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Archivos budistas del Dr. Alexander Berzin

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Bases para la práctica del tantra

Alexander Berzin
Valencia, España, 5, 6 y 7 de febrero de 1988

2a Sesión

Hasta ahora hemos estado hablando de las bases sobre las que se sustenta el tantra, y lo hemos hecho dentro del contexto del lamrim el camino gradual. Al mismo tiempo, las Cuatro Verdades Nobles han sido nuestro punto de referencia. Estas últimas son cuatro cosas que una persona altamente realizada percibe como ciertas. Hemos visto que todo el mundo tiene problemas, que todos estos tienen una causa y que es posible hacerlos desaparecer siguiendo un camino auténtico de práctica espiritual.

En primer lugar, hemos estudiado el problema de la depresión, cuya causa fundamental estriba en no encontrarle un sentido válido a nuestra vida. Y la única manera de solucionarlo es poniéndola en una dirección segura. Así pues, tomamos toda una serie de medidas preventivas encaminadas a eliminar nuestras limitaciones y desarrollar nuestros potenciales. Buda lo hizo en su momento, y la comunidad o Sanga lo está haciendo ahora.

La dirección del refugio y el esfuerzo gozoso

Pensándolo bien, hay una gran diferencia entre tener una dirección y carecer de ésta en la vida. Cuando éramos jóvenes practicábamos algún tipo de deporte. Entrenábamos varias veces a la semana para poder correr más rápido o meter cada vez más goles. Era una forma de superar nuestras limitaciones. Tratábamos de dar siempre lo mejor de nosotros mismos. ¿Cómo nos sentíamos entonces? Era maravilloso, ¿no?. Cuando nos levantábamos por la mañana, deseábamos que llegara la hora de ponernos a entrenar. Nuestra vida tenía un sentido. Trabajábamos para superar nuestras limitaciones y desarrollar nuestros potenciales. Si pudiéramos hacer lo mismo en todos los demás aspectos, experimentaríamos un gran cambio, ya que el vivir adquiriría un sentido mucho más amplio del que tiene ahora.

Hemos oído muchas veces que tomar refugio es una de las cosas más importantes dentro del camino espiritual, no sólo en el ámbito del sutra, sino también del tantra. Si no tenemos claro este punto, difícilmente podremos darle un sentido a nuestra vida. Si para nosotros el tomar refugio sólo significa repetir unas palabras y haber recibido un nombre tibetano, ¿cómo podría esto cambiar significativamente nuestra vida? Pero si de lo que estamos hablando es de un verdadero cambio de actitud, con el que sentimos que vamos hacia alguna parte, y que el trabajo que realizamos para eliminar nuestras limitaciones y desarrollar nuestros potenciales sirve para algo, esto ya se convierte en algo muy distinto.

Cuando tenemos un trabajo aburrido, como meter datos estúpidos en una máquina, puede llegar a parecernos deprimente. El cambio de actitud al que me refiero también cambia la manera en la que nos relacionamos con nuestro trabajo. Cuando jugamos un videojuego, tratamos de conseguir el mayor número de puntos posible. Éste es otro ejemplo de cómo podemos desarrollar un potencial. Si ponemos el mismo empeño en hacer bien nuestro trabajo, podemos tomarlo como un desafío: “¡a ver si puedo introducir todos estos datos en la máquina sin cometer un solo error!” En este caso, cometer un error sería el equivalente a que nos eliminaran en el videojuego. Si lo hiciéramos todo bien, sería como obtener la máxima puntuación.

Al verlo todo como una oportunidad de mejorar nuestras cualidades, podemos transformar una cosa aburrida en estimulante. Hay muchas otras formas prácticas de aterrizar el significado de poner una nueva dirección en nuestra vida. Todos los aspectos de la enseñanza budista pueden entenderse a un nivel práctico. Si no encontramos en ellos una inmediata aplicación práctica, convertimos al budismo en algo que está completamente desconectado de nuestra vida, y por lo tanto, en una huida esquizofrénica. Odiamos lo que hacemos a diario, y estamos esperando el momento de marchamos al paraíso mental que hemos estado creando con tanto esmero. No debemos ver la práctica del budismo como una huída, sino como una manera de transformarnos y de mejorar las cosas.

También hablábamos de que nuestra situación personal puede empeorar en el futuro, dependiendo de la dirección que adoptemos en esta vida. Por lo tanto, el futuro está en nuestras manos. La manera de procurarnos un mejor porvenir empieza por darnos cuenta de lo preciosa que es esta vida humana y de que no va a durar para siempre. Ya que podemos morir en cualquier momento, no podemos perder ni un solo minuto de nuestro tiempo. Esto no significa que debamos convertimos en simples fanáticos. Uno de los puntos que nos puede ayudar a entender esto, y que se encuentra dentro de las enseñanzas sobre cómo desarrollar el entusiasmo perseverante, es el que se refiere a la necesidad del descanso. Si nos lanzamos con demasiada energía, podemos perder pronto el entusiasmo mismo. Es muy importante saber descansar en el momento oportuno. Tampoco es necesario que nos tratemos a nosotros mismos como si fuéramos niños, de forma que a la menor dificultad nos tiremos en el sofá a ver la televisión.

Debemos hacer una pausa cuando sea necesario. Aún así, la verdad es que siempre podemos hacer más de lo que creemos que somos capaces. Cuando traducía para mi fallecido maestro Serkong Rimpoché y él veía que había llegado al límite de mis fuerzas, siempre me hacía trabajar cinco minutos más. De esta manera vamos ampliando nuestras posibilidades, y cada vez vamos creciendo más y más. Cuando valoramos nuestra vida y entendemos que puede terminar en cualquier momento, pensamos que después de morir nuestra situación puede mejorar o empeorar. Temiendo que nuestra situación empeore, tratamos de poner nuestra vida en una dirección positiva y segura, trabajando para eliminar nuestras limitaciones y desarrollar nuestros potenciales. Ésta es la forma en que lo hizo el Buda en el pasado, y en la que la comunidad o Sanga lo está haciendo en este momento.

El aferramiento a una identidad sólida como fuente de dificultades

Para ir en esta dirección en la que las cosas van cada vez mejor tenemos que refrenarnos de realizar acciones destructivas y actuar de una forma constructiva. Éste es el nivel inicial. En el nivel intermedio del camino gradual, tomamos conciencia de nuestros problemas recurrentes e incontrolados, como por ejemplo no tener control sobre nuestras emociones y deteriorar cada vez más nuestras relaciones. Por ejemplo, constantemente intentamos demostrarnos a nosotros mismos que somos fuertes, verdaderos machos. Esto nos causa muchos problemas a la hora de relacionarnos con una mujer. Nos mostramos demasiado rígidos y orgullosos, y a ella le cuesta mucho averiguar qué es lo que realmente sentimos. Todas estas cosas ocurren porque no somos conscientes de quiénes somos, y de cómo existimos. Así pues, como nos sentimos inseguros, nos aferramos a algún tipo de identidad. Echamos mano de algún aspecto de nosotros mismos, como por ejemplo ser hombre; lo remarcamos con fuerza y lo convertimos en una identidad completa.

Pensamos: “soy un hombre y tengo que ser fuerte, un tipo duro.” Como consecuencia de esta forma de pensar, surgen en nosotros toda una serie de actitudes perturbadoras cuya misión es demostrar que efectivamente es así. Sentimos que nuestra identidad se encuentra amenazada, y aparece el deseo o apego por poseer el mayor numero de cosas que la confirmen. Ponemos una cara dura, vestimos trajes a la medida, nos colocamos en la pose adecuada con el cigarrillo en la boca y el vaso de whisky en la mano, y nos reunimos sólo con hombres machos que practiquen los más duros deportes. No importa si eso es lo que realmente queremos hacer. Lo hacemos porque pensamos que es la única forma de demostrar que somos hombres hechos y derechos. Nos negamos a ir de compras con nuestra mujer o a ayudarle con las tareas del hogar, simplemente porque se supone que los hombres no hacen esas cosas. Cerramos nuestra mente y ponemos un muro a nuestro alrededor. Cuando nos sentimos tristes, evitamos ponernos en evidencia: los hombres no lloran. Los hombres no deben mostrar sus sentimientos como lo hacen las mujeres. Con base en las actitudes perturbadoras surgen los impulsos que nos llevan a todo tipo de acciones cuyo resultado son problemas recurrentes e incontrolables. Al actuar como un macho, tenemos problemas con nuestros familiares y con nosotros mismos, ya que en realidad no estamos de acuerdo con el hecho de tener que actuar así, aunque nos veamos forzados a ello.

Existen muchos otros ejemplos, como el de una mujer identificándose con el hecho de serlo. En este caso, desarrollará todas aquellas actitudes femeninas que piense que le son propias como tal. Pero lo que más se da en la actualidad es el fenómeno contrario, el de la mujer que renuncia a su estereotipo de persona sacrificada a las tareas domésticas, y se identifica con otro tipo de cualidades que se supone debería tener. Así pues, tiene que demostrarse a sí misma que puede trabajar y hacer las cosas mejor que los hombres. Además del hombre macho, ahora también tenemos a la mujer macho. En ninguno de los dos casos se trata de un genuino comportamiento humano. Se identifican con un aspecto muy reducido de sí mismos, en este caso el género, y se sienten muy orgullosos de él. Esta situación podemos detenerla alcanzando la Liberación o Nirvana, de manera que ya no actuemos una y otra vez siguiendo el mismo patrón incontrolable. La forma de conseguirlo es tomando la fuerte determinación de ser libres: “¡Ya basta de aparentar que soy fuerte y que no tengo sentimientos! Voy a ser simplemente un ser humano.”

Después tendríamos que acabar con nuestra falta de conciencia de lo que realmente somos, tratando de comprender la vacuidad o ausencia de formas fantasiosas de existencia. Aunque imaginemos permanentemente que somos un hombre macho o una mujer macho, esto es una fantasía; es algo que está ausente. No existe ninguna persona que sea intrínsecamente competitiva y que esté mostrando constantemente su fortaleza. Todos tenemos sentimientos, y éstos forman parte de otros tantos aspectos que nos negamos a nosotros mismos cuando actuamos bajo un patrón machista. Por otro lado, cuando nos damos cuenta de que tal cosa está ausente, vemos que no tenemos porqué demostrar nada, y que no por ello dejamos de ser un hombre o una mujer. Por supuesto que lo somos, pero esa no es razón para pelearnos. El hecho de que ayudemos a nuestra mujer a limpiar la casa no pone en peligro nuestra identidad como hombre. Cuando dejamos de intentar demostrarnos algo, aunque aún nos sintamos amenazados, todas esas actitudes perturbadoras que hemos estado describiendo no aparecen. Los impulsos que tienen su origen en esas actitudes tampoco tienen lugar. Habremos terminado con los problemas recurrentes e incontrolados. Sin embargo, esto no es algo que ocurra de la noche a la mañana, sino que es el fruto de un largo y continuado trabajo interior.

Para conseguir todo esto, necesitamos desarrollar la sabiduría o comprensión de lo que es la ausencia o “vacuidad”. Debemos saber distinguir entre el “yo falso” y el “yo convencional”. Cuando decimos que no hay un “yo”, o que el “falso ego” no existe, nos estamos refiriendo a esa imagen encuadrada en una línea negra, que en este caso es la de ser un macho. Por lo tanto, no quiero decir que no existimos. Por supuesto que estamos aquí, hablando o escuchando, siendo un hombre o una mujer. No estamos negando eso. Lo que está ausente es el hecho de que el “ego convencional” exista como “ego falso”, como algo sólido y permanente. Esto es muy importante de entender bien, porque al trabajar con el tantra nuestra principal herramienta es la imaginación. Si no sabemos distinguir entre fantasía y realidad, podemos meternos en serios problemas. En el tantra, cuando intentamos cambiar la imagen que tenemos de nosotros mismos, tenemos que hacerlo bajo la comprensión de la realidad y de la ausencia de formas fantasiosas de existencia.

Concentrar la mente en la disciplina ética

De la misma manera, también tendremos que poner nuestra vida en una dirección segura, ya que vamos a utilizar las técnicas tántricas para superar nuestras limitaciones y desarrollar nuestros potenciales. Además, vamos a tomar la fuerte determinación de ser libres, evitando así convertir al tantra en otra forma de huída, o en algo exótico que practicamos porque está de moda; es decir, algo que hacemos porque al fin y al cabo así pertenecemos al club. De esta forma, somos capaces de emplearlo como un poderoso método para acabar con nuestros problemas. Para permanecer enfocado en esa ausencia de una manera estable, debemos antes haber adquirido una fuerte concentración. En este caso, la sabiduría sería como el hacha afilada con la que cortamos el árbol de la ignorancia. Si no tenemos la habilidad suficiente para golpear siempre en el mismo sitio, todos nuestros esfuerzos serán en vano. Por lo tanto, necesitamos concentración para enfocarnos en la sabiduría de forma que por un lado no tengamos distracciones, y por el otro no nos venza la somnolencia. Tenemos que ser capaces de corregir el estado de nuestra mente cuando se descentre o se aturda. Pero aunque dirijamos el hacha en la dirección correcta, si no tenemos la fortaleza suficiente para volverla a levantar tampoco seremos capaces de cortar el árbol. Para tener la fuerza que nos permita mantener nuestra atención correctamente situada, primero debemos desarrollar la disciplina ética.

Cuando hablo de disciplina no me estoy refiriendo a nada que esté relacionado con el servicio militar. Me refiero a la capacidad de distinguir cuándo estamos realizando una acción constructiva y cuándo una destructiva. Cuando adquirimos plena conciencia sobre los resultados que vamos a tener que experimentar por realizar acciones destructivas, instintivamente dejamos de hacerlas. Una vez que hayamos tomado conciencia de lo que hacemos y lo que decimos, podremos mantener nuestra mente enfocada en un solo punto, sin distracciones ni aturdimiento. Tendremos la suficiente entereza como para detectar cuándo nuestra mente se desvía hacia uno de los dos extremos, y viendo la improductividad de ambos, seremos capaces de volver a concentrarnos tantas veces como sea necesario. El objetivo de todo ello es enfocarnos en la realidad para resolver nuestros problemas.

Lograr concentrarnos nos resulta tan difícil porque se necesita de una gran cantidad de energía para hacer volver a la mente a su sitio cada vez. La fortaleza necesaria para ello la adquirimos cultivando la disciplina ética. Éste es el nivel intermedio, y todo lo que hasta aquí he descrito es imprescindible para la práctica del tantra, ya que si queremos trabajar con la imaginación y las visualizaciones, necesitamos haber desarrollado antes una concentración mínima estable. Tenemos que librarnos de la dispersión mental y del aturdimiento, y la base sobre la cuál debemos apoyarnos es la disciplina ética. Pensar de que somos practicantes tántricos no justifica el molestar a la gente y cometer todo tipo de atrocidades. Sea cual sea el nivel de nuestra práctica, seguimos sujetos a la ley de causa y efecto, así que es muy importante evitar actuar de una forma destructiva en cualquier situación.

Reconociendo la interdependencia

Sin embargo, lo más importante dentro del nivel superior de la práctica son los problemas de los demás. No somos el único ser que existe en el universo. Ya que nosotros tenemos problemas, es fácil suponer que los demás también los tienen. Pero podríamos pensar: “¿Por qué debería ayudar a los demás a resolver sus problemas, si ello no me concierne?” Ésta es una actitud miope. El gran maestro de la India, Shantideva, dijo en una ocasión: “sería absurdo si tuviéramos clavada una espina en el pie, y nuestra mano le dijera: lo siento, muchacho, pero ese no es mi asunto. La mano debe ayudar al pie, porque el uno depende del otro. Los problemas deberían eliminarse, no porque seamos nosotros u otra persona los que los experimentamos, sino simplemente porque son problemas.

Es muy útil reflexionar hasta qué punto todos los seres estamos interconectados. Pensemos en todos los objetos que utilizamos a lo largo del día. Es fácil darse cuenta que han hecho falta muchas personas para que esos objetos estuvieran ahí, justo cuando los necesitamos. Por ejemplo, comimos pan en el desayuno. ¿De dónde viene el pan? Para empezar, hubo mucha gente que tuvo que dedicarse a cultivar el trigo. Luego, alguien tuvo que transformarlo en pan, y éste tuvo que ser transportado. ¿Quién hizo las carreteras? ¿Y el camión? ¿De dónde viene todo esto? Podemos pensar en la gente que construyó cada una de las piezas del camión, y el material del que están hechas cada una de estas piezas: todo lo que supone la industria de los plásticos y del petróleo, y todos los animales prehistóricos que debieron morir en su día para que hoy podamos disponer de pan. La panadería también la construyó alguien, y si el pan viene envuelto en un papel, entrará en juego también toda la industria papelera. Además, si el papel lleva algo impreso, es porque ha pasado por una imprenta. Al tostar el pan en casa, usamos electricidad, así que también debemos incluir al sector eléctrico con sus centrales hidráulicas, térmicas y nucleares, y todas aquellas personas que las construyeron.

Cuando untamos mantequilla en el pan, tenemos en nuestras manos el resultado de un largo proceso, desde que las vacas son ordeñadas hasta el ultimo eslabón en la cadena de la industria de productos lácteos. De esta manera podemos comprobar cómo una cosa tan sencilla como un pedazo de pan depende para su existencia de miles y miles de personas. Lo mismo ocurre con cualquier otra cosa que utilicemos, desde la comida y la ropa hasta el menor de los objetos que tengamos en un rincón de la casa. Cuando tomamos plena conciencia de todo esto, inevitablemente nuestra mente se abre. Si fuéramos los únicos supervivientes de una guerra atómica, encerrados en un refugio antinuclear con una máscara, ¿cuánto tiempo de vida nos quedaría? Así podemos llegar a la conclusión de que ocuparnos de los demás es algo bastante razonable. Puede que nosotros estemos bien, pero si pertenecemos a una familia en la que todos los demás miembros están llenos de problemas, no pasará mucho tiempo antes de que nosotros también los tengamos.

Las proyecciones y nuestra incapacidad de ayudar

La causa de que actualmente no seamos capaces de ayudar a los demás es el egoísmo, el hecho de que sólo nos ocupamos de nosotros mismos. Además, nuestra capacidad comunicativa es muy limitada. La mayoría de las veces, ni siquiera podemos comprender cuáles son los problemas reales de otros, ni sabemos la forma de ayudarles a que los solucionen. Continuamente proyectamos sobre otros todo tipo de cosas. Si nos gusta comer de una determinada manera, pensamos que nuestra forma de cocinar es la más saludable: servimos mucha ensalada fresca con mucho aceite, e insistimos en que éste es un platillo sano. Entonces proyectamos esto sobre los demás, y nos convencemos a nosotros mismos de que si tienen hambre deberían comerlo también. No nos damos cuenta de que tanto aceite puede ser perjudicial para su salud. Así que aunque en un principio tuviéramos la buena intención de dar de comer a otras personas, si no entendemos su situación particular y proyectamos nuestros propios deseos sobre ellas, vamos a ser los causantes de que sufran una buena indigestión. Éste es el resultado de pensar que todo lo que es bueno para nosotros tiene que serlo también para los demás, y que todo lo que a nosotros nos gusta también les debe gustar a ellos. Si realmente nos importaran, intentaríamos ver cuál es su verdadera situación. Si quisiéramos librarles de todos sus problemas, desearíamos alcanzar el estado búdico para poder hacerlo. Querríamos convertirnos en un ser iluminado, o sea, aquél que ha eliminado todas sus limitaciones, y ha desarrollado todos sus potenciales y buenas cualidades. Ésta es la única forma en que podemos comprender por completo a los demás. Sólo cuando estemos libres de proyecciones podremos ayudarles de una forma eficaz.

Amor, compasión y responsabilidad universal

Todo esto no se consigue de la noche a la mañana, sino que hay que recorrer un largo camino. Para empezar, debemos desarrollar amabilidad. Ya que nuestra propia existencia depende de todos los demás seres, nos decidimos a devolverles el favor y generamos amor. Esto no quiere decir que tengamos que ir besando y abrazando a todo al que veamos por la calle. Aquí la palabra “amor” la definimos como el deseo de que todos los otros seres sean felices, y esto empieza por que nos sean importantes. Cuando hablamos de amor, normalmente éste implica una necesidad. Decimos: “te quiero, te necesito, no me dejes... ¿por qué no me llamaste por teléfono anoche? ... ¡ya no te quiero!” Si la otra persona no responde a nuestras necesidades, ya no queremos saber nada más de ella. No me refiero a este tipo de amor, sino más bien al que siente una madre por su hijo. No porque el niño vomite sobre el mantel, va ella a dejar de preocuparse por él. El siguiente paso es el fomento de la compasión, o sea, el deseo de que los demás se liberen de sus problemas. Pero incluso esto no es suficiente. Si nuestro hijo no sabe nadar y se ha caído al agua, no nos limitamos a decir: ¡Ojalá que mi hijo no se ahogue!” Hacemos algo para salvarlo. De la misma manera, nos sentimos responsables de los problemas de los demás, y tomamos la decisión de trabajar para solucionarlos. A esto, Su Santidad el Dalai Lama le llama “responsabilidad universal.” A continuación nos observamos a nosotros mismos y nos preguntamos: “¿tengo realmente la capacidad de ayudar a todo el mundo?” La respuesta es clara. Si lo vemos bien, ni siquiera somos capaces de ayudarnos a nosotros mismos. De esta manera, llegamos a la conclusión de que la única manera de poder beneficiar a otros es librándonos de todas nuestras limitaciones y realizando todos nuestros potenciales.

La meta de la iluminación

Sólo si nos convertimos en Budas seremos capaces de ayudar genuinamente a otros. Para ello necesitamos de la bodichita. Ésta la generamos cuando enfocamos nuestro corazón hacia la meta de la Iluminación. Aquí tenemos de nuevo una palabra que no se corresponde exactamente con el significado budista que se le atribuye. La palabra inglesa “enlightenment”, traducida al castellano como “ Iluminación”, suele utilizarse en inglés para describir a la “era de la ilustración” dentro del siglo XIX, o la época en que surge todo el pensamiento moderno. En este contexto, podríamos incluso afirmar que Ronald Reagan o Margaret Thatcher tienen una visión “iluminada” de la economía mundial. Obviamente no es esto lo que se pretende describir. Por otro lado, en otros idiomas como el francés o el castellano, la palabra sugiere una mampara de teatro iluminando el escenario. Tampoco es ésta una idea correcta de lo que en terminología budista entendemos por Iluminación. Así pues, cuando utilicemos esta palabra, debemos de tener en cuenta que con ella nos referimos al estado mental de una persona que lo tiene todo totalmente claro, gracias al hecho de que ha eliminado todas sus limitaciones y ha evolucionado hasta el nivel más elevado posible.

Para beneficiar a los demás de la mejor manera posible, dirigimos nuestro corazón hacia la meta de la Iluminación El desarrollo de la bodichita consiste en ir expandiendo nuestro corazón cada vez más hacia otros, y así alcanzar la Iluminación para poderles ayudar de una forma más efectiva. Esto también es algo que vamos a necesitar en el tantra, y es imprescindible si queremos superar las limitaciones que no nos permiten ser de auténtico beneficio a otros.

La vacuidad o ausencia de formas fantasiosas de existencia

Además, debemos desarrollar la comprensión de lo que es la “vacuidad” o “ausencia”. Esto significa darnos cuenta de que los demás no existen de la forma en que a nosotros se nos aparecen. Muchas veces vemos a otros como el objeto de nuestras propias proyecciones, tal como en el ejemplo anterior de la comida. Obtener la comprensión de que esto es así es la única forma de librarnos de las actitudes perturbadoras y de cualquier otro tipo de bloqueos que nos impidan el conocimiento correcto de las cosas.

Los dos tipos de oscurecimientos mentales son: las actitudes perturbadoras y sus tendencias (que obstaculizan el logro del Nirvana o liberación de la existencia cíclica) y los hábitos que surgen de nuestra falta de conciencia de lo que sucede a nuestro alrededor (que obstaculizan el logro de la omnisciencia y la Iluminación.) Cuando hablábamos sobre el karma, decíamos que el mero hecho de fumarnos un cigarro creaba una tendencia a fumarnos otro más tarde. Si lo hacemos en repetidas ocasiones, fumar acabará convirtiéndose en un hábito. Así pues, este hábito no sólo constituye la base sobre la cuál aparece un nuevo impulso de fumar. Además de esto y del riesgo de padecer cáncer de pulmón, también hace que generemos apariencias que no se corresponden exactamente con la realidad. A esto se le denomina “apariencia dual” o “dualidad”, que no quiere decir que veamos doble, sino que la manera en que las cosas aparecen a nuestra mente no está en armonía con lo que realmente está ahí. Debido al hábito de fumar, el cigarro aparece ante nuestra mente como algo que se debe meter en la boca y a lo que se le debe prender fuego. Por parte del objeto que llamamos “ cigarro”, esto no tiene porqué ser así necesariamente. Si de hecho así fuera, así sería para todo el mundo. Un bebé también haría esto, por no hablar de un perro o un marciano que viniese al planeta tierra. Probablemente el bebé se pondría a chuparlo o a jugar con él. De la misma manera, todos nuestros hábitos hacen que las cosas se nos aparezcan de una forma que no es real. Ésta es la razón por la cuál aparecen las paranoias.

Si desconfiamos de la gente y tenemos miedo de ella, en cuanto veamos una expresión un poco rara en la cara de alguien pensaremos que esa persona desaprueba nuestro comportamiento, cuando en realidad es posible que sólo esté sufriendo de un terrible dolor de estómago. Para una persona con tendencias paranoicas, ésta sería una señal suficientemente inequívoca de que se le mira con malos ojos. Esto se debe al hábito que tenemos de preocuparnos exageradamente de cómo nos ven y de tener miedo de los demás. Por otro lado, si tenemos un fuerte deseo sexual por una persona y esa persona nos sonríe, quedamos plenamente convencidos de que se nos está insinuando, cuando en realidad una sonrisa es algo que no tiene mayor relevancia. Nuestros hábitos mentales hacen que las cosas tomen apariencias falsas, y para superarlos, debemos primero reconocer que estas apariencias no son más que formas fantasiosas de existencia. Para ser de auténtico beneficio a los demás es necesario que nos demos cuenta de la ausencia de estas apariencias existiendo como algo real. Proyectando constantemente nuestras paranoias y deseos sexuales, nunca seremos capaces de percibir la auténtica realidad de las personas. En estas circunstancias, ¿cómo podemos esperar ayudar?

La bodichita y el empeño de eliminar los oscurecimientos mentales

Ahora voy a dar un ejemplo de la importancia que tiene la bodichita al eliminar los oscurecimientos mentales. Supongamos que estamos en la facultad de medicina en una clase en la que se está explicando cómo curar la picadura de una serpiente venenosa. En esa clase se encuentra, entre otros, un estudiante de bajos recursos económicos que está estudiando con el propósito de mejorar su posición social en el futuro, y está ahí para aprender aquello que le permita aprobar el próximo examen. Esta motivación es suficiente como para mantener a esa persona atenta a lo que el profesor está explicando. Pero además, entre ellos también se encuentra una madre cuyo hijo acaba de ser mordido por una serpiente, y que ha entrado en el aula hace escasos instantes. Es obvio que esta mujer invertirá mucha más energía en aprender la lección que el estudiante del que hablábamos antes, ya que va a ser ella la que actuará sobre su propio hijo. De la misma forma, si nuestro intento por comprender la realidad surge de la fuerte determinación de liberamos de nuestros propios problemas, imprimiremos en ello la energía suficiente como para eliminar las actitudes perturbadoras, que es el primero de los dos oscurecimientos mentales. Esto está muy bien. Pero sólo si nuestro corazón se empeña en cortar con todas nuestras limitaciones para ser capaces de ayudar a todo el mundo con la misma urgencia que una madre cuyo hijo acaba de ser mordido por una serpiente, sólo entonces tendremos la suficiente energía como para eliminar el segundo tipo de oscurecimiento. El camino que nos lleva a superar nuestra incapacidad para ayudar a los demás comienza poniendo nuestro corazón en miras de alcanzar la Iluminación para ayudar a todos los seres, lo cual es la bodichita, y lo vamos recorriendo en la medida en la que somos capaces de expandirlo hacia ellos.

La práctica de las seis “perfecciones”

Pero no es suficiente con desear alcanzar la Iluminación, sino que tenemos que involucramos en la práctica de las seis perfecciones. Estas son las que lo hacen posible. Aquí nos volvemos a encontrar con una palabra que no traduce fielmente a la original, porque da a entender que el budismo pretende que todo el mundo sea perfecto. Ante esto, es muy normal que pensemos que la perfección es una meta demasiado elevada para nosotros. Por supuesto que éste no es el significado correcto de lo que aquí se quiere expresar. Las seis perfecciones son seis tipos de actitudes que, de tomarse, pueden llevarnos hasta “la otra orilla”, o sea, la Iluminación. Así pues, desarrollamos la actitud de ser generosos, de tener una disciplina ética impecable, de ser pacientes y tolerantes, de tener un entusiasmo perseverante, de cultivar una sólida estabilidad mental, y de adquirir sabiduría o conciencia discriminativa. No les decimos a los demás que se esperen hasta que alcancemos la Iluminación, porque hasta entonces podremos ayudarles. En vez de esto, al mismo tiempo que trabajamos en fomentar en nosotros estas seis actitudes, ayudamos a los demás en la medida de nuestras posibilidades. Éste es el camino a seguir tanto en el sutra como en el tantra. Según se dice en el sutra, para alcanzar la Iluminación se necesitan tres incontables eones. Teniendo en cuenta que un número “incontable” es igual a un uno seguido de sesenta ceros, o diez elevado a la sexagésima potencia. Para los tibetanos, éste es el número finito mayor que existe: es finito, pero es tan grande que no se puede contar. Se tarda tanto porque se trata de un lento proceso gradual en el que vamos acumulando una tremenda cantidad de energía positiva. Gracias a ella, podemos adquirir una profunda comprensión de la realidad que nos permita eliminar todas nuestras limitaciones. Cuando tomamos verdadera conciencia de lo que esto significa, nos damos cuenta que todos los seres del universo no pueden esperar tanto tiempo antes de que podamos ayudarles de una forma plena, así que debemos alcanzar la Iluminación de una forma más rápida. Aquí es donde el tantra entra en juego. Sólo con la fuerte motivación bodichita podemos comenzar a practicarlo. Así pues, el contexto general desde el cual vamos a enfocar al tantra es el siguiente:

  • Ponemos nuestra vida en una dirección positiva y segura.
  • Seguimos la ley de causa y efecto, de manera que si queremos conseguir algo, antes debemos producir su causa.
  • Tomamos la fuerte determinación de librarnos de nuestros problemas.
  • Adquirimos una comprensión básica de cómo es la realidad, siendo capaces de diferenciarla de lo que es mera fantasía.
  • Dirigimos nuestro corazón hacia la meta de la Iluminación, para poder ser capaces de ayudar a todos los seres de forma plena.
  • Recorremos este camino ejercitándonos en las seis “perfecciones” o actitudes positivas.
  • Tomamos la decisión de practicar el tantra para lograr nuestro objetivo lo más rápidamente posible.

¿Alguna pregunta?

Preguntas

Pregunta: Cuando practicamos un deporte, basamos nuestro juego en el aprendizaje de una técnica, pero cuando la dominamos por completo, ya no sabemos ir más allá. ¿Por qué ocurre esto?

Respuesta: Hemos estado hablando de generar la motivación de mejorar algún aspecto de nuestra vida. Si se trata de un deporte y queremos ganar una competencia para obtener un trofeo, gracias a esta motivación podemos generar una determinada cantidad de energía. Pero aunque tuviéramos toda la casa llena de copas y medallas, no por ello nos sentiríamos mucho mejor. Invitaríamos a nuestros amigos a que vieran nuestros preciosos trofeos, y nos felicitarían por haberlos conseguido; y eso es todo. Cuando ellos se marcharan, nos quedaríamos solos y no seríamos más felices que antes de haberlos invitado. Por lo tanto, el verdadero beneficio está en generar la motivación de realizar acciones que tengan cada vez mayor significado. Lo que nos da la máxima cantidad de energía para mejorar en todo aquello que haga falta es que nuestra principal preocupación consista en averiguar cuál es la mejor manera para ayudar a los demás, y en intentar crecer hasta el máximo estado de desarrollo para que esto se convierta en realidad.

Para terminar la sesión, vamos a dedicar toda la energía positiva que hayamos generado para que todo el mundo sea capaz de superar sus limitaciones y actualizar sus potenciales, y así poder ayudar a los demás.