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Archivos budistas del Dr. Alexander Berzin

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Bases para la práctica del tantra

Alexander Berzin
Valencia, España, 5, 6 y 7 de febrero de 1988

4a Sesión

Hemos estado hablando de los fundamentos que sustentan al tantra. En primer lugar, hemos visto cómo el tantra se practica dentro del contexto de los preliminares comunes. Estos consisten en mantener una dirección segura en nuestra vida, seguir la ley de causa y efecto, tener una fuerte determinación de liberarnos de nuestros problemas y enfocar nuestro corazón en la meta de la Iluminación generando bodichita con el fin de beneficiar a todo el mundo, y tener una comprensión aproximada de lo que es la “vacuidad” o ausencia de formas fantasiosas de existencia. También hemos visto la necesidad de realizar los preliminares especiales para purificar todas nuestras negatividades y desarrollar nuestros potenciales positivos, de manera que tengamos menos obstáculos y podamos invertir una mayor energía en la práctica. En tercer lugar, hemos visto la importancia que tiene el recibir la iniciación o transferencia de poder, que nos ayuda a seguir purificando y que siembra en nuestro continuo mental las semillas del futuro éxito en nuestra práctica. Además, establecemos un estrecho vínculo con una tradición viva que se remonta hasta el mismo Buda Shakyamuni.

Samaya: los compromisos de realizar acciones positivas

Tomamos los distintos votos, y nos comprometemos a mantenerlos. Tenemos los votos del bodisatva, que se encuentran en las cuatro clases de tantra, y los votos tántricos, que sólo se toman en los dos niveles superiores. Estos dos últimos llevan asociados los diecinueve compromisos, Samaya en sánscrito, que nos unen a las cinco familias búdicas. Entre ellos está el tomar una dirección segura en las Tres Joyas, seguir las reglas de la autodisciplina ética, practicar los cuatro tipos de generosidad, etc. No se trata de votos que consistan en evitar realizar acciones destructivas, sino compromisos de realizar ciertas acciones positivas en la medida de nuestras posibilidades.

En la tradición Gelugpa, el Primer Panchen Lama escribió un texto conocido como El yoga en seis sesiones. Éste es un método para ser conscientes de estos diecinueve de manera que podamos practicarlos todos los días, tal y como prometimos cuando tomamos la iniciación. En esta tradición, nos comprometemos a recitar el Guru Yoga en seis sesiones como un método para guardar los compromisos. Aunque en las demás tradiciones del budismo tibetano este Yoga no exista, no quiere decir que en ellas no se encuentren los diecinueve vínculos, sino simplemente que el texto del Primer Panchen Lama no se utiliza, y por lo tanto no tienen un método que sea acomode al tiempo que tengamos para practicar cada día.

El porqué de la efectividad del tantra

Hay cuatro razones esenciales por las cuales el camino del tantra es más rápido que el del sutra:

(1) Practicamos con analogías.

(2) Hay una mayor unión entre el método y la sabiduría.

(3) Hay una base especial para la comprensión de la vacuidad.

(4) La vacuidad es comprendida por una conciencia especial.

El resultado se parece a la práctica: los yidams

Empecemos por la primera de las razones. En nuestra práctica, lo que queremos alcanzar es el cuerpo y la mente de un Buda para poder ayudar lo mejor posible a los demás. Por lo tanto, no es suficiente con tener la visión interior de un Buda, sino que también necesitamos manifestarnos de diversas formas que hagan que los seres sean susceptibles de ser ayudados. En las enseñanzas del sutra se habla de “las dos colecciones” con relación a los métodos que son necesarios para obtener el cuerpo y la mente de un Buda. Así pues, en primer lugar acumulamos potenciales positivos, también llamados mérito. Me parece que la palabra “mérito” no es la más adecuada, porque suena a los Boy Scouts: vamos sumando puntos hasta que conseguimos que nos den una medalla. Dentro del contexto budista, “acumular mérito” se refiere a ir acumulando un potencial positivo, y equivaldría a recargar la batería de un coche. La causa principal que da como resultado el cuerpo de un Buda es almacenar todos estos potenciales positivos. Pero esto tiene que ir acompañado de un profundo conocimiento de cómo es la realidad. No debemos simplemente limitamos a realizar acciones positivas, lo cual en principio está muy bien, sin una verdadera comprensión de cómo es la realidad. De otra forma, volvemos a dibujar una gruesa línea divisoria alrededor de nosotros mismos, de lo que estamos haciendo y de las personas a las que queremos ayudar; entonces, pensamos que somos unos santos que hacemos cosas maravillosas poniéndonos a trabajar por esos pobres desgraciados. De paso, si podemos llamar a un reportero gráfico para que nos tome una foto, mejor; porque así todo el mundo podrá ver lo maravillosos que somos.

Aunque la acción en sí misma sea positiva, necesita ir acompañada de la comprensión de la ausencia de formas fantasiosas de existencia. Por otro lado, la causa principal que da como resultado la mente de un Buda es la acumulación de “conciencia de la realidad”, que a su vez tiene que estar acompañada de una cierta cantidad de potencial positivo. De lo contrario, esto se podría convertir en una simple y seca consideración intelectual interna, lo cual es a todas luces insuficiente.

En el sutra, las causas son en cierto sentido parecidas a los resultados que perseguimos, pero no del todo. Un cuerpo búdico tiene treinta y dos marcas o signos mayores y ochenta menores, y cada uno de ellos tiene una causa específica. Por ejemplo, un Buda tiene una lengua muy larga; esto es el resultado de que, cuando era un bodisatva, su forma de preocuparse por los demás era la misma que la de una hembra lamiendo a sus cachorros. Estudiando estos signos y sus causas podemos ver que ambos guardan una cierta relación, pero que de ninguna manera son idénticos. Sin embargo, en el tantra, las causas que vamos creando para adquirir el cuerpo y la mente de un Buda son análogas a ese resultado. Por eso, al tantra se le conoce como “el vehículo resultante”. En realidad, practicamos como si ya estuviésemos iluminados; imaginamos que poseemos el cuerpo de un Buda, que nos desenvolvemos en su mismo entorno, que disfrutamos de las cosas de su misma forma, que somos capaces de realizar sus mismas acciones, y todo ello de una forma pura. Al hacer todas estas cosas a través de la imaginación, estamos creando las causas de que esto se convierta en realidad mucho más rápidamente. Sería como el ensayo general antes de la obra, en el que ya vamos vestidos como en el estreno oficial. Si queremos interpretar una obra de ballet, primero tenemos que aprender a bailarla, y esto equivale al entrenamiento basado en el Lam Rim o camino gradual. Pero luego tendremos que aplicar este conocimiento a la hora del ensayo general, y esto último es semejante al tantra. Por lo tanto, imaginamos que tenemos el cuerpo de una forma búdica, que está hecho de luz y es transparente.

Esto nos lleva al tema de los “yidam”. La palabra tibetana “yidam” se suele traducir como “ deidad”. Esto resulta engañoso. Estas figuras son imágenes búdicas que representan los diferentes aspectos en que puede manifestarse un Buda. Al principio puede parecernos algo extraño, pero debemos hacer un esfuerzo para entender qué es lo que representan y cómo funcionan. Cada una de ellas simboliza el estado de total Iluminación de un Buda, así que en su nivel más profundo, todas vienen a ser más o menos lo mismo. Pero a un nivel convencional, cada una representa un aspecto concreto del estado iluminado de un Buda y cada una nos ayuda a desarrollar ese estado concreto en nosotros mismos. De todas formas, y en ultima instancia, cualquier yidam puede llevamos hasta la realización de todos los aspectos. Cada uno está asociado a un cierto tipo de imagen. Avalokiteshvara está relacionado con la compasión. Manjushri con la sabiduría y la claridad de mente, etc.

Nuestro trabajo consiste en tratar de identificarnos con esas imágenes positivas. Esta es una técnica muy profunda, porque gracias a ella podemos transformar las imágenes negativas que solemos tener de nosotros mismos. El método tántrico viene a ser un tipo de yudo mental. Muchas veces proyectamos ideas erróneas sobre nosotros mismos, como la de que somos tímidos y no podemos ayudar a nadie, que somos estúpidos e incapaces de entender nada, que carecemos de energía para emprender cualquier acción, etc. Entonces, nos identificamos fuertemente con estos estados anímicos, subrayándolos con una gruesa línea negra. De esta manera, llegamos a creer que somos realmente así. Después proyectamos esa imagen que tenemos de nosotros mismos hacia fuera. Nos ponemos a representar ese mismo papel, de manera que los demás acabarán creyéndoselo también. Si proyectamos continuamente este tipo de imágenes, es muy difícil dejar de hacerlo de repente. Lo que llamo yudo mental consiste en que podemos proyectar imágenes positivas en vez de negativas. Pero de la misma forma que empezamos a tener problemas al remarcar con una línea negra esas ideas negativas que tenemos de nosotros mismos, nos sucederá lo mismo si también lo hacemos con las positivas.

Si solidificamos el hecho de que nos hemos convertido en personas amables y compasivas, podemos pensar que somos ángeles e intentar colocar nuestras alitas y nuestra aureola en su sitio. Entonces, exigiremos a los demás que nos rindan tributo por ser unos chicos tan buenos, y esto nos va a traer más quebraderos de cabeza que antes. Aquí es donde vemos la verdadera importancia de tener una correcta comprensión de la “vacuidad” o ausencia de formas fantasiosas de existencia. Cuando hacemos yudo, invertimos el sentido de la energía sin contrarrestarla. En términos de la mente, quiere decir que aprovechamos la tendencia de proyectar su propia imagen, y viendo que ésta no tiene por que estar rodeada por una gruesa línea negra, la transformamos. Si alguien nos ataca y oponemos nuestra fuerza en contra, el resultado va a ser un choque frontal entre dos masas sólidas. Esto sería como darse un cabezazo contra la pared. Sin embargo, si vemos a esa persona simplemente como una energía en movimiento, podemos aplicar suave presión en el momento adecuado y hacer que gire sobre sí misma. De una manera similar, si concebimos las imágenes que tenemos como algo sólido y estático, no podremos hacer nada para cambiarlas. Pero si las consideramos ausentes de solidez, podremos darles fácilmente la vuelta y transformarlas en algo positivo.

Cuando vamos a generarnos como una imagen búdica, se suele decir: “de la vacuidad, surjo como Avalokiteshvara”. De nuevo, ésta no es una buena traducción, porque cuando decimos que surgimos de la vacuidad, suena como cuando un mago hace aparecer un conejo de su sombrero. Sería más correcto decir que dentro del contexto de una ausencia de esa gruesa línea negra que todo lo solidifica, surjo como Avalokiteshvara, Chenrezig en tibetano. Cuando hacemos esto, nos imaginamos a nosotros mismos con la claridad de esa figura, y generamos el orgullo de hacernos participes de esa imagen positiva, lo cual no tiene nada que ver con la arrogancia ordinaria a la que tan acostumbrados estamos. Cada una de estas formas búdicas tiene una imagen propia y todas ellas pueden sernos de mucha utilidad. Dependiendo de la capacidad de cada uno, se puede trabajar con una o con varias. En el caso de Avalokiteshvara, desarrollamos la imagen propia de ser una persona amable y compasiva que extiende su corazón hacia todo el mundo, y que tiene una preocupación ecuánime por todos los seres. Esto puede sernos muy útil para acabar con la idea de que somos tímidos y que no podemos ayudar a nadie.

Con Manjushri desarrollamos la claridad mental, así que en vez de pensar que somos torpes e incapaces de entender nada, intentamos generar la imagen positiva de que tenemos la suficiente inteligencia como para comprender todo aquello que nos propongamos. Por lo tanto, intentamos hacerlo. Pero todo ello, obviamente sin solidificar esta idea con una gruesa línea negra. De lo contrario, iremos diciendo que somos muy listos, y que lo que dicen los demás no sirve para nada. Vajrapani corresponde a la imagen propia de tener una gran capacidad y habilidad para hacer las cosas. Sería lo contrario de vernos impotentes a la hora de hacer algo, o pensar que somos personas incompetentes. Con Tara desarrollamos la imagen propia de poseer la energía de la vida, así que en vez de sentirnos deprimidos y bajos de moral, estamos llenos de energía y somos capaces de transmitirla a los demás. En el caso de Tara Verde, tenemos la energía de la vida en general, y en el de Tara Blanca, la de tener una buena salud y una larga vida. El Buda de la Medicina nos permite curar enfermedades, y Vajrayogini es la imagen de poder dar alegría y elevar la mente de los demás, haciéndola más clara. Yamantaka es el aspecto airado de Manjushri, y nos induce a dejar de actuar como niños. Representa la fuerza necesaria para poder cortar con todas las actitudes perturbadoras y los estados de ánimo infantiles, siendo capaces de ir sin vacilaciones siempre hacia adelante. Kalachakra es la imagen propia de poder manejar la complejidad de las cosas, así que en vez de sentirnos abrumados por la sensación de que la vida es demasiado complicada, decidimos que pase lo que pase, y sea cual sea la configuración astral del momento, vamos a ser capaces de manejarlo todo sin ningún tipo de problemas.

Hay muchísimas formas básicas, las cuales se corresponden con otras tantas imágenes propias. Con ellas podemos enfrentamos a todas las situaciones de la vida. A un cierto nivel, nos estamos relacionando con todas estas imágenes positivas cuando nos generamos como estas formas búdicas, y sintiéndonos de esa manera con nosotros mismos, imaginamos que poseemos estos aspectos de un Buda. Vamos creando las causas para conseguir que estas imágenes se conviertan en realidad mucho más rápidamente. También podemos imaginar que tenemos varios rostros, y muchos brazos y piernas. Al principio podemos pensar que no nos vamos a poder relacionar de una forma apropiada con todo esto, ya que somos occidentales y estas figuras nos son culturalmente extrañas. Éste es un signo inequívoco de que no hemos comprendido correctamente su significado. Si lo miramos bien, comprobaremos que tanto los hindúes como los tibetanos son personas normales y corrientes, que sólo tienen una cara y dos brazos.

Lo que queremos conseguir es la mente omnisciente de un Buda, en la cuál aparecen todos los fenómenos simultáneamente, y que es capaz de comprenderlos todos al mismo tiempo. Es muy difícil mantener la conciencia sobre veinticuatro cosas abstractas a la vez. Pero si imaginamos que poseemos veinticuatro brazos, y que cada uno simboliza una de esas cosas, tendremos una ayuda gráfica gracias a la cual podremos expandir nuestra mente hasta englobar a todas estas visiones interiores del camino. Además, no sólo las representan de una manera superficial, sino que lo hacen a todos los niveles. Este método es de mucha utilidad a la hora de abrir nuestra mente, igual que el objetivo de una cámara fotográfica, de manera que seamos capaces de ser conscientes de cada vez más cosas al mismo tiempo. Así pues, no debemos practicar pensando en que nos vamos a convertir en una especie de gusano con muchas patas, sino aplicando una técnica que nos permite ir ampliando nuestro campo de visión mental hasta que abarque tanto como la mente de un Buda. Esto también incluye el conocimiento simultáneo de todos los problemas y necesidades los demás, y de las técnicas que se tienen que aplicar en cada caso concreto. Por lo tanto, tenemos que ser capaces de realizar muchas cosas a la vez, y estas visualizaciones en las que entran en juego imágenes muy complejas son muy útiles para alcanzar este objetivo. Esta es la forma de imaginar que somos poseedores del cuerpo puro de un Buda.

Los cuatro tipos de aspecto puro

Dentro de las prácticas que realizamos con los yidams, también se encuentra la recitación de mantras. La palabra mantra significa “sílabas que protegen la mente”. Normalmente, nuestra mente tiene un exceso de energía verbal. No pasamos todo el día hablándonos a nosotros mismos, quejándonos, y comentando todo lo que nos sucede como si fuéramos un locutor de radio. “¡Mira qué chica más guapa! ¡Qué nariz tan grande tiene ese señor!”, y cosas por el estilo. También cantamos y repetimos los mensajes publicitarios. Parece que tuviéramos la cabeza llena de grillos y no tenemos ningún control sobre el ruido que se produce. Es muy difícil hacer que cese de repente, así que la técnica tántrica para solucionar este problema también es similar al yudo. En vez de cantar las cancioncitas de los programas de televisión, enfocamos esta energía en cantar mantras; y así le damos la vuelta a la situación. Cada mantra tiene una vibración propia. Algunos pueden calmarnos, otros aclararnos la mente, etc. Pero de cualquier manera, no actúan como algo que nos sea ajeno o molesto, sino que realmente trabajan a nuestro favor.

Además, cada mantra está asociado a una de las figuras búdicas, y a la imagen propia que la acompaña. Si intentamos mantener durante un cierto tiempo una imagen positiva de nosotros mismos, veremos que es algo difícil de conseguir porque enseguida nos despistamos. Pero si al mismo tiempo recitamos el mantra correspondiente, tendremos un firme punto de apoyo a la hora de hacernos conscientes de esa imagen propia. Así pues, ambos deben ir juntos. El único motivo por el cual algunas personas utilizan un “mala” o rosario es porque no les resulta fácil mantener la atención enfocada en el mantra y en la imagen propia al mismo tiempo; así que el ir pasando las cuentas del rosario les ayuda a hacerlo. Este tipo de prácticas son algo personal y privado, así que no es necesario que salgamos a la calle o que vayamos al trabajo con el rosario en la mano. Esto les resultaría extraño a los demás. Tal y como hemos visto, los mantras son un instrumento para fijar nuestra atención en una imagen positiva de nosotros mismos, pero a un nivel más profundo, también es un método para darle una cierta forma a la respiración. Las palabras “respiración” y “vientos de energía” vienen de la original “prana” en sánscrito, o “lung” en tibetano. Al darle forma a la respiración, también se la estamos dando a la energía de nuestro cuerpo. Así nos preparamos para que en el futuro, cuando realicemos prácticas más avanzadas, podamos controlarla y centralizarla en un solo punto, y así llegar a niveles sutiles de conciencia gracias a los cuales podremos penetrar en el verdadero significado de la vacuidad. Más tarde hablaré un poco más sobre ello. Esta es la doble función que cumplen los mantras.

Hemos visto que podemos tener un cuerpo puro análogo al de un Buda, y que para ello nos apoyamos en los mantras. El segundo aspecto puro consiste en imaginarnos que nuestro entorno es el mismo que el de un Buda. En vez de pensar que vivimos en una ciudad horrible, y que trabajamos en una empresa corrupta, visualizamos que nos encontramos en una tierra pura de Buda, en la cual tenemos todas las facilidades para tener todas las visiones interiores que nos permitan alcanzar la Iluminación. Una fábrica puede convertirse en un lugar idóneo para desarrollar amor y compasión hacia todas las personas que allí se encuentran. Por otra parte, no deberíamos ver a la ciudad como algo negativo, pues esto la convierte en un gran obstáculo, sino que tenemos que estudiar el potencial que cada uno de los ambientes en el que nos encontramos tiene para ayudamos a alcanzar la Iluminación. Basándonos en esto, podemos generar un entorno puro, y esto es lo que se conoce como “mandala”.

El mandala es un símbolo redondo de la totalidad del universo, aunque no necesariamente tiene por qué tener esta forma. Pero dentro del contexto de las formas búdicas, constituye el edificio donde ellas habitan. Por lo tanto, cuando vemos dibujos de un mandala, no debemos verlos en dos dimensiones, sino en tres. Esto es similar a los planos de una casa, que aunque estén dibujados en un papel contienen toda la información necesaria para construirla. Pero para ello, debemos de saber descifrarlos. En el caso de un mandala, tenemos por ejemplo el plano de la planta baja. Entonces, cortamos las esquinas y dejamos caer las paredes. Así, obtenemos el dibujo completo, compuesto por el suelo en el centro, rodeado por las paredes desplegadas y sus detalles, tales como puertas, arcos, etc. Por lo tanto, cuando imaginamos que somos una forma búdica, en realidad nos encontramos en uno de esos palacios. Estos suelen tener una compleja estructura arquitectónica, y todos y cada uno de sus detalles están reflejados en el plano. Aquí nos encontramos con el mismo fenómeno que cuando hablábamos de los múltiples brazos y rostros de las formas búdicas.

Cada uno de estos pequeños detalles tiene un significado muy específico, que además incluye todos los niveles de aquello que simboliza. Ésta es otra forma gráfica de ayudar a la mente a ser consciente de varias cosas al mismo tiempo. Todos estos detalles son necesarios, porque pasan a formar parte de una especie de entrenamiento mental gracias al cual podremos en el futuro ayudar a una gran cantidad de personas. Conociendo el mayor numero posible de detalles sobre ellas, les seremos de mayor beneficio. La imaginación es una herramienta muy poderosa que todos poseemos, y que podemos utilizar para expandir nuestra mente con el fin de alcanzar la Iluminación y poder ayudar a los demás lo mejor y más rápidamente posible.

El siguiente aspecto puro con el que vamos a trabajar consiste en imaginar que somos capaces de disfrutar de las cosas de la misma manera en que lo haría un Buda. Normalmente solemos disfrutar de las cosas de una manera muy confusa, y esto podría traducirse como “placer contaminado”. Pero la palabra “contaminado” no es muy adecuada, porque parece como si se hubiera producido un escape radioactivo en una central nuclear. En realidad, esta palabra está asociada a la idea de confusión. Por ejemplo, no podemos apreciar adecuadamente un ramo de flores. Si pensamos que de un momento a otro nos va a hacer estornudar porque somos alérgicos al polen o que el olor a incienso va a hacernos toser. Cuando vemos un cuadro, no podemos dejar de criticarlo. Si estamos escuchando música, nos molesta el leve ruidito de fondo que produce la aguja en el microsurco del disco, o pensamos que el vecino de enfrente tiene un equipo estereofónico más potente que el nuestro. Tampoco podemos disfrutar de la comida si nos preocupamos de que nos va a hacer engordar, de que tiene demasiada sal o especias, o que si es un plato demasiado caro para nuestra maltrecha economía. Esta constante insatisfacción obstaculiza nuestra capacidad de disfrutar de las cosas de una forma pura. Un Buda es capaz de disfrutar de cualquier cosa sin ningún tipo de confusión, con un estado mental puro y claro y siendo totalmente consciente de todo lo que está sucediendo a su alrededor. Así pues, esto es justamente lo que vamos a empezar a imaginar, y también es la razón de que haya tantos tipos de ofrecimientos distintos.

En este caso, los ofrecimientos no sólo sirven para desarrollar el potencial positivo de dar, sino que, además, imaginamos que nosotros mismos también estamos disfrutando de esas mismas cosas que estamos ofreciendo. Por supuesto que mientras lo hacemos, mantenemos una imagen de nosotros mismos como una forma búdica, y disfrutamos de todo ello de una forma pura. Podemos gozar de las ofrendas de luz sin tener que ponernos gafas de sol, y de las de música, flores, etc. Imaginando todo esto, estamos creando las causas para que algún día se conviertan en algo real.

El cuarto tipo de aspecto puro consiste en imaginar que somos capaces de actuar de la misma forma que un Buda. Esto puede traducirse como “actividad “búdica”, aunque yo preferiría llamarlo “ influencia iluminadora”. Se trata de acciones realizadas sin esfuerzo, y que de una manera espontánea alcanzan su objetivo. Cuando hablo de que es algo “espontáneo”, no me refiero a que un Buda haga lo primero que le venga a la cabeza, sino que no tiene que esforzarse de una manera consciente. Gracias a su propia manera de ser, es capaz de ejercer una influencia tan positiva y carismática sobre los demás, que todo tipo de situaciones benéficas ocurren espontáneamente. Esto podemos observarlo en los grandes Lamas, como por ejemplo Su Santidad el Dalai Lama. Él no tiene que hacer nada por sí mismo, sino que su mera presencia es suficiente para ejercer una influencia iluminadora a su alrededor.

Los cuatro tipos de actividades

Podemos hablar de cuatro tipos de actividades. La primera de ellas consiste en la capacidad de hacer que todos los seres se pacifiquen. Si hay un grupo de personas que están nerviosas, la sola presencia de uno de estos Lamas es suficiente para que se calmen. En Dharamsala hay un Lama llamado Rato Rimpoché, y se le conoce como “el Lama de los bebés”, porque cuando alguien tiene un niño muy llorón, se lo llevan al Lama y automáticamente deja de llorar. La segunda se suele traducir como “ incremento”, refiriéndose a que es algo que nos estimula a crecer. Los grandes Lamas, con su presencia, nos animan a practicar el Darma. Incitan a la mente a estar más alegre y a tener un mayor entusiasmo en lo que se hace. Hace algún tiempo estaba estudiando el idioma tibetano y no conseguía entender más de un tercio o la mitad de lo que oía hablar. Entonces solía visitar a menudo a Ling Rimpoché, uno de los recientemente fallecidos maestros de Su Santidad, y recuerdo que cuando estaba cerca de mí, comprendía hasta un ochenta por ciento de la conversación que escuchara. Así pues, podemos imaginar que somos capaces de estimular la mente de todos aquellos que están a nuestro alrededor. Estas acciones que imaginamos que realizamos mientras mantenemos la imagen propia de una de las formas búdicas, y recitamos su mantra correspondiente, son canalizadas a través de la visualización de rayos de luz saliendo de nuestro cuerpo.

El tercer tipo de actividad consiste en ejercer una influencia para que la mente se involucre de forma decidida en acciones positivas. Cuando S.S. el Dalai Lama estuvo en Suiza dando la iniciación de Kalachakra, un grupo de personas solicitó que se guardaran los ocho preceptos del Mahayana durante un día. Entonces, Su Santidad lo anunció públicamente, y preguntó si todos los presentes estaban interesados en tomarlos. La gente respondía que sí, así que Su Santidad dijo: “estupendo; mañana nos vemos aquí a las cuatro de la madrugada”. Este tipo de ceremonia debe terminar antes de que amanezca. Todos se sorprendieron un poco, pero lo aceptaron. De las cinco mil personas que estaban tomando la iniciación, cuatro mil acudieron a la cita, lo cual fue verdaderamente extraordinario, teniendo en cuenta que a esas horas no funcionaba ningún transporte público. Por lo tanto, mucha gente tuvo que ingeniárselas para poder dormir en una tienda de campaña en alguno de los jardines de los alrededores. Su Santidad no tenía que convencer a nadie de que lo hiciera. Él solo dijo la hora a la que iba a comenzar la celebración. No tuvo que hacer nada más. Fue suficiente con la tremenda influencia iluminadora que este hombre ejerce sobre los demás para que asistiera toda esa gente. Si ahora mismo quedáramos de vernos aquí mañana a las cuatro de la madrugada, probablemente no vendría nadie. Ésta es la gran diferencia.

El cuarto tipo de actividad consiste en ejercer una fuerte influencia para detener situaciones peligrosas. Esto se suele traducir como “aspecto airado”, pero en realidad no tiene nada que ver con la ira. Este tipo de actividad está representada por todas aquellas formas búdicas que aparecen con llamas a su alrededor. En cierta ocasión me encontraba en el sur de la India, donde Su Santidad el Dalai Lama estaba impartiendo una iniciación. De repente, entró en el templo un enjambre de avispas. Pueden suponer que todo el mundo empezó a ponerse muy nervioso. Entonces, Su Santidad detuvo la ceremonia, y se puso a hacer algo dentro de sí mismo, al mismo tiempo que miraba a las avispas. Entonces, dieron media vuelta y se marcharon. Les puedo asegurar que esto lo vi personalmente. De la misma forma, podemos imaginar que ejercemos una fuerte influencia para evitar situaciones peligrosas cuando sea necesario.

Estos son los cuatro factores puros que practicamos. Imaginamos que tenemos un cuerpo puro, que nos encontramos en un lugar puro, que disfrutamos de una forma pura de las cosas que nos rodean, y que somos capaces de realizar los cuatro tipos de actividades puras. Ésta es una forma de actuar análoga a los resultados que queremos obtener. Ahora podemos preguntarnos: ¿No será esto una broma? ¿No nos estaremos engañando a nosotros mismos imaginando todas estas cosas?” La respuesta es que no, porque tenemos una comprensión básica de lo que es la vacuidad y por lo tanto podemos distinguir perfectamente entre la fantasía y la realidad. Sabemos que no somos un Buda. No se trata de que tengamos que saltar por la ventana y volar, o salir a la calle completamente desnudos con una sonrisa de oreja a oreja. Somos conscientes de que lo que estamos utilizando sólo es un método que nos permite conseguir los resultados que perseguimos de una manera más rápida. Pero al mismo tiempo, esta práctica tiene un fundamento real, que consiste en el hecho de que todos tenemos una naturaleza búdica. Dentro de nosotros mismos están todos los factores que nos permitirán en el futuro convertirnos en Buda. Todos disponemos de una cierta cantidad de energía que nos permite seguir viviendo, de la capacidad de comunicarnos con los demás, de una mente capaz de ser consciente de las cosas y de verlas claramente y de la certeza más o menos acentuada de que no existimos rodeados por una sólida línea negra. Sobre la base de todo esto podemos etiquetarnos como Buda y practicar con nuestra imaginación. Y esto es posible porque hay una continuidad mental entre lo que somos ahora y lo que seremos en el futuro. Además, no lo hacemos como una forma de huida esquizofrénica, sino que nuestra motivación es la de superar nuestras limitaciones, como son por ejemplo las imágenes negativas que de nosotros mismos tenemos; y realizar todos nuestros potenciales para poder ser de ayuda a los demás. Así pues, la primera de las razones por las cuales los métodos del tantra nos llevan más rápidamente hasta la Iluminación que los del sutra, es que trabajamos de una forma análoga a como lo haríamos si de hecho ya fuéramos Budas.

¿Alguna pregunta?

Preguntas

Pregunta: ¿De qué manera podemos aplicar estos métodos de visualización en nuestra vida diaria? ¿De qué manera podría afectar, por ejemplo, la relación que mantenemos con nuestros amigos?

Respuesta: En primer lugar, lo primero que tenemos que hacer es guardar estas prácticas en secreto. A nadie se le ocurre decirle a sus amigos que tiene veinticuatro caras y otros tantos brazos, porque probablemente lo encerrarían en un manicomio. Si nos encontramos en una situación problemática, no nos vamos a sentar a mitad de la calle a recitar OM MANI PEME HUNG con el rosario en la mano, como si fuéramos una imagen sagrada. Esto haría enfadar a las personas que estuviesen a nuestro alrededor. Esta es otra razón para guardar las practicas en secreto. Lo que se pretende es transformar positivamente nuestra personalidad a través de un trabajo enfocado en la imagen que tenemos de nosotros mismos. Tampoco se trata de visualizar el mandala de una forma tan vívida que vayamos tropezando con las paredes de nuestra habitación. Hemos de ser capaces de ver la realidad en que nos movemos. En cuanto a la relación que mantenemos con nuestros amigos, a medida que vayamos teniendo una imagen más positiva de nosotros mismos, en vez de ser orgullosos, pegajosos o irritables, iremos relacionándonos con ellos de una forma más positiva. Si nos generamos como Avalokiteshvara, poco a poco iremos siendo más amables con ellos. Cuando nos ponemos nerviosos o vamos a enfadarnos por algo, seremos capaces de cambiar ese estado de ánimo pensando que somos Avalokiteshvara. Si alguno de ellos viene a contarnos sus problemas, y en ese memento estamos bajos de moral y no le prestamos mucha atención o simplemente no sabemos qué decirle, podemos ponernos a trabajar con la imagen propia de Manjushri. Así, podemos sentir que poseemos la claridad mental que nos permite comprender lo que le ocurre y darle una solución satisfactoria. En el caso de que su energía esté baja, podemos utilizar la imagen de Tara e irradiar energía hacia esa persona. Pero por supuesto, sin que nadie se entere de lo que estamos haciendo. Todo esto nos va a ayudar a relacionarnos con los demás de una forma más positiva. Además, de esta manera podemos darnos cuenta de los potenciales que tienen los demás, y de que ellos también pueden alcanzar el estado búdico.

Pregunta: Cuando estás meditando en la práctica o sadana de una deidad, para generarte como tal se debe de llevar a cabo todo un proceso. Entonces, en la vida diaria, ¿hay que completar también todo el proceso, o simplemente se puede recitar el mantra recordando a esa deidad?

Respuesta: En nuestra vida diaria no basta con recitar el mantra, sino que además tenemos que generar la imagen propia y la forma búdica. Si nos encontramos en una situación en la que sentimos que todo el mundo nos está mirando porque somos torpes, podemos cambiar esa imagen negativa que tenemos de nosotros mismos por la imagen propia correspondiente a una de las formas búdicas. Esto es muy práctico a la hora de solucionar este tipo de problemas.

Pregunta: ¿Pero este cambio se produce de una manera automática?

Respuesta: En realidad no debería de haber tal cambio, porque deberíamos de ser capaces de vernos constantemente a nosotros mismos como una forma búdica. Sé que esto es algo difícil de conseguir. En cada sadana existe un proceso a través del cual nos hacemos surgir como esa forma búdica, pero también podemos hacerlo de una manera instantánea siempre y cuando sea dentro del contexto de la ausencia de formas fantasiosas de existencia.

Pregunta: ¿Qué nivel de comprensión de la ausencia de formas fantasiosas de existencia es necesario para practicar el tantra?

Respuesta: Como mínimo debemos tener una comprensión intelectual del tema. Y si tuviéramos que esperar a obtener una experiencia directa de esta ausencia, nunca podríamos empezar. Por lo tanto, es suficiente con tener una visión general sobre lo que es esa ausencia. Sin embargo, esta visión es absolutamente necesaria porque estamos imaginando cosas a las cuales no estamos acostumbrados. Si pensamos que son reales, podríamos volvernos locos.

Pregunta: Pero en teoría se supone que este nivel de comprensión debería ser alto.

Respuesta: Desgraciadamente, cuando vamos a tomar una iniciación no hay un examen previo para ver en qué nivel estamos, pero siempre podemos examinarnos a nosotros mismos. Aunque vayamos a una iniciación simplemente porque va todo el mundo, y queremos estar ahí porque está de moda y es algo exótico e interesante, siempre recibiremos algo de inspiración. Al fin y al cabo, los tibetanos llevan a sus perros a las iniciaciones. Su Santidad dice que la gente puede asistir a las iniciaciones como un observador neutral. Pero si lo que queremos es practicar el tantra, deberíamos tomar en serio este tema, y seguir todos los procedimientos al pie de la letra.