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Archivos budistas del Dr. Alexander Berzin

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Bases para la práctica del tantra

Alexander Berzin
Valencia, España, 5, 6 y 7 de febrero de 1988

1a Sesión

El tantra es una técnica que el Buda enseñó para lograr el estado de la Iluminación en el menor tiempo posible. Es un método muy avanzado. Aunque no podamos acceder a él inmediatamente, podemos ir acercándonos de forma gradual. Es uno de los métodos más rápidos, y por eso es tan famoso.

Me gustaría que discutiéramos este fin de semana por qué es el más rápido. Para comprender el cómo y el por qué de esto, hemos de conocer primero el camino no tántrico. Comparando ambos senderos, podremos averiguar por qué uno es más rápido que el otro. Si pensamos en empezar a practicar el tantra, tenemos que estar plenamente convencidos de que es algo en lo que vale la pena invertir nuestro tiempo.

El enfoque de las Cuatro Verdades Nobles

La mejor manera de comprender las enseñanzas budistas es aprenderlas tal como el Buda las enseñó. Lo primero que Buda explicó fueron las Cuatro Verdades Nobles, que son los cuatro hechos que un ser altamente realizado percibe como ciertos. Puede que de ahora en adelante utilice algunos términos traducidos de manera distinta a la que vemos en los libros publicados hasta ahora. En mis viajes alrededor del mundo me he dado cuenta que se producen muchos malentendidos por traducciones no del todo correctas de los términos originales budistas. Los primeros traductores fueron misioneros victorianos del siglo pasado. Aunque sus expresiones fueron útiles en su tiempo, no se corresponden con el significado que encierran las palabras del sánscrito o del tibetano. Voy a intentar volver a las definiciones genuinas, tratando de buscar expresiones occidentales que se identifiquen más precisamente con lo que esas definiciones quieren decir.

La primera de estas Cuatro Verdades Nobles dice que todos tenemos verdaderos problemas. Utilicé la palabra “problema” y no “sufrimiento”, porque si decimos que todos sufrimos y que la vida es un contínuo sufrimiento, suena como si el budismo fuera algo terriblemente negativo y pesimista. Si a una persona con mucho dinero que vive muy bien le decimos que su vida está llena de sufrimiento, puede ponerse fácilmente a la defensiva. Pero si la palabra del sánscrito la traducimos al castellano como “problemas”, es fácil darse cuenta de que por muy rico que uno sea, no se está libre de ellos. Esto es algo que todo el mundo está dispuesto a admitir. En realidad, Buda habló de los verdaderos problemas que todos tenemos, tales como sentirnos frustrados, no conseguir lo que queremos, tener dificultades con la familia, padecer lo que no deseamos, enfermar, que mueran personas cercanas a nosotros, nuestra propia muerte, etc. Todos estos problemas tienen su origen en verdaderas causas, que es la Segunda Verdad Noble. Ésta quiere decir que nuestros problemas no aparecen sin un motivo que los origine.

La Tercera Verdad Noble es que todos tenemos la capacidad de hacer que estos problemas desaparezcan. Prefiero exponerlo de esta forma, y no como “cesación del sufrimiento”; no tenemos por qué buscar palabras extrañas si podemos decir lo mismo de una forma más sencilla. En realidad no estamos condenados a experimentar problemas por siempre, pero para que las dificultades cesen tenemos que seguir un camino verdadero, explicado por la Cuarta Verdad Noble. Los problemas no desaparecen solos, como por arte de magia, sino que tenemos que hacer algo para terminar con ellos. En el budismo encontramos un enfoque muy activo. Si queremos acabar con nuestros problemas, debemos descubrir primero sus causas. Esto es algo evidente. Buda descubrió muchos tipos distintos de problemas. Podemos encontrarlos especificados en el “Lam Rim” o “camino gradual” de Lama Tsongkapa, que es un texto especialmente recomendado por Su Santidad el Dalai Lama. Sin embargo, este camino gradual puede ser estudiado de muchas formas. Si queremos adentrarnos en el mundo del tantra, será muy beneficioso hacerlo tomando como puntos de referencia las Cuatro Verdades Nobles.

La búsqueda de la felicidad

Para empezar, podemos hablar del problema de la depresión. Estoy seguro de que todos hemos experimentado esto en alguna ocasión. Si investigamos las razones por las que a veces nos encontramos deprimidos o sin energía, encontraremos que se debe a que sentimos que nuestra vida no va a ninguna parte, que no tiene sentido vivirla. Todo es muy aburrido y repetitivo. Nos levantamos cada mañana, vamos a trabajar, nos hartamos de comer, vemos la televisión, nos acostamos y al día siguiente volvemos a empezar. Esto sucede un día tras otro. Esto llega a resultar muy deprimente y tenemos la sensación de que no tenemos una meta definida. Si ésta es la situación, nos preguntamos si tiene algún arreglo, y si podemos cambiarla. De hecho, ya lo hemos intentado alguna vez. La manera de hacerlo es enfocando nuestra vida en una dirección determinada, dándole así un sentido. Por lo tanto, probamos distintas cosas, pero no siempre funcionan bien.

Todo el mundo quiere ser feliz y nadie quiere tener problemas, pero no es fácil encontrar la mejor forma de llegar a esta felicidad. Si vemos que nuestra vida es aburrida y deprimente, podemos decidir emborracharnos todos los días. No hace falta esperar hasta la noche a llegar a casa... ¡Empecemos a beber desde la mañana! Pensamos que quizás así seremos más felices. Aunque al principio podamos notar un cierto alivio superficial, a la larga se convierte en la causa de muchos otros problemas. Hacemos cosas de las que luego nos arrepentimos, dañando la relación con nuestra pareja o hijos. A la mañana siguiente tenemos un terrible dolor de cabeza. Mi maestro Serkong Rimpoché, uno de los maestros de Su Santidad el Dalai Lama, solía decir que este tipo de soluciones es como si tuviéramos una herida en la mejilla y nos cortáramos la nariz para cubrirla. No sería una buena idea. También podemos pensar que si nuestra vida no tiene ningún sentido, podemos salir a la calle y destruir todo lo que se ponga a nuestro alcance, o convertimos en terroristas. Por supuesto, esto no sólo no va a resolver el problema, sino que nos va a crear dificultades adicionales. Viendo los inconvenientes de todo esto, aún nos queda la posibilidad de apoyarnos en algún tipo de religión o filosofía. Pero si este sistema de creencias no explica todos los fenómenos de una forma satisfactoria, o defiende razonamientos que nos parecen infantiles, tampoco quedaremos satisfechos.

La dirección natural del crecimiento

Entonces, ¿existe alguna dirección que podamos seguir y que no tenga estos inconvenientes? Buda dijo que sí. Ésta es una dirección en la que de hecho ya estamos, y que es la más natural: la del crecimiento. Al principio no éramos más que pequeños bebés y teníamos muchas limitaciones. A medida que nos íbamos haciendo mayores, las íbamos superando. En primer lugar, estábamos limitados por nuestro propio cuerpo y no podíamos ni caminar. Nuestra capacidad de comunicación era más bien escasa, ya que sólo sabíamos llorar. Además, apenas entendíamos lo que ocurría a nuestro alrededor y nuestra única preocupación consistía en beber leche. Pero a pesar de todo, disponíamos de un enorme potencial de desarrollo. A medida que íbamos creciendo, conseguíamos superar algunas limitaciones y desarrollar algunos potenciales.

Pero, ¿ya se ha completado hoy ese crecimiento, o todavía nos quedan cosas por hacer? Si lo pensamos honestamente, encontraremos que todavía nos queda un largo camino por recorrer. Por ejemplo, nuestros cuerpos son muy limitados y nos cansamos muy fácilmente. Tenemos muchos altibajos en nuestro estado de ánimo; igual estamos nerviosos y nos sentimos deprimidos. Aún tenemos muchas dificultades a la hora de comunicarnos con otras personas; no sabemos expresarnos con claridad, y la gente no nos entiende bien. No sabemos cómo hablarles a nuestros padres o a nuestro hijo adolescente. La conclusión es clara: todavía tenemos muchas limitaciones. Y todo esto sin mencionar que no hablamos otros idiomas, y que nuestras mentes tienen actualmente una rudimentaria capacidad de memorización. Con esto no quiero decir que debamos aprendernos el nombre de todos los insectos que hay en el mundo, que en realidad es algo que no tiene ninguna importancia. La idea es que no somos capaces de entender lo que nos quieren decir otras personas, como nuestros padres u otros con los que convivimos. Éste sí que es un grave problema. Por otro lado, no sabemos controlar nuestras emociones, y nos enfadamos con demasiada facilidad.

La motivación y el desarrollo de nuestros potenciales

Podemos darnos cuenta de que todavía nos queda mucho por hacer en estos aspectos, aunque no debemos olvidar que disponemos de grandes potenciales. El desarrollo de estos depende de nuestra motivación. Por ejemplo, podemos llegar un día a casa cansados del trabajo, y decidir que no nos vamos a levantar de la cama hasta la mañana siguiente. Pero si tenemos un niño pequeño, de pronto se cae de la cuna y lo encontramos llorando en el suelo, no le decimos: “ahora estoy muy cansado. Ya te recogeré mañana” Por muy agotados que estemos, siempre tendremos la suficiente energía como para levantar al niño del suelo. Resulta que tenemos mucha más energía de lo que normalmente creemos. Todo depende de la motivación. En cuanto a nuestra capacidad de comunicación, podemos no saber hablar otro idioma, pero si nos encontramos en una casa en la que nadie habla el nuestro y tenemos hambre o necesitamos ir al baño, seguro encontraremos la manera de hacernos entender. Si tenemos un bebé y se enferma, averiguaremos de alguna forma qué es lo que le ocurre. Nuestra mente también encierra muchos potenciales. Podemos no saber mucho de matemáticas, pero si nuestro hijo de ocho años nos pide que le ayudemos con la tarea de la escuela, procuraremos hacerlo lo mejor posible. Sería absurdo que no fuera así.

En cuanto a las emociones se refiere, podemos pensar que no somos capaces de ocuparnos de otra persona que no seamos nosotros mismos. Pero cuando nos enamoramos, descubrimos que podemos crear un círculo en torno a nuestra pareja y compartir. Pero luego tenemos un hijo y vemos que siempre tenemos espacio en nuestro corazón para una tercera persona. Aunque tengamos cinco o diez hijos, todos ellos caben en nuestro corazón. Tiene una capacidad mucho más grande de la que hubiéramos podido imaginar. Ésta es la dirección que Buda nos invitó a seguir.

El Darma como prevención

Para vencer el problema de la depresión y de tener una vida que no sabemos adónde va, debemos tomar el camino de ir haciendo desaparecer todas nuestras limitaciones, e ir desarrollando todos nuestros potenciales. Se trata de una excelente medida preventiva, gracias a la cual podemos evitar los problemas. No tendríamos tantos si, por ejemplo, no estuviéramos sujetos a las limitaciones que nos impone el enojo. Librarnos de nuestra ira es una buena medida preventiva contra la aparición de graves problemas. Esto es de lo que habla el Darma. En este contexto, “Darma” quiere decir “medidas preventivas”. Es algo que podemos implementar para evitar dificultades. Siguiendo con este razonamiento, podemos ver que la mejor medida preventiva que podemos tomar es la total eliminación de todas nuestras limitaciones, y la consecución de un estado en el que estén plenamente desarrollados todos nuestros potenciales. Esto es lo que hizo Buda. Buda es toda aquella persona que ha conseguido hacer esto. Sanga es la comunidad que está recorriendo ese camino. Sanga se refiere no sólo a nosotros mismos, sino de una forma más específica, a todos aquellos que están muy adelantados en el camino y que han logrado percibir directamente la verdadera realidad de las cosas.

Como algunos habrán podido adivinar, estoy hablando de las “Tres Joyas del Refugio”. La palabra “ Refugio” tiene un sentido muy pasivo que puede prestarse a confusión. Nos da la falsa idea de que si nos posamos frente al Buda y le pedimos: “¡oh Buda, sálvame!”. Él nos tocará con su mano y nos liberará. Es obvio que esto es imposible. En inglés, la palabra “refugio” no tiene un significado muy claro. Si le decimos a nuestra madre: “Mamá, ¿por qué no tomas refugio?”, no va a entender a qué nos referimos. Veo que en castellano sucede lo mismo. Tomar Refugio quiere decir imprimirle a nuestra vida una dirección segura, no como la de emborracharse todos los días. Una dirección en la que a medida que vayamos avanzando, nos vayamos protegiendo de los problemas. Ésta es la manera en que debemos de entender la toma de Refugio, y es la única manera de vencer la depresión y de encontrarle un sentido a la vida. También podemos entenderlo como una forma de evitar que las cosas empeoren en el futuro, tanto en esta vida como en las siguientes.

La gran oportunidad de una preciada vida humana

La causa de que las cosas vayan de mal en peor es el hecho de que no tenemos una dirección definida en nuestra vida, o que tenemos una equivocada. También lo es el actuar de una manera destructiva. ¿Cuál es la manera de acabar con todo esto? Lo primero que tenemos que hacer es apreciar cada segundo de nuestra vida. Esto quiere decir que tenemos que superar la lástima por nosotros mismos. Si pensamos: “¡pobre de mí! Si tan sólo pudiera obtener esto...”, vamos a llenarnos de infelicidad y no vamos a conseguir nada. Pero si pensamos en lo afortunados que somos en tener lo que tenemos, podremos vencer la insatisfacción. Al fin y al cabo, las cosas podrían ir mucho peor. Podríamos estar en un campo de concentración, donde las posibilidades de crecimiento espiritual son nulas, muriéndonos de hambre en África o viviendo en una jungla entre caníbales. Si estuviéramos en alguna de estas situaciones, sería terrible. También tenemos mucha suerte de tener una mente clara y lúcida, y no sufrir retraso mental. Si así fuera, no podríamos ni siquiera comer o ir al baño sin ayuda.

En todas las situaciones mencionadas, uno carece de la libertad necesaria para la autosuperación. Cuando nos damos cuenta de que en estos momentos estamos libres de todas ellas, podremos sobreponernos a la actitud de lástima por nosotros mismos. Primero tenemos que aprender a valorar esta preciada vida humana de la que ahora disponemos. Luego tenemos que darnos cuenta de que no va a durar para siempre. Ciertamente vamos a morir, y ni siquiera sabemos cuándo va a suceder. Podemos ser atropellados por un camión al salir a la calle, o puede caer un avión sobre nuestras cabezas. Estas cosas realmente pasan; en mi pueblo natal sucedió una vez. La verdad es que podemos morir en cualquier momento. Con esto no quiero decir que debamos estar siempre alerta por si algo nos pasa, sino que debemos tomar conciencia de que no podemos desperdiciar ni un solo minuto de nuestro tiempo. Cuando muramos, no va a servimos de nada el número de discos que tenga nuestra colección. Seguro que aunque lleguemos a mil discos, nadie nos va a dar un bono que prolongue nuestra vida.

Por mucho dinero que tengamos, no será capaz de librarnos de la muerte. Aunque tengamos muchos parientes y amigos, ellos tampoco podrán hacer nada para ayudarnos. De hecho, sólo conseguirán distraer nuestra atención debido al apego que les tenemos. No podrán acompañarnos a la otra vida, aunque construyamos una gran pirámide y los encerremos con nosotros. Lo único que podrá socorrernos a la hora de la muerte es haber desarrollado en vida toda una serie de hábitos positivos. Estos hábitos se reflejarán en la siguiente vida en forma de determinadas capacidades, como una mayor inteligencia, una buena memoria, etc. Esto sólo puede conseguirse tomando medidas preventivas.

Ya hoy nuestras vidas están coartadas por varias limitaciones. Después de morir, uno puede ir a mejor o a peor. Si no queremos renacer en forma de animal o con retraso mental, debemos hacer crecer en nosotros una sensación de “temor”. Esta palabra no expresa precisamente lo que quiero decir; voy a intentar explicarme. Me estoy refiriendo a desear que algo no ocurra. Cuando hablamos de miedo, éste implica que tememos a algo externo, desconocido y sólido. Trazamos una línea sólida alrededor de este objeto o suceso que tememos, convirtiéndolo en algo terrible. Congelamos nuestra relación con ello, y nos quedamos paralizados como un conejo deslumbrado por los faros de un auto. No sabemos cómo manejar la situación, y aparece el miedo. La sensación que quiero describir es diferente. Imaginemos que vamos a pasar la tarde con alguien que no nos cae bien. Esto resultaría muy molesto. Seria muy molesto tener que pasar toda la tarde con una persona que sólo dice tonterías.

Voy a dar otro ejemplo. A mi madre le gusta ver unos programas que hacen en la televisión norteamericana, en los que la gente se disfraza de cosas ridículas y se les hacen preguntas tontas, como el precio de algunos artículos. Cuando voy a visitar a mi madre, tengo que ver con ella esos programas. Ella me pide que conteste las preguntas. No es que le tenga miedo a esta situación, pero francamente me fastidia. Algunos libros de filosofía budista hablan del miedo que debemos generar ante los renacimientos inferiores, como en los infiernos. Esta no es una forma muy correcta de traducir lo que se quiere decir. No se trata de que nos asustemos tanto que tengamos que pedirle ayuda a alguien. Se trata de un estado psicológico muy diferente, que nos permite intentar buscar una solución. No queremos ser retrasados mentales, ser torturados, o morir de hambre. No queremos estar más limitados de lo que ya estamos ahora, así que buscamos una forma de evitarlo. Esta forma consiste en poner nuestra vida en una dirección segura, y es de lo que hemos estado hablando hasta ahora: de ponernos a trabajar para eliminar nuestras limitaciones y desarrollar nuestros potenciales, tal como lo hizo Buda en su día, y tal como lo están haciendo los miembros de la Sanga en este momento. Caminando en esta dirección, evitamos que las cosas vayan a peor.

Acciones constructivas y destructivas

Ahora voy a explicar el significado real de los términos “virtuoso” y “no virtuoso”. Normalmente estas palabras implican algún tipo de juicio moral. En el budismo, se utilizan para explicar que hay acciones que son constructivas, y otras que son destructivas. Un ejemplo de acción destructiva sería que siendo padres de familia, le pegáramos con frecuencia a nuestros hijos. O que saliéramos a la calle con una escopeta disparando a todo aquél que se nos ponga enfrente. Esto es algo en lo que todo el mundo está de acuerdo. Por el contrario, el ser amable y mostrar amor y afecto a los miembros de nuestra familia, podemos considerarlo como algo constructivo. Este es el tipo de acciones que debemos de fomentar para evitar que las cosas vayan a peor en el futuro. Debemos encauzar nuestra vida por un camino que tenga una dirección positiva. Para ello debemos dejar de realizar acciones destructivas, siendo conscientes de que con ellas lo único que conseguimos es empeorar la situación, y actuar de una manera constructiva, sabiendo que esta es la única forma de obtener felicidad y de que las cosas vayan por buen camino. Esta es la única forma de obtener un futuro renacimiento afortunado. Éste es el nivel inicial del camino gradual a la Iluminación. En el siguiente nivel, no sólo tenemos la inquietud de que las cosas puedan ir a peor en el futuro, sino que además, queremos dejar de experimentar cualquier tipo de problemas.

Las tres actitudes perturbadoras o emociones conflictivas

Aún teniendo una situación relativamente buena, tener aunque sea un pequeño malestar resulta altamente insatisfactorio. A medida que nos vamos haciendo mayores, el cabello se nos va poniendo cada vez más blanco, y esto es bastante difícil de aceptar. Por mucho dinero que tengamos, todos tenemos que envejecer. Queremos ser siempre jóvenes, y cuando nos damos cuenta de nuestra situación real, nos deprimimos. También podemos tener obstáculos a la hora de relacionarnos con los demás y estar peleando constantemente con nuestra pareja o con nuestros hijos. Sea cual fuera la situación social o económica en la que nos encontremos, éstas son circunstancias que todos nos topamos. Es muy común que un padre quiera asumir su papel exageradamente, y quiera imponer su voluntad. Su hijo adolescente le contesta: “Vete muy lejos, ¡haré lo que me dé la gana!”. Este tipo de batallas familiares son muy comunes. ¿Cuál es la causa de todos estos problemas? No es ni más ni menos que el hecho de no ser conscientes de quiénes somos y de cómo existimos. Somos inseguros porque no nos damos cuenta de esto. Quiero dejar claro que uso la expresión “no ser conscientes” o “no darnos cuenta” en vez de la palabra “ignorancia”, que es la que estoy seguro que han leído y escuchado hasta ahora.

Cuando hablamos de “ignorancia”, parece como si hubiera alguien allá arriba que estuviera muy seguro de tener la verdad en sus manos, y que estuviera señalándonos con el dedo, diciendo que somos tontos. En realidad, lo único que sucede es que no nos damos cuenta de lo que está pasando a nuestro alrededor. Al experimentar esto nos sentimos inseguros, y nos afianzamos a algún tipo de identidad que nos haga sentir mejor. Tomamos algún aspecto de nosotros mismos, ya sea real o imaginario. Colocamos a su alrededor una gruesa y sólida línea divisoria, y decimos: “éste soy yo”. Con las demás personas hacemos algo parecido. Tomamos el hecho de ser padres, lo aislamos de todas las demás facetas de nuestra vida, lo enmarcamos dentro de una línea, nos identificamos con ello, y basamos en esto la sensación total de lo que somos. Después, hacemos lo mismo con nuestro hijo. Como todavía nos sentimos inseguros, tenemos que demostrar de alguna manera nuestra identidad. Si vemos que está amenazada, tenemos que defenderla. Hay muchos tipos de actitudes a través de las cuales lo hacemos. Una de ellas es el deseo o apego. Esta identidad estará muy segura si la rodeamos de cosas que la confirmen. Por ejemplo, si alguien basa su identidad en el hecho de pertenecer a la nueva sociedad rica y moderna, comprará todos los aparatos de ultimo modelo. No le bastará con tener un cuchillo eléctrico, sino que además intentará adquirir una cuchara y un tenedor que también lo sean. Si existieran estos objetos, tendría que tenerlos, por el mero hecho de estar en una posición social elevada. De la misma manera, si nuestro hijo se comportara obedientemente las suficientes veces, sentiríamos que nuestra identidad como padres está asegurada.

También podemos poner el ejemplo del jefe de una empresa. Hay muchas personas que pretenden demostrar su autoridad, y para ello se dedican dar órdenes inútiles y absurdas a sus subordinados. Ser obedecidos les ayuda a sobreponerse a su sensación de inseguridad. Así pues, disponemos de este mecanismo del deseo y el apego para sentirnos más seguros. Mandamos hacer a nuestros hijos las cosas que queremos que hagan, sin tener en cuenta qué es lo que ellos realmente quisieran hacer. A ellos les gusta tener la habitación de una cierta forma, y nosotros queremos que la tengan de otra. Les gusta vestir de una manera, y nosotros queremos que vistan de otra. De esta manera ejercemos nuestra autoridad sobre ellos. Ambas situaciones son muy similares.

Segundo, manifestamos ira o repulsión: un impulso de alejar de nosotros todo aquello que nos amenaza. Si nuestros hijos hacen las cosas de una manera distinta a la nuestra, nos sentimos amenazados y nos enojamos con ellos.

El tercer tipo de defensa psicológica consiste en cerrar nuestra mente. Construimos un muro a nuestro alrededor, e ignoramos todo aquello que nos amenaza, pretendiendo que no existe. Por ejemplo, si nuestro hijo intenta exponernos las razones por las cuales quiere estudiar una profesión distinta a la que nosotros habíamos proyectado para él, levantamos un gran muro delante de nosotros y ni siquiera le escuchamos. Enfrentamos algo que amenaza nuestra posición de padre todopoderoso. Tenemos el mismo caso en los adolescentes. Ellos subrayan con una gruesa línea negra la idea de que son personas independientes. Piensan: “soy un individuo distinto de mi familia”. Esto también tiene su raíz en la inseguridad, y el adolescente utiliza el apego a una serie de cosas para apuntalar su identidad. Se coloca un pendiente en la oreja o en la nariz, se peina punk, o hace cualquier otra cosa que le ayude a demostrar su identidad como individuo distinto del resto del mundo.

El mecanismo de ira o repulsión queda manifiesto en el hecho de que basta con que nuestros padres digan una cosa para que nosotros defendamos la contraria. Aunque en principio podríamos ponernos de acuerdo con ellos, rechazamos esta posibilidad sistemáticamente. Por ejemplo, si nos preguntan: “¿por qué no comes hoy con nosotros?”, por mucha hambre que tengamos vamos a negarnos, porque no queremos comer en familia. Es mejor ir a un restaurante que comer con ellos cuando nos lo piden. En el caso de la cerrazón mental, no queremos saber nada de lo que nuestros padres nos digan. Si nos piden que limpiemos el cuarto, subimos el volumen del aparato de sonido o nos ponemos audífonos y cerramos la puerta: “¡somos individuos!” Lo que acabo de describir se conoce como las tres actitudes perturbadoras o emociones conflictivas.

La inconsciencia de lo que somos y las dificultades que le siguen

La palabra “karma” se refiere a los impulsos que repentina y repetidamente van surgiendo en nosotros a lo largo de la vida. “Karma” no es sinónimo de “destino”, aunque por desgracia ésta es la definición a la que estamos acostumbrados en Occidente. Si alguien pierde mucho dinero en la bolsa o lo atropella un coche, decimos: “mala suerte; era su karma”. Es casi como apelar a la voluntad divina. Esto no es lo que la palabra “karma” significa dentro del contexto budista. En realidad, estamos hablando del impulso que llevó esta persona a cruzar la calle justo antes de ser atropellada, y no un minuto antes o un minuto después. Es el impulso que llevó a esa persona a comprar esas acciones justo antes de que perdieran su valor.

De la misma manera experimentamos impulsos que nos llevan a una situación de enfado, o a irnos a comprar algo que realmente no necesitamos. Aparece el impulso, y a continuación actuamos. Estos impulsos vienen a nuestra mente debido a hábitos y pautas de comportamiento previos. Cuando ejecutamos la acción aparecen los problemas. Esto da lugar a toda una serie de situaciones problemáticas que se repiten una y otra vez, y sobre las cuales no tenemos control. Esta serie de situaciones sin control son el significado correcto de la palabra “Samsara”. La causa de todos estos problemas es la secuencia de hechos que tienen su origen en la falta de conciencia de lo que realmente somos. Si queremos detener este proceso, debemos liberamos de esta falta de conciencia, y esto es lo que significa el “Nirvana”. Cuando alcanzamos este estado, quedamos libres de esas situaciones recurrentes e incontrolables.

El punto de estar harto de las dificultades

El primer paso que debemos dar al recorrer el camino que nos lleva al “Nirvana” es lo que se conoce como “renuncia”. Posiblemente es ésta una de las peores formas de traducir lo que con este término se quiere dar a entender. Mucha gente ha desarrollado ideas equivocadas sobre el budismo al malentender las palabras. Es incorrecto pensar que el significado de las palabras que se utilizan para describir los conceptos budistas es exactamente el mismo que correspondiente al uso común del propio idioma. En este caso, “renuncia” suena como si tuviéramos que abandonar todo e irnos a vivir a una cueva. Al fin y al cabo, Milarepa y otros grandes Yoguis así lo hicieron. Sin embargo, no se trata de eso. Hay otra expresión que define mejor lo que hizo Milarepa: “tomar la firme determinación de ser libre”. Nuestra mente es capaz de contemplar lo recurrente e incontrolable de esas situaciones, hasta el punto de quedar hartos. Estamos realmente hartos de todas las dificultades que experimentamos en la vida, y decidimos que tenemos que salir de ellas sea como sea. Si no llegamos hasta este punto de hastío, seguiremos pegándonos en la cabeza contra la pared, simplemente porque tenemos miedo de lo que podría suceder si dejamos de hacerlo.

La vacuidad: la forma en que efectivamente existimos

Así pues, decidimos que tenemos que liberarnos de ese “no darnos cuenta” de la forma en que existimos, pues es la causa de todos nuestros problemas. Para ello, tenemos que averiguar cómo es que existimos en realidad. Esto nos lleva al concepto de “vacuidad”. Ésta es otra pésima traducción de la palabra original, porque da la impresión de que “no hay nada”. De forma más precisa, podríamos hablar de una “ausencia de algo”. Todos tenemos muchas fantasías sobre el modo en que existimos. Imaginamos que tenemos una identidad inmutable, como la de ser un padre con autoridad, o un adolescente autosuficientes. Sentimos que esto es algo sólido, permanente y que pase lo que pase va a seguir siempre así. En nuestra mente, tomamos un marcador, trazamos un gran círculo a su alrededor, y decimos: “ése soy yo”. Aunque esta fantasía está presente, no se refiere a algo que sea real. Podemos pensar que por mucho tiempo que transcurra, siempre vamos a seguir siendo jóvenes. Esto no se corresponde con la realidad, ya que tarde o temprano envejeceremos.

Al hablar de la “vacuidad”, nos referimos a la ausencia de formas de ser que nosotros mismos nos imputamos. Podemos darnos cuenta de esto mediante razonamientos lógicos. Si realmente fuéramos un padre autoritario tal y como creemos que somos, deberíamos serlo para todo el mundo en todo tiempo y lugar. Incluso deberíamos haberlo sido cuando todavía éramos niños, y habernos comportado de esa misma forma con nuestros propios padres o amigos. Tendríamos que ser un padre autoritario para con nuestro jefe y compañeros de trabajo. No hace falta ser muy inteligentes para darnos cuenta de que esto no es así. De esta manera, podemos ver que no existimos de esa forma tan concreta. Y entonces, cuando tomamos conciencia de que no hay ninguna identidad sólida, dejamos de sentimos inseguros acerca de ella.

Por supuesto que seguimos siendo padres de nuestros hijos, pero ya no tenemos nada que defender. Ahí está la gran diferencia. Si dejamos de subrayar nuestro aspecto referido al hecho de ser padres, no hay razón para que nos sintamos amenazados cuando nuestro hijo hace una cosa distinta de la que habíamos pensado que debería de hacer. Cuando dejemos de tener la necesidad de probar algo, todas las actitudes perturbadoras de las que antes hablábamos dejarán de surgir en nuestra mente. El impulso que nos lleva a imponer a nuestro hijo que haga lo que no quiere hacer no aparecerá. La forma de liberarnos de todos los problemas recurrentes e incontrolables es comprender el significado de la ausencia de formas fantasiosas de existencia. Para mantener estable este conocimiento, necesitamos desarrollar una fuerte concentración. Para ello debemos primero mantener una estricta disciplina ética. Como dije antes, ésta consiste en refrenarnos de cometer acciones destructivas y animarnos a realizar acciones constructivas. Todo esto lo hacemos con la motivación de estar plenamente decididos a liberarnos de nuestros problemas, sabiendo que ésta es la única forma de conseguirlo. En esto consiste el nivel intermedio dentro del camino gradual. ¿Alguna pregunta?

Preguntas

Pregunta: ¿Podría explicar otra vez el proceso a través del cual podemos dejar de tener problemas?

Respuesta: Lo primero que tenemos que hacer es eliminar la causa de todos los problemas, dejando de imaginar que existimos de una forma que no es real. Cuando dejamos de vernos a nosotros mismos de esa manera, ya no nos agarramos a ella. Es muy común que nos veamos a nosotros mismos como personas malas, como monstruos. Si vemos que no hay nadie que exista como un monstruo, entre otras cosas porque los monstruos no existen en la vida real, no nos agarraremos a la idea de que nosotros lo somos. Hay veces que pensamos que somos culpables de haber hecho cosas terribles. Si una persona cree que es muy mala y que no merece que nadie la quiera, acabará actuando de tal manera que la gente llegará a odiarle. Éstas son maneras fantasiosas de existir. Así que dejamos de aferrarnos a esa imagen de nosotros mismos como si se tratara de algo real. Una vez que hayamos hecho esto, ya no nos veremos obligados a reafirmar esa identidad. Así pues, dejarán de existir en nuestra mente esas actitudes perturbadoras cuya misión es la de probar que esa falsa identidad es cierta. Por lo tanto, el impulso que nos lleva a actuar de esa manera también desaparecerá. Así es como nos deshacemos de los problemas recurrentes e incontrolables. Ésa es la secuencia.

Pregunta: Me gustaría que desarrollara un poco más la idea de lo que es el “karma”.

Respuesta: “Karma” significa “impulso”. Podemos tomar el ejemplo de fumar o beber alcohol. Tenemos un problema y nos tomamos una copa para olvidarlo. Al hacerlo, estamos creando el potencial de volverlo a hacer en el futuro. Incluso ya hay una tendencia a convertirlo en un hábito, que se crea debido a esa misma acción impulsiva de beber.

Pregunta: ¿Podría explicarlo con el ejemplo de fumar?

Respuesta: Se trata de lo mismo. Cuando fumamos, estamos creando las bases para que se convierta en un hábito. Esto madurará en el futuro en forma de otro impulso que nos llevará a fumar de nuevo. Por otro lado, también estamos creando las causas para desarrollar cáncer de pulmón. El karma no sólo es un impulso que nos lleva a repetir una acción una y otra vez, sino que además vamos a experimentar toda una serie de acontecimientos relacionados con esa acción en particular. Un ladrón, mediante su acción de robar, está creando una tendencia a hacerlo de nuevo. Pero también florecerá en el futuro un impulso que le llevará a una situación en la que él mismo será robado por otro ladrón.

Pregunta: Pienso que para acabar con los problemas recurrentes e incontrolables, debemos escuchar enseñanzas de Darma, y gracias a ellas desarrollar la voluntad de hacerlo. ¿Es esto cierto?

Respuesta: Sí, pero no sólo es una cuestión de voluntad. Hay muchos estados a través de los cuales debemos pasar antes de conseguir dejar de actuar de una manera impulsiva, de forma definitiva. Podemos tener muchos impulsos negativos que nos lleven a desarrollar enojo. Cuando surjan, nos concentramos en la respiración y creamos un espacio gracias al cual podemos dejar de hacer lo primero que nos viene a la mente. Cuando tomamos conciencia de ese espacio, vemos las consecuencias que podría tener el actuar siguiendo el impulso. Dándonos cuenta de los problemas que ello nos podría acarrear, echamos mano del poder de la fuerza de voluntad para refrenamos de cometer tales acciones. También podemos crear hábitos beneficiosos, que es lo que perseguimos con la práctica de la meditación. La palabra “meditación” quiere decir construir un hábito saludable, de manera que poco a poco vayan surgiendo en nosotros impulsos positivos, como el de tener paciencia en vez de enojarnos. A medida que este hábito se vaya arraigando en nosotros, los impulsos positivos se irán haciendo cada vez más frecuentes y poderosos. Hay diferentes niveles de purificación a través de los cuales conseguimos liberamos de los impulsos negativos, de manera que ya no vuelvan a surgir.