por ellos mismos. Evitando hacerse responsables de sus vidas,
esa clase de personas quiere que alguien tome sus decisiones por ellas. Aunque siempre es de ayuda
consultar con un maestro espiritual acerca de decisiones importantes, la manera más estable de
hacerlo es interiorizar sus valores. Así, aunque el lama se encuentre lejos, estos valores siempre
se encuentran a la mano para ayudar a determinar el curso de acción más sabio.
Rimpoché aconsejaba, especialmente, no pedir adivinaciones acerca de la misma cuestión a
varios lamas hasta recibir la respuesta que uno quiere. Requerir una adivinación implica confianza
en el lama. Esto significa hacer cualquier cosa que la persona aconseje. Además, Rimpoché prevenía
acerca de ir con un lama y decirle “otro maestro había dicho que hiciera esto y lo otro, pero
usted, ¿que piensa?, ¿que debo hacer?”. Poner a un lama en la incómoda situación de decir que otro
maestro espiritual esta equivocado, demuestra una total falta de sensibilidad.
De hecho, la mayoría de los occidentales no saben cómo hacer preguntas a los lamas de forma
apropiada. Cuando venían y le hacían preguntas de manera tonta, Rimpoché normalmente los corregía.
Por ejemplo, si alguien no sabe si ir a una iniciación o no, es ridículo preguntar, “¿Es bueno ir a
esta iniciación?”. Claro que es bueno, uno no puede decir que sea malo. Y si alguien pregunta, “
¿debería ir a esta iniciación?”, lo que implica es, “¿Estoy obligado a ir o no?”. Nadie esta
obligado a ir. Al buscar el consejo de un maestro espiritual, en tales casos lo mejor es preguntar,
“¿Qué es lo que recomendaría que hiciera?”.
Además, cuando nos acercamos a un lama y le pedimos el permiso de recibir la iniciación que
está confiriendo, es tonto preguntar, “¿Puedo recibir la iniciación o no?”. Esto implica “¿soy
capaz o no?”, lo cual es totalmente absurdo. La forma correcta es “¿Podría, por favor, otorgarme la
iniciación?”. Como cuando solicitamos la extensión de una visa para quedarnos en un país
extranjero, sólo un idiota preguntaría “¿Puedo quedarme o no?”. La forma madura de solicitarlo es, “
Con su permiso, me gustaría quedarme más tiempo”.
En una ocasión, Turner molestó a Rimpoché repetidamente durante varios meses para que le
confiriera en una ceremonia el permiso para invocar a un guardián espiritual, Mahakala de Seis
Brazos. Cuando finalmente Rimpoché aceptó, Turner le preguntó que cuál sería su compromiso de
recitación diaria. Rimpoché prácticamente le pegó, reclamándole que debería estar dispuesto a
asumir cualquier cosa como compromiso.
Rimpoché se sentía muy disgustado cuando los occidentales trataban de negociar sus
compromisos de recitación de una iniciación. Él siempre enfatizaba que se tomara la iniciación de
una figura búdica, sólo en base al deseo sincero de involucrarse en su práctica para lograr
la iluminación en beneficio de todos. Sentía que era absurdo ir sólo por “las buenas
vibraciones”, o porque otros van. Es también inapropiado ir sólo a hacer un pequeño retiro de
familiarización, y después olvidarse de la práctica meditativa. El compromiso para una práctica
tántrica particular es de por vida.
Rimpoché enfatizaba la importancia de investigar completa y escrupulosamente las prácticas
espirituales y a los maestros antes de involucrarse y no esperar hasta después. Esta era la falla
principal que Rimpoché observaba en los occidentales. Tendemos a apresurarnos prematuramente.
Rimpoché aconsejaba no ser como un loco que corre hacia un lago congelado y va probando con un palo
por detrás si el hielo es lo suficientemente fuerte para soportar su peso.
Rimpoché decía que se podía atender a las enseñanzas de cualquiera y, por educación, aun
postrarse a las vestiduras monásticas del maestro o la pintura del Buda en el cuarto. Volverse
discípulo de tal maestro, es sin embargo otra cosa. El me dijo que yo podía traducirle a otro lama,
que trabajar para otra persona no lo hacía mi maestro espiritual. Esto resultaba cierto, aun cuando
yo tradujera una iniciación tántrica. Lo que cuenta es nuestra actitud hacia el maestro.
Rimpoché también sentía que muchos occidentales se vuelven monjes o monjas budistas demasiado
pronto, sin examinar si esto es lo que realmente quieren hacer por el resto de sus vidas.
Frecuentemente, no consideran de qué forma su ordenación afectará a sus padres, o cómo se
mantendrán en el futuro. Claro, si uno es como los grandes practicantes renunciantes del pasado,
uno no debe pensar en factores tales como la familia o el dinero. Sin embargo, nosotros sabemos si
somos o no Milarepas.
En este contexto, Rimpoché siempre citaba el ejemplo de Drubkang Geleg-gyatso. Este gran
maestro tibetano había querido convertirse en monje en su juventud, pero su familia lo desaprobaba
y estaba muy triste. Así que sirvió bien a sus padres durante su vida, y cuando murieron, donó su
herencia a causas valiosas. Entonces se convirtió en monje.
Rimpoché siempre insistía en respetar y servir a nuestros padres. Como budistas occidentales
siempre hablamos de reconocer a todas las personas habiendo sido nuestras madres y padres, y
retribuirles su bondad. Pero, a un nivel personal, muchos de nosotros no podemos siquiera llevarnos
bien con nuestros padres de esta vida. Servir y ser bondadosos con nuestros padres, enseñaba
Rimpoché, es una gran práctica budista.
Si alguien investiga extensamente, previamente y entonces se vuelve monje o monja, o si
alguien ya ha recibido la ordenación monástica, no debe quedarse a medias como un murciélago,
explicaba Rimpoché. Cuando un murciélago se encuentra entre aves y no quiere hacer lo que están
haciendo, dice: “Oh, yo no puedo hacer eso, yo tengo dientes”. Y, cuando se encuentra entre ratones
dice: “Oh, yo no puedo hacer eso, yo tengo alas”. Actuar como en este ejemplo, es usar los hábitos
monásticos a conveniencia. Cuando a tales personas no les gustan ciertas actividades laicas como
mantenerse financieramente, utilizan sus hábitos como excusa. Y cuando no les interesan ciertas
formas o funciones monásticas, usan la excusa de ser occidentales. Como decía Rimpoché, ¿a quién
están engañando?
Esto no quiere decir, explicaba Rimpoché, que los practicantes budistas no deben trabajar. Ya
sean laicos u ordenados, todos deben ser prácticos y tener los pies en la tierra. Rimpoché
enseñaba que la forma en que ocupamos nuestra mente y nuestra habla es más importante que la forma
en que ocupamos nuestro cuerpo. Por lo que aconsejaba trabajos menores para practicantes intensos
que necesitaban mantenerse. Mientras trabajan pueden recitar mantras y generar sentimientos cálidos
y pensamientos bondadosos. Si pensar en las enseñanzas mientras se trabaja es muy difícil y hemos
recibido una iniciación tántrica, podemos al menos transformar nuestra imagen propia. A través del
día, nos podemos imaginar a nosotros como figuras búdicas y a nuestro entorno como una tierra pura
perfectamente conducente al desarrollo espiritual. Entonces, temprano en la mañana y por la noche
podemos practicar las elaboradas visualizaciones de las sadanas. Rimpoché siempre enfatizaba no
hacer del budismo algo separado de nuestra vida.
Por muchos años, Turner vivió en Inglaterra, desempleado, dependiendo de la seguridad social
con su esposa y dos hijos. Utilizaba casi todo su tiempo haciendo prácticas intensivas de retiro.
Pensaba, ¿por qué gastar mi tiempo trabajando, si puedo estar practicando las enseñanzas?
Anteriormente, había recibido el permiso de Rimpoché para Mahakala Blanco, un guardián asociado con
la abundancia, y rezaba diariamente para que su situación financiera se resolviera. Rimpoché no se
sentía complacido con esto. Decía que era como si un enfermo rezará al Buda de la Medicina para
aliviarse, pero que nunca tomará ninguna medicina. Le dijo a Turner, que consiguiera un trabajo y
que hiciera sus prácticas intensivas durante un breve espacio de tiempo por la mañana y por la
noche. Entonces, invocar a Mahakala Blanco le ayudaría a que su trabajo se convirtiera en un éxito
financiero.
A Rimpoché le gustaba que las personas fueran prácticas y eficientes y no que estuvieran en
la luna. Por lo que prefería que las prácticas y los cantos se realizaran rápidamente. En una
ocasión, los estudiantes del Centro Ghepheling en Milán, Italia, le pidieron a Rimpoché al término
de un curso sobre el camino gradual (lam-rim), que guiara una sesión de meditación acerca de la práctica de Avalokiteshvara.
Rimpoché aceptó, y les indicó que generarán su imagen de ellos como Avalokiteshvara por el proceso
de seis etapas, y que entonces meditarán en doce puntos del lam-rim y que lo hicieran en dos
minutos. Cuando los alumnos expresaron su incredulidad y protestaron por el poco tiempo que les
había dado para todo esto. Rimpoché cedió y dijo: “Esta bien, háganlo en tres minutos”. Entonces
explicó que un buen practicante era capaz de cubrir el lam-rim completamente en el tiempo que toma
poner sus pies en los estribos cuando va a montar un caballo. Cuando llega la muerte, no hay tiempo
de sentarse agradablemente y preparar una visualización a través de un proceso lento y gradual.
Rimpoché enfatizaba ser realista en todos los aspectos de la práctica budista. Esto es
especialmente crucial si somos aspirantes a bodisatva tratando de beneficiar a todo el mundo.
Aunque por nuestra parte siempre debemos estar deseando ser de ayuda para los demás, debemos
recordar que la apertura de los otros a nuestra ayuda, y finalmente el éxito de nuestros esfuerzos,
depende de su karma: los patrones previos que han condicionado sus mentes. Por lo que Rimpoché nos
advertía no ofrecer ayuda en cuestiones que no nos conciernen, o cuando los demás no están
interesados en recibir nuestra ayuda. Nuestra intervención sólo causaría resentimiento, y si
nuestra ayuda fallará recibiríamos toda la culpa.
Lo mejor es mantener un perfil bajo. Podemos hacerle saber a los demás que queremos
ayudarles, y sólo si nos lo piden involucrarnos en sus asuntos. Sin embargo, debemos evitar
anunciarnos como: “bodisatva ofrece sus servicios”. Lo mejor, es simplemente, hacer nuestras
prácticas meditativas diarias y vivir humildemente. Rimpoché advertía acerca de prometer más de lo
que podemos hacer, o publicitar que vamos a realizar o a completar algo en el futuro. Esto sólo nos
causa más obstáculos y, si al terminar no logramos lo que anunciamos, pasamos por tontos y perdemos
toda credibilidad.
Este punto de no prometer más de lo que podemos hacer, es especialmente relevante en nuestra
relación con nuestros maestros espirituales. Rimpoché decía que siempre siguiéramos las guías de
Las
cincuenta stanzas en el maestro espiritual de Ashvaghosha, que él recitaba diariamente como
parte de su práctica meditativa. Si nuestros maestros nos piden hacer algo que por alguna razón
nosotros no podemos hacer, debemos explicarles humilde y educadamente porqué no podemos cumplirlo.
Rimpoché enfatizaba que el punto de comprometerse completamente al mentor espiritual, no es
convertirse en un esclavo o robot sino aprender a pararnos sobre nuestros propios pies, pensar por
nosotros mismos, e iluminarnos. Si no podemos hacer lo que nuestro maestro sugiere, es
completamente inapropiado sentirse culpable de estar decepcionando a nuestros mentores, y por
tanto, que somos malos discípulos.Un maestro espiritual apropiado no es un tirano irracional.
Si acordamos hacer algo por alguien, ya sea para nuestros maestros o por alguien más,
Rimpoché aconsejaba dejarlo claro desde un principio. Invocamos al desastre si aceptamos de manera
ingenua, y entonces, mientras realizamos la tarea o al terminarla, anunciamos en ese momento que
esperamos algo a cambio. Rimpoché enseñaba que si éramos prácticos y realistas, y pensábamos las
cosas anticipadamente, entonces tanto los acontecimientos mundanos como los espirituales irían
bien. Y si somos imprácticos e irrealistas y nos apresuramos hacia los acontecimientos sin
pensarlo, entonces ninguno sería exitoso.
Rimpoché aconsejaba este mismo tratamiento a los centros budistas occidentales. Les decía que
evitaran ser tan grandes que se complicaran con deudas y promesas de proyectos que no podrían
implementar o completar. Decía que se empezara en pequeño y sin pretensiones, resistiendo la
tentación de establecerse en remotas áreas rurales. Los centros budistas deben estar
convenientemente al alcance de los citadinos, así como también para que los residentes puedan
encontrar trabajos cercanos. El grupo siempre puede vender el centro y comprar uno más grande en
caso de necesidad, pero todo a su debido tiempo.
El propósito de los centros budistas no es atraer grandes multitudes con pretenciosos
anuncios como los del circo. Rimpoché siempre prefería los grupos pequeños de practicantes
sinceros. Más aun, al escoger a un maestro espiritual, el punto principal no es qué tan entretenido
es o qué tan divertidas son las historias que cuenta. Si queremos reír o ver algo exótico, podemos
ir a ver a los payasos al circo, o alguna variedad.
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