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La vida de Buda Shakyamuni

Alexander Berzin
Febrero del 2005, revisado en abril del 2007
Traducido por Ildefonso María Paneros

Introducción

Fuentes tradicionales citan que Buda Shakyamuni (Shakya thub-pa) vivió desde el año 566 hasta el 485 a.e.c., en el norte central de la India. Dichas fuentes budistas contienen numerosos y diferentes relatos sobre su vida, apareciendo, en ocasiones, con el paso del tiempo más detalles. Es difícil establecer con precisión los detalles de estos relatos ya que los primeros textos budistas se escribieron tres siglos después del fallecimiento del Buda. El hecho de que algunos textos aparezcan de forma escrita posteriormente a otros, no es razón suficiente para descartar su validez, pues muchos de ellos pudieron haber continuado transmitiéndose mediante vía oral después que otros fuesen escritos.

Además, debemos tener en cuenta que biografías tradicionales de grandes maestros budistas, incluyendo la del mismo Buda, fueron recopiladas con fines didácticos y no como documentos históricos. Mas aun, existen específicamente biografías de grandes maestros que se crearon de modo que enseñasen e inspirasen a los seguidores budistas a buscar el camino de la liberación e iluminación. Por lo tanto, para beneficiarnos de la historia de la vida del Buda, tenemos que entenderla dentro de este contexto, analizar las lecciones y aprender de ellas.

Fuentes

Las primeras fuentes de la vida del Buda se incluyen dentro de los textos teravada, algunos sutras en pali de Colección de discursos medianos (Pali: Majjhima Nikaya) y, de varias escuelas hinayana, también de varios textos vinaya acerca de las reglas monásticas de disciplina. Sin embargo, cada uno de estos textos ofrece sólo trozos de la historia de la vida del Buda.

El primero y más amplio relato aparece en la literatura poética budista a finales del siglo segundo a.e.c. en la obra Grandes materiales (sct. Mahavastu) de la escuela hinayana mahasanghika. Este texto que estaba fuera de Las tres cestas (sDe-snod gsum, sct. Tripitaka), añadió, por ejemplo, el detalle de que el Buda nació como príncipe en una familia real, como también lo hace otro trabajo poético aparecido en la literatura de la escuela hinayana sarvastivada: El sutra de la obra vasta (sct. Lalitavistara sutra). Posteriormente, versiones mahayana de este texto (rGya-cher rol-pa’i mdo) tomaron prestada esta versión previa y dieron más detalles, por ejemplo, explicando que Shakyamuni había alcanzado la iluminación muchísimo tiempo antes emanando como príncipe Siddhartha, simplemente como demostración del camino para obtener la iluminación con el propósito de enseñar a otros.

En última instancia algunas de estas biografías se incluyeron en Las tres cestas. La más famosa es Hazañas del Buda (Sangs-rgyas-kyi spyod-pa zhes-bya-ba ‘i snyan-ngag chen-po, sct. Buddhacarita) del poeta Ashvaghosha (rTa-dbyangs), escrito en el primer siglo e.c. Otras versiones aparecieron, aun después, en los tantras, como en la literatura del Chakrasamvara (‘Khor-lo bde-mchog), allí encontramos el relato en el cual el Buda, a la vez que apareció como Shakyamuni enseñando Los sutras sobre la sabiduría discriminativa de largo alcance (Sher-phyin mdo, Prajnaparamita sutras, Sutras de la perfección de la sabiduría) simultáneamente emanó como Vajradhara y enseñó los tantras.

De cada relato podemos aprender algo y obtener inspiración. No obstante miremos ante todo las versiones que representan al Buda histórico.

Nacimiento, comienzo de su vida, y renuncia

De acuerdo con los primeros relatos, Shakyamuni (Shakya thub-pa) nació en una aristocrática y acaudalada familia de guerreros en el estado de Shakya, con  su capital en Kapilavastu (Ser-skya’i gnas), en la frontera entre lo que hoy se conoce como India y Nepal. No se menciona que naciese como príncipe de la familia real. Sólo en relatos posteriores aparece su nacimiento como príncipe y su nombre Siddhartha (Don-grub). Su padre fue Shuddhodana (Zas gtsang-ma). En versiones posteriores, el nombre de su madre Maya-devi (Lha-mo sGyu-‘phrul-ma), aparece también, así como el relato de la concepción milagrosa del Buda en el sueño del elefante blanco de seis colmillos entrando en ella por el lado y la predicción por el sabio Asita, de que el niño sería o bien un gran rey o un gran sabio. También aparece posteriormente en la descripción del nacimiento puro del Buda en Lumbini (Lumbi-na’i tshal), por el lado de su madre, dando siete pasos al nacer diciendo: “He llegado”, y la muerte de su madre en el parto.

De joven, el Buda vivió una vida de placer. Se casó y tuvo un hijo, Rahula (sGra-gcan ‘dzin). En versiones posteriores, aparece el nombre de su esposa, Yashodhara (Grags ‘dzin-ma). Sin embargo, a la edad de veintinueve años, el Buda renunció a su vida familiar y a la herencia de príncipe y se convirtió en un mendicante errante en busca de espiritualidad (dge-sbyong, sct. shramana).

Es importante entender la renuncia del Buda dentro del contexto de su sociedad y tiempo. Al convertirse en un mendicante errante en busca de espiritualidad, el Buda no abandonó a su esposa e hijo, dejándoles viviendo solos en la pobreza, ciertamente, ella y su hijo habrían sido cuidados por sus acaudalados familiares. Además, el Buda siendo un miembro de la casta de guerreros tendría, sin duda alguna, que dejar un día su hogar por la batalla. Una familia de guerreros aceptaría esto como el deber del hombre. Los guerreros en la India antigua, no llevaban a sus familias con ellos al campo de batalla.

Aunque las batallas pueden combatirse contra enemigos externos, la lucha verdadera es contra nuestros enemigos internos, y esta es la guerra que el Buda salió a combatir. Que el Buda dejase a su familia con este fin, indica que es el deber del buscador espiritual el dedicar su vida entera al mismo tipo de propósito. Sin embargo, en nuestro mundo moderno, si dejásemos a nuestra familia para hacernos monásticos y proseguir esta lucha interna, necesitaríamos asegurar que ellos estuviesen bien cuidados. Esto significa no sólo atender las necesidades de nuestro cónyuge e hijos, sino también las de nuestros mayores. Pero dejemos o no a nuestras familias, es el deber de un budista disminuir el sufrimiento superando la adicción a los placeres, tal como lo hizo el Buda.

Para superar el sufrimiento, el Buda quiso entender la naturaleza del nacimiento, envejecimiento, la enfermedad, la muerte, el renacimiento, la tristeza, y la confusión. Una versión más amplia de esto aparece después en forma de episodio de Channa, el cochero de la carroza, que saca al Buda a pasear por la ciudad. Cuando el Buda vio a gente enferma, anciana, muerta y a un asceta, Channa le explicó lo que eran. De este modo, el Buda llegó a identificar claramente el sufrimiento verdadero, que todos experimentamos y la posibilidad de superarlo.

Este episodio que implica el recibir ayuda en el camino espiritual por parte del cochero es análogo al relato de Arjuna del Bhagavad Gita (Srid-sgrub) contado por su chofer de carroza, Krishna (‘Dom-pa nag-po), acerca de la necesidad de continuar su deber como guerrero y luchar en batalla contra sus parientes. En ambos casos, budista e hindú, podemos ver un significado más profundo en el hecho de salir más allá de las murallas de nuestra vida cómoda con lo que nos es conocido y nunca abandonar nuestro deber por descubrir la verdad. En cada caso la carroza representa, quizás, al vehículo de la mente que la conduce a la liberación, y las palabras del chofer, representarían entonces, la fuerza motriz que impulsa este vehículo, a saber, la verdad acerca de la realidad.

Estudios e iluminación

Como errante célibe en busca de espiritualidad, el Buda estudió con dos maestros los métodos para obtener varios niveles de estabilidad mental (bsam-gtan, sct. dhyana) y absorciones de la no forma. Aunque logró obtener estos estados profundos de concentración perfecta, en los cuales no experimentaba ni sufrimiento burdo ni felicidad mundana común, no quedó satisfecho. Estos estados superiores producían solamente alivio temporal y no permanente de estos sentimientos contaminados, y desde luego, no eliminaban los profundos sufrimientos universales que él buscaba superar. Entonces practicó un ascetismo extremo con cinco acompañantes, pero esto tampoco erradicó los profundos problemas involucrados en los constantes e incontrolables renacimientos (‘khor-ba, sct. samsara). Solamente en relatos posteriores, aparece el incidente en donde el Buda rompió sus seis años de ayuno en la orilla del río Nairanjana (Chu-bo Nai-ranyja-na) con la doncella Sujeta (Legs-par skyes-ma) que le ofreció una taza de arroz con leche.

Para nosotros, el ejemplo del Buda indica que no podemos estar satisfechos, solamente, obteniendo un estado de calma total o alcanzando un estado placentero con la meditación, y mucho menos por medios artificiales tales como las drogas. Retrayéndonos en trances profundos, torturándonos o castigándonos, tampoco conseguimos nada. Es necesario recorrer todo el camino hasta alcanzar la liberación y la iluminación, y no estar satisfechos con métodos espirituales que no nos llevan a culminar estas metas.

Después de rechazar el ascetismo, el Buda meditó solo en la jungla para vencer el temor. El miedo subyacente es una actitud egocentrista y de apego a un inexistente “yo” aun más fuerte que aquella detrás del anhelo compulsivo por el placer y la diversión. Así en La rueda de las armas a filadas (Blo-sbyong mtshon-cha‘i ‘khor-lo), el maestro indio del siglo diez e. c.. Darmarakshita (Dharma-rakshi-ta) usaba la imagen de pavos reales deambulando por la jungla de plantas venenosas, para representar bodisatva usando y transformando las emociones venenosas del deseo, el enojo y la ingenuidad para ayudarles a superar su actitud egocéntrica y de apego a un “yo” imposible.

[Ver: La rueda de las armas afiladas.]

Después de mucho meditar, el Buda obtuvo la iluminación completa a la edad de treinta y cinco años. Posteriores relatos nos dan detalles de este logro bajo el árbol de bodhi (byang-chub-kyi shing) actualmente en Bodh Gaya (rDo-rje gdan), después de vencer los ataques de Mara (bDud). El celoso dios Mara, intentó impedir la iluminación del Buda emanando más apariencias temerosas y seductoras para interrumpir su meditación bajo el árbol de bodhi.

En los primeros relatos, el Buda consiguió la iluminación obteniendo los tres tipos de conocimiento: el conocimiento completo de todas sus vidas anteriores, el del karma y renacimiento de todos los demás, y el de Las cuatro verdades nobles. Relatos posteriores explican que con la iluminación él obtuvo la omnisciencia.

Enseñanzas y establecimiento de una comunidad monástica

Después de obtener la liberación y la iluminación, el Buda dudó en enseñar a otros el camino para alcanzar lo mismo. Él sintió que nadie podría entenderlo, pero los dioses indios Brama (Tshang-pa) e Indra (dBang-po) le imploraron que enseñase. De acuerdo a las enseñanzas brahmánicas que luego vinieron a ser el hinduismo, Brama es el creador del universo e Indra es el rey de los dioses. Al hacer esta petición, Brama le dijo al Buda que el mundo siempre sufriría si él no lograba enseñar, y que por lo menos algunas personas entenderían su mensaje.

Este detalle podría ser un elemento satírico indicando la superioridad de las enseñanzas del Buda, que sobrepasaban los métodos ofrecidos por las tradiciones espirituales tradicionales indias de su tiempo. Después de todo, si hasta los dioses superiores admitían que el mundo necesitaba de las enseñanzas del Buda porque ellos mismos carecían de métodos para terminar con el sufrimiento de todos y de manera definitiva; nosotros, seguidores corrientes, necesitamos estas enseñanzas aun más. Además, en el simbolismo budista, Brama representa al orgullo arrogante. Su falsa creencia que él es el creador omnipotente representa la personificación de la falsa creencia en uno mismo existiendo como un imposible “yo”, como un “yo” que puede controlar todo en la vida. Esta creencia errónea inevitablemente genera frustración y sufrimiento. Solamente las enseñanzas del Buda acerca de la manera en cada uno de nosotros existimos, ofrecen la solución para conseguir acabar con este sufrimiento verdadero y sus causas verdaderas.

Al aceptar la petición de Brama e Indra, el Buda fue a Sarnath y en el Parque de los ciervos (Ri-dags-kyi gnas, sct. Mrgadava) enseñó Las cuatro verdades nobles a sus cinco antiguos compañeros. En el simbolismo budista el ciervo representa suavidad, ternura y de esta manera el Buda enseña un método suave que rechaza los extremos del hedonismo y el ascetismo.

Poco después, un número de hombres jóvenes cercanos a Varanasi (Va-ra-na-si) se unieron al Buda como mendigos errantes buscadores de espiritualidad, observando un estricto celibato. Sus padres se hicieron discípulos laicos y empezaron a sustentar al grupo con limosnas. Una vez que algún miembro se encontraba suficientemente entrenado y bien calificado, el Buda le mandaba a enseñar a otros. De esta manera el grupo de mendicantes seguidores del Buda creció rápidamente y pronto se asentaron y formaron comunidades “monásticas” individuales en varios lugares.

El Buda organizó estas comunidades monásticas de acuerdo a directrices prácticas. Se podían admitir candidatos para entrar en las comunidades como monjes, si es que podemos usar este término en ese tiempo, pero para ello era necesario seguir ciertas restricciones para evitar enfrentamientos con las autoridades civiles. Por lo tanto, el Buda prohibió entrar a ser parte de la comunidad monástica a: criminales, aquellos que prestaban servicio real como el del ejército, esclavos no liberados y aquellos con enfermedades contagiosas tales como la lepra. Además no se permitía la entrada a menores de veinte años. Con ello el Buda pretendía evitar cualquier tipo de problema y asegurar el respeto de la gente hacia las comunidades y las enseñanzas del Darma. Esto nos muestra que como seguidores del Buda necesitamos ser respetuosos con las costumbres locales y actuar respetablemente para que la gente tenga buena impresión del budismo y lo respete.

Pronto el Buda regreso a Magadha (Yul ma-ga-dha) el reino en el que se encuentra Bodh Gaya, fue invitado a la capital, Rajagrha (rGyal-po‘i khab), hoy día Rajgir, por el rey Bimbisara (gZugs-can snying-po), quien se convirtió en su benefactor y discípulo. Allí los amigos Shariputra (Sha-ri‘i bu) y Maudgalyayana (Mo‘u dgal-gyi bu) también entraron en la creciente orden del Buda y se hicieron de los discípulos más afines.

Al año de su iluminación, el Buda regreso a su hogar la ciudad-estado de Kapilavastu, donde su hijo Rahula entró en la orden. El hermanastro del Buda, el guapo Nanda (dGa’-bo) había abandonado el hogar e ingresado anteriormente. El padre del Buda, el rey Suddhodana, se puso muy triste porque el linaje familiar se había roto, por lo que solicitó al Buda que en el futuro un hijo necesitase el consentimiento de sus padres para ingresar en la orden monástica. El Buda estuvo totalmente de acuerdo. El hecho central de este relato no es la crueldad del Buda hacia su propio padre, sino la importancia de no crear rencor contra el budismo, especialmente dentro de nuestra propia s familia.

Un detalle posterior que aparece acerca del encuentro del Buda con su familia es el de haber usado sus poderes supernaturales para ir al cielo de Tushita (dGa’-ldan) y enseñar a su madre que había renacido allí. Esto indica la importancia de apreciar y retribuir la bondad materna.

Expansión de la orden monástica

Las primeras comunidades de monjes del Buda fueron pequeñas, teniendo no más de veinte hombres. Cada una era autónoma y seguían reglas establecidas en las rondas de los monjes en búsqueda de limosnas. Las acciones y decisiones de cada comunidad eran tomadas por consenso entre sus miembros, para evitar cualquier discordia. No se establecía a persona alguna como única autoridad. En cambio, el Buda ordenó que tomasen las enseñanzas del Darma, por sí mismas, como la autoridad. Incluso la disciplina monástica en sí misma podía ser cambiada si era necesario, pero cualquier cambio tenía que estar basado en el consenso de toda la comunidad.

El rey Bimbisara sugirió al Buda que adoptase las costumbres de otros grupos espirituales de mendicantes, tales como los Jains (gCer-bu-pa), de mantener una junta cada cuarto de mes (gso-sbyong, sct. uposhadha). De acuerdo a esta costumbre, los miembros de la comunidad espiritual se reunirían al comienzo de cada cuarto de fase lunar para hablar de las enseñanzas. El Buda aceptó, lo que demuestra que estaba abierto a sugerencias para seguir las costumbres de su tiempo. En realidad, el Buda siguió el ejemplo en muchos aspectos de su comunidad espiritual y del esquema de sus enseñanzas de los Jains. Mahavira, el fundador del Jainismo, vivió alrededor de medio siglo antes que el Buda.

Poco tiempo después, Shariputra pidió al Buda que formulase reglas para el código de disciplina monástica. Sin embargo, el Buda decidió esperar hasta que algunos problemas específicos surgieran y luego instituir un voto para evitar cualquier repetición de algún incidente similar. El Buda siguió esta directiva tanto para las acciones destructivas por naturaleza, las cuales eran dañinas para cualquiera que las cometiese, como para las acciones éticamente neutras, las prohibidas para ciertas personas en ciertas situaciones y por ciertas razones. Por lo tanto las normas de disciplina (‘dul-ba, sct. vinaya) fueron pragmáticas y formuladas ad hoc, siendo las consideraciones principales para el Buda las de evitar problemas y no causar ofensas.

Basándose en estas normas de disciplina, el Buda estableció entonces, la recitación de los votos en la junta monástica de cuarto de mes, al mismo tiempo que los monjes admitían abiertamente cualquier infracción. Las infracciones más serias tenían como resultado la expulsión de la comunidad o la deshonra de pasar por un periodo de prueba. Posteriormente, estas reuniones se llevaban a cabo solamente bimestralmente.

La siguiente norma que el Buda estableció fue la del retiro de tres meses en la estación de lluvias (dbyar-gnas, sct. varshaka) durante el cual los monjes permanecerían en un sitio y evitarían viajar. El propósito era prevenir que los monjes dañaran las cosechas al tener que caminar a través de los campos cuando los caminos estaban inundados. El mantener los retiros en la estación de lluvias condujo al establecimiento de monasterios fijos. De nuevo, este plan surgió para evitar dañar a la comunidad laica y obtener su respeto. La construcción de monasterios fijos también fue adoptada porque resultaba práctico.

A partir del retiro de la segunda estación de lluvias, el Buda pasó veinticinco estaciones de lluvias de retiro en la arboleda Jetavana (rGyal-bu rgyal-byed-kyi tshal) fuera de Shravasti (gNyan-yod), la ciudad capital del reino de Cósala (Ko-sa-la). El comerciante Anathapindada (mGon-med zas-sbyin) construyó en ese lugar un monasterio para el Buda y sus monjes, y el rey Prasenajit (rGyal-po gSal-rgyal) patrocinó el sustento de la comunidad. Este monasterio en Jetavana fue el escenario de muchos grandes acontecimientos en la vida del Buda. El más famoso fue el derrotar a los líderes de las seis escuelas más importantes no budistas de su tiempo en un concurso de poderes milagrosos.

Hoy en día, ninguno de nosotros es capaz de realizar proezas milagrosas. No obstante, el uso de poderes milagrosos por parte del Buda en lugar de la lógica para derrotar a sus adversarios, indica que cuando las mentes de los otros están cerradas a la razón, la mejor manera de convencerles de la validez de nuestro entendimiento, es demostrando nuestro nivel de realización a través de nuestras acciones y conducta. Hay un dicho en inglés que en español diría “Las acciones hablan más alto que las palabras” (“Actions speak louder than words”)

La fundación de la orden monástica de monjas

Más tarde en su carrera de enseñanzas, el Buda estableció una comunidad de monjas en Vaishali (Yangs-pa-can) a petición de su tía Mahaprajapati (sKye-dgu’i bdag-mo chen-mo). Al principio se mostró reacio a iniciar tal orden, pero finalmente decidió que podía ser posible si formulaba más votos para las monjas que para los monjes. Al hacer esto, el Buda no estaba indicando que las mujeres fuesen más indisciplinadas que los hombres y requiriesen amansar más su mente a través de mantener más votos. Mas bien, temía que establecer una orden femenina pudiese traer mala fama y un prematuro final a sus enseñanzas. Lo que quería el Buda ante todo, era evitar la falta de respeto de toda la comunidad, de modo que la orden de monjas necesitaba estar por encima de cualquier sospecha de conducta inmoral.

Sin embargo, el Buda era, en general, reacio a crear reglas y estaba dispuesto a suprimir las de menos importancia si se les consideraba innecesarias. Sus normas representan la dinámica de las dos verdades: la verdad última y al mismo tiempo respeto por la verdad convencional, de acuerdo a las costumbres locales. Aunque de acuerdo a la verdad última no hay problema en tener una orden de monjas; sin embargo, para evitar que la gente común mirase con desprecio las enseñanzas budistas, era necesario que hubiese más normas de disciplinas para las monjas. A partir de la verdad última, no importa lo que la sociedad diga; sin embargo respecto a la verdad convencional, es importante para la comunidad budista merecer el respeto y confianza del público. De la misma manera, sería una falta de respeto si existiese cualquier muestra de prejuicio, por parte de las costumbres budistas, para con las monjas o las mujeres en general o las minorías, el espíritu del Buda es corregirlas de acuerdo a las normas de los tiempos.

Después de todo, la tolerancia y la compasión han sido la tónica más importante en las enseñanzas del Buda. Por ejemplo, el Buda animaba a los nuevos discípulos que previamente habían mantenido a otras comunidades religiosas, a continuar apoyándolas. Dentro de las órdenes budistas, también ordenó a los miembros a cuidarse entre ellos. Si por ejemplo, un monje se enfermaba, los otros monjes tenían que cuidarle, porque todos eran miembros de la familia budista. Este también es un importante precepto para todos los budistas laicos.

Métodos didácticos del Buda

Buda enseñó a los demás tanto con su forma de vivir como a través de instrucciones verbales. Para la última, seguía dos métodos, dependiendo si estaba enseñando a un grupo o a un individuo; ante los grupos, el Buda explicaba sus enseñanzas en forma de discurso, a menudo repitiendo cada punto con distintas palabras, para que la audiencia pudiese recordarlo mejor. Sin embargo cuando daba instrucciones personales, a menudo después de una comida en un hogar en el que le habían invitado a él y sus monjes a almorzar, el Buda les daba un enfoque distinto. Nunca se oponía o desafiaba el punto de vista del que escuchaba, sino que adoptaba el punto de vista de la persona y le hacía preguntas que ayudaban a aclarar, al que escuchaba, sus propios pensamientos. De esta manera, el Buda llevaba a la persona a mejorar su punto de vista y gradualmente a obtener un entendimiento más profundo de la realidad. Un ejemplo es cuando el Buda guió a un miembro orgulloso de la casta de los sacerdotes brahmanes, a entender que la superioridad no se deriva de la casta en la que uno nace, sino del desarrollo de las cualidades de una persona.

Otro ejemplo es el de la enseñanza del Buda a una madre afligida que le llevó su niño muerto y rogó al Buda que le devolviese a la vida. El Buda le dijo que le trajese una semilla de mostaza de una casa en la cual nunca se hubiese producido una muerte, y entonces él vería que podría hacer. La mujer fue de casa en casa, pero en cada uno de los hogares alguna persona había fallecido. Poco a poco ella se dio cuenta que todos algún día tenemos que morir y de esta manera ella fue capaz de incinerar a su niño con mayor paz mental.

Los métodos de enseñanza del Buda nos muestran que para ayudar a la gente en encuentros individuales, lo mejor es no crear enfrentamientos. Lo más efectivo es ayudarles a pensar por ellos mismos. Sin embargo, en grupos de gente que desea aprender las enseñanzas, necesitamos explicarlas directamente y con claridad.

Conspiraciones contra el Buda y escisiones

Siete años antes de que el Buda falleciese, su envidioso primo Devadatta (Lhas-byin) conspiró para ocupar su lugar como director de la orden. De manera similar, el príncipe Ajatashatru (Ma-skyes dgra) conspiró para sustituir a su padre, el rey Bimbisara como soberano de Magadha. Por lo tanto, los dos conspiraron juntos. Ajatashatru realizó un intento de asesinato contra la vida de  Bimbisara y consecuentemente el rey abdicó a favor de su hijo. Al ver el éxito de Ajatashatru, Devadatta le pidió que asesinara al Buda, pero todos los intentos fallaron.

Devadatta entonces intentó engatusar a los monjes para que dejasen al Buda, afirmando que él era incluso más “sagrado” que su primo y por lo tanto propuso una serie de reglas de disciplina más estrictas. De acuerdo con El Camino de la purificación (Pali: Visuddhimagga) del maestro teravada del siglo cuarto e. c., Buddhaghosa, los planes de Devadatta para los monjes incluían:

  • vestir hábitos confeccionados de harapos
  • llevar sólo tres hábitos
  • mendigar comida pero nunca aceptar invitaciones a comer
  • no saltarse ninguna casa al estar mendigando
  • comer en una vez la comida que se consiguiera mendigando
  • comer sólo del cuenco propio lo que se mendigue
  • rechazar toda las demás comidas
  • vivir solo en el bosque
  • vivir bajo los árboles
  • vivir al aire libre, no en casas
  • permanecer la mayoría del tiempo en sitios donde se depositan cadáveres
  • estar satisfecho con cualquier sitio que se encuentre, mientras se continua errante de un sitio para otro
  • dormir sentado, nunca dormir acostado
 

El Buda dijo que si sus monjes querían seguir estas reglas adicionales de disciplina, que podían hacerlo, pero que nadie estaba obligado. Algunos de sus monjes, no obstante, escogieron seguir a Devadatta y entonces dejaron la comunidad del Buda y fundaron su propia orden.

En la escuela teravada, las reglas adicionales de disciplina que Devadatta dictó se llaman las trece ramas de la práctica observada (Pali: dhutanga). Tal parece que la tradición de los monjes del bosque, que hasta el día de hoy se encuentra, por ejemplo, en lo que hoy en día es Tailandia, derivaron de dicha práctica. El discípulo del Buda Mahakashyapa (‘Od-bsrung chen-po) fue el más famoso seguidor practicante de esta disciplina más estricta. Muchas de estas reglas de disciplina son observadas por los errantes hombres sagrados (sct. sadhu) de la tradición hinduista. Sus prácticas parecen ser una continuación de la tradición de los mendicantes errantes en busca de espiritualidad de los tiempos del Buda.

Las escuelas mahayana poseen una lista similar de doce características de la practica observada (sbyangs-pa’i yon-tan, sct. dhuntaguna). Esta lista omite “no saltarse ninguna casa cuando mendigan comida”, añade “ponerse hábitos que han sido tirados al cubo de la basura” y cuentan “ir a pedir limosnas” y “comer solamente de su propio cuenco” como una misma. Muchas de estas disciplinas fueron seguidas posteriormente por las tradiciones indias de practicantes tántricos con grandes logros (grub-thob chen-po, sct. mahasiddha) que se encuentran tanto en el budismo mahayana como en el hinduismo.

El separarse de una tradición budista establecida hasta entonces y formar otra orden, en términos de nuestros tiempos, para formar un centro de Darma separado, no es el problema; pues hacer eso en sí mismo, no supone crear una “escisión en la comunidad monástica”, que es uno de los cinco delitos atroces (mtshams-med lnga). Sin embargo, Devadatta, creó tal escisión y cometió tal delito porque el grupo que se separó y le siguió mantuvo un extremo rencor contra la comunidad monástica del Buda y la criticaban severamente. De acuerdo a algunos relatos, el daño de esta escisión duró varios siglos.

[Para conocer la lista de los cinco delitos atroces, ver: Los votos raíz del bodisatva.]

El relato de esta escisión demuestra que el Buda fue extremadamente tolerante y no fundamentalista. Si sus seguidores deseaban adoptar un código de disciplina más estricto que el dictado por él, esto estaba bien; y si ellos no tenían tal deseo, esto también estaba bien. Nadie estaba obligado a practicar lo que el Buda enseñaba. Incluso si un monje o monja quería salirse de la orden monástica, eso también estaba bien. Sin embargo lo que es extremadamente destructivo es fragmentar la comunidad budista, especialmente la comunidad monástica, en dos o más grupos en los cuales uno o ambos grupos abrigan malevolencia extrema contra el otro e intentan desacreditarlo o dañarlo. Incluso unirse a estas corrientes beligerantes después de la ruptura y participar en sus campañas de odio hacia los otros es extremadamente perjudicial. Sin embargo, si uno de los grupos se involucra en acciones destructivas o dañinas o siguen disciplinas perjudiciales, entonces, la compasión nos reclama advertir a la gente de los peligros de unirse a dicho grupo. Pero la motivación para hacer esto nunca debe ir acompañada de ira, odio, o deseo de venganza.

Fallecimiento del Buda

Aunque con el logro de la liberación, el Buda había superado el tener que experimentar una muerte ordinaria e incontrolada; a la edad de ochenta y un años, el Buda decidió que podría ser beneficioso para enseñar impermanencia a sus seguidores, dejar su cuerpo. Antes de hacerlo, dio una oportunidad a su asistente Ananda (Kun-dga’-bo) para que le pidiese que continuase viviendo y enseñase por más tiempo, pero Ananda no se dio cuenta de lo que el Buda había insinuado. Esto demuestra que un buda enseña solamente cuando se le pide que lo haga, y si nadie pregunta o se interesa, entonces él se marcha a otro lugar donde puede ser de mayor beneficio. La presencia de un maestro y de las enseñanzas depende de los estudiantes.

Así que el Buda enfermó mortalmente, en la casa de Chunda, después de una comida que dicho anfitrión ofreció para él y un grupo de sus monjes. En su lecho de muerte, el Buda dijo a sus monjes que si tenían alguna duda o preguntas sin respuesta, tendrían que apoyarse en las enseñanzas del Darma y su disciplina ética. Estas serían ahora sus maestros. De esta manera el Buda indicó que cada persona tiene que obtener sus propias respuestas de las enseñanzas, no hay autoridad absoluta que las proporcione todas. Después de esto, el Buda falleció.

Chunda estaba totalmente angustiado, pensando que había envenenado al Buda. Pero Ananda consoló al dueño de la casa diciéndole que había, en realidad, acumulado una gran fuerza positiva o “mérito” por haber ofrecido al Buda la última comida antes de su fallecimiento.

Buda fue incinerado y sus cenizas se colocaron en estupas (monumentos donde se depositan reliquias) especialmente en los lugares que se convirtieron en los cuatro sitios más importantes de peregrinaje para los budistas:

  • Lumbini, donde nació el Buda,
  • Bodh Gaya, donde obtuvo la iluminación,
  • Sarnath, donde dio la primera enseñanza de Darma y
  • Kushinagara, donde el falleció.

Conclusión

Varias tradiciones budistas enseñan diferentes relatos de la vida del Buda. Las diferencias indican como cada tradición concibe a un buda y lo que podemos aprender de su ejemplo.

  • La versión hinayana habla solamente del Buda histórico. Al mostrar como trabajó intensamente en sí mismo para alcanzar la iluminación, aprendemos que tenemos que esforzarnos nosotros mismos.
  • De acuerdo a la versión general mahayana, el Buda había obtenido ya la iluminación muchos eones atrás. Al manifestarse en una vida con doce actos iluminados, nos enseña que la iluminación conlleva el trabajar siempre para el beneficio de los demás.
  • En los relatos del anutarayoga tantra, el Buda se manifestó simultáneamente como Shakyamuni enseñando Los sutras de la sabiduría discriminativa de largo alcance (Los sutras del prajnaparamita) y como Vajradhara enseñando los tantras. Esto indica que la práctica del tantra está totalmente basada en las enseñanzas madyámaka del vacío.

Por consiguiente, podemos aprender muchas cosas de cada una de las versiones de la vida del Buda que nos pueden ayudar a adquirir inspiración a muchos y distintos niveles.