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La práctica del Darma en la vida diaria

Alexander Berzin
Morelia, México, junio 2000

transcripción editada

El Darma como medida preventiva

Esta tarde me han solicitado hablar de la práctica del Darma en la vida cotidiana. Y al hacer esta solicitud, desde luego, tenemos que preguntarnos a qué nos referimos al decir darma. La palabra darma literalmente quiere decir “medidas preventives”, algo que hacemos para evitar problemas. Básicamente, si vamos a interesarnos en la práctica del Darma, tenemos que revisar y reconocer si tenemos problemas en la vida o no, lo cual realmente requiere de mucho valor. Mucha gente no se toma a si mismo en serio ni toma a sus vidas en serio. Trabajan arduamente durante todo el día y lógicamente, por estar cansados, buscan distraerse en las noches con cualquier tipo de entretenimientos posibles y realmente no se asoman a su interior a cuestionarse acerca de la calidad de sus vidas. Y aunque sí se cuestionen, en general no reconocen la cantidad de problemas que tienen pues esto les resulta deprimente.

Situaciones insatisfactorias y sus causas

Como decía, requiere de mucho valor el realmente verificar la calidad de nuestra vida y si en dicha exploración encontramos que nuestra vida es insatisfactoria, para reconocerlo honestamente. Desde luego existen muchos niveles de insatisfacción. Podríamos decir: “A veces estoy de buenas y a veces tengo problemas, pero así es la vida”. Si estamos satisfechos con esto, está bien, pero si tenemos la esperanza de hacer algo más de nuestra vidas necesitamos buscar métodos que nos permitan lograrlo. Para encontrar estos métodos, necesitamos explorar y descubrir cual es el origen de nuestros problemas.

Podemos buscar estos orígenes en diferentes lugares. Algunas personas miran hacia afuera, por ejemplo dicen: “Tengo problemas en mi relación contigo por tu forma de comportarte pues no eres como esperaba que seas”, o podemos decir que los problemas que nos aquejan se deben a la situación política, social o económica que tenemos. Si exploramos esto desde una perspectiva psicológica y estamos de acuerdo con muchas escuelas de psicología podríamos decir que nuestros problemas actuales se deben a experiencias traumáticas que tuvimos en la primera infancia con ciertas relaciones importantes de esa época. Es decir algo como: “Mis padres eran así o de tal manera, y debido a los tratos injustos de los que fui víctima es que tengo esta cantidad de problemas psicológicos en la vida”. Es muy fácil culpar a otros de nuestra infelicidad, pero responsabilizar de nuestros problemas a otros o a nuestra situación social, política o económica, en realidad no nos lleva a ninguna solución. Podemos entender que parte de nuestros problemas provienen de estas fuentes; y que aún perdonando, si es que tenemos un corazón generoso, la mayoría de las personas encuentran que esto no es suficiente para aliviar sus problemas en la vida.

Aunque no podemos negar el hecho de que el enfrentar nuestra problemática desde esta perspectiva ciertamente nos trae un beneficio, la explicación budista nos dice que si bien es cierto que los maltratos en la infancia, la influencia psicológica de nuestros padres y de otras personas, influencias de tipo social y económico contribuyen a nuestro estado de malestar o insatisfacción, de ninguna manera son la fuente o la raíz más profunda de nuestra problemática. Para poder descubrir la fuente más profunda de nuestras dificultades e insatisfacciones necesitamos forzosamente ver hacia adentro, porque finalmente si nos sentimos infelices, esto es una respuesta a nuestra situación. Podemos observar que diferentes personas responden de manera diferente ante la misma situación o estímulo. Incluso sólo mirando dentro de nosotros mismos podemos darnos cuenta de que la respuesta que tenemos ante la misma situación, por ejemplo una situación familiar difícil o un matrimonio conflictivo, es diferente en distintos días. Si el origen del problema radicara únicamente en las situaciones externas debiéramos entonces responder ante la misma situación siempre de la misma manera, pero es obvio que esto no sucede.

Si nos observamos podemos decir: “Hoy respondí de esta manera porque estaba muy cansado o porque tuve un día muy pesado” o por el contrario “Fue porque estaba muy contento, me fue muy bien en esto”. Todos estos son factores contribuyentes superficiales que afectan nuestra respuesta pero no son los factores más profundos. A medida que exploramos un poco más a fondo este asunto nos vamos dando cuenta de que son nuestras actitudes con respecto a la vida, a nosotros mismos y hacia los demás lo que en mayor medida contribuye a cómo nos sentimos. Una actitud de lástima hacia nosotros mismos, aunque no sea contínua, que a veces no esté presente porque hoy nos fue bien, es una actitud recurrente que tenemos ante la vida y moldea en gran medida la forma en que la experimentamos. Si exploramos más a fondo nos daremos cuenta que las actitudes que tenemos ante la vida, sobre todo si estas son actitudes perturbadoras, provienen de la confusión. Por supuesto existen las actitudes positivas, pero nos estamos refiriendo específicamente a las perturbadas o perturbadoras.

La confusión como origen de problemas

Si analizamos nuestra confusión más de cerca, hayaremos, como el mismo Buda lo dijo, que ésta se compone básicamente de dos aspectos: El primero la confusión acerca del funcionamiento de la causa y el efecto respecto a nuestra conducta. Esto lo expresamos en nuestra confusión al no saber cómo actuar y al no saber cual será el resultado de nuestras acciones. Pensemos en esto por un momento. Como estamos confusos en cuanto a lo que debiéramos hacer en la vida, por ejemplo en la vida de los jóvenes, la confusión ante a qué dedicarse, qué estudiar, hacia donde dirigirse, casarse o no, tener hijos o no, tenemos muchas dudas cuando somos jóvenes. Esto pasa en cualquier etapa de la vida, no sabemos si involucrarnos en alguna relación porque no sabemos cómo va a resultar o tomar un tipo de trabajo que no sabemos cómo va a ser. Muchas veces la expectativa que tenemos ante el resultado de una decisión que tomamos es totalmente fantasiosa, sin ninguna base en la realidad, por ejemplo cuando pensamos: “Si me involucro profundamente con esta persona viviremos felices para siempre” como en un cuento de hadas. O cuando estamos molestos en una relación y creemos que gritando o insultando al otro vamos a resolver las cosas, tenemos una idea muy confusa en cuanto a cómo puede ser la reacción de la otra persona ante nuestra manera de actuar. Creo que si grito y digo lo que siento y me desahogo, por lo menos yo me voy a sentir bien y eso no es verdad, no nos sentimos bien. Es realmente complicado y confuso, no sabemos como actuar y cuál será el resultado de nuestras acciones. Siempre tenemos la necesidad de conocer el resultado de nuestras acciones y muchas veces en busca de cómo serán los resultados consultamos astrólogos o el tarot o el I Ching, lo hacemos porque nos gusta tener control de la situación.

El segundo aspecto más profundo que menciona el budismo acerca de nuestra confusión, es la confusión ante la manera en que existimos nosotros mismos, los otros y el mundo. De esta confusión se deriva el que verdaderamente creemos que podemos estar en control de todo, algo que en realidad no es posible. La confusión radica en el hecho mismo de creer que podemos estar en control de lo que sucede, y esto no es posible. La realidad es mucho más compleja de lo que nos imaginamos y no podemos saber por anticipado los resultados. Esto no quiere decir que estamos totalmente fuera de control y a merced de factores externos, obviamente nosotros podemos contribuir a lo que nos acontece, pero tenemos que entender que no somos el único factor que determina nuestra realidad.

Por la confusión que tenemos, en ocasiones actuamos de manera destructiva, aunque la mayoría de las veces ni siquiera nos damos cuenta de que lo que hacemos es destructivo ya que estamos bajo la influencia de emociones y actitudes perturbadoras. No sólo actuamos de maneras destructivas hacia otros sino que la gran mayoría de las veces actuamos de maneras auto-destructivas, creando problemas para nosotros mismos. Si deseamos disminuir nuestros problemas o liberarnos por completo de nuestros problemas o aun más, si deseamos estar en una posición en la que podamos ayudar a otros a liberarse de sus problemas, necesitamos reconocer los orígenes de nuestras limitaciones.

Librándonos de nuestra confusión

Digamos que llegamos al momento en el que reconocemos que la fuente principal de nuestros problemas es la confusión, para algunas personas no es tan difícil el llegar a decir. “Estoy realmente confundido, lo admito, la regué, ahora ¿qué?”. Antes de involucrarnos en este curso o en ese otro o en un retiro u otro para deshacernos de nuestros problemas, tenemos que explorar bien a fondo dentro de nosotros mismos si realmente estamos convencidos o creemos verdaderamente en la posibilidad de deshacernos de nuestra confusión y de nuestros problemas. Si en el fondo no creemos que nos podemos deshacer de nuestra confusión ¿a qué estamos jugando?. Si vamos sólo con el estado mental de: “Ojalá realmente exista una manera de deshacerme de mis problemas” en realidad no es un estado mental muy fuerte ni estable.

Imaginemos que estamos convencidos de que existe la posibilidad de liberarnos de nuestros problemas, de nuestra confusión. Podrían haber varias maneras de lograrlo, una de estas formas sería si alguien nos salvara; podría ser una figura divina; Dios nos podría salvar y abrir nuestros ojos para que pudieramos ver y así renacer en vida y entonces tener una actitud de esperar a que esto suceda, aunque la posibilidad es bastante baja. O podemos esperar que me salve alguien que no necesariamente sea una figura divina, podría ser el esperar que un maestro espiritual o mi pareja me salvara de mi confusión. Cuando elegimos esta opción es muy fácil tener una actitud de sobre-dependencia y actuamos de manera muy inmadura. A veces estamos tan desesperados porque alguien nos salve que no discriminamos muy claramente a nuestro salvador y podemos caer con alguien que no se ha librado de su propia confusión y esta persona, por sus propias emociones y actitudes conflictivas, puede aprovecharse de nuestra ingenuidad. Estas no son formas muy estables para deshacernos de nuestra confusión, no podemos esperar que un maestro espiritual o nuestra pareja aclaren nuestra confusión. Básicamente necesitamos deshacernos de nuestra confusión nosotros mismos.

La relación con un maestro espiritual o con una pareja puede ser conducente a liberarnos de nuestra confusión si es que son relaciones sanas y maduras. En general cuando las relaciones son inmaduras lo que sucede es que la confusión empeora. En un principio podemos pasar por una etapa de negación en la que creemos que nuestra pareja o nuestro maestro son perfectos por todas las proyecciones que les hacemos pero con el tiempo esta ingenuidad se va terminando y al ver las fallas de la otra persona, nos damos cuenta de que esa persona no nos puede salvar, entonces viene una caída tremenda en la que sentimos que nuestra fe y nuestra confianza son traicionados.

Para evitar estrellarnos de esta manera es importante poner atención en estos asuntos desde un principio. La recomendación es practicar el Darma; preguntarnos ¿Qué es lo que puedo esperar razonablemente de un maestro espiritual o de una pareja?, hay que tomar medidas preventivas. Para combatir a la confusión necesitamos un estado mental que se le oponga, que es el entendimiento y entrenarnos en su fortalecimiento para poder ir deshaciéndonos de ella.

El trabajo del Darma es ser introspectivo, observar nuestras motivaciones, nuestras actitudes, nuestras emociones, a no dejarlas pasar por alto y estar atento a lo que esta sucediendo dentro de nosotros. Estar atento a cuándo actuamos de maneras compulsivas y neuróticas. Esto significa tener la disposición a observar en nosotros mismos cosas que no son tan agradables, que prefereríamos negar. Cuando reconocemos estas reacciones sintomáticas de las causas de nuestros problemas, necesitamos estar dispuestos a aplicar fuerzas oponentes a estas. Todo esto tiene como base el estudio y la meditación. Necesitamos estudiar y aprender qué son las emociones y actitudes perturbadas, cuáles son, cómo funcionan, cómo podemos contrarrestarlas.

Meditación

La meditación significa el aplicar las fuerzas oponentes en un ambiente controlado haciéndolo repetidamente para familiarizarnos lo suficiente con dicho proceso hasta poder hacerlo cada vez con más facilidad en la vida cotidiana. Por ejemplo, si nos enojamos cuando los demás no se comportan de la manera que quisiéramos, durante la meditación tratamos de revisar eventos similares y analizar la situaciones viendo que los comportamientos reprobables de otros ante nuestros ojos, no es algo que necesariamente hagan porque quieren molestarnos, vemos que hay una gran cantidad de factores que hacen a esta persona actuar de esa manera. Durante la meditación tratamos de desarmar el enojo que sentimos por esta persona basados en parámetros tan limitados cómo: “Esta persona ya no me quiere porque hoy no me habló por teléfono”.

Entonces, si en la práctica de la meditación ensayamos reaccionar de una manera distinta ante el comportamiento de esta persona tomando en cuenta estos otros factores, familiarizándonos a responder con mayor paciencia con mayor apertura, con mayor entendimiento; entonces si esta persona no nos habla durante el día o durante una semana, no vamos a enojarnos. Y si nos damos cuenta de que comenzamos a enojarnos recordamos nuestra práctica de meditación y pensamos: “Posiblemente esta persona está muy ocupada en este momento y es muy egocéntrico de mi parte el pensar que soy la cosa más importante de su vida” esto nos ayuda a calmar nuestra inquietud emocional.

La práctica del Darma es un trabajo de tiempo completo

Hay que entender que la práctica del Darma no es un entretenimiento, no es la práctica de un deporte o algo que hagamos para relajarnos. Tampoco se trata de asistir a un Centro de Darma para pertenecer a un grupo social agradable de convivencia, esto puede ser disfrutable pero no es el propósito de la práctica. Hay que tener cuidado pues tampoco se trata de asistir al Centro de Darma a recibir nuestra “dosis de droga” porque el maestro de ahí nos inspira y nos hace sentir muy bien por un rato con su carisma, su simpatía y su personalidad, como la situación Evangelista de subir los ánimos de manera artificial, y al llegar a nuestras casas nos volvemos a sentir de la patada y volvemos a sentir la necesidad de ir por nuestra “dosis de “inspiración” para sentirnos bien, como lo haría un adicto. El Darma no es una droga, ni un deporte ni un entretenimiento. La práctica del Darma es un trabajo de tiempo completo, es la disponibilidad a revisar y explorar nuestras actitudes ante la vida en todo momento. No se trata de que estemos trabajando “por el bienestar de todos los seres sintientes” y no trabajemos con nuestras relaciones de familia, las más cercanas, con quienes tenemos problemas o estar meditando acerca del amor pero llevarnos pésimamente con quienes vivimos, nuestro cónyuge, hermanos etc.

Evitar extremos

Para poder aplicar de manera sensata el darma a todas las situaciones de nuestra vida es muy importante aprender a evitar los extremos. Un par de extremos que debemos evitar, son por un lado el culpar totalmente a otros de nuestros problemas y por el otro, es el culparnos totalmente a nosotros mismos. Ambos contribuyen, “los demás y nosotros”, a que lo que sucedaen la vida sea muy complejo. Podemos hacer grandes esfuerzos por cambiar a los demás pero creo que todos sabemos por experiencia propia que esto es muy difícil de hacer, especialmente si nos comportamos muy moralistas y santurrones señalando a los otros como “pecadores”. Es mucho más fácil cambiar nosotros mismos. Podemos aconsejar a los demás si es que son receptivos, y depende de ellos si toman nuestros consejos o no, esperando que eso no los haga responder más agresivamente hacia nosotros.

En este trabajo con nosotros mismos hay que tener cuidado de no llegar al extremo de una preocupación por nosotros mismos narcisista, en una actitud de pensar, sentir y creer que sólo nuestros sentimientos son importantes o son los más importantes. Tenemos estos dos extremos, ignorar por completo nuestros sentimientos al no ser introspectivos y por otro lado llegar a una situación de preocupación narcisista extrema, obviamente llegar a un equilibrio adecuado de todo esto es muy delicado y no es nada fácil. Cuando estamos demasiado “ensimismados” en nosotros mismos esto nos genera percibir una dualidad: Yo y lo que siento, y esto nos mantiene a tal distancia de no poder interactuar con los demás. El verdadero arte consiste en poder interactuar y relacionarnos con los demás de una manera natural, espontánea y sincera mientras una parte de nosotros observa nuestras motivaciones, sentimientos, actitudes, de manera que no estemos tan ensimismados que haya una fractura en nuestra posibilidad de interacción.

Es muy importante mencionar que cuando tenemos una relación con otra persona, si bien es muy útil estar revisando nuestras motivaciones, nuestros sentimientos y nuestras actitudes es un error pensar que es necesario decir siempre al otro todo esto. Esta es una actitud muy nercisista, el pensar que al otro le interesa el conocer todas nuestras motivaciones y sentimientos. Por supuesto algunas veces es útil hacerlo, hay que tener la sensibilidad de saber cual es el momento adecuado y la persona adecuada para hacerlo. Cuando nos damos cuenta de que estamos actando egoístamente, hay que verificarlo y dejar de hacerlo pero no es necesario que se lo comuniquemos a la otra persona.

Otros dos extremos importantes de evitar son el sentir que soy: O totalmente bueno o totalmente malo. Si ponemos demasiado énfasis en nuestras debilidades y confusiones, esto nos va a hacer sentir que somos malos y con facilidad alimentará el sentimiento de culpa, por ejemplo pensar: “Debería practicar porque si no lo hago soy un mal practicante” y ponemos demasiado énfasis en el “debería”, esto es una base muy neurótica para sustentar nuestra práctica.

También es importante evitar el otro extremo que es el de poner demasiado énfasis en nuestro lado positivo. La actitud de que ulteriormente somos perfectos y que sólo vemos nuestra naturaleza búdica, es también muy peligrosa pues implica que no necesito cambiar porque ya soy “perfecto y maravilloso”. No necesito renunciar a ninguna de mis actitudes neuróticas, no tengo que detener mi comportamiento negativo, no tengo que reconocer mis fallas, todo lo que tengo que hacer es ver mi naturaleza búdica y expresarla. Hay que buscar el equilibrio: Si sentimos que estamos siendo muy estrictos con nosotros mismos hay que recordar que poseemos la naturaleza búdica y esto nos ayudará a alivianar la carga, pero si por el otro lado, nos vamos y sentimos que somos Budas en potencia y que todo es maravilloso, hay que ver que necesitamos ponernos a trabajar pues sí hay cosas que cambiar.

Asumiendo responsabilidad

Básicamente hay que tomar responsabilidad de nosotros mismos y de nuestro propio camino para irnos deshaciendo de nuestra confusión y nuestros problemas. En este proceso requerimos ayuda ya que es muy difícil hacerlo uno solo. Podemos obtener ayuda de maestros espirituales, de nuestra comunidad espiritual: de personas que como nosotros están tratando de reconocer sus errores y cambiarlos y no están acusando a todo mundo de lo que les sucede. Una base fundamental para una relación exitosa, cualquiera que sea ésta, de sociedad, de pareja de amistad, etc., es tener actitudes similares por parte de los dos individuos involucrados en cuanto una disposición de reconocer las propias fallas y no sólo ver las del otro cuando sucedan situaciones de fricción o de conflicto. Cuando los dos miembros de cualquier relación tienen la actitud de culpar siempre al otro, las cosas no funcionan y cuando es sólo uno el que asume su parte de responsabilidad y la actitud del otro siempre es acusativa, la relación tampoco funciona. Se requiere una disposición de ambos de aceptar su parte. Si en este momento estamos ya en una relación y hemos adoptado la actitud de ser introspectivos y aceptar nuestra parte de responsabilidad en los conflictos y la otra persona sigue en la actitud de culparnos de todo, esto no quiere decir necesariamente que debamos terminar la relación pero sí debemos entender que es una situación difícil y que adoptar la postura del mártir diciendo: “Esta situación que estoy viviendo es tan difícil pero yo la voy a soportar” en realidad es una actitud muy neurótica.

Recibiendo inspiración

Para nuestro avance en el camino, por supuesto que podemos obtener ayuda de nuestros maestros espirituales y de nuestra comunidad espiritual y amigos, a este tipo de ayuda se le llama inspiración. En las enseñanzas budistas se hace mucho énfasis acerca de este tipo de inspiración y se habla de la inspiración de la Triple Joya, de los Budas, de los Maestros Espirituales y de la comunidad espiritual. Muchas veces se traduce como “bendiciones” que me parece una pésima traducción que nos confunde y desorienta, la traducción adecuada es: inspiración.

Es cierto que la inspiración es un factor muy importante en el camino, puesto que necesitamos fuerza, necesitamos reforzar nuestra intención en el camino pues este implica trabajar con la parte desagradable de nuestra vida. Pero necesitamos una fuente de inspiración y una forma de inspiración estables. Si creemos que esta fuente de inspiración son los maestros que nos platican de situaciones milagrosas o extraordinarias o exóticas, ya sea que les haya acontecido a ellos o a otros maestros del pasado como lo recoge la historia budista, hay que reconocer que no es una fuente muy estable de inspiración. Puede ser emocionante y entusiasmarnos pero hay que buscar dentro de nosotros qué es lo que está reforzando y en muchos individuos es un pensamiento mágico y fantasioso que busca la salvación a través de los milagros. Pensamos que un mago maravilloso va a efectuar ciertos milagros o yo mismo me convertiré en esa persona que conduce esas hazañas para librarme de mi confusión o salvarme. Tenemos que ser sumamente cautelosos con estas historias fantásticas aunque no podemos negar que son muy emocionantes, no hay que dejarnos llevar por ellas. Pueden inspirar nuestra fe y eso puede ser útil pero no es una base estable.

Veamos el ejemplo del Buda, el Buda no se proponía conscientemente inspirar a los demás ni salía a impresionar a la gente con cosas raras, no repartía bendiciones ni contaba historias fantásticas acerca de situaciones que le hubieran acontecido. La analogía que usó el Buda y que se usa a lo largo de las enseñanzas es que así como el sol que de manera natural, espontánea sin tener que hacer nada extraordinario por ser lo que es, da calor a quien lo recibe, el Buda inspira tan sólo por ser quien es con su mera presencia. Es cierto que podemos recibir inspiración o sentirnos elevados por escuchar algunas historias fantásticas pero el ser tocados en la cabeza por una estatua o el recibir un cordón para nuestro cuello no son fuentes estables. Una fuente estable de inspiración de parte de un maestro es su mera forma de ser, natural y espontánea. Su carácter, la manera de ser, que es el resultado de haber puesto en práctica las metodologías del Darma, y no en base a cierto acto montado para impresionarnos, eso es realmente una base estable de inspiración mucho más profunda, aunque no sea tan emocionante como una historia fantástica. A medida que nosotros mismos vamos progresando en el camino recibiremos inspiración por nuestro propio avance en el sendero, no de milagros que seamos capaces de llevar a cabo, sino del hecho de observar cambios en nuestro comportamiento, eso es lo que realmente nos va dando inspiración. Desde este punto de vista las enseñanzas nos dicen que hay que regocijarnos de nuestro propio progreso al ir avanzando.

Y como he mencionado muchas veces anteriormente, el progresar en el camino nunca se trata de un proceso lineal que siempre va hacia arriba. Una de las características principales del Samsara, como lo hemos revisado, es la incertidumbre, o sea, que nuestros estados de ánimo han cambiado y seguirán cambiando constantemente y no nos vamos a deshacer de esta incertidumbre y de dichos cambios de ánimo hasta ya muy avanzados en el camino. Así que es muy importante entender que a veces vamos a estar en buen estado de ánimo y a veces no, que a veces actuaremos de manera positiva y otras veces impulsados por nuestros hábitos neuróticos actuaremos de manera destructiva, es bueno que entendamos que así va a continuar hasta que nos ubiquemos en estados muy avanzados del camino.

En las enseñanzas acerca de los ocho intereses mundanos nos enfatízan que si estamos en una época buena en la vida no nos engolocinemos con eso y que si nos está yendo mal, no nos deprimamos pues esto es pasajero y cambiante. Como dice el Dalai Lama, hay que estar atentos a los cambios a largo plazo, no nos quedemos atrapados en las visiones a corto plazo. Nos suguiere que si hemos estado practicando, por decir algo, cinco años, ya podemos observar cambios. Después de cinco años, aunque nos sigamos enojando podemos darnos cuenta de que hemos desarrollado una habilidad de manejar las situaciones más pacientemente y si lo notamos es una indicación de progreso en el camino, esto es inspirador, no es muy dramático, ni espectacular, pero esta clase de inspiración es mucho más estable y duradera.

Siendo práctico

Necesitamos ser muy prácticos y aterrizar todo en nuestra vida. Por ejemplo, si vemos prácticas como la de Purificación de Vajrasattva, hay que verla de manera muy aterrizada y saber que “San Vajrasattva” no me va a salvar con sólo dirigirme a él y decir las palabras mágicas. Vajrasattva simboliza la pureza natural de la luz clara de la mente que no está manchada por la confusión, que es posible ser quitada para que la luz clara pueda manifestarse plenamente. Es a través de nuestro propio trabajo y reconocimiento de la natural pureza de la luz clara de la mente lo que nos permite soltar la culpa y las negatividades para trabajar con nosotros mismos y de esta manera poco a poco irnos purificando.

Al hacer prácticas como la de Vajrasatva o cualquier otra y al tratar de aplicar el Darma a nuestra vida cotidiana es muy importante reconocer el nivel en el que nos encontramos como practicantes y no ser presuntuosos respecto al avance que tenemos en la práctica.

El acercamiento al Darma desde una crianza católica

Sé que la mayoría de las personas en esta sala vienen de una crianza católica, es importante que lo entendamos y reconozcamos y que no sientan que al entrar aquí tienen que renunciar el catolicismo y convertirse al budismo. Lo que es importante es no mezclar las dos cosas, no van a hacer tres postraciones antes de sentarse cuando vayan a la iglesia ni tampoco van a visualizar a la Virgen María dentro de una práctica budista de visualización. Hay que tener muy claro lo que pertenece a cada tradición y en la iglesia hacer lo que pertenece al catolicismo; y si haces una meditación budista la haces siguiendo sus propios procedimientos. Definitivamente hay muchos puntos en común entre el budismo y el catolicismo. El énfasis en amor y en ayudar a otros está presente en ambas propuestas, no hay conflicto en el nivel básico. Si practicamos el amor y la caridad y el ayudar a los demás estamos siendo buenos practicantes católicos y también buenos practicantes budistas, esto no entra en conflicto. Sin embargo, eventualmente tendremos que decidirnos por un camino a seguir, pero no necesitamos hacerlo antes de que llegue ese momento en que estemos totalmente decididos a dedicarnos de lleno a la práctica espiritual, entonces, cuando sea una prioridad en nuestra vida, tendremos que tomar la decisión. Es como si nos encontramos en el lobby de un edificio, aquí nos podemos beneficiar de lo que en este nivel inicial ofrecen ambas propuestas pero si decidimos subir hasta el último piso del edificio, entonces tendremos que decidirnos por una de las escaleras, no podemos subir por ambas. Esta imagen es muy útil para entender en dónde nos encontramos en este momento en nuestra práctica espiritual.

Evitando el duelo de lealtades

Si queremos llevar la práctica del Darma a nuestra vida cotidiana es muy importante que no rechacemos ni menospreciemos nuestras raíces religiosas, esta actitud no nos traería nada bueno. Si hacemos esto nos convertimos en un fanático budista y anti-católico. Una situación de este tipo nos puede llevar a una conflictiva que en la psicología se llama “duelo de lealtades” en la que internamente queremos ser fieles a nuestra familia, a nuestra crianza, a nuestro catolicismo y entramos en conflicto con el hecho de querer ser fieles al budismo en este momento. Queremos ser fieles a nuestos antecedentes, de otra manera, nos sentiremos realmente mal con nosotros mismos. Si rechazamos nuestros antecedentes sentimos que son malos y eso nos hace sentirnos totalmente malos. Entonces inconscientemente tendemos a ser leales a los aspectos menos benéficos del catolicismo, por ejemplo, rechazamos el catolicismo pero traemos al budismo el temor a los infiernos. Recuerdo a una amiga mía que fue una católica muy comprometida y luego se volvió una budista también muy comprometida y esto le provocó una crisis existencial, decía: “Renuncié y rechacé el catolicismo y por eso me voy a ir al infierno católico, pero si ahora renuncio y rechazo el budismo me voy a ir al infierno budista”. Aunque suena muy gracioso, para ella era algo muy serio y angustiante.

Lo que sucede con mucha frecuencia es que inconscientemente traemos elementos de nuestra crianza católica al budismo haciendo este tipo de mezcolanzas, como la culpa. Por ejemplo pensamos: “Si no practico soy malo, debería estar practicando porque si no lo hago soy malo y me siento culpable” Traemos la expectativa de milagros, esperamos que alguien nos salve etc., y este tipo de mezclas no nos ayudan en nada, estas lealtades a los aspectos menos benéficos de nuestra crianza no nos ayudan. Más vale reconocerlo, ver lo que estamos haciendo y mejor aceptar nuestros orígenes católicos y no negarlo y ser leales a los aspectos positivos de nuestra religión de origen. En lugar de decir “Yo he heredado la expectativa de milagros, la culpa y el temor a los infiernos” decir: “He heredado una tradición de caridad, de amor, de servicio a los demás”. Esto mismo pasa con nuestras familias, cuando las rechazamos, tendemos a ser leales a los aspectos negativos de la misma, si nos percatamos de esto, podemos aceptar a nuestras familias como son y ser leales a sus aspectos positivos. Entonces es mejor aceptar la existencia de nuestra religión de origen y reconocer lo positivo que nos dió, la preocupación por los pobres, la intención de desarrollar el amor por otros etc., si logramos manejarlo de esta manera, nos permitirá seguir adelante en nuestro camino espiritual, sea cualquiera que elijamos. Si no hacemos esto, seguiremos siendo leales inconscientemente a los aspectos menos positivos y esto seguirá interfiriendo en nuestro avance espiritual.


Creo que es muy importante entender la validez psicológica de esto, si de verdad sentimos que todo en nuestro pasado estuvo mal, no sólo nos sentimos culpables sino mal con nosotros mismos, esto nos da como resultado una actitud muy negativa hacia nosotros mismos. Si por lo contrario, podemos reconocer los aspectos positivos de nuestra crianza y de nuestros antecedentes y de nuestro pasado esto nos da la posibilidad de validar los aspectos positivos de nosotros mismos, si no lo hacemos, sentimos que no servimos para nada.

Observaciones finales

Este tipo de revisión nos ayuda a tener mayor estabilidad en nuestra práctica espiritual y así podemos avanzar poco a poco y cuando escuchamos enseñanzas avanzadas o asistimos a iniciaciones, aunque los grandes maestros del pasado nos han recomendado que en cuanto conozcamos una enseñanza la pongamos en práctica, tenemos que pensar: “¿Está esto a mi nivel y lo puedo poner en práctica o es demasiado avanzado para mi?” y si la respuesta es que sí es demasiado avanzada para mi en este momento, la manera de poner en práctica el consejo de los grandes maestros es ver cuáles son los pasos a seguir para prepararme para poder llevar esta enseñanza a la práctica y ponerme a cubrirlos para poder llegar a hacerla. En resumen, usando las palabras de uno de mis maestros, si practicamos métodos fantasiosos obtendrémos resultados imaginarios y si prácticamos métodos prácticos y aterrizados obtendremos resultados prácticos.

¿Qué preguntas tienen?

Preguntas

Pregunta: Esta reorientación de nuestras lealtades ¿es algo para ser llevado al terreno de la meditación?

Respuesta: Depende de que tan holgadamente usemos el término meditación. Si nos referimos a meditación en el sentido suelto de tomarnos el tiempo todos los días para sentarnos en silencio y reflexionar sobre nuestras vidas, sí, esto es algo para hacerse en la meditación. De hecho esto es algo que casi no hacemos y que es muy importante, reflexionar sobre lo que estamos haciendo en nuestas vidas, en nuestras relaciones, en el trabajo etc. El sentarnos y calmar nuestra mente mediante enfocarnos en la respiración y luego reflexionar sobre lo que está sucediendo en nuestras vidas es muy útil.

Pregunta: He estado trabajando con los cuatro pensamientos básicos que dirigen nuestra mente a la libertad. No se que está pasando pero al reflexionar sobre la muerte, en lugar de lograr un mayor aprecio por mi preciada vida humana, me deprimo. ¿Qué estaré haciendo mal? ¿Cómo puedo hacer mi práctica para obtener resultados positivos?

Respuesta: Sería útil poner los primeros dos pensamientos juntos: si bien tengo una preciada vida humana, no me puedo poner a desperdiciarla pues puedo morir en cualquier momento. Un pensamiento que puede ser útil para esto sería: “Si muriera hoy. ¿cómo me siento ante lo que he logrado, ante lo que hecho en la vida? ¿he dejado algo que vale la pena y con lo que me quedo en paz o dejo un desastre que me angustia?” Este pensamiento nos puede ayudar a vivir el poco tiempo que nos resta de vida tomándolo en serio, dándole un sentido positivo, pero dentro del contexto de ese gran Koan de la tradición Zen que dice: “La muerte puede llegar en cualquier momento: relájate”. Es un pensamiento sumamente profundo, piénsenlo un poco. En otras palabras no te fanatices. Por supuesto en cuanto a la muerte, si puedes pensar en tu continuo mental y en términos de renacimiento, esto también puede ser muy útil, pero esto es ciertamente más difícil.