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Equilibrar nuestras actitudes hacia nosotros mismos: superar el autodesprecio

Alexander Berzin
Moscú, Rusia, septiembre 2010
Editado por Luke Roberts y Alexander Berzin
Traducido por Bibiana Sierra y Fabiola Larios Togo

Primera sesión: Desarrollar ecuanimidad hacia lo que hemos hecho en nuestra vida

Introducción

Esta noche y este fin de semana, me gustaría hablar sobre un problema típico entre los occidentales: el problema de la actitud negativa hacia nosotros mismos, la baja autoestima. Esto puede llegar al extremo, no sólo de no gustarnos, sino incluso de odiarnos a nosotros mismos.

Curiosamente, este no parece ser un problema universal. Por ejemplo, es algo que les resulta bastante extraño y ajeno a los tibetanos. Una vez estuve en una conferencia con Su Santidad el Dalai Lama y con un grupo de psicólogos. Se tocó el tema de la baja autoestima y del odio hacia uno mismo y Su Santidad estaba muy sorprendido: él nunca había oído hablar sobre eso. Encontraba muy difícil creer que las personas en Occidente realmente tuvieran ese tipo de actitud hacia ellas mismas. Estábamos aproximadamente veinte personas en esa conferencia. Su Santidad nos preguntó a cada uno de nosotros si teníamos baja autoestima y todos los que estábamos en el salón dijimos que sí. Su Santidad estaba completamente sorprendido.

Desde luego, uno podría especular sobre las razones por las cuales no encontramos tan frecuentemente esta baja autoestima entre los tibetanos ni entre los indios (viví en la India durante veintinueve años). Una teoría que se me ocurrió es que esto tendría que ver con las prácticas de crianza, y pienso que este es el caso, no sólo entre los tibetanos e indios, sino también entre las personas de los tiempos medievales en Europa y ciertamente en África, Latinoamérica y otras partes de Asia. En las sociedades tradicionales, los bebés están siempre con su madre o con una hermana mayor; o bien están atados a la espalda de la madre, o son sostenidos a un costado como lo hacen en la India: siempre tienen este contacto físico. Me parece que esto hace que los bebés, especialmente cuando son muy pequeños, se sientan muy seguros. Piensen en el modo en el que muchos occidentales modernos tratan a sus bebés: los dejan solos en una cuna y, con un poco de suerte, sólo los recompensan alzándolos en brazos cuando lloran. Me parece que al dejarlos solos en la cuna generan un sentimiento básico de abandono e inseguridad.

Piensen en un cochecito o en una carriola de las que usan las personas en Occidente para salir a caminar con sus bebés. El bebé está enfrente de la madre o del padre. Así que este pequeño, tal vez de un año, está sentado ahí, mirando el tráfico de la calle en la que hay grandes camiones y cosas pasando, y está enfrentando todo eso solo; eso es muy aterrador. Mientras que en las sociedades tradicionales, el bebé estaría atado a la espalda de su madre o de su padre, enfrentando estas cosas con la seguridad de estar protegido. Me parece que desde una edad muy temprana, la manera en que criamos a nuestros niños puede darles un sentimiento de que “algo está mal conmigo”. Creo que eso ayuda a generar un sentimiento negativo hacia uno mismo.

Ahora, si lo que acabo de explicar es verdad o no, no lo sé, pero parece ser al menos un factor del porqué encontramos esta actitud tan prevalente entre la gente moderna criada con métodos occidentales y no la encontramos en las sociedades tradicionales. Además, en un sistema en el cual hay competencia y mucha presión por el desempeño, como en el Occidente moderno, si no tenemos éxito sentimos con mucha frecuencia: “no soy lo suficientemente bueno”.

Entonces, en cualquier caso, este es un problema que muchos de nosotros afrontamos: la baja autoestima, el odio hacia uno mismo. Y si observamos las enseñanzas budistas, veremos que todo en ellas tiene el propósito de ayudarnos a superar el sufrimiento liberándonos de sus causas. Por lo tanto, si la baja autoestima, tener un actitud negativa hacia nosotros mismos, es una causa de sufrimiento e infelicidad, y si tenemos una fuerte confianza en las enseñanzas budistas, debe haber métodos budistas que podamos aplicar para ayudarnos a superarlo.

Tal vez algunos están familiarizados con el programa que elaboré titulado Desarrollar una sensibilidad equilibrada. Escribí un libro sobre el tema; está en mi sitio web. Y creo que también está traducido al ruso.

[Ver: Desarrollar una sensibilidad equilibrada: ejercicios prácticos de budismo para la vida cotidiana.]

En ese programa de veintidós ejercicios, reuní varios métodos budistas de manera que pudieran abordar diferentes problemas que solemos tener más fuertemente en Occidente, y que no son discutidos explícitamente en las enseñanzas budistas tradicionales. Principalmente, estos problemas son los de ser insensibles hacia los demás o hacia nosotros mismos, ser hipersensibles y sentirnos heridos con mucha facilidad, no estar en contacto con nuestros sentimientos, con nuestro cuerpo, la alienación y demás.

Desarrollé este programa hace doce años y desde entonces he elaborado otros tipos de programas para tratar problemas que no abordé en el primer libro. Por ejemplo, desarrollé ejercicios para integrar nuestra vida como un todo, de tal forma que incluya sus diferentes aspectos. Sentí que esto era necesario porque, en los tiempos modernos, con mucha frecuencia nuestra vida está tan fragmentada que no nos sentimos completos. Eso también está en mi página web.

[Ver: Ejercicios para integrar nuestra vida.]

Ahora he desarrollado otro programa, otro entrenamiento, específicamente acerca de cómo lidiar con superar el sentimiento de autodesprecio. Me gustaría presentarlo este fin de semana aquí en Moscú, de hecho, por primera vez. No estoy diciendo que aquí las personas tengan más problemas que en cualquier otro lugar; es solamente que se ha presentado la ocasión.

He moldeado este programa a partir de un conjunto específico de enseñanzas budistas, un tipo de entrenamiento conocido como igualar e intercambiar las actitudes acerca de nosotros y de los demás, que pretende ayudarnos a superar lo que se ha denominado actitud autocentrada, el egoísmo, que consiste en pensar solamente en nosotros mismos e ignorar las necesidades de otros. Culmina con una práctica llamada tonglen (gtong-len), la cual es “dar y tomar”. Hay muchos pasos después del tonglen en el entrenamiento budista, ya que en realidad culmina al desarrollar un anhelo de la bodichita para alcanzar la iluminación en beneficio de todos los seres. Pero el tonglen es uno de los aspectos principales de ese entrenamiento. En realidad, tonglen es el nombre tibetano pero lo utilizo porque mucha gente lo ha escuchado.

[Ver: Igualar e intercambiar nuestras actitudes hacia nosotros mismos y hacia los demás.]

Específicamente lo que uno hace en el tonglen es imaginarse asumiendo o aceptando todos los problemas de los demás, abordándolos con tanta importancia como si se tratara de nuestros propios problemas, dando a los demás una solución para ellos y, por lo tanto, brindándoles felicidad. En un texto, el Entrenamiento de actitudes en siete puntos (Blo-sbyong don-bdun-ma) -entrenamiento de actitudes, lojong (blo-sbyong), que es el género de este tipo de práctica- se dice que para esta práctica se recomienda iniciar tomando los propios problemas. Es decir, se comienza con uno mismo.

[Ver: Texto del Entrenamiento de actitudes en siete puntos (edición Togmey-zangpo).]

Eso se refiere específicamente a los problemas de envejecer, enfermarse (tener que cuidar de nuestros padres enfermos, no solamente que nosotros enfermemos), ese tipo de cosas que algunas veces ni siquiera pensamos que nos van a suceder. Incluso proveer a nuestra familia después de que hayamos muerto, es algo de lo que necesitamos ocuparnos. Por eso, en lugar de permanecer en la negación acerca de estas cosas, las asumimos ahora. Decimos: “bien, ahora voy a lidiar con esto. ¿Voy a estar emocionalmente preparado? ¿Voy a estar psicológicamente preparado? ¿Tengo alguna idea de cómo manejaré esta situación?”, y así sucesivamente. Entonces lidiamos con eso ahora, al menos en nuestra mente, la cual, por supuesto, es una práctica muy, muy útil.

Prepararnos con anticipación para los problemas que puedan surgir también tiene una aplicación muy práctica en la vida cotidiana. Por ejemplo, podríamos estar tratando de emprender algo. Mi maestro Serkong Rinpoche enfatizó que siempre deberíamos tener preparado un plan B y un plan C en caso de que el plan A no funcione. Por ejemplo, uno de mis estudiantes estaba aplicando para obtener una visa para estudiar en otro país, pero no tenía un plan B en caso de que la visa fuera rechazada. Eso fue muy peligroso porque su visa de hecho fue rechazada y ya había pasado la fecha límite para aplicar a un programa de estudio en algún lugar al que pudiera ser más fácil asistir. De todas formas, él fue afortunado: aplicó para la visa nuevamente y con el tiempo, en el tercer intento, la consiguió. Pero pienso que esta estrategia es muy importante: estar preparados en caso de que algo no funcione, de tal forma que contemos con alguna alternativa, así no nos quedamos simplemente sin nada.

El punto por el que menciono esto es que en esta práctica de dar y tomar se dice que empecemos con nosotros mismos (y existe toda una serie de pasos en este entrenamiento que precede a la práctica de dar y tomar); entonces llegué a la idea de ¿por qué no comenzar, desde el primer paso, trabajando con nuestros propios problemas? Así es como derivé este método. En lugar de aplicar todos estos pasos de igualar e intercambiar nuestras actitudes acerca de nosotros y de los demás de una manera que se centra en los demás, que es la forma tradicional, lo que haremos con este nuevo entrenamiento que he desarrollado es enfocar los pasos en nosotros mismos en diferentes períodos de nuestra vida.

Desafortunadamente, no tenemos mucho tiempo este fin de semana y realmente el programa tiene muchos pasos. Para beneficiarse en verdad con estos ejercicios, creo que es necesario hacerlos lentamente durante un gran número de sesiones, más que el número que tenemos disponible este fin de semana. Pero aquí solamente introduciré el material y ustedes pueden trabajar con él después. Está siendo grabado y posteriormente estará en mi página web.

Cada paso requiere lo que nosotros llamamos meditar, pero tal vez meditar es una palabra muy fuerte. Realmente requiere pensar, adentrarnos profundamente en nosotros mismos y considerar varios aspectos de nuestra vida. Y así como lo hice en el entrenamiento de la sensibilidad, necesito advertirles de antemano que lidiar con asuntos difíciles de nuestra vida puede traer un poco de agitación emocional. Entonces, si algo de esto se vuelve un poco excesivo para alguien, no lo hagan. De cualquier modo, no tenemos mucho tiempo para dedicarle a cada parte de este entrenamiento, por lo que vamos a tener sólo una pequeña muestra. Comencemos.

Desarrollar ecuanimidad hacia nosotros mismos

El primer paso en este proceso es desarrollar ecuanimidad hacia nosotros mismos. Hay muchos tipos diferentes de ecuanimidad; el tipo con el que nosotros estamos tratando aquí es el estado mental que está provisionalmente libre de repulsión, atracción y negligencia. La ingenuidad se refiere tradicionalmente a desatendernos o ignorarnos a nosotros mismos. Cuando realmente no tomamos con seriedad diferentes aspectos de nosotros mismos o nuestras necesidades o sentimientos, estamos siendo ingenuos acerca de nosotros mismos. Lo que queremos hacer es remover, al menos en un nivel inicial (no nos desharemos de él completamente), el nivel burdo de estos tres tipos de actitudes perturbadoras que podemos tener hacia nosotros. Una vez que nuestra mente está más equilibrada, nos volvemos más abiertos y podemos desarrollar un sentimiento más positivo hacia nosotros mismos.

Desarrollaremos este tipo ecuanimidad en tres largos pasos, y cada uno de esos pasos tiene varias partes. Trataremos de desarrollar ecuanimidad acerca de:

  • Lo que hemos hecho en nuestra vida, nuestras actitudes acerca de eso,
  • Cómo nos hemos considerado y tratado a nosotros mismos a lo largo de nuestra vida,
  • Y cómo consideramos diferentes aspectos de nuestra personalidad.

Como pueden ver, el análisis se volverá muy personal. No se trata de que tengan que compartir estos sentimientos privados con alguien, pero si desean tener algunos resultados positivos de este programa, necesitan ser introspectivos y examinarse con mucha honestidad.

Desarrollar ecuanimidad hacia lo que hemos hecho en nuestra vida

Primero consideremos nuestras actitudes acerca de lo que hemos hecho en nuestra vida. Para esto, consideraremos tres situaciones: cuando hemos cometido un gran error en la vida o fracasado en algo, cuando hemos tenido éxito en algo y cuando nada significativo pasaba en nuestra vida. Vamos a examinar nuestros sentimientos acerca de cada una de esas tres situaciones.

Pensar en cuando hemos fracasado

Primero, traten de recordar cuando han cometido un gran error en la vida o fracasado en algo (en el trabajo, en la escuela, en una relación), cualquiera que sea la situación en la que hayan sentido: “Oh, realmente metí la pata”. Si piensan más profundamente, serán capaces de recordar varios de esos incidentes, sin embargo, sólo escojan uno como ejemplo, pero no uno con el que sea demasiado doloroso o emocionalmente difícil trabajar.

Pensemos en ese error y dejemos que surja el sentimiento de “qué horrible soy”; estoy seguro de que generalmente usamos un lenguaje mucho más fuerte hacia nosotros mismos cuando pensamos acerca de algún gran error o fracaso que hemos cometido.

Entonces reflexionamos: “¿por qué pienso que soy tan terrible? La razón es que he fracasado. He cometido un error. Por eso siento que no soy bueno. Tal vez porque lastimé emocionalmente a alguien o porque es posible que no haya sido un buen padre, un buen hijo o hija o un buen amigo; sin embargo, hay muchas otras cosas en mi vida que he hecho bien. No es que haya fracasado absolutamente en todo, no sólo he cometido errores en la vida. Entonces, no es justo enfocarme solamente en los errores y fracasos. No estoy siendo justo conmigo mismo. Todo el mundo comete errores. Todo el mundo tiene éxito en algunas cosas, no soy diferente de otras personas. Entonces ¿por qué espero tener éxito siempre? Soy solamente un ser humano”.

Luego, tratamos de pensar en esa situación en la que hemos fracasado o cometido errores en nuestra vida y tratamos de considerarla sin un sentimiento de recriminación y autodesprecio. Desde luego que es importante arrepentirnos de los errores y fallos que hemos cometido, y determinarnos a hacer nuestro mejor esfuerzo para no repetirlos y hacerlo mejor en el futuro. No hay ninguna necesidad de odiarse a uno mismo por haber fallado. Esto es lo que estamos tratando de lograr: ser capaces de recordar esos fracasos, incluso cuando se trate de fracasos recientes, y tener ecuanimidad hacia ellos en el sentido de: “bueno, lo intentaré otra vez”. La ecuanimidad en este contexto significa pensar: “algunas veces he triunfado, algunas veces he fracasado, igual que cualquier otra persona. No hay nada especial en cometer algunos errores en la vida. Todo el mundo lo hace”.

Pensar en cuando lo hemos hecho bien

La siguiente cosa que consideraremos es una ocasión en nuestra vida en la que hayamos triunfado y en la que realmente hayamos hecho algo muy bien, en el trabajo, en la escuela, ayudando a alguien, cualquier cosa que hayamos hecho bien. Dejamos surgir ese sentimiento de “qué maravilloso soy”. Estoy pensando en el gesto de los jugadores de fútbol cuando hacen un gol, levantan sus manos y gritan “¡Sí!”; se sienten muy orgullosos de sí mismos.

Consideremos entonces: “¿por qué me siento tan maravilloso sobre mí mismo y siento que soy tan especial? Es porque he hecho algo muy bien; he triunfado. Pero no he tenido éxito en todo. Algunas veces he fallado, ¿no es así? Entonces, triunfar en algo no es nada especial”.

Similar a lo que hicimos con las equivocaciones, hacemos el propósito de que cuando tengamos éxito, cuando hagamos algo bien, no vamos a exclamar alterados: “¡qué estupendo soy!”, como si pudiéramos ir y besarnos a nosotros mismos en el espejo. En otras palabras, consideramos nuestros éxitos con un estado mental tranquilo.

Cuando aquí hablamos de ecuanimidad, hablamos de un estado mental tranquilo. Ya sea que fracasemos o que triunfemos, aún así permanecemos en calma. Sentir calma no significa que no sintamos nada. Lo que queremos hacer es disminuir tanto como sea posible (y esperemos que con el tiempo ya no lo tengamos en absoluto) un estado mental perturbador con respecto a nuestros éxitos o fracasos. Así, sobre la base de estar en calma en lugar de estar perturbados, podemos desarrollar un estado mental más constructivo.

En lugar de sentir culpabilidad si hemos cometido algún error (y entonces tener que castigarnos a nosotros mismos) simplemente sentimos arrepentimiento. “Lamento haberlo estropeado, trataré de hacer mi mejor esfuerzo para no repetirlo”. Que no es lo mismo que la culpa: “¡Qué terrible soy! Soy una mala persona”. Y en lugar de sentir: “qué maravilloso soy porque triunfé”, el cual es realmente un estado mental bastante perturbador por la arrogancia, el orgullo, etcétera, como si tuviéramos que recompensarnos a nosotros mismos, simplemente nos regocijamos en lo que hemos hecho: “Estoy feliz por eso”.

Como dijo un gran maestro budista indio: cuando nuestra mano alimenta a nuestra boca, ¿tenemos que felicitar y agradecer a nuestra mano? “Oh, realmente hiciste un buen trabajo. Llevaste la comida a mi boca”. Eso es tonto, ¿verdad? No malinterpreten que el estado de ecuanimidad significa ser un robot y no tener sentimientos en absoluto. No quiere decir eso, sino que deseamos tener emociones sanas, no emociones perturbadoras.

Por favor, ahora regresen y traten de considerar el momento en que tuvieron éxito en algo sin esa actitud de “¡soy magnífico; soy fantástico!”. Traten de estar más calmados al recordarlo. Entonces, sobre esa base, siéntanse satisfechos y felices acerca de sus logros, lo que nosotros en el budismo llamamos “regocijo”.

Pensar en cuando no ha ocurrido nada significativo

Pensemos ahora en la tercera situación: cuando nada significativo estaba ocurriendo en nuestra vida, cuando no estamos fallando ni triunfando sino simplemente viviendo nuestra vida común y corriente. ¿Qué sentimos sobre eso? “Qué aburrido”, ¿no es cierto? “Qué aburrido”, y simplemente olvidamos pronto esos aspectos de nuestra vida. Estamos aburridos de nosotros mismos, aburridos de la vida.

Entonces, dejamos que surja ese sentimiento de “ qué aburrido”. Y consideramos: “¿por qué me siento aburrido conmigo mismo? ¿Por qué me siento cansado de mí mismo? Bueno, es porque no ha ocurrido nada realmente, nada emocionante. No estaba triunfando ni fracasando, mi vida sólo era igual, una y otra vez, “¡qué aburrido!”.

Pero si pensamos acerca de ello, eso no es totalmente cierto. En primer lugar, ¿por qué la vida tiene que ser emocionante todo el tiempo? ¿Quién dijo que tenía que ser excitante, como las películas de Hollywood? Porque, de hecho, yo triunfo y fracaso en pequeñas cosas todo el tiempo: “ Hice una buena comida”. Eso es un éxito, ¿no es cierto? O “realmente no hice una cena muy buena”. Incluso en cosas muy simples: “tuve una evacuación intestinal exitosa esta mañana”, ¿verdad? Si tenemos estreñimiento, ser capaces de mover nuestros intestinos realmente es un gran éxito. No es un suceso dramático, sólo estoy diciendo que tenemos pequeños éxitos: encontramos un espacio en el estacionamiento; nos las arreglamos para llegar a casa sin quedar atrapados en el tráfico durante dos horas. La vida no es sólo aburrida, aburrida, aburrida. Tiene sus pequeños altibajos. Entonces tratamos de ver estos períodos de nuestra vida que tendemos a ignorar por pensar que son tan aburridos, sin esa actitud de “ ugh, ¡nada!”.

Pensar en las tres situaciones

El siguiente paso, si pueden hacerlo, es tratar de mantener estas tres situaciones en la mente al mismo tiempo: nos visualizamos fracasando, a continuación teniendo éxito y después sólo llevando nuestra misma vida de todos los días. Tratamos de tener ecuanimidad hacia todas ellas: ni repelidos por el “yo” que fracasó (“¡qué perdedor!”), ni atraídos por el “yo” que triunfó (“siempre quiero ser así”), ni ignorantes de lo otro (“no quiero ni pensar en eso aburrido de allá”). Si es de ayuda, podemos pensar que estamos sentados los cuatro en la mesa de un comedor. Sé que esto es realmente muy dualista (incluso no sólo es dualista, sino doblemente dualista). Pero sólo traten de imaginarse en un encuentro emocional lidiando con estos diferentes “yos”, sin sentirse repelidos por uno, atraídos por otro, ni ignorantes del tercero. Simplemente estamos abiertos a todos; estamos abiertos a todas esas facetas de nosotros mismos.

El “yo” convencional y el “yo” falso

Para comprender esta actitud de ecuanimidad más profundamente, necesitamos introducir un punto importante de las enseñanzas budistas, a saber, la diferencia entre lo que el budismo llama el “yo” convencional y el “yo” falso.

El “yo” convencional es el que está etiquetado sobre la continuidad completa de toda nuestra vida. Cada evento que ha sucedido en nuestra vida (éxito, fracaso o simplemente las cosas ordinarias de cada día), es igualmente sólo un incidente de nuestra vida. El patrón de la vida es que continuamente sube y baja; después de todo, una vida abarca y se extiende por todos esos altibajos. El “yo” convencional existe y se refiere a todo ese continuo. Por supuesto que yo existo, pero mi existencia está basada en todos esos eventos cambiantes a través de mi vida entera. Ese es el “yo” convencional, siempre cambiante.

El “yo” falso no existe en absoluto; es lo que nosotros proyectamos. Lo que proyectamos es un “ yo” que está identificado sólo con una parte, con un evento: “fallé; no soy bueno”, y que nunca cambia. Imaginamos que esa es la totalidad del “yo”: “soy culpable” o “soy increíble”, “soy el regalo de Dios al mundo” o “soy una persona sumamente aburrida. Soy un don nadie, no soy nada. Soy sólo una pequeña e insignificante pieza en la gran máquina de esta sociedad. ¡Qué aburrido!”. Ese es el “yo” falso: el “yo” que nosotros imaginamos es algo concreto y permanente pero que de hecho no existe en absoluto. Cuando tenemos emociones perturbadoras es porque nos estamos identificando con ese “yo” falso.

De lo que necesitamos darnos cuenta es que esta proyección de un “yo” falso no corresponde con nada real. Después necesitamos reafirmar el “yo” convencional que tiene todos esos diferentes aspectos, todas esas cosas tan variadas que han ocurrido en nuestra vida: algunas veces lo hemos hecho bien, algunas veces no lo hemos hecho bien, algunas veces no nos ocurría nada especial. Es todo. Entonces tratemos de reafirmar eso. Si tenemos falsas ideas del “yo”, nos identificamos sólo con uno o dos eventos y quedamos atrapados en eso, entonces simplemente decimos: “Esto es basura. Esta no es la realidad”.

Conforme imaginamos estas tres diferentes situaciones en nuestra vida, tratamos de darnos cuenta de que somos todos esos aspectos: el “yo” convencional está etiquetado sobre todo esto y está cambiando todo el tiempo conforme pasan diferentes cosas en nuestra vida. Nunca estamos atascados en un solo evento. Y tratamos de sentir calma acerca de todo el asunto: ni repelidos, ni atraídos, ni indiferentes ante el “yo”, sólo nos abrimos a cada momento de la vida, sin hacer un gran problema de nada de lo que nos suceda. Así, básicamente estamos en paz con nosotros mismos y nos aceptamos. Sobre esa base, podemos desarrollar actitudes más positivas hacia nosotros mismos. Y sobre la base de ello, podemos desarrollar actitudes más positivas hacia los demás; pero primero necesitamos estar en paz con nosotros mismos.

Tal vez eso sea suficiente para nuestra primera sesión. ¿Tienen preguntas o comentarios?

Preguntas y respuestas

El autodesprecio en otras culturas

Participante: ¿Esta actitud de odio hacia uno mismo es característica solamente de las culturas occidentales o es también muy común en otros países como China, o en los países musulmanes, o tal vez en las tradiciones hinduistas?

Alex: No lo he visto tan fuertemente en esos otros países. Pienso que una gran diferencia es si hablamos de una sociedad tradicional o de las denominadas sociedades modernas que siguen el patrón occidental. Me parece que entre más competitiva se vuelve una sociedad y entre más exalte el valor del triunfo, es más común que algunas personas se consideren a sí mismas perdedoras y que no son suficientemente buenas si no han tenido éxito.

Ahora, soy ignorante y tendría que preguntarles (y tal vez algunos de ustedes no sean lo suficientemente mayores como para recordar) si hay alguna diferencia entre las actitudes de las personas hacia sí mismas bajo el sistema soviético, que no era tan competitivo, y en la actualidad, cuando la sociedad es muy competitiva. ¿Las personas tienen una actitud diferente hacia sí mismas? Eso es muy difícil de decir si eras solamente un niño durante la época soviética. ¿Alguno de ustedes tiene idea sobre esto, aquellos de ustedes que sean mayores?

Participante: Sí, había menos odio hacia uno mismo.

Alex: Correcto, menos de esa actitud. Pienso que encontraríamos eso también en el caso de China. Con el rápido auge económico y competitivo en China, estoy seguro que las actitudes de las personas hacia ellas mismas se han visto afectadas en el presente comparadas con el pasado.

Me preguntas acerca de los países árabes. Hay una tremenda variación entre Indonesia, Arabia Saudita y Nigeria. Son sociedades increíblemente diferentes que tienen una gran cantidad de población musulmana. Pero, en general, los musulmanes que yo conozco son muy orgullosos y seguros de sí mismos. Hay un fuerte énfasis en la igualdad de todos dentro del islam. Entonces no creo que los musulmanes en estos países tengan un fuerte sentimiento de autodesprecio.

Participante: En general, ¿podemos decir que el odio hacia uno mismo es un producto de la sociedad occidental moderna y que no podemos encontrarlo en nuestro pasado occidental? ¿Que solamente ahora se ha desarrollado?

Alex: No lo puedo decir con seguridad. Las actitudes dependen de muchos factores. Por ejemplo, si tienes una cultura con una religión dominante que enfatiza que eres un pecador, entonces quiero suponer que probablemente habrá una gran cantidad de odio hacia uno mismo. Ciertamente, eso fue evidente en la Edad Media y todavía existen algunas religiones que enfatizan ese aspecto: “soy un pecador”. Me parece que hay muchos factores que están contribuyendo a esta actitud. Pero en el pensamiento tradicional confucionista, taoísta, hinduista o budista, ciertamente no se tiene el concepto de ser un pecador, no en el sentido bíblico. No conozco lo suficiente el islam como para saber realmente qué tan fuerte tienen el concepto de ser un pecador. Hay un gran énfasis en el perdón dentro del islam, que también está presente en muchas formas del cristianismo.

Durante el día sagrado de Ashura, los musulmanes chiítas conmemoran el martirio del Imán Hussein marchando por las calles, golpeando sus pechos violentamente o incluso azotándose a sí mismos, mientras se lamentan en voz muy alta. Fui testigo de esto una vez en Cachemira, pero no está basado en el autodesprecio; que te golpees no necesariamente es un signo de autodesprecio. Los manifestantes lo están haciendo por compasión, al recordar el martirio del Imán Hussein en la batalla de Karbala por la línea de sucesión legítima para el liderazgo del islam. Es por compasión, recordando su martirio, que los musulmanes chiítas tratan de experimentar el mismo sufrimiento, pero no es porque se odien. Azotarse a sí mismos no tiene nada que ver con el sentimiento de autodesprecio.

Pensar acerca de nuestros éxitos

Participante: Muchas gracias por estas meditaciones. Pienso que es muy importante aplicarlas para no olvidar estos problemas en nuestra vida cotidiana. Usted dijo que si nos comparamos con otras personas, todos hemos tenido éxitos y fracasos en nuestra vida. Sin embargo, yo siento que tengo menos logros en comparación con otras personas. ¿Trataba usted de dar a entender que en realidad todos tenemos la misma cantidad de fracasos, éxitos y períodos aburridos en nuestra vida?

Alex: Bueno, en realidad ese es un punto que será tratado en uno de los siguientes pasos del entrenamiento. Cuando pensamos en términos de bondad, realmente he sido más bueno conmigo de lo que me he dañado a mí mismo. Toda mi vida me he lavado los dientes, he dormido. En realidad, me he cuidado durante toda mi vida. Si consideramos esos aspectos, hemos sido muy bondadosos con nosotros mismos, hemos sido muy exitosos. Entonces, como he dicho, el éxito no tiene que ser espectacular. No se trata de que tengamos que ganar el Premio Nobel.

Participante: En su mayor parte, la pregunta es acerca de si nosotros nos comparamos con otras personas. Por ejemplo, ¿realmente tengo la misma cantidad de éxitos que otras personas?

Alex: Bueno, eso es realmente muy difícil de evaluar porque la pregunta es: ¿cómo podemos medir el éxito? Mi respuesta se refiere a eso: ¿el éxito debe ser algo espectacular, como que te ganes un premio, para que cuente como un éxito? Nuestro objetivo, supongo, es estar lo suficientemente seguros y en paz con nosotros mismos como para no juzgarnos en términos de lo que otros han logrado.

Por supuesto que la filosofía del capitalismo es que, habiendo competencia, puedes compararte con los demás, porque no quieres solamente ser tan bueno como ellos sino que, incluso, quieres ser mejor. Entonces, compararnos con otros nos puede inspirar a ser mejores. Ese es, ciertamente, un aspecto positivo de hacer comparaciones.

En el tantra, lo que quieres lograr (un aspecto muy, muy pequeño de ello), es tomar una cierta emoción que puede ser potencialmente perturbadora y usarla de un modo benéfico, transformándola. Un ejemplo simple de la vida cotidiana: la ira. Algo injusto está sucediendo en la sociedad, en la familia o donde sea, y puedes comenzar a sentirte muy enojado por eso. Ese enojo puede llevarte a destruir algo (por ejemplo, a lanzar una bomba), por lo que te conduce a una acción destructiva. O ese enojo puede llevarte a sentir: “estoy muy indignado acerca de esto, enfurecido, por lo que voy a hacer algo para mejorarlo”. Con tales pensamientos, puedes usar la energía del enojo de una forma constructiva y no de una forma destructiva. De manera semejante, con la competencia: al hacer comparaciones con otros, puedes usar esa energía para latiguearte a ti mismo, “soy terrible”, o puedes usar esa energía para motivarte a tratar de ser mejor.

Desarrollar una actitud positiva hacia nosotros mismos

Participante: Algunas veces tengo sentimientos positivos acerca de mí solamente a partir de relacionarme con otros. Esto puede parecer contradictorio con lo que usted dijo, que previamente necesitamos desarrollar una actitud positiva hacia nosotros mismos y solamente después hacia los demás. ¿Qué puede decir acerca de eso? Es sólo cuando lidiamos con los demás que tenemos esos sentimientos positivos.

Alex: ¿Estás diciendo que cuando tienes un sentimiento positivo hacia otros, tienes al mismo tiempo un sentimiento positivo hacia ti mismo?

Participante: Sí. Cuando pienso acerca de otras personas, es más fácil para mí tener actitudes positivas hacia mí mismo, tener compasión hacia mí mismo y aceptarme.

Alex: Sí, es muy cierto. Una de las mejores formas para desarrollar confianza y un sentimiento más positivo hacia uno mismo es siendo generosos. Si somos capaces de hacer algo por alguien más, de ser bondadosos con alguien más o pensar en otras personas de una manera bondadosa, entonces tenemos algo que ofrecer. Y cuando sientes “tengo algo para dar”, no sientes “no valgo nada”. Entonces sí, es definitivamente uno de los métodos que se usan para desarrollar una actitud más positiva hacia uno mismo.

Pero lo que yo estaba diciendo era que si comenzamos con una actitud muy negativa hacia nosotros mismos, saltar de ahí a ser alguien generoso y ayudar a otros, para algunas personas quizá sea posible dar ese brinco, pero pienso que un paso intermedio es calmar primero los sentimientos de autodesprecio. Para algunas personas podría no ser necesario, podría ser más fácil trabajar directamente en ser generosos y dar la oportunidad a los otros de ser generosos.

Estoy pensando en un psiquiatra amigo mío que estaba lidiando con cómo ayudar a esos adolescentes rebeldes que son violentos, que no cooperan y que son muy difíciles de disciplinar, a los cuales la sociedad les dice: “eres un perdedor y no eres bueno” (y entonces ellos se identifican con eso y crean este tipo de actitud: “les mostraré cuán realmente malo podría ser”). Ahora, si puedes hacer de alguna manera que esos adolescentes ayuden a hacer algo, incluso si lo hacen terriblemente, les das un sentido de que ellos tienen algo valioso que ofrecer. Una terapia que incorpora este principio es llevar a esos adolescentes a una larga excursión, y darle a cada uno una mula para que la cuide. Al cuidar a la mula y hacerla cooperar, ellos contribuyen al éxito de la excursión y se demuestran a sí mismos que pueden hacer algo positivo, no son totalmente perdedores.

Lo que estás diciendo es completamente cierto: a veces es más fácil tener sentimientos positivos hacia otros que hacia uno mismo. No lo estoy refutando. Pero el problema aquí es cómo motivarse uno mismo a tener en cuenta a los otros, a ser bondadoso, a hacer cosas por los demás, cuando se está completamente obsesionado con el odio hacia uno mismo. ¿Cómo se hace esa transición? Ese es el problema. Para muchas personas que están atrapadas en el autodesprecio, es muy difícil hacer esa transición y por eso puede ser útil primero calmar su odio hacia ellos mismos. Me parece que es por eso que en la presentación estándar de esta práctica de dar y tomar que he mencionado, se empieza con uno mismo. Pero ese no es el final del programa, es apenas el primer paso. A continuación, gradualmente se extiende hacia la gente que te agrada, luego a los desconocidos y luego incluso a la gente que nos desagrada. Y para algunas personas, ayudar a los extraños es realmente más fácil que ayudar a las personas más cercanas porque no hay mucha carga o involucramiento emocional con ellos. Por ejemplo, hay personas que pueden involucrarse en un movimiento social, pero que realmente no pueden lidiar con su propia familia.

Refutar el “yo” falso

Participante: ¿Es verdad que si desarrollamos una actitud más positiva hacia nosotros mismos esto nos puede ayudar a eliminar nuestro “yo”, nuestra identidad y nuestro egoísmo? ¿Qué otras técnicas nos pueden ayudar en eso?

Alex: Como lo he dicho, hay una gran diferencia entre el “yo” convencional que existe y el “yo” falso que no existe. De esta forma, una actitud positiva hacia el “yo” convencional es muy diferente de una actitud positiva hacia el “yo” falso. Una actitud positiva hacia el “yo” falso, “ soy maravilloso, soy magnífico”, puede reforzar el egoísmo. Una actitud positiva hacia el “yo” convencional puede llevarnos a ser más abiertos y justos, no solamente con nosotros mismos, sino también con los demás.

Hay muchos métodos que se utilizan en el budismo para refutar este “yo” falso, en otras palabras, para demostrarnos que no corresponde con nada real. Si soy tan maravilloso o si soy tan horrible, es decir, si esa fuera realmente mi verdadera identidad, habría tenido que ser siempre así en todas las situaciones. Ese claramente no es el caso. Entonces no soy el mismo que ese yo que es “el regalo de Dios al mundo”. Pero, ¿soy totalmente diferente, totalmente separado? Si lo fuera, ¿quién es ese “yo” que pensó que era tan maravilloso? ¿Es alguien diferente a mí? Al analizar cosas como éstas, llegamos a la conclusión de que todo este concepto del “yo” sólido con esa identidad sólida es sólo basura; no corresponde con nada real.

El éxito desde un punto de vista budista

Participante: ¿Puedo saber su opinión sobre un concepto, una palabra que ha dicho muchas veces hoy?

Alex: Por favor.

Participante: Pienso que el éxito es como una nueva religión del mundo moderno. El ejemplo sobre ir al baño fue muy gracioso. Y de hecho, si nosotros pensamos en ir al baño como un éxito, entonces en verdad todos somos muy exitosos. Entonces mi pregunta es: desde su punto de vista, ¿qué es el éxito? ¿Es algún tipo de sentimiento interior? ¿O son sólo un conjunto de parámetros sociales y por eso estamos siempre en competencia?

Alex: Hay dos cosas que estás mencionando aquí: lo que la sociedad considera como un éxito y lo que yo considero subjetivamente como un éxito. Así que está lo establecido socialmente o subjetivamente. Por supuesto que subjetivamente se puede estar condicionado por lo que la sociedad considera un éxito, y obviamente lo que la sociedad considera un éxito varía de una sociedad a otra. Ser delgado en algunas sociedades es un éxito, ser gordo en otras sociedades es un éxito, como sucede en las sociedades africanas. ¿Cuál es el criterio para el éxito?

En un sentido budista, cuando hablamos de éxito, no estamos hablando sobre lo que la sociedad podría decir o sobre lo que podríamos sentir basados en algún concepto personal, eso es otra cosa. El éxito desde un punto de vista budista significa lograr alguna meta espiritual. En este contexto, una meta espiritual significa algún nivel de autosuperación, autosuperación con el propósito de ser capaz de ayudar mejor a otras personas. Entonces el éxito no depende de qué tan bien parecido seas, qué tanto dinero acumules o si tienes la ropa de última moda.

La actitud apropiada acerca del éxito es el regocijo: estás feliz por ello, pero no estás excitado en exceso. Es un estado más tranquilo de felicidad. Es un estado mental seguro. Es un sentimiento de que “voy en la dirección correcta, estoy feliz por eso y simplemente continuaré”. Es un estado mental muy calmado y pacífico, el cual es feliz. No se trata de: “¡Yupiiii!” y una palmada en la espalda (acaríciame la cabeza y voy a mover mi cola) no es así. No haces un gran alboroto de cualquier éxito que tengas. No necesitas poner una noticia en el periódico, y si otras personas lo reconocen o no, es irrelevante. Dentro de ti estás lo suficientemente seguro como para saber que estás yendo en la dirección adecuada en la vida. Hiciste un buen trabajo, tan bien como lo has podido hacer en esta etapa. En el Entrenamiento de actitudes en siete puntos, dice que de los dos testigos, nosotros y los demás, necesitamos tomarnos a nosotros mismos como el principal testigo para atestiguar si nos hemos convertido o no en una persona de gran corazón, siempre pensando en los demás.

Hay una gran diferencia entre ser feliz por lo que hemos hecho e identificar a este “yo” falso con “soy tan genial”. Así que el centro de la atención no está en “yo, yo, yo”. La atención se centra en la existencia de una capacidad cada vez mayor para ayudar a otros. Esto puede ser que soy más paciente, ya no tan enojón. Estos son los tipos de éxito de los que estamos hablando: “Manejé esa situación de estar en una comida familiar con todas las tías y los tíos sin enojarme”. Muy bien, eso es un éxito. “No me enojé cuando mi madre continuaba agobiándome con: “¿por qué no lo haces así? ¿Por qué no haces más dinero? ¿Por qué tú no... ? ¿Por qué tú no…? ¿Por qué tú no…?”.

Participante: Pero quizás si hiciéramos más dinero, dejaría de preguntarnos…

Alex: Nunca estaría satisfecha, eso lo sabemos.

Finalicemos nuestra sesión aquí a la manera budista, con una dedicatoria: pensamos que cualquier entendimiento, cualquier fuerza positiva que haya resultado de esto, pueda profundizar cada vez más y actuar como una causa, no sólo para superar la baja autoestima, sino para ir más y más allá hasta llegar a convertirnos en un buda con el fin de ser de la mejor ayuda para todos.