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Un retrato de Tsenzhab Serkong Rimpoché
Traducido por Ernesto Guerrero
Parte cuatro: La forma de ser de un gran maestro
Una entrega y compromiso total desde el fondo del corazón con un maestro espiritual, es una de
las prácticas budistas más difíciles y delicadas. Se requiere de gran cuidado para establecerla y
mantenerla de una forma apropiada. Una vez establecida, sobre bases firmes, nada puede romperla.
Serkong Rimpoché paso muchas penalidades para asegurarse que así sucediera entre él y yo. Una
tarde, al final del Gran Festival Monlam, en Mundgod, Rimpoché me platicó la complicada historia de
las finanzas de su propiedad allí. Aunque, sus otros asistentes sintieron esto como algo
innecesario, Rimpoché dijo que era importante que yo lo supiera. Así, aunque alguna vez escuchara
falsos rumores acerca de su procedencia, por cuestiones de celos o envidias, quería asegurarse de
que yo nunca tendría ni siquiera un momento de duda acerca de su integridad o acerca de mi entrega
total a él.
Un compromiso total, desde el fondo del corazón, a un maestro espiritual, requiere de un
extenso y largo examen mutuo entre los prospectos de discípulos y el maestro. Sin embargo, después
de este cuidadoso escrutinio, los discípulos necesitan ver a sus lamas como Buda; esto no significa
que los maestros espirituales sean infalibles. Los discípulos siempre deben examinar lo que los
maestros dicen, y si es necesario, hacer cortésmente otras sugerencias. Siempre atentos, deben
corregir respetuosamente cualquier cosa extraña que sus lamas digan o hagan.
En una ocasión, Rimpoché buscó demostrarles este punto a los monjes occidentales del
Monasterio de Nalanda, en Francia. Durante un discurso, explicó a propósito algo de forma
completamente equivocada. Aunque, lo que dijo era absolutamente absurdo, los monjes respetuosamente
copiaron sus palabras en sus cuadernos. En la siguiente sesión, Rimpoché reprochó a los monjes,
diciéndole que la hora anterior había explicado algo de una forma ridícula y equivocada. ¿Por qué
nadie lo había objetado? Les dijo, como el mismo Buda había aconsejado, que nunca debería aceptar
ciegamente y sin analizar lo que dijera el maestro. Aun a los grandes maestros, ocasionalmente se
les va la lengua, los traductores cometen errores, y los estudiantes toman notas confusas e
imprecisas. Si cualquier cosa les parece extraña, siempre deberían preguntar y examinar cada punto
contra los grandes textos.
Personalmente, Rimpoché cuestionaba hasta los comentarios budistas estándar. Al hacerlo,
seguía el precedente de Tsongkapa. Este reformador del siglo XIV se dio cuenta que muchos
respetados textos, tanto de maestros hindúes como tibetanos, se contradecían entre ellos, y
contenían afirmaciones ilógicas. Tsongkapa descubrió y analizó estos puntos, ya sea rechazando
posiciones que no eran razonables, o dando nuevas y penetrantes interpretaciones a pasajes que
habían sido mal entendidos. Sólo aquellos con un vasto conocimiento de las escrituras y una
profunda experiencia meditativa están calificados para entrar en estos nuevos terrenos. Serkong
Rimpoché era uno de ellos.
Por ejemplo, poco antes de su muerte, Rimpoché me llamó y me señaló un pasaje en uno de los
textos filosóficos más difíciles de Tsongkapa,
La Esencia de la Explicación Excelente de los Significados Interpretables y Definitivos (Drang-nges legs-bshad snying-po). Rimpoché recitaba este tratado de varios cientos de
páginas de memoria como parte de su práctica diaria. El pasaje se refería a las etapas para remover
la confusión de la mente, y específicamente, acerca del tema de las “semillas” de confusión. Los
comentarios estándar interpretan éstas semillas como fenómenos cambiantes, que no son ni algo
físico, ni una forma de conocer algo. Para tratar de explicar este punto, yo había estado
traduciendo el término como “tendencias” en vez de “semillas”. Citando la lógica, la experiencia, y
otros pasajes del texto, Rimpoché explicó que la semilla de arroz sigue siendo arroz. Por tanto,
una semilla de confusión es un “huella” de confusión. Esta interpretación revolucionaria tiene
profundas ramificaciones acerca de cómo entender y trabajar con el inconsciente.
A pesar de sus brillantes innovaciones, Serkong Rimpoché, en todo momento y de todas formas
enfatizaba su humildad y falta de pretensiones. Así, aunque era el monje más importante de su
monasterio en Mundgod, no se construyó una gran casa ostentosa, sino una simple cabaña. Su casa en
Dharamsala también era extremadamente modesta, con sólo tres cuartos para cuatro personas,
invitados frecuentes, dos perros y un gato.
Así como Rimpoché, evitaba cualquier muestra de grandeza, también buscaba evitar que sus
alumnos lo enaltecieran. Por ejemplo, algunas prácticas meditativas se centran alrededor de la
relación con el maestro espiritual, como la construcción de elaboradas visualizaciones conocidas
como Guru–yoga; repitiendo un mantra que contiene el nombre sánscrito del lama. En las prácticas
del Guru–yoga, Rimpoché siempre instruyó a sus discípulos a visualizar al Dalai Lama. Cuando le
preguntaban por su nombre sánscrito, Rimpoché siempre daba el nombre de su padre para que lo
repitieran. El padre de Rimpoché, Serkong Dorjey-chang, fue uno de los grandes practicantes y
maestros de principios del siglo XX. En su momento, fue el portador del linaje del Kalachakra, lo
que significa que era el maestro calificado responsable de transmitir el cuerpo de su conocimiento
y experiencia meditativa a la siguiente generación.
El estilo modesto de Rimpoché se manifestaba de muchas otras formas. Cuando Rimpoché viajaba,
seguía el ejemplo de Mahatma Gandhi. Insistía en subirse en vagones hindúes de tercera clase, a
menos que hubiera una razón específica para no hacerlo. Esto era cierto, aunque significara dormir
junto al baño mal oliente, lo cual sucedió cuando dejamos Dharamsala para ir a Delhi en nuestra
primera gira juntos a Occidente. Rimpoché decía que era excelente viajar de esta forma ordinaria,
ya que ayudaba a desarrollar la compasión. Las tres clases llegaban a su destino al mismo tiempo,
así que, ¿para que gastar dinero? A Rimpoché no le gustaba que la gente gastara dinero en él, ya
fuera comprándole boletos de primera clase o llevándolo a caros y lujosos restaurantes.
En una ocasión en que Rimpoché regresaba a Dharamsala desde Spiti, algunos otros discípulos y
yo lo esperábamos en un bazar hindú para saludarlo a su llegada. Después de ver muchos coches y
camiones pasar sin Rimpoché, un viejo y sucio camión se paró en el mercado. Ahí estaba Serkong
Rimpoché, sentado en la apretada cabina del camión, con su rosario en la mano. El y sus asistentes
habían ido durante tres días todo el camino desde Spiti en este modesto transporte, totalmente
despreocupados de la comodidad o de las apariencias.
Una vez, cuando Rimpoché regresaba a Dharamsala con sus asistentes y conmigo del gran
festival Monlam, en Mundgod, tuvimos que esperar todo el día el tren en Poona. Él permaneció
alegremente en un cuarto caluroso y ruidoso de un hotel de tercera clase que un vendedor tibetano
local de abrigos nos había ofrecido. De hecho, Rimpoché sugería frecuentemente tomar autobuses
nocturnos cuando viajábamos en la India ya que eran más económicos y sencillos. A él nunca le
importó esperar en las repletas estaciones de autobuses. Nos dijo que tenía muchísimas prácticas de
meditación para estar ocupado. El ruido, el caos y la suciedad a su alrededor nunca perturbaron su
concentración.
Rimpoché nunca permanecía mucho tiempo en un lugar, si no que se cambiaba frecuentemente.
Decía que era bueno para deshacerse del apego. Así que mientras estábamos de gira, nunca nos
quedábamos más de unos días en una casa, mucho menos nos quedábamos más de lo debido volviéndonos
una carga para nuestros anfitriones. Siempre que nos quedábamos en un centro budista que tenía un
viejo monje tibetano como maestro, Rimpoché trataba al monje como si fuera su mejor amigo. Nunca
restringió sus relaciones cercanas a sólo una persona.
No importaba a dónde fuera Rimpoché, siempre mantenía una fuerte práctica a lo largo del día
y casi no dormía. Recitaba mantras y textos de visualizaciones tántricas, no sólo entre citas sino
aún en las pausas, mientras esperaba mi traducción cuando tenía invitados extranjeros. Realizaba
sus sadanas en coches, trenes, aviones – las circunstancias externas no importaban. Enfatizaba que
una fuerte práctica diaria proveía de un sentido de continuidad a nuestras vidas, a donde quiera
que fuéramos e hiciéramos lo que hiciéramos. Así, ganábamos una gran flexibilidad, confianza y
estabilidad.
Rimpoché nunca hacia de su practica un espectáculo. Nos decía que hiciéramos las cosas
callada y privadamente, tal como bendecir los alimentos, o decir oraciones antes de las enseñanzas.
Recitar largos versos solemnes antes de comer con otros, sólo les causaba molestia o les podía
hacer sentir que nosotros sólo queríamos impresionarlos o avergonzarlos. Más aún, él nunca le
impuso a nadie ninguna práctica o costumbre, sino que realizaba las oraciones o rituales que el
centro que lo había invitado acostumbraba hacer, antes y después de las enseñanzas.
Aunque Rimpoché hacía amplias ofrendas tanto a Su Santidad como a monasterios tibetanos y
occidentales, nunca lo promovía ni decía nada al respecto. El enseñaba a nunca hacerlo. Una vez, un
humilde hombre de mediana edad en Villorba, Italia, vino a ver a Rimpoché. Mientras dejaba el
cuarto, colocó discretamente y ni siquiera en un lugar prominente si no a un lado de la mesa, un
sobre conteniendo una generosa donación. Rimpoché afirmó después que esa era la manera de hacer
ofrendas a un lama.
Rimpoché enfatizaba que nuestra humildad debía ser sincera y no falsa. No le gustaba la gente
que pretendía ser humilde pero que realmente eran orgullosos o arrogantes, o que pensaban que eran
grandes yoguis. Solía contar la historia de un practicante orgulloso con antecedentes nómadas, que
fue a ver a un gran lama. Actuando como si nunca antes hubiera visto nada civilizado, el hombre
preguntó qué eran los instrumentos rituales en la mesa del lama. Y cuando señaló al gato del lama y
preguntó cuál era esa magnífica bestia, el lama lo corrió del lugar.
Especialmente a Rimpoché le disgustaba cuando la gente presumía pretenciosamente de su
práctica. Decía que si pretendíamos emprender un retiro de meditación, o aun si habíamos terminado
uno; no deberíamos anunciarlo a los demás. Es mejor mantener esas cosas privadas y que nadie sepa
lo que estamos haciendo. De otra forma, el que la gente hable de nosotros nos provocará muchos
obstáculos, como el orgullo, los celos de los demás y su competencia. Nadie sabía cual era la
figura búdica de la práctica tántrica principal de Tsongkapa. Fue sólamente cuando su discípulo
Kaydrubjey lo observó justo antes de su muerte, haciendo las sesenta y dos ofrendas desde su copa
interior de ofrecimiento; que dedujo que era Chakrasamvara, la figura búdica que encarna la
bendición interna. De igual manera, nadie sabía cual era la práctica personal principal de Serkong
Rimpoché, a pesar de ser un aclamado especialista y experto en Kalachakra.
Rimpoché siempre hablaba acerca de los Gueshe Kadampa, que ocultaban tan bien sus prácticas
tántricas que sólo cuando las personas encontraban unos diminutos vajra y campana cosidos en una de
las esquinas de sus hábitos, después de que habían muerto; se daban cuenta qué habían estado
practicando. Rimpoché vivió su vida de acuerdo con este modelo. Rimpoché usualmente se iba a dormir
media hora antes que todos en su casa y se levantaba un poco después que todos. Sin embargo, sus
asistentes y yo observamos que la luz de su cuarto se prendía después de que supuestamente todos
estaban dormidos, y se apagaba un poco antes de que se despertaran en la casa.
Una vez en Jägendorf, Alemania, el asistente principal de Rimpoché, Chondzeyla, compartió la
habitación con Rimpoché. Mientras pretendía estar dormido, Chondzeyla, observó a Rimpoché
levantarse en la mitad de la noche y tomar varias vigorosas posiciones asociadas con las Seis
Prácticas de Naropa. Aunque, durante el día Rimpoché solía necesitar ayuda para pararse, él de
hecho tenía la fuerza y flexibilidad para entregarse a estos ejercicios de yoga.
Rimpoché siempre trato de ocultar sus buenas cualidades, de hecho, ni siquiera le gustaba
descubrir su identidad a los extraños. En una ocasión, una pareja de edad, de Indonesia, se ofreció
a llevarnos de Paris a Ámsterdam en su coche. Después de llegar a Ámsterdam, la pareja invitó a
Rimpoché a su casa para cenar. Fue sólo después, cuando las personas del centro budista les
llamaron para invitarlos a las enseñanzas de Rimpoché, que se dieron cuenta de quién había sido su
invitado. Ellos pensaban que era solamente un viejo y amigable monje común.
En el mismo espíritu, Rimpoché algunas veces jugaba ajedrez con los niños cuando viajaba al
extranjero, o hacía a su asistente más joven Ngawang jugar; ayudaba a ambos bandos. Los niños sólo
pensaban que era un bondadoso abuelo. Una vez que Rimpoché caminaba por las calles de Munich,
Alemania, en temporada navideña, los niños lo siguieron, pensaban que por su vestimenta roja era
Santa Claus.
Rimpoché, ocultaba que sabía un poco de inglés. Después de la iniciación de Kalachakra en
Spiti, un mes antes que Rimpoché muriera, me despedí de él en el monasterio de Tabo para ir a
Dharamsala. Había contratado un autobús para un grupo de occidentales y era tiempo de irnos. Sin
embargo, una extranjera a última hora había ido de visita al monasterio Kyi, unas veinte millas
arriba del valle, y no había regresado en el tiempo acordado. Mientras fui a buscarla a Kyi, un
discípulo italiano fue a ver a Rimpoché sin traductor. Rimpoché, quién nunca antes había hablado ni
una palabra de inglés, se volvió al italiano, y le preguntó en perfecto inglés, “¿dónde esta Alex?”.
Cuando el hombre exclamó: “Pero, Rimpoché, Ud. no habla inglés”. Rimpoché sólo se rió.
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