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Un retrato de Tsenzhab Serkong Rimpoché
Traducido por Ernesto Guerrero
Parte cinco: Otras cualidades de Rimpoché
Serkong Rimpoché nunca proclamó ser un yogui o tener alguna clase de poderes especiales. Si
queríamos un ejemplo de alguien que los tuviera, decía que no teníamos que ver solamente al pasado
remoto. Su padre Serkong Dorjey-Chang, era un claro ejemplo. Como monje en Ganden Jangtsey,
su padre había logrado el nivel del anuttarayoga tantra, en el cual, podía practicar técnicas
especiales de yoga con consorte para alcanzar los niveles más profundos de la mente. Este punto tan
avanzado en la etapa de consumación, requiere de una total maestría del sistema de energía sutil,
con control total de la materia y la energía, tanto interna como externa. Su celibato normalmente
le prohibiría tales prácticas. Cuando Su Santidad el XIII Dalai Lama le pidió una prueba de su
logro, Serkong Dorjey-Chang hizo un nudo con un cuerno de yak, y se lo presentó. Convencido, el
XIII Dalai Lama, le permitió a Serkong Dorjey-chang mantener sus votos monásticos mientras
practicaba en este nivel. Rimpoché mencionaba como un hecho, que tenían este cuerno en su casa
cuando era niño.
Serkong Dorjey-Chang fue ampliamente reconocido como una reencarnación del traductor del
siglo XI, Marpa. Serkong Rimpoché fue a su vez, nacido para llevar los linajes de su padre, y fue
visto como la reencarnación del famoso hijo de Marpa, Darma-dodey. Sin embargo, esto nunca me lo
menciono Rimpoché, ni nunca se comparó con su padre. A pesar del silencio de Rimpoché, era obvio
para aquellos cercanos a él, que él también poseía control sobre su energía-viento sutil, y poseía
poderes extraordinarios. La forma en que Rimpoché podía dormirse a voluntad, daba algún indicio de
esto. En una ocasión Rimpoché tomó un electrocardiograma como parte de un examen médico, en
Madison, Wisconsin. Rimpoché estaba despierto y alerta cuando se recostó para el examen, pero
cuando el doctor le pidió que se relajara, en segundos estaba roncando.
Las habilidades extra sensoriales de Rimpoché para conocer el futuro, pueden mostrarse con
diversos ejemplos. Rimpoché no fue sólo uno de los maestros de Su Santidad, si no también
ocasionalmente enseñaba a varios miembros de la familia de Su Santidad, incluyendo a su madre.
Rimpoché, normalmente, nunca visitaría a la Venerable Madre sin hacer una cita formal, como lo
demanda el protocolo. Sin embargo, justo antes que la Venerable Madre muriera, Rimpoché, sintiendo
su situación, inesperadamente rompió el protocolo y le dio una última visita.
En una ocasión, Rimpoché estaba enseñando en el Instituto Varjayoguini, en Lavaur, Francia, y
tuvo algunos días de descanso antes de partir a París. Yo quería ir a visitar a unos amigos, y
alguien me había ofrecido llevarme. Cuando le pedí permiso para ir a París el domingo, Rimpoché me
dijo, “Muy bien, vas a ir a París el lunes”. Cuando le pregunté, “¿Hay algo malo en ir el domingo?
¿Lo debería posponer mejor para el lunes?” Rimpoché se rió diciendo, “No, no, difícilmente
importaría”.
Me fuí a París el domingo. A la mitad del camino, el coche se descompuso. Y, debido a que los
talleres se cierran los domingos en Francia, tuvimos que pasar la noche en una pequeña villa.
Reparamos el auto por la mañana, y como Rimpoché había predicho, llegué a París el lunes.
Rimpoché demostró en algunas ocasiones ver cosas a distancia. Un día en Dharamsala, la
directora del Centro de Retiros Tushita invitó a Rimpoché a dirigir un ritual. Mientras el Jeep se
acercaba al centro, Rimpoché dijo: “¡Apúrate!, ve a revisar el cuarto del altar, ¡una vela se ha
caído!”. Cuando ella corrió adentro, encontró que en efecto, una vela se había volteado y un fuego
estaba por comenzar.
Rimpoché no sólo sentía la clase de relación kármica que tenía con las personas, sino que
ocasionalmente, mostraba que sabía muchas cosas acerca de extraños sin que se lo hubieran
mencionado. Una vez en Madison, Wisconsin, uno de mis viejos amigos vino a ver a Rimpoché por
primera vez. Aunque mi amigo actuó perfectamente normal, ni él ni yo le mencionamos acerca de su
hábito por la marihuana. Rimpoché le dijo que debería dejar de fumar la droga. Estaba dañando su
desarrollo. De todos los occidentales a quién conoció Rimpoché, mi amigo fue a la única persona que
aconsejó acerca de la marihuana.
Aunque Rimpoché podía ver varios hábitos y tendencias dañinas en otros, siempre fue hábil
para mostrarles a las personas sus errores y faltas. Una vez, mientras Rimpoché estaba en Nepal por
algunos meses, experimenté dificultades personales en mi trabajo. Nos reencontramos en Bodh Gaya,
donde me encontraba traduciendo un discurso de Su Santidad sobre
Involucrándonos
en el comportamiento del bodisatva. En vez de decirme directamente que estaba manejando
estúpidamente los asuntos de mi vida, Rimpoché utilizó el texto que estaba traduciendo. Hojeando a
través de las páginas, señaló diversas palabras y me preguntó si sabía lo que significaban. Las
palabras se referían exactamente a los problemas que tenía. Rimpoché me explicó sus connotaciones
completas, indicando de esta manera el curso de acción para remediar la situación.
En una ocasión, una acaudalada anciana suiza llevo a Rimpoché en taxi a la tienda
departamental más lujosa y cara de Zurich. Cuando Rimpoché salió de la tienda, afirmó que no había
ni un solo artículo que alguien realmente necesitara. Y entonces, le preguntó a la mujer si podían
tomar el trolebús de regreso a su casa. Sería divertido ver como se transportaban las personas
comunes. Avergonzada, la mujer tuvo que reconocer que nunca había utilizado el trolebús en su vida,
y que no sabía como utilizarlo, o donde bajarse. De esta forma, Rimpoché muy gentilmente le mostró
la distancia que a había entre ella y la vida ordinaria.
En otra ocasión, Rimpoché fue invitado a quedarse en una inmensa mansión ricamente adornada
cerca de Zurich, la señora de la casa se sentía muy incómoda en ella, entre tanto lujo sofocante.
Ella prefería vivir de una manera más sencilla, con los pies en la tierra. Le preparó a Rimpoché la
biblioteca recubierta de paneles de roble, pues era la habitación más impresionante de la casa.
Rimpoché la vio, e insistió en dormir mejor en el porche. Le comentó a la mujer cuánto le gustaba
vivir en tiendas de campaña. Y que el porche le recordaba cuando se quedaba en una, debido a la
vista al jardín y al lago más abajo. De esta forma, le ayudo a apreciar y disfrutar los placeres
más sencillos que su mansión ofrecía.
Rimpoché ayudaba a los demás en cualquier forma que fuera necesaria y posible, Mientras daba
en Pomaia, Italia, una ceremonia de permiso para la practica de Tara Amarilla, una figura búdica
asociada con obtener riqueza, Rimpoché le pidió a un artista pobre italiano hacer una pintura de
esta figura para el ritual. De esta forma se establecía un fuerte lazo kármico para que este
artista recibiera los beneficios de prosperidad de su practica meditativa. En otra ocasión, en el
mismo centro, Rimpoché le dio una pequeña ofrenda de dinero a un hombre joven al que le habían
robado la casa de sus padres. El regalo serviría como un comienzo auspicioso para que su familia
restableciera su posición. A Alan Turner, un cercano discípulo británico que no tenía ningún
interés ni confianza en sí mismo para aprender tibetano, Rimpoché le dio la transmisión oral del
alfabeto tibetano para plantar una impresión mental para un tiempo futuro. Y cuando yo había
alcanzado una cima en mi estudio del tibetano y ya no progresaba, Rimpoché empezó a repasar el
diccionario tibetano conmigo y me hizo escribir oraciones con cada palabra.
Rimpoché era también un diplomático excelso. Nos decía que había que aceptar cualquier cosa
que alguien nos ofreciera sinceramente, especialmente si nuestro rechazo lastimaría los
sentimientos de la persona, y nuestra aceptación no causaba daño. Así, aunque a Rimpoché no le
gustaba nada dulce, él comería entusiasmado un pedazo de pastel si alguien lo preparaba
especialmente para él. De hecho, si beneficiaba la confianza de la persona, Rimpoché le pedía a
Ngawang que escribiera la receta.
Sobre todo, Rimpoché era completamente abierto y versátil. No importaba la denominación del
centro budista que lo invitaba – kagyu, nyingma, sakya, gelug, zen o teravada – él enseñaba en el
estilo particular de esa tradición. Esta flexibilidad se extendía más allá de los límites del
budismo. Una vez en Milán, Italia, una mujer con antecedentes católicos le dijo, “Ahora que he
tomado refugio, y tanto los votos de la bodichita como los tántricos, ¿es malo que vaya a Misa?”.
Rimpoché le contestó “No hay nada de malo si usted se concentra en las enseñanzas del amor y la
compasión de otra religión; ¿no esta yendo en la misma dirección que su refugio y sus votos?”.
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